Relatos del amigo caña hueca.
8=> 07: De cómo el “papo” y .la “cuqui” ahora “juegan” libremente en el gallinero, de lo rico que es chupar verga con jalea y de cómo el potito blanco de niño precioso siente el rigor de una buena verga pos púber..
Los dos niños se encontraban recolectando huevos del gallinero, estaban muy contentos, más aún, al enterarse de la venida de un nuevo hermanito o hermanita, aunque jocosamente querían mellizos; muy temprano en la mañana de aquel día, el padre camionero lleva a la madre de los pequeños a la ciudad, pasarían unos cuantos días allá con los familiares, la gestación de la mujer iba ya cerca de los nueve meses, el padre estaba muy ilusionado por la llegada del bebé.
Como siempre los dos niños preciosos quedaban a la custodia del quinceañero quien se había ganado la confianza de su tío de sangre y de su tía política, era el primer día de que los padres salieron de viaje, el pequeño era el más inquieto correteando a los gallos y pollos, tenía puesta la trusa, andaba descalzo, mientras tanto, la pequeña estaba muy alegre pues quedaba sentada clasificando los huevos, tenía las piernas abiertas, también sólo tenía puesta la pantaleta ajustada en la que se notaba el monte de venus y la rajita de los labios vaginales, ni hablar de la rajita del culo que se definía en la tela, los niños estaban muy felices pues irían al pueblo a venderlos, le pidió al niño que vaya a ver más pajilla en el potrero para embalar los huevos, el nene corrió cerrando la puerta.
Al salir el pequeño, el quinceañero puso el cerrojo, el quinceañero también sólo tenía puesta la trusa, ya al sentirse a solas con ella se acercaba a donde estaba sentada, “¡mira querida!” la pequeña levanta su mirada y ve ese bulto guardado en la tela de la trusa, “¡papo quiere jugar!” mira que presiona la verga con las manos haciendo un movimiento de pelvis insinuante “¿tú también lo quieres?” “¿verdad que sí?” ella sonriente asentía mientras el quinceañero le acariciaba el pelo, “¡buena niña!”, “¡por eso te quiero!”, ”¡te voy a regalar un gran premio por eso!”, de sólo escuchar esas palabras se ponía más entusiasta, le acariciaba la mejilla “¡al llegar al pueblo te compro ese gran premio!” le pasaba el dedo índice por los labios, “¡verás que seguro te va a gustar!”, la nena aplaude emocionada mostrándose su inocencia, “¡mira!”, en eso se baja la trusa por los muslos de las piernas llegando a los tobillos y así se la quita liberándosela alzando los pies y lanzándola a un rincón, quedaba en delante de ella agitándole la varga, “¡mira!” “¡es papo!” “¡quiere jugar contigo!” “¡a cambio te va a dar un premio en el pueblo!”, la verga pasaba por el rostro “¡abre la boca!” ahora a medio glande entraba en esa boquita ensalivándolo, se acercaba con su pelvis hacia el rostro, la verga se deslizaba por la nariz llegando los vellos a los labios, “¡vamos mi pequeña!” “¡chupa estos huevos!” “¡chúpalos!” la nena dejaba hilillos de saliva en los testículos del quinceañero, estaba concentrada en hacerlo mientras el quinceañero gemía y jadeaba de placer, “¡qué bien lo haces mi pequeña!” “¡cada día mejor!” le puso las manos en el hombro de la pequeña para darle seguridad en lo que estaban haciendo “¡sigue!” “¡vamos!” “¡sigue!”, la pelvis se movía adelante y atrás, se contuvo para no dejar semen en el rostro de la nena, se apartó, había pensado en algo mejor.
Le vio sentadita con las piernitas rellenitas y los pies descalzos polvosos, ahora el quinceañero seguía moviendo la verga al viento, la niña seguía con su mirada esos movimientos de la verga “¡ahora papo quiere jugar con cuquita!” sin más le puso en pie para verse ella con su pantaleta deslizarse por los muslos llegando a los tobillos, la nena se apoyaba con sus manitos en los hombros del quinceañero que estaba acuclillado, miraba que la pantaleta cubría sus pies de piel muy blanca y dedos alargados con empeine bajo, se mostraba la curvatura de sus piecitos mientras los alzaba para liberarse de la prenda, se mostraban los pies descalzos, le miraba el movimiento del empeine bajo con dedos alargados, de esa forma se miraban y se tocaban las caderas, estaban viéndose los dos que quedaban así desnudos, le abrazaba diciéndole frases dulces, iba inclinándose, ahora ya estaba manoseándole el culito, “¡qué rico lo tienes!” le pasaba una mano rozando los labios vaginales con los dedos, se sentía que estaba húmeda, “¡ven!” “¡acuéstate!” lentamente se acostaba en el suelo, le hacía abrir las piernitas las que pasaba suavemente sus manos, “¡papo quiere jugar con cuquita!”, “¡ahora!”, al decir eso, el glande punteaba la entrada moviéndose por los labios vaginales, la piel del glande sentía la humedad de esa panocha, “¡qué rica la tienes mi vida!”, ahora el quinceañero estaba feliz sintiendo pasar su lengua por esos labios vaginales, los muslos trataban de unirse pero chocaban con las orejas del quinceañero que seguía chupando el clítoris, “¡así, mi vida!” “¡déjate!” “¡se siente muy rico!” “¡para que tengas más ganas de jugar!” ahora volvía el glande a puntear la entrada de la panocha, ensalivado lubricaba, se contuvo, hizo un rápido movimiento, “¡dame tu culito!” “¡anda!”, le giró un poco, su carita ahora estaba en el suelo sintiendo el pasar del glande entre los glúteos, “¡así!” “¡así!” “¡cómo me gustas, mi pequeña!”, “¡me gusta tu coñito!”, “¡delicioso!” “¡muy delicioso!”, las caderas se movían igual que la pelvis rozándole con los vellos los glúteos, la tenía bien agarrada, estaba tan caliente que el semen salía a chorros cayendo en el pelo, espalda y glúteos de la pequeña, la respiración era acelerada en el quinceañero, “¡eres mía!” “¡papo está feliz!” “¡tendrás tu premio!” el semblante era de felicidad en el rostro de la pequeña, recibía besos en el cuello y espalda “¡eres mi favorita!” continuaba manoseándole, “¡recuerda que es nuestro secreto!” “¡no debes decir lo de nuestro juego!” “¡o ya no tendrás tus premios por cada juego!” “¿entiendes?” ella asentía entre sonriente y seria, quedaba el latente glande entre la raja del culo humedecido de semen por su piel, ver eso le gustaba mucho al quinceañero, era una forma que tenía de pertenencia y dominio en el cuerpo dócil que le ponía la niña al dejarse manosear por todo el cuerpo, ella confiaba en él, no había ya ese recelo de verse desnuda, no había ese recelo de que la verga pase rozando por la panocha y el culito, el quinceañero lo sabía, faltaba llegar a lo mejor, pero eso iba a ser de poco en poco.
Estaba tan satisfecho de haber sometido a la niña que segundos después de sentir ese cuerpito lentamente se fue apartando del cuerpo tendido de la pequeña, para ello se congratulaba seguidamente de lo que había hecho, pensaba que en estos días la pasarían mejor, tal vez disfrutarían más de lo previsto en esas dos semanas que quedaban, tiempo en que los padres estarían en la ciudad con chequeos y luego el parto, ahora al muchacho pe verga velluda le daba de buen gusto el cuerpo tendido de la nena mostrándose el semen en su piel, ese color de piel blanquita infantil le atraía, contrastaba con su piel ahora muy rojiza por el acto sexual, le estaba besando la espalda, el cuello y los glúteos, ella se dejaba muy sonriente, pensaba en que pronto tendría su regalo, al quinceañero le gusta verla así mostrándose complaciente, de pronto que tocan la puerta rústica del gallinero, se escucha la voz del pequeño llamándoles y pidiendo que le abran, deseaba entrar, ya antes por la hendija vio el cuerpo desnudos del quinceañero encima del cuerpo desnudo de su hermanita, ahora el quinceañero rápidamente le pasa la trusa por la piel tratando de quitarse el semen, le ayuda a ponerse la pantaleta y él se pone la trusa, aun con la aceleración en su respiración fue a abrirle la puerta, el pequeño simplemente miraba los alrededores del gallinero como si no estaba enterado de aquello, guardaba prudencia y se puso a embalar los huevos ante la mirada de su hermanita y el quinceañero, el niño no dijo palabra alguna, su mirada era en los huevos.
Luego de ir al pueblo a vender los huevos y jugar por el parque regresaron a casa, llegaron cansados pero muy felices tras la diversiones, especialmente estaba cansada la pequeña que se había divertido de buena forma, cayó rendida en la cama, el quinceañero se acostó por un rato velando su sueño, el pequeño estaba sentado en una silla a la entrada de la casa, estaba pensativo, mirando las estrellas de esa noche que mostraba la luna llena, llegaron en el ocaso, casi los toma la noche al llegar, tenía recogidas las piernas con sus rodillas al pecho rodeando las piernas con sus barcitos, el mentón estaba sobre sus rodillas, sus miradas se cruzaban con risas cómplices, como que de esa forma su expresión facial en el niño agradecía al quinceañero por los buenos momentos de diversión vividos en el pueblo, aunque tenía esa inquietud de que cuando jugaban le metía el dedo por el culo vestido al disimulo de la gente, el niño se puso en pie yendo al ropero, sacó el pijama y fue al cuarto de sus padres a ponérselo, el quinceañero comprendió el recelo del niño al no dejarse ver desnudo delante de él mientras se cambiaba, sin embrago fue rápidamente al cuarto de los esposos, allí lo vio precisamente mientras se quitaba la trusa, quedaba completamente desnudo ante su mirada, el niño gira y lo ve arrimado al marco de la puerta, “¡tranquilo mi pequeño!” “¡no tengas recelo de mí!”, “¡mira!” “¡los tenemos así, casi iguales!” el niño vio bajarse la trusa del quinceañero mostrándose así el pene al descubierto, “¡sí, pero tú tienes pelos… yo no!”, se acercó con amplia sonrisa acariciándole y besándole el pelo, “¡ya pronto lo tendrás así!” el niño sintió el roce de esa tiesa verga sobre su ombligo llegando al pecho, puso las manos en los hombros del niño, le mira a los ojos y de pronto le dice “¡eres mi favorito… te quiero mucho!” para el niño era grato escuchar eso, le marcó y al hacerlo de las manitos del niño se soltó el pijama, lentamente le acostó en el cama separándole las piernas, le miró atento por unos segundos ese cuerpo desnudo con ese penecito flácido, de inmediato con los dedos hace que se ponga tiesito, ponía una carita de cierta extrañeza porque se lo estaba haciendo ese quinceañero, “¡mira cómo se te pone!” “¡rico!” “¡déjame probar!”, de súbito ya la boca del quinceañero chupaba y lamía con sutileza esa verguita humedecida de saliva, las manitos hacían puños en la sábana, le estaba probando esa verguita tiesa, se apartó un poco dejándose ver el niño el agite que se daba a su verga tiesa, “¡ahora vamos hacer que jueguen al papá y a la mamá!” seguía moviendo su verga al viento “¿si los has visto cómo juegan tus padres a solas?” “¿verdad?” inocentemente del rostro del pequeño salió una leve sonrisa cómplice, “¡picarón!” “¡los has visto cómo juegan!”, le hizo cosquillas para entran en mayor confianza, “¡ahora vamos a hacerlo nosotros!” “¿quieres?” el niño seguía sonriendo “¡será nuestro secreto!” “¡nadie lo sabrás!” “¡jugaremos escondidos para que nadie lo sepa!” “¡como ahora!”, “¡hagámoslo!” “¿sí?”, el niño sonriente sin decir nada vio que la verga tiesa del quinceañero rozaba con su tronco su verguita lampiña, “¡mira cómo juegan!” se veía sobresalido el glande descubierto “¡mira!” el tronco de la verga velluda se deslizaba sobre la pelvis rozándole los vellos, “¡mira cómo juegan!” “¿te gusta?” “¿eh?” “¿te gusta?” se sentía el roce de ambas vergas mutuamente, empezaba a alzar y bajar la pelvis mientras quedaba el niño pasivo estático recibiendo esos movimientos, “¿sabes cómo también se llama este juego?” lentamente vio que el pecho del quinceañero bajaba a su carita, sintió besos en su pelo lacio castaño claro, luego unían las frentes, allí en ese momento el quinceañero expulsa respiración “¿no sabes cómo se llama?” el nene queda en silencio, del rostro del quinceañero sale una sonrisa “¡se llama culiar… lo que estamos jugando!” “¡se llama culiar!” la pelvis empieza a moverse alzando y bajando sobre la pelvis del pequeño “¡siente cómo te culeo!” le besaba repetidamente la frente, “¡ahora date vuelta!” “¡quiero jugar como lo hacen tus padres!” “¡dame tu culito!”, el niño se vira dejándose ver el culito suave que lo siente al contacto con su piel, el nene siente el peso del cuerpo del quinceañero por la espalda, siente la respiración en su cuello y pelo, “¡lo tienes rico mi amor!” la pelvis se alzaba y se bajaba, sentía besos en su cuello y pelo, “¡que hermoso eres mi pequeño!” “¡tu culo es bonito!” “¡bien bonito!” “¡juguemos!” la pelvis se alzaba y bajaba, para sorpresa del niño el glande se deslizaba entre la rajita del culo queriendo puntera, entró un poquito y eso hizo que el niño se mueva intentando liberarse, creyó que por ahora era suficiente, ya había hecho mucho por el momento, comprobaba la pasividad del niño, entonces, el quinceañero no quiso seguir, no deseaba perder la confianza del pequeño, así que se aparta del cuerpo del niño, “¡ven!” “¡vamos a ver a tu hermanita!”, fueron caminando al dormitorio, le llevaba con una mano puesta en el hombro lleno de confianza y seguridad.
Volvieron a verle a la pequeña que estaba profundamente dormida, el niño se sienta en la silla con sus manitos sobre la rodilla, estaba pensativo, de eso dio cuenta el quinceañero, seguramente pensaba en lo que había hecho hace poco, le veía la mirada hacia el infinito, estaba sonrojado, el quinceañero sintió recelo, vio que el niño tenía ahora sus manitos metidas dentro del pijama y después se ladeaba para rascarse el culo metiéndose una mano dentro del pijama y la otra estirándose la verguita dándose placer, pero tenía una mirada triste, como de preocupación, la inquietud se incrementaba en el quinceañero, para asegurase disipar los recelos de sus ideas y pensamientos, averiguar el estado de ánimo del pequeño de lo que habían hecho le miraba con atención, con algo de sentimiento de recelo y culpa el quinceañero se acerca, mira el rostro hermoso del pequeño, le acariciaba el pelo sutilmente, una de las manos se deslizaba por el bracito, observa sus manitos de los dedos alargados como si fuesen de una hembrita, su pelo lacio castaño claro cubría su frente y a medias se miraba los ojos parpadear, soplaba el pelo para poder ver, el quinceañero le acaricia las mejillas, se sienta a su lado abrazándole, “¿extrañas a tus padres?”, el niño queda cabizbajo, sin mirarle le da un rotundo “¡sí!”, es en ese instante que sus manitos ahora estaban sobre sus rodillas con los dedos entrelazados, el quinceañero se sonríe con la seguridad de haber atinado en sus ideas, “¡pero ya pronto vendrán!” “¡y estarán muy seguido con nosotros!” esas palabras tranquilizaban al niño así como las caricias de las manos del quinceañero en sus bracitos, era de esa forma que ahora se aprovechaba del momento y le acariciaba el pelo tiernamente dándole un beso en la mejilla con mucho cariño, acerca sus labios a las orejas del pequeño, la nariz rozaba las paredes de la oreja estimulando en el pequeño un cierto cosquilleo, la respiración golpeaba la piel de la oreja “¿no te gustó estar conmigo?” “¿no te gustó jugar hace ratito?” fueron preguntas muy precisas, quería saber el quinceañero el campo donde estaba transitando, sobresaltado el pequeño baja sus piecitos descalzos del asiento y los pone estirados en el suelo, “¡no, no es eso!”, el quinceañero sonríe “¿no será acaso que con el juego me llevo mejor con tu hermanita?” el niño le mira al rostro y se pone cabizbajo, el quinceañero percibe esa actitud del niño que respira hondo frotándose las manitos suaves de piel blanca, y de esta forma le dice al pequeño que “¡eso es!” “¿verdad… mi pequeño?” le decía a la vez que estaba acariciándole el pelo, el nene seguía cabizbajo, la inocencia del pequeño hizo que el quinceañero se ponga alerta al escuchar “¡es que…!” “¿es qué, mi pequeño?” el niño estaba intentando hablar pero un recelo fuerte lo dominaba “¡es que…!” vino el sobresalto al escucharle decir “¡tú juegas con ella…!” “¡… y le das premios!” “¡… pero al jugar a mí no me das premios!”, “¡tú no quieres jugar conmigo… con ella sí!”, el quinceañero le abraza besándole el pelo, no se había dado cuenta de aquel detalle pasado por alto en sus diálogos con el pequeño mientras lo estaba culiando recientemente en el dormitorio de los esposos, se le olvidó decirle en ese momento de los premios al “jugar” con él, sí, se había olvidado de los premios al “jugar”, reconocía que su atención mayor era en la pequeña, ahora sabía que el niño tenía conocimientos de los juegos con la hermanita, “¡calma!”, se acuclilla delante del niño mirándole a los ojos por donde le roza los dedos pulgares sosteniéndole las mejillas con los otros dedos, “¡yo te quiero mucho!” “¡en serio!” le dio un beso en la frente, “¡debes comprender que tu hermanita es menor que tú!” “¡debo darle más cuidado!” “¡quererla y protegerla!” le acariciaba el pelo, el niño insistía diciéndole “¡tú le das regalos… lo que ella pide, tú le das!”, notaba un poco de envidia salida de labios del pequeño, era natural aquello, el pequeño era un niño engreído especialmente de su padre por ser su único hijo varón quien perpetuaría su apellido, era una etapa vivida por el patriarcado, ese niño había observado las acciones de atenciones hacia su hermanita con cierta envidia, esas atenciones del pos púber había hecho crecer el recelo y la envidia hacia su hermanita menor que él con dos años, ahora trataría de quitarle esa idea de la cabeza al niño.
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