Relatos del amigo caña hueca.
8=> 06: De cómo el “papo” y .la “cuqui” juegan en el río y de lo rico que es chupar verga y quedar mojado con semen en el culito virgen apretadito y en la carita los labios rojizos..
El rio transitaba por la campiña con sus aguas turbias, en contraste con ese sol abrasador, daba para que el quinceañero y los niños pidan permiso y al rato caminen por la orilla, iban muy felices con sus cestas, el pequeño llevaba la caña de pescar, había aprendido un poco aunque su suerte en esa mañana no era adecuada, el pequeño seguía sentado atento a ver si algo picaba, distante de allí estaba la pequeña siendo llevada de la mano por el quinceañero que ingresaban al agua, ella llevaba puesta su pantaleta de flores y él llevaba puesta su trusa con motivos de color blanco en el que se notaba claramente la verga embolsada en la tela, el glande era de atención a la pequeña, “¡ven mi pequeña!”, sutilmente la ingresaba en el agua, sus cuerpos flotaban dentro del agua, “¡te voy a enseñar a nadar!” la puso sobre sus brazos extendidos, el cuerpito de la pequeña se extendía braceando torpemente, las indicaciones que le daba le hacían mejorar en parte, el quinceañero miraba al pequeño que seguía atento al agua por si picaba algo, “¡linda!” le decía rozando las narices, “¡te voy a enseñar mejor!” “¿quieres, mi pequeña?” la nena asentía, “¡bien, mi preciosa!” la hizo flotar en el agua por un instante, tosía, agitaba los brazos con angustia, “¡tranquila, ya te tengo!” el quinceañero ve al pequeño que seguía atento a la pesca, vio a la pequeña, “¡ve, tranquila!” la niña rodeaba con sus bracitos el cuello uniendo las mejillas “¡tranquilita!” por debajo del agua las piernitas rellenitas de la pequeña rodeaban las caderas del quinceañero, las manos sostenían las caderas de la niña, una de ellas deslizaba la pantaleta hasta parte de los muslos que rozaban la piel de las caderas del quinceañero, la otra mano a la vez deslizaba la trusa, la verga con el glande empezó a rozar la panocha.
La niña sintió ese punteo de verga en la entrada de su cuevita, “¡ahora papo va a jugar aquí, aguanta un poco!”, la sostuvo bien de las caderas llevándola a su pelvis, el glande punteaba, el quinceañero sentía las manitos aferrarse a sus hombros, sus mejillas se unían, ella abría ampliamente su boquita saliéndole saliva, fruncía el ceño, es que el glande estaba punteando milímetro a milímetro esa vagina, ella sintió más dolor de lo acostumbrado en otras ocasiones, la turbiedad del agua permitía estar culiándole así a la pequeña, “¡vamos, tranquila mi pequeña!”, “¡papo está jugando!” ella gemía, “¡déjate, te está culiando rico!” “¡el glande entraba un poquito hasta llegar al himen!” la niña se sobresaltó y empezó a moverse, de pronto el quinceañero cruzaba la mirada con el pequeño, para que no se acerque, deja de puntearle a la pequeña y la vuelve a colocar tendida entre sus brazos, ahora agitaba sus piernas y piecitos chapoteando el agua, le atraía ese voluminoso culito, pensaba que faltaba de darle por ahí, le pasaba el dedo por la rajita del culo vestido, la nena sonreía, tiempo después salen del agua, se acercan a ver al pequeño, notan que estaba un poco contrariado, le acaricia el pelo en señal de motivación, “¿por qué no vas más allá?” señalándole con el dedo a brazo tendido a la vuelta donde el río hacía curva existiendo matorrales altos en el lugar, el niño asintió obediente, los tres siguieron por el sendero, no se percataban que unos ojos atentos les seguía la ruta del camino, llegaron al apartado lugar, se sentaron, pasaron así un buen tiempo, el quinceañero se puso en pie “¡te quedas aquí pescando!” “¡tu hermanita y yo iremos a buscar fruta para llevar a casa!” “¡Espera aquí!” “¡ya vendremos por ti para bañarnos e irnos a casa!” “¡espéranos!” dijo eso y así lleva de la mano a la pequeña, con la otra mano cargaba las cestas, a prudente distancia unos ojos miraban alejarse al muchacho y a la pequeña dentro del sendero, quedaba el pequeño atento al agua por si picaban los peces, tiempo después el pequeño sintió la compañía de aquel muchacho que se sentaba a su lado, pasaron el tiempo dialogando, de pronto la mano se desliza por dentro del short, pasa por el coxis con movimientos circulares de los dedos hasta llegar a la rajita del culo, el niño se sonrojaba, pero no se movía dejándose que el dedo se deslice y que llegue a puntear e cuito, lo deslizaba por a rajita, lo sacaba de short y se lo llevaba a la nariz, “¡lo tienes muy rico!” “¡huele delicioso!”, entonces de nuevo la mano pasaba por el cuito, ahora punteaba, el niño se dejaba ladear el cuerpito, “¡veo que si te estás metiendo el dedo en el culo!” “¡solo que falta más!”, la cara se fruncía, sentía un dolor agudo, lo que hizo instintivamente que se aleje de las manos del muchacho, ahora las manos iban dentro del short tocándole la verga lampiña con una piel suave al tacto, sentía la delicadeza de esa piel, la estiraba un poco, se notaba la mano dentro del short que punteaba la tela con el movimiento de manos, le agitaba y la estiraba, el niño cae tendido en el suelo, de eso se aprovecha el muchacho, agarra el short del pequeño y se lo desliza a la fuerza, él también se baja el short y su trusa hasta los tobillos, se acuesta sobre el niño alzando y bajando su pelvis de tal modo que la verga y sus huevos se deslizan sobre esa verguita lampiña que siente el roce de los vellos del muchacho, “¿quieres seguir culiando?” le dijo uniendo las frentes, la nena se limitaba a sonreír alzaba y bajaba la pelvis velluda “¡juguemos al papá y a la mamá!”, la pelvis continuaba moviéndose, la nena sentía ese desliz de verga velluda sobre su verga lampiña, sentía la respiración del muchacho sobre su pelo, daba ciertos pujes cortos.
Lejos de allí se veía al quinceañero que corría con la pequeña por los alrededores d frondoso árboles de fruta silvestre, corrían sobre las hojas secas bajo los tupidos árboles, al atraparla caían al suelo, daban vueltas, la niña estaba muy feliz, el quinceañero le hacía cosquillas, ella ya quedaba encima de él mostrándose muy alegre, las manos del quinceañero iban deslizándose sobre las piernitas, manoseaba la tela del short que cubría ese voluminoso culito, sonreían uniendo las frentes, de a poco los dedos se deslizaban por dentro de la pantaleta, uno de ellos ya rozaba la rajita del culo “¡está suavecito tu potito!” “¡cómo que quiere jugar con papo!”, “¡a ver!” el dedo entraba en la rajita y la niña gemía, “¡mm!” “¡mm!” lo sentía cerradito aún, ahora con las dos manos metidas dentro de la pantaleta apretaban y se movían circularmente por los glúteos, “¡lo tienes rico, mi preciosa!” “¿te gusta que te haga esto?” ella asentía agradablemente en señal de aceptación y complacencia, de pronto esas manos deslizaban la pantaleta hasta las rodillas, manoseaba de mejor manera el culito “¡qué suave!” “¡qué bonito tu culito!”, “¡lo tienes delicioso!”, ella tenía su carita sobre el pecho del larguirucho quinceañero, su carita mostraba tranquilidad, se dejaba manosear el culo, ya estaba acostumbrada, casi todos los días recibía esas caricias por el culo, ahora, le toma de las mejillas diciéndole “¡eres muy linda!”, “¡juguemos!”, se miraban a los rostros muy sonrientes, le pasa el dedo por la nariz preguntándole “¿quieres jugar con papo?” “¿sí?” ahora rozaban las narices con una sonrisa cómplice, le daba besitos en la frente “¿vamos?” mientras le preguntaba las manos sobaban la piel del culito, “¡ven!” la sentó a su lado mientras él se puso en pie, ella observaba detenidamente que el quinceañero se quitaba toda la ropa, le atraía esa verga bien tiesa, vio que tendía la ropa, “¡quédate quieta mi pequeña!” sentada se dejaba sacar la pantaleta por los pies liberándolos, alzaba los bracitos para quitarle la blusa florida que para esa inolvidable ocasión la llevaba puesta, se miraron desnudos, el quinceañero tiende la ropa, le señala “¡acuéstate acá!”, ella obediente se acuesta de cara al suelo, sus manitos se posan sobre la ropa tendida, la carita se apoya sobre las manitos, el glande golpea los glúteos, luego se desliza por la rajita, “¡te voy a hacer mi mujer como siempre!” le dijo mientras el tronco de verga y los huevos rozaban el culito, agarra el tronco de verga apuntando por el glande en el potito, esa verga estaba tibia lo sintió la nena en su piel, “¡te voy a culiar rico!” “¡ahora verás!” se inclinó a ponerle saliva con el dedo, así el glande se deslizaba punteando ese hoyito, ya se escuchaban los gemidos, la sostuvo con fuerza, deseaba hacerla suya, pero el culito apretadito se lo hacía difícil.
En otro lugar, el pequeño de seis años se encontraba acostado encima del muchacho de catorce años, así es que lo tenía sujeto de las caderas lamiendo y chupando la rajita del culito de ese niño precioso, le salían suspiros cuando sentía que le chupaba los huevitos, “¿ya antes te habían hecho esto?” el niño para contestar negativamente se detuvo de chupar y lamer la verga del muchacho, luego de responder continuaba con meterse la verga tiesa en su boca, le llamaba la atención del lunar en el glande, “¡tienes un culito delicioso!” le decía al niño y continuaba chupando y lamiéndole el culito, estaban los dos completamente desnudos, le escupía el culito llenándole de saliva la entrada, “¡siéntate!” el pequeño se desliza poniendo su culo a moverse circularmente por sobre la verga, lo sostenía para que lo haga de mejor manera, por debajo de su verguita aparecía el tronco de verga, el muchacho tomaba con su mano las dos vergas unidas, lentamente el pequeño se recostaba de espaldas al pecho del muchacho, las dos vergas quedaban como mástiles, el pequeño abría las piernas, en simultáneo se masturbaban las vergas, “¡mira!” “¡que rico!” “¡siempre haz esto cuando estés a solas!” “¡que rico!” “¿verdad?” el nene miraba las manos del muchacho que le masturbaba la verguita lampiña, lo alza para que siga sentado, lo sostiene de las caderas poniéndole el culo debajo de su tiesa verga, empieza a restregarla, luego a puntearle la raja del culo, las manitos del niño se apoyaban férreamente en los muslos de las piernas, pujaba al sentir esa verga entrando en el culo, “¡aguanta!”, “¡tu culo será mío!” “¡aguanta!” de pronto la verga sale como rebote y el niño se inclina quedando a su lado, de inmediato lo acuesta de espaldas al suelo, “¡ahora vas a saber lo que es bueno!” le puso los pies a los hombros, le sujeta de las caderas, el glande roza la rajita del culito, “¡vas a sentir a tu macho!”, “¡vas a ser mío!”, aunque o era tan larga y gruesa esa verga pero le hacía furor la entrada del culito, el niño empezó a bufar, el movimiento lento se notaba en las caderas, el glande trataba de entrar en ese culito, el niño se movía, “¡no!” “¡ya no!”, “¡me duele!” el muchacho que estaba concentrado en su deleite le decía “¡aguanta!” “¡ya casi!”, trataba de metérsela pero los bruscos movimientos del niño hacían que el pene salga por el roce de la verguita, “¡estate quieto!” “¡quiero culiarte bien!” “¡vamos!” “¡déjate!”, lo sostenía y lo punteaba pero el pene se deslizaba saliendo del culito, se notaba que el niño no quería, le dolía.
A cierta distancia, estaba la nena con sus rodillas sobre el suelo y el resto de su cuerpito tendido sobre la ropa incluyendo su carita, sentía en sus caderas el roce de las manos, sentía el deslizamiento de esa verga, de pronto, sobre su espalda sentía el semen que se deslizaba, “¡en verdad!” “¡eres deliciosa!”, el humedecido glande con semen golpeaba los glúteos, se notaba la respiración acelerada, la piel de la pequeña estaba rojiza, el quinceañero había acabado sobre el culito, “¡ven!” “¡acuéstate!” la tuvo acostada sobre su cuerpo, en su espalda brillaba el semen dejado en la piel, le acariciaba el pelo “¡qué linda eres mi amor!” “¡te quiero mucho!” le besaba la frente y las mejillas, “¡te tengo una gran noticia!” la niña levanta la carita mostrando su amplia sonrisa, “¡muy pronto tendrás tu regalo!” “¡te lo mereces por ser buena niña!” ella se puso a mover sobre el cuerpo luego cayendo al suelo, los dos cuerpos desnudos rodaban, las hojas secas se pegaban a la piel y al pelo, no importaba, gozaban de mucha felicidad, la espalda estaba pegada de semen y hojas secas, quedaron acostados de perfil mirándose la panocha y la verga, sin palabras la acostó a la nena de espalda a su pecho, la nariz rozaba oliéndole el pelo castaño claro, entrelazaron los dedos de las manos alzándolos, las piernitas se abrían, ella sentía debajo de su culito esa verga que se iba poniendo tiesa de nuevo, “¡papo quiere jugar de nuevo!” alzaba y bajaba las caderas rozando la verga en ese precioso culito “¿jugamos?” la pequeña aceptaba, abrió el culito y le iba punteando el glande, más era el desliz, sentía rico, mientras la verga rozaba el culito, una mano abría los labios vaginales y el dedo de la otra le iba pasando, la punta rozaba el clítoris rojizo, ella empezaba a moverse rápidamente, era una sensación agradable la que experimentaba, el quinceañero lo sabía y seguía con empeño, de los labios de la niña salían exclamaciones “¡ah!”, “¡ah!”, “¡ah!”, cerraba los ojos, respiraba hondo, “¡te gusta!” “¡sí!” “¡te gusta!” seguía hurgando con el dedo, se movía más, sin más, de inmediato ya la tuvo piernas al hombro punteando el glande en esa panocha, el dedo rozaba el monte de venus llegando al clítoris, mientras se notaba el glande abriendo los labios vaginales, ella experimentaba ese inusual placer a su corta edad, estaba siendo sometida a los manjares del sexo por parte del quinceañero, se sintió la panocha mojada, inusitadamente el glande se humedece de orina salida de la panocha, todo el vello púbico se humedece de orina, hasta los huevos se mojaron de orina, goteaban de la piel al suelo, levantó la pelvis, lentamente los pies que estaban agitados al aire se quedan sobre el suelo, ahora dobla las rodillas de la pequeña llevándolas al pechito, vio la panocha humedecida, sonrió, “¡qué bonita está!” la olía, ese olor le excitaba, punteaba con el glande no importa que así como estaba mojada, las caderas se movían intentando penetrarle más, ella empezaba a gemir, “¡ah!” “¡ah!” “¡ya!” “¡ya!” “¡me está doliendo!” hizo un alto, le acaricia el pelo, “¡ven!” “¡ponte así!” le hizo arrodillar extendiéndole sus manitos para sujete su verga “¡huele tu panocha!” el glande pasaba por las mejillas y nariz, “¡huele!”, quedaba manchada de orina, “¡ahora prueba!” le hizo que abra la boca, temerosa obedecía, el glande empezó a rozar los labios entrando, “¡haz de cuenta que es un helado!” “¡chúpalo!” “¡tiene sabor a tu panocha!” a medio talle ese glande de verga tiesa rozaba la cavidad bucal, “¡hazlo así!” “¡como me lo hace tu madre!” “¡vamos!” “¡sigue!” “¡sigue!”, la niña seguía sosteniendo el tronco de verga, la apartó para acostarse sobre la ropa, abrió las piernas diciéndole “¡ven!” la verga se mostraba tiesa como un mástil con el glande rojizo descubierto, “¡ven!” “¡chúpamela!” de nuevo se volvió a meter la verga en su boquita, “¡ahora pasa la lengua!” le indicaba que la pase por debajo de la verga y por los huevos, eso le gustaba, exclamaba gustoso “¡lo haces igual que tu madre!”, la nena se limitaba a escuchar, “¡sigue!” “¡pronto tendrás tu premio!”, así estuvieron por varios minutos sintiendo complacencia a través de la lengua de la pequeña, luego le dijo que se acueste sobre él y las manos las pasaba por el culito, “¡eres una niña buena!” le abrazó intensamente para que sienta su calor corporal “¡te quiero mucho!”, le hizo cosquillas y rodaron por el suelo, quedaron juntos acostados viendo la sombra de los tupidos árboles y los alrededores de la maleza, se tomaron de la mano aun estando acostados, vio que la niña se puso en pie y fue a acuclillarse a micciar, “¡la tienes preciosa!” “¡cuqui es rica!” agitaba la verga “¡a papo le gusta la cuqui!” la orina salía a chorros humedeciendo las hojas secas y debajo de la tierra, se notaba la piel impregnada de hojas secas y ramitas secas, le gustaba ver esos labios vaginales lampiños, se acercó una vez que terminó de botar orina, “¡acuéstate!” “¡déjame olerla!”, le abrió las piernas y entre los muslos puso su cara para olerle la panocha “¡qué perfume más rico!” “¡está mojadita de tanto culiar!” “¡eres preciosa!” le pasaba el dedo por los labios vaginales llevando a su nariz y a la de la niña “¡huele tu panocha!”, sonreían “¡de ahora en adelante luego de que termines, siempre te pasas el dedo por la nariz!” “¿lo harás siempre?” “¿verdad que sí?” ella le miraba y asentía, “¡buena chica!” “¡te adoro!”, se acostaba sobre ella besándola, quedaron tendidos en el suelo mirando los alrededores, la sentó para que brinque sobre su pelvis, consideró el quinceañero que ya era el momento de ir a ver al pequeño, se limpiaron un poco, se vistieron para recolectar fruta.
A unos centenares de metros de allí el pequeño estaba en cuclillas tomando la verga del muchacho metiéndosela en la boca, el glande entraba un poco, lo suficiente para sentir placer ensalivándolo, “¡sigue chupando!” “¡sigue!” qué gusto se estaba dando, luego del glande sale semen impactándose en el rostro del pequeño, “¡ven!” “¡ponte!” le hizo poner de rodillas en el suelo empinando el culito pasándole la verga humedecida de semen por la rajita del culo, le golpeaba el tronco de la verga en la piel del culo, trataba de meterla así humedecida por el culo pero el niño volvía a moverse con rapidez, “¡déjate!” “¡quiero culiarte bien!” de inmediato se escucha voces llamando al niño, el muchacho toma la ropa y se pierde su silueta por la tupida vegetación, corre desnudo, el pequeño lo ve perderse entre la maleza, logró ponerse la remera, al verle estaba acuclillándose lentamente, el quinceañero toma a la niña de la mano “te esperamos para bañarnos y luego ir a casa”, el niño un tanto temeroso asintió, con el dedo se pasaba los restos de semen que estaban en el culo, había quedado pensativo, salió para unirse a ellos en el baño, jugaron en el agua y partieron a casa con fruta pero sin pescados pero es sí bien culiados.



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