Relatos del amigo caña hueca.
8=> 05: De aquel encuentro de sexo entre los amantes a luz de la luna, de cómo la niña se divierte con crema en su panocha con su potito y de cómo el pequeño se muestra atrayente ante el quinceañero que de a poco le va tomando en cuenta..
El pequeño se levanta a orinar y va camino a la letrina, a su paso por el cuarto de sus padres escucha una conversación en voz baja, había pasado mucho tiempo desde la última visita de su padre a casa, su madre estaba inquieta al hablar, no se escuchaba a la persona que estaba con ella, siguió su camino a la letrina, tenía puesta las sandalias que su padre se las había comprado en el pueblo, se notaba sobresalir los dedos alargados de los pies, sus manitos se agarraron al improvisado pasamanos, abrió la puerta, se sentó viendo a través del marco de la puerta la luna mostrándose su luz aclarando en algo la noche fría, baja su mirada para ver su verguita lampiña medio tiesa por la que le sale la orina, el sonido es claro al lanzarla a la letrina, puja para que le salga el excremento, sentía un inusitado placer al hacerlo a base de pujes, sus piecitos se movían al viento, se puso pensativo, movía los deditos de los pies, miraba la noche estrellada de la campiña, hace dos años había pasado el holocausto, sólo se hablaba de reconstrucción, los visitantes extranjeros se ayudaban a la reconstrucción del país, los antes ricos cayeron y suben los nuevos ricos con la ayuda de las potencias, ese era el contexto que le tocaba vivir al pequeño, a veces el sueldo del padre no alcanzaba, se ayudaban con lo que producía la granja y el sobrino estaba para ayudar.
El sonido de los gases salidos del culo y la posterior salida de la tira de excremento junto con la orina daban un cierto olor característico que le llamaba la atención al niño, cerraba los ojos pujando y pujando así la tira iba saliendo de sus entrañas de a poco en poco, su piel blanca se enrojecía, sus manitos se apoyaban en las rodillas para darse el último puje, sus piecitos se movían, ya terminaba, ya casi, lanzó una expiración larga, se puso en pie inclinándose para pasarse papel por la raja del culo, se acuclilla delante de la letrina apoyándose con una manito mientras que con la otra se rozaba la rajita del culo con el dedo llevándoselo a oler, se punteaba el culito, recordaba los consejos de aquel muchacho de la hondonada cerca del río, de pronto le vino un sobresalto dejándose de meter el dedo al culito, escuchaba voces que se acercaban, escuchaba pasos sobre las hojas secas “¡vamos al río!”, decía la voz de la madre “¡tengo ganas de hacerlo allá!” se acercó a la hendija de la pared de madera, vio que su madre lo llevaba abrazado al quinceañero, no dieron cuenta la pareja de amantes de la presencia del niño en la letrina, pasaron caminando en dirección al sendero que conduce al río, la pareja de amantes caminaba y caminaba besándose apasionadamente, salió de la letrina sin ser visto, de lejos ya se ve una luz encendida de una linterna que marcaba el camino, aunque con la luz de luna se notaba el sendero, decidió ir pero dudaba, le daba miedo caminar por el monte, era de noche, pero quería verlos, saber que harían allá en ese lugar, la curiosidad le estimuló a seguir, caminó y caminó, siempre distante.
Al llegar al lugar, vio a su madre desvistiendo al quinceañero, y ahora le tocaba a él desvestirla, pusieron la ropa tendida en el suelo de aquella hondonada, justo lugar donde el pequeño estuvo con ese muchacho, vio que se abrazaron esos dos cuerpos desnudos, se acercó prudentemente para escuchar lo que decían y ver esos cuerpos moverse sobre la ropa tendida “¡hazme el amor!” lentamente el muchacho pegaba su pelvis a la de la mujer que ya tenía las piernas bien abiertas, las cruzaba a las caderas del quinceañero, el pequeño de casi seis años miraba la verga del sobrino de su padre que entraba en la panocha de su madre, “¡asì!” “¡métemelo!” “¡todo!” “¡hazlo!” “¡soy tuya!” “¡ah!” “¡tuya!” empezaron los movimientos de pelvis, la verga entraba y salía, ella con sus manos le ayudaba, a que la meta, el muchacho se encontraba inquieto “¡vamos!” “¡métemelo!” “¡hazlo!” “¡culéame!” “¡soy tuya!”, el muchacho no tenía la verga muy tiesa que digamos, ella se percataba de aquello, le hizo acostar y ella se sentó sobre él cabalgando, esos movimientos para el niño le llenaban de curiosidad y de mayor atención viendo ene l rostro de su madre los reflejos de la luz de luna que mostraba satisfacción por lo que estaba haciendo “¡me gusta así!” “¡métemelo todo!” “¡todo!” el muchacho bufaba dichosa la mujer decía “¿te acuerdas mi amor?” “¡así te lo hice por primera vez!” “¿recuerdas mi amor?” la mujer seguía cabalgando sobre el muchacho sintiendo toda la verga dentro de sí, jadeaba satisfecha “¡así te desvirgué tu maravillosa verga!” “¡yo me comí tu virgo!” “¡así!” “¡así!” “¡te desfloré la cabeza de tu verga!” al decir eso el muchacho desde abajo reaccionaba moviéndose agarrado de las caderas de la mujer que continuaba cabalgando.
Ya cansada ella se tendió de cara sobre la ropa tendida haciéndose a un lado su amante, “¡dame por el culo mi amor!” a su lado estaba una cajita metálica que contenía crema, le puso en el glande y con el dedo le metía en el culo, “¡ah!” “¡qué rico!” “¡ahora métemelo!” “¡métemelo!” ver a su madre satisfecha con lo que le hacía el quinceañero provocaba en el niño un cierto deseo, la verga se va introduciendo ene l culo “¡ah!” “¡sigue!” “¡métemela toda!” “¡toda!”, una vez que estuvo adentro ella bufaba y jadeaba, los movimientos eran vistos con atención por el pequeño, miraba la cara de satisfacción de su madre al ser penetrada, eso sería referente para él, daba cuenta que eso hacía feliz a las personas, el muchacho se movía rápido, le estaba dando verga al culo de su madre.
El muchacho se detuvo a petición de la mujer dando vuelta acostada de espaldas sobre la ropa, el muchacho se acuesta sobre ella, parecían uno solo así unidos sus cuerpos, “¡mi amor!” “¡bien sabes que esta noche es espacial para los dos!” se besaron apasionadamente, “¡hoy precisamente se cumple un año de haberte desvirgado tu verga!” “¿te acuerdas?”, “¡fue una noche como esta!” “¡así de estrellada!” “¡fue en nuestra cama donde lo hacemos siempre!” lo besaba apasionadamente, “¡pero hoy quiero que me hagas el amor aquí!” “¡que sea especial!” “¡bajo las estrellas!” se besaron intensamente con lengua, ella puso sus piernas abiertas en los hombros del muchacho que la sostenía de las caderas e iba metiendo la verga poco a poco con infinito placer, se estimulaba al sentir humedecida, el glande rozaba las paredes vaginales, todo el tronco estaba dentro, ella gemía del placer, jadeaba con respiración acelerada, el muchacho movía las caderas aceleradamente, el niño se acercaba un poco más, lo había escuchado todo, “¡así!” “¡culéame plenamente!” el muchacho sintió que iba salirle el semen, de las manos le contuvo ella, lo sostuvo de las caderas “¡sigue así!” “¡ah!” “¡mi amor!” seguía sosteniéndole con firmeza, “¡sigue!” “¡no la saques!” “¡déjala adentro!” “¡hoy es especial para ti y para mi!” “¡es nuestro momento de dicha!” “¡déjala adentro!” “¡hazlo!” “¡por nuestro amor!” “¡por nuestro… amor!” hizo una pausa y sintió el semen dentro, lo sostuvo bien, asegurándose que todo el semen quedase dentro de sus entrañas, el muchacho levemente movía las caderas sin decir palabra alguna, quedaron desfallecidos con respiración acelerada, “¡eres maravilloso!” “¡te amo!” “¡pese a todo, sé que me amas!” “¡lo sé!” “¡yo también te amo!” “¡eres lo más maravilloso que me ha pasado en la vida!” el muchacho se limitaba a besarle apasionadamente.
Lentamente se limpiaron de las hojas secas impregnadas en sus pieles, se quitaban con el roce de sus ropas, se abrazaron “¡mi amor!” “¡me has hecho muy dichosa en esta noche!” “¡que es nuestra primera noche de aniversario!” le manoseaba el cuerpo apasionadamente y ella correspondía con atentos besos en el cuello y en los hombros, estaba llena de felicidad, “¡vamos a casa!” ese frase fue alerta para el niño curioso, “¡primero veamos las estrellas!” se sentaron un rato el que aprovechó el niño para salir del lugar con cautela, a sus casi seis años había desarrollado su cautela y orientación en el monte, ya había vencido sus miedos, iba inquieto llegando a casa, afortunadamente la puerta estaba entreabierta, subió al dormitorio y se acostó en la cama, se metía la mano dentro del pijama, para rozar el dedo por el culo, al sacarlo se lo llevaba a la nariz, pensaba en ese rostro alegre y muy satisfecho de su madre, pensaba lo feliz que sería seguramente si le hacían lo mismo, se metía el dedo de nuevo haciendo que cada vez le entre al aguante, tiempo después quedaba mirando el techo y hacia la ventana donde se reflejaba la luz de luna, se metía las manos dentro del pijama para manosearse la verga masturbándose como le había enseñado el muchacho en la hondonada, entrecerraba los ojos, el sueño lo vencía, otra vez, había sido testigo del idilio de su madre con el quinceañero.
Ese día en la tarde los niños jugaban alegremente corriendo desnudos, sentado bajo un frondoso árbol estaba el quinceañero desgranando elote, las miradas cómplices de los amantes se daba frontalmente, tocaba bañarle a la niña, el agua enjabonada con mugre de tierra se deslizaba por las piernas rellenitas, al dar la vuelta las manos de la madre se deslizaban por la espalda y los glúteos que eran atrayentes a la mirada del muchacho cuya respiración aceleraba cuando la niña unía los pies y se acuclillaba mostrándose el monte de venus y los labios vaginales, el agua se deslizaba por todo el cuerpo, la puso en pie rodeándole con la toalla, la mujer le dijo al quinceañero que lleve a vestir a la niña, deja a un lado el costal y lleva a la niña adentro de la casa, tocaba al pequeño para bañarse, pero en eso aparece la vecina con unas bolsas de mercadería, se dedicaron a ver las novedades, desde la ventana el quinceañero observaba a la visita, dieron unos pasos, iban tomados de la mano, la toalla se desliza por el cuerpo de la pequeña de casi cuatro años, el quinceañero sonríe viendo el cuerpo desnudo infantil, toda esa piel blanca desnuda para sus miradas, recoge la toalla, marcaba a la nena “¡vamos a cambiarte para que estés bonita!”, ella sonreía, se acostaba lentamente sobre la cama donde dormía el quinceañero, sus manitos quedaban sobre la barriga con los dedos entrelazados, “¡ábrete!” “¡muéstrame tu cuquita!” “¡que linda se ve!” los dedos de la pequeña pasaban por la pelvis, se agacha a chuparle el clítoris haciéndole retorcer, “¡calma mi pequeña!” “¡tranquilita!” ella reía al contacto de los labios del quinceañero chupando el clítoris, se rascaba suavemente los muslos, “¡te gusta!” “¿verdad?” continuaba chupándole el clítoris, había tocado el punto de orgasmo de la niña, iba más allá pasándole la punta de la lengua, a ella le salieron gases por el culito haciéndole reír al quinceañero, “¡date vuelta!” “¡dame tu culito!” así abría los glúteos y la lengua pasaba por la rajita “¡qué bien formadito lo tienes!”, “¡tan blandito!”, “¡tan suavecito!”, “¡es divino!”, la forma de mover las manos sobre los glúteos le encantaba a la pequeña, se dejaba chupar y morder suavemente la piel de sus glúteos, al dar la vuelta quedaba pasándose los dedos por la panocha, después lo veía venir con un botecito de crema, “¡mira mi pequeña!” “¡es para ponerte en la cuquita!” “¡te va a gustar!” le abre las piernas para untarle suavemente en la entrada de la panocha.
Ella sentía algo raro ese pase del dedo humedecido de crema por el monte de venus y los labios vaginales, sentía en la entrada de la uretra algo frío lo de la crema, quedaba un tanto inquieta al sentir el paso del dedo tratando de penetrar por su panocha, vio que ahora el dedo untado de crema lo ponía sobre sus labios vaginales, “¡mira, mi pequeña!” la mirada de la niña era al bulto de la entrepierna del quinceañero, “¡papo quiere jugar con tu cuquita!” “¿quieres?”, ella estaba pensativa, miraba cómo el quinceañero se deslizaba el short por las piernas liberándose con los pies, quedaba la trusa bien puntiaguda, ella no se movía de su posición acostada en la cama del quinceañero, lentamente la deslizaba y salía de la tela como si fuese un rebote ese tronco de verga con glande brilloso, de inmediato untaba crema, “¡mira a papo!” “¡quiere jugar con tu cuquita!” el glande rozaba esos labios vaginales y rozaba el monte de venus dejando rastros de crema, tomaba el tronco de verga afincando para penetrar un poquito, ella bufaba, “¡ah!”, “¡ah!”, “¡ya!” “¡ya!”, “¡me duele!” “¡me duele!”, de pronto sale semen del glande que estaba pegado a los labios vaginales, “¡estoy caliente!” “¡mi pequeña!” “¡mi dulce nenita!” “¡qué bien lo haces mi tesoro!”, le besaba las mejillas y frente, “¡mereces un premio!”, “¡date vuelta!”, así lo hizo mostrándose ese voluminoso culito “¡qué lindo lo tienes mi tesorito!”, se monta sobre ella con el glande deslizándose los restos de semen y crema por la rajita, “¡me gusta mucho tu culito!” le decía con gran satisfacción, “¡algún día serán míos los dos huequitos!”, se quedó encima de la nena deslizando el tronco de la verga sobre el potito.
Mientras tanto, cerca de allí, el pequeño era cubierto por la toalla luego de haber recibido un baño de su madre, “¡ve para que te ayude a vestir!” “¡dile que estaré con la vecina!”, “¡al bajar, dile que vengan a ver algo de lo que está aquí!”, el niño corrió descalzo muy alegre, subió los escalones con sus piecitos aun humedecidos, llegó al cuarto viendo a su hermanita puesta de pie sobre la cama, estaba siendo vestida adecuadamente por el quinceañero, el niño le dijo que lo vistiese y que al bajar fuesen a donde estaba la vecina con mercadería, la niña baja de la cama y sale en búsqueda de su madre y la vecina, el niño se sienta en el bore de la cama, desliza la toalla dejándose ver sus piernitas blancas rosáceas unidas mostrándose una puntita de verga, los dedos de los pies los rozaba entre sí, por un instante le vio el cuerpito desnudo al niño, “¡ven, ponte de pie!” sacó del armario la ropa indicada, al subirle la trusa le rozaba el dedo en la verguita suave y lampiña, el niño sonrió inmediatamente al sentirlo, puso sus manitos sobre los hombros siempre sonriente, su mirada era angelical como que le indicaba que se dejaba plenamente, terminó de vestirle.
Ahora, el quinceañero fue hacia donde estaban las mujeres, pasaba el tiempo y el niño no se acercaba, el quinceañero lo fue a ver y para su sorpresa vio al niño con las rodillas dobladas apoyadas en el colchón, la carita metida entre las almohadas y lo más sorprendente fue el verle el culito empinado con el dedo medio de una mano entrando por el potito, gemía y jadeaba, su piel estaba enrojecida por el acto, el quinceañero se arrima a la pared, contemplaba esos movimientos, salió una risa forzada diluyéndose su seriedad del momento de sorpresa, el niño mordía los labios, estaba recordando cuando estuvo en la hondonada con ese muchacho y lo que le decía era que precisamente cuando se sienta a solas se meta el dedo al culo, le estaba cumpliendo, seguía rozándose el dedo en el culito y luego lo pasaba por la nariz, el quinceañero no paraba de sonreír, el dedo seguía deslizándose por le culito y seguía oliendo, de pronto al voltearse lo ve al quinceañero arrimado en la pared con sus manos metidas dentro el short, haciendo movimientos de la tela, estaba inquieto, no se movía de esa postura con el culito alzado, sus piernas estaban juntas, igual que sus rodillas descansando en el colchón, reacciona acostándose de espaldas en la cama, agarra la toalla e intenta cubrirse, el quinceañero se acerca y lo marca quedando los piecitos descalzos al viento, sorprendido agitaba las manos, se dejaba mover, “¡travieso!” “¡te vi lo que estabas haciendo!” “¡a ver el dedito!” se lo pasaba por la nariz “¡mm!” “¡que bien huele!” la cara del niño fue de sorpresa, pensaba que iba a ser regañado, pero todo lo contrario, “¡lindo!” le dio un beso en la frente “¿desde cuándo lo haces?” el niño se quedó en silencio, “¡no tengas pena, quiero saberlo!”, “¡no pasa nada si me lo dices!” “¡tus padres no lo sabrán!” “¡será nuestro secreto!”, “¿lo haces desde este mes?” el niño mueve negativamente “¿el año pasado?” el niño asiente, le vino la pregunta clave “¿en qué lugar lo aprendiste?” el niño marcado estiraba el brazo señalando hacia el río “¿viste a alguien?’”, el nene asentía, “¿sólo o acompañado?” las manitos del niño mostraban dos dedos, “¿viste hacerlo a dos?”, movía afirmativamente, “¿niños o grandes?” los labios del niño decía “¡niños!” el quinceañero reía al ver lo fácil de las respuestas de pequeño que lo hacía con total inocencia, “¿ellos te enseñaron?” el niño quedó quieto, se puso cabizbajo, el quinceañero le acaricia el pelo, le da un beso en la mejilla, lo pone en pie en el suelo, “¡tranquilo!” “¡es nuestro secreto!” le seguía acariciando el pelo en señal de confianza.
Le sentaba en el extremo de la cama notándose sus piernitas blanquitas bien formaditas igual que sus descalzos piecitos con dedos alargados y empeine bajo, movía los piecitos, para su sorpresa el quinceañero se acercó acariciándole el pelo “¿quieres jugar?” “¡te va a gustar!” el niño se puso cabizbajo, le levanta el mentón, “¡tranquilo!” “¡vamos jugando!” la mirada del niño era en la entrepierna del quinceañero, “¡mira!” de pronto se desliza el short y luego la trusa y fue allí que como si fuese un resorte la verga del quinceañero sale expuesta a los ojos del pequeño, “¡conoce a papo!” “¡con él vas a jugar!” el glande humedecido rozaba las mejillas, pasaba por la frente “¿quieres probarle antes de jugar?” el niño se puso cabizbajo, “¡vamos!” le alza la carita “¡quiero que lo pruebes!” “¡te va a encantar!” el glande rozaba la nariz para que huela “¡abre la boquita!” “¡anda!” “¡abre!” lentamente la fue abriendo, el glande entraba a la mitad en la cavidad bucal, “¡ves, lo rico que se siente!”, “¡quiere jugar contigo!” saca el glande ensalivado, “¡ven!” “¡recuéstate!” se encorva el cuerpecito sobre el extremo de la cama “¡te voy a ayudar de lo que estabas haciendo!” le besaba la espalda “¡esto te va a gustar mucho!”, la carita estaba con expresión de extrañeza, estaba recostadas en el colchón, sintió que le humedecía el culo, el dedo pasaba con crema por la rajita “¡verás que esto te va ayudar a sentir mejor!”, puso una mano en la espalda del niño y con la otra se sujeta la verga que tiesa iba punteando el culito “¡tranquilo mi pequeño!”, “¡ahora verás lo rico que se siente!”, la expresión del niño era de un rostro fruncido, el glande iba entrando, “¡ah!” “¡aahh!” “¡aaahhhh!” el quinceañero acariciaba la espalda “¡calma!” “¡así es al principio!” “¡molesta, pero después te va a gustar!” el nene mordía los labios, apretaba los dedos de sus manitos que estaban aferrándose a la sábana, sintió que el glande entraba, “¡quieres ser putito!” “¡yo te doy el gustito!” lo estaba haciendo formidablemente, el glande entraba un poco más gracias a la lubricación de la crema, “¡aguanta!” “¡papo está jugando!” “¡tranquilo, mi pequeño!” hizo una pausa para insistir en penetrarle, “¡qué rico culito tienes!”, en eso se escucha el sonido de unos pasos, rápidamente se aparta del pequeño que queda arqueado en la cama, la niña se acerca a decirles “¡dice mi mami que vayan!”, mira a su hermanito tendido en la cama y ve que el quinceañero sonríe, “¡ya vamos, mi pequeña, pero antes démosle gusto a papo!” “¡ven!” “¡quiere culiarte!” puso a la nena encorvada en el extremo de la cama, junto al lado de su hermanito, levanta el vestidito cubriendo la cabeza de la pequeña, le baja la pantaleta hasta los tobillos, se inclina a chuparle el culito, “¡vamos a jugar con papo!” la mirada del niño era que el glande rozaba la rajita del culo, le restrega la verba por unos cuantos minutos, el niño ve el deslizamiento de los huevos sobre la piel del culito de su hermanita, “¡ahora ponte tú, mi pequeño!”, de igual forma el quinceañero le chupaba el culito y el glande de la verga, comenzaba de nuevo a puntearle con la verga en ese culito cerradito muy virgen, “¡ah!” “¡que rico lo tienes mi tesorito!” “¡qué rico!”, de pronto la niña ve que del glande del quinceañero deslizándose por el culito de su hermanito aparece salir un líquido blanco que chocaba con el pelo y espalda así que unas gotas que quedaban se deslizaban por la piel del culito, “¡ah!” “¡ah!” “¡me gusta tu culito, mi pequeño!”, le dijo que no se mueva para limpiarle con un papel, “¡ven!” le llama a la niña “¡limpia a papo!” “¡vamos!” sentado en el borde de la cama con la verga tiesa miraba que los deditos de ella deslizaban en papel limpiándole la verga, le dijo a la pequeña “¡pásame la trusa!” la niña toma la prenda, sorprendentemente para el pequeño vio a su hermanita que se llevaba esa trusa llena de sudor a la carita, olía la tela “¡ya estás aprendiendo, traviesa!” ella sonreía inocentemente “¡dale para que también lo haga!” se la pasa a su hermanito que huele el sudor de verga impregnado en la tela, se vistieron, de pronto los llama “¡vengan mis pequeños!” así los tres se acuestan con el muchacho cubriéndose con la sábana, el quinceañero se acuesta de perfil teniendo en su delante al pequeño al que le desliza el short y la trusa punteándole el culito, le decía al oído “¿te gusta así?” el nene se limitaba a mover la cabeza afirmativamente, por detrás estaba acostada la nena teniendo una manito que se apoyaba en el hombro junto con la otra abrazándole tiernamente. Por unos instantes más, la madre de los niños y la vecina tendrían que esperar.



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