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Gays, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

Tradición Familiar Parte 8

Hugo recibe una noticia que le cambia la vida, un regalo que disfrutará como nunca se imaginó..

Los días pasaron, los tres hombres de la familia se la pasaban pensando en esos pequeños culitos, Adrián los tenía a su disposición todos los días, cuando quisiera, pero Hugo y Eduardo no, sin embargo la vida le tenía una sorpresa a la familia Montemayor, en especial a Hugo.

Una mujer, de avanzada edad, y que se veía de escasos recursos, llegó a la oficina del Lic. Eduardo preguntando por él. La mujer iba acompañada por un pequeño niño. Le dijeron que el licenciado estaba muy ocupado, pero ella insistió en que era urgente, que esperaría ahí hasta que la atendiera.

Eduardo la hizo pasar, ofreciéndole un asiento, poniendo especial atención en el pequeño, su cara le era familiar, le recordaba a Hugo cuando era niño. Un pequeño niño blanquito de cabello oscuro y una sonrisa pícara.

Eduardo: Buenas tardes señora ¿Con quién tengo el gusto?

Sra Norma: Con Norma Gonzales, para servirle.

Eduardo: Mucho gusto señora, ¿En qué puedo ayudarle? ¿Qué es eso tan urgente?

Sra Norma: Vengo a traerle a su nieto, yo no lo puedo ya cuidar ni tengo dinero, ustedes tienen mucho y le pueden dar una buena vida.

Eduardo: Discúlpeme señora pero, no entiendo ¿Cómo que mi nieto?

Sra Norma: Se llama Pedrito, bueno Pedro, tiene 4 años, mi hija nunca me quiso decir quién era el padre, pero hace poco enfermó y lamentablemente falleció, solo antes de morir me dijo que su hijo Hugo era el padre del niño. Yo también estoy enferma no puedo trabajar y no tengo más familia.

Eduardo: Entiendo señora, pero porque su hija no nos buscó antes, si ese niño es de mi hijo se tenía que haber hecho responsable.

Sra Norma: No sé por qué mi hija nunca me quiso decir, o porque no lo buscó, pero de qué el niño es su nieto no tengo duda, si mi hija lo dijo es porque así es. Le puede hacer usted las pruebas que quiera.

Eduardo llamó por teléfono a Hugo explicándole la situación, Hugo sabía que había estado con muchas mujeres, pero no recordaba a la mamá de su supuesto hijo. Eduardo le dijo que pasaría por él para que de una vez fueran a hacer la prueba de paternidad, aunque su intuición le decía a Eduardo que si era su nieto, ya que el niño era idéntico a Hugo.

Hugo llegó a la oficina de su padre y, al ver al pequeño niño, sintió un fuerte latido en su corazón, solo de pensar que ese pequeño niño tan simpático fuera su hijo. No estaba en sus planes ser papá, pero se sintió emocionado con la posibilidad.

Ese mismo día se hicieron las pruebas correspondientes y después, llevaron a Norma y a Pedrito a su casa, una casa muy humilde. Eduardo le dio dinero y le dijo que no la iba a dejar sola, que la iban a ayudar independientemente del resultado.

A los tres días, el resultado estaba listo, Hugo reunió a su familia en casa de sus padres para abrir el sobre y saber si había un nuevo miembro en la familia. Hugo deseaba con todo el corazón que ese niño fuera suyo, se había enamorado de él desde el primer momento en que lo vio, la sangre lo llamaba y estaba seguro que era su padre. Los días de espera habían sido eternos, Hugo pensaba cómo cambiaría su vida desde ahora en adelante con un hijo, y su mente perversa se iba a su lado oscuro, pensando en lo que podría hacer con ese pequeño nene.

Abrió el sobre y leyó los resultados delante de todos:

Paternidad confirmada

probabilidad >99.9%

Hugo: ¡Es mi hijo, el niño es mi hijo!

Todos festejaron, incluyendo los niños que festejaban tener un primito nuevo. La mamá de Hugo dijo que hubiera deseado ya tener una nieta, que la familia se estaba llenando de niños. Adrián se acercó al oído de Hugo.

Adrián: Dile a mi mamá que no se preocupe, que tú lo vas a convertir en niña.

Hugo: Seguro que sí.

Adrián: Nomás lo prestas, no vayas a ser egoísta, yo te preste a los míos.

Hugo: Déjame nomás lo estreno y ya sabes que sí.

Días después instalaron a la Sra Norma en una mejor casa y le pusieron a una persona para que la atendiera, le prometieron que le llevarían a su nieto de vez en cuando para que lo viera.

El día que Hugo fue por su hijo, el niño no quería irse, no lo conocía, para el pequeño, Hugo era un extraño. Pero Hugo le prometió que lo llevaría por un helado, y a comprar juguetes y el niño aceptó.

Pasaron toda la tarde juntos, Hugo le compró ropa nueva y bonita, le compró muchos juguetes y el helado que le había prometido. Más tarde se fueron a su departamento, Hugo le había preparado una recámara con cuadros y pinturas de súper héroes, y la llenaron con los juguetes que Hugo le había comprado. Después de cenar, Hugo le dijo a Pedrito que era hora del baño.

Hugo preparó las cosas y se metió a bañar con el niño, lo comenzó a desnudar, le quitó su playerita, le quitó los zapatos y después le bajó el pantaloncito, se agachó para quedar a la altura del niño, le acarició las piernas, no lo podía evitar, era un regalo que la vida le había enviado, un pequeño niño de 4 años a su disposición, y lo más excitante para él, que era su propio hijo.

Hugo le quitó los calcetines y por último le bajó su calzóncito, con sus manos recorrió el cuerpo del niño, acariciándolo desde la cabeza, bajando a sus hombros. Pasó las yemas de sus dedos por su pecho y bajó al abdomen, después llevó sus manos a la espalda del niño y bajó a sus nalguitas, las acarició suavemente. La verga de Hugo se comenzó a parar ante tanta inocencia. Lo amaba, era su hijo y era un niño hermoso, perfecto, chiquito, tierno e inocente.

Hugo se puso de pie y se desnudó por completo, Pedrito lo observaba con atención, era la primera vez que veía a un hombre desnudo. Hugo reguló la temperatura del agua y se metieron a bañar. Hugo talló con sus manos y un poco de jabón, el cuerpo del niño, acarició sus nalgas suaves, deslizó con cuidado su dedo entre las nalgas del niño, y tocó su agujerito virgen, era chiquito y apretado, la verga de Hugo estaba que reventaba. Cuando terminó de bañarlo, lo llevó a la recámara que le había preparado y se acostó con él, los dos estaban desnudos.

Pedrito: ¿Y mi abuelita?

Hugo: Ya te expliqué bebé, que yo soy tu papá, y ahora tú vas a vivir conmigo, tu abuelita está en otra casa y podemos ir a visitarla cuando tú quieras, o no te gustó tu cuarto, mira qué bonito lo dejé para ti.

Pedrito: Sí me gusta, pero me da miedo dormir aquí.

Hugo: Yo voy a dormir contigo, yo te quiero mucho.

Hugo le empezó a dar besitos en toda la cara y luego le dio un besito de piquito en la boquita.

Pedrito: ¿Por qué me das tantos besos?

Hugo: Porque te quiero mucho.

Hugo le comenzó a besar el pecho y le lamió sus pequeños pezones, lo volteó boca abajo y le besó el cuello, el niño se reía, sentía cosquillitas, Hugo acarició la espalda de su hijo y bajó a sus nalguitas, las abrió con sus manos y ahí estaba el gran premio, un pequeño agujerito rosa, cerradito, Hugo empezó a salivar, y sin más se dejó ir.

Clavó su cara entre las nalguitas de Pedrito y olió su culito recién bañado, y le dio un lengüetazo, a Hugo se le nubló la vista, nunca se había sentido tan excitado en su vida, Hugo comenzó a chuparle el culo a Pedrito, soltando saliva y metiendo su lengua.

Pedrito: ¿Por qué me chupas mi colita papá?

Cuando Hugo escuchó que su hijo le decía papá, sintió una mezcla entre amor y excitación.

Hugo: Porque te amo hijo y te quiero dar besitos en todo tu cuerpo ¿No sientes rico?

Pedrito: Sí, se sienten cosquillas.

Hugo escupió un chorro de saliva directamente sobre el ano del niño, y lo embarró con su dedo medio. Intentó meterlo suavemente, poco a poco lo fue clavando, era tan chiquito y apretado que no entraba, colocó un poco más de saliva y volvió a intentar meter, sintió como entró el primer nudillo del dedo, el niño se quejó moviéndose a un lado.

Pedrito: ¡Duele papá!

Hugo: Perdón hijo, te quería sobar tu colita, no te debe de doler, debes de sentir rico, espérame ahorita regreso no me tardo.

Hugo se fue a su recámara y tomó el lubricante, regresó inmediatamente con Pedrito, lo acomodo de ladito y se colocó detrás de él, se embarró la mano de lubricante, y le llenó el culito a su hijo, despacio le intentó meter el dedo nuevamente, en cuanto el niño sintió que entraba se quiso zafar, pero Hugo metió una mano por debajo del cuello del niño y lo presionó del pecho, pegándolo hacia él para que no se moviera. Y siguió metiéndole el dedo al niño.

Pedrito: ¡No papá duele! ¡Noooooo! ¡Ahhhhhh!

El niño comenzó a llorar, Hugo se sintió frustrado, le sacó el dedo, lo abrazó y pegó su verga erecta en las nalguitas del niño, mientras lo acariciaba y lo consolaba.

Hugo: Ya chiquito, ya duérmete, ya no lo voy a hacer.

Al día siguiente, Hugo inscribió al niño a una guardería, y se fue directo al despacho de su papá, le dijo que quería comenzar a trabajar, que quería salir adelante por su hijo. A Eduardo le dio mucho gusto que su hijo empezara a madurar. Después de platicar un rato sobre el trabajo y lo que Hugo podía comenzar a hacer, Eduardo tocó el tema.

Eduardo: ¿Intentaste algo con el niño?

Hugo: ¿Por qué lo dices?

Eduardo: Porque te conozco

Hugo: Solo lo acaricie e intenté meterle el dedo, pero se quejó mucho, aún con el lubricante. ¿Hice mal? ¿Está muy chiquito verdad? Pero tú me dijiste que has estado con un nene así.

Eduardo: Pero es muy delicado hijo, la verdad a ese niño solo le metí un pedazo de mi verga, y tuve que usar un lubricante especial y contenerme mucho para no meterle de más y lastimarlo, son culitos muy tiernos y los puedes lastimar feo, además con tu hijo tienes todo el tiempo del mundo para irlo dilatando poco a poco, conforme pase el tiempo, su culito se irá acostumbrando a recibir cada vez más, ahora hay lubricantes especiales, que además traen anestesia para que no les duela, pero con esos debes tener mucho cuidado, porque los puedes estar lastimando y no te vas a dar cuenta, porque no van a sentir ni a quejarse, así que toma las cosas con calma y ve despacio.

Hugo: Está bien papá, eso haré, pero es que es tan hermoso mi hijo, tan bello, tan tierno, que no lo puedo resistir.

Eduardo: Así eras tú a esa edad, y lo sigues siendo, pero siempre cuide no lastimarte, porque mi amor era más grande, aunque la verdad me arrepiento un poco. Tienen un culo delicioso los dos, tanto Adrián como tú, y debí darles verga hasta que me la aguantaran completa como ahora.

Hugo: ¿Por qué lo dices? ¿Ya te cogiste a Adrián?

Eduardo: Sí, y a Julián también, el muy putito de tu sobrino se la comió toda.

Hugo: Es muy aguantador ese pinche chiquillo, le encanta la verga.

Eduardo: ¿Y a ti hijo? ¿Te gusta?

Hugo: Solo la tuya papá.

Eduardo se puso de pie y le puso seguro a la puerta de la oficina, después, se acercó a Hugo que estaba sentado frente al escritorio. Eduardo se bajó el cierre del pantalón y se sacó la verga, ya casi estaba erecta. Se la arrimo a Hugo, que comenzó a chuparla metiéndose media verga hasta la garganta, en eso, alguien llamó a la puerta, era Adrián.

Adrián: ¿Papá estás ahí? Ábreme por favor, me dijo la secretaria que estabas con Hugo.

Eduardo se guardó rápido la verga en el pantalón y abrió la puerta. Adrián entró y Eduardo cerró nuevamente con seguro.

Adrián: ¿Qué Huguito, qué te trae por acá, y ese milagro?

Eduardo: Tu hermano se va a incorporar a trabajar con nosotros aquí en el despacho.

Adrián: ¡Qué bien! Ya era hora hermano, me da gusto. ¿Y qué papá, le estás dando la bienvenida? Sigan en lo que estaban, por mí no hay problema.

Adrián se le quedó viendo a la entrepierna a su papá, que aún conservaba la erección. Adrián se sentó en un sofá que estaba ahí en la oficina y se sacó la verga para comenzar a masturbarse.

Eduardo tomó el teléfono y le pidió a la secretaria que no los molestaran, ni le pasaran ninguna llamada. Se sacó la verga nuevamente y se la acercó a Hugo para que se la siguiera mamando.

Eduardo: ¿Adrián, qué haces allá? Ven, únete a nosotros.

Adrián: Mejor vengan ustedes para acá.

Hugo le dejó de mamar la verga a su papá, y se levantó de la silla para ir con su hermano Adrián, que estaba sentado en el sillón, se puso de rodillas y le comenzó a mamar la verga a su hermano quedando con el culo parado. Su papá se fue detrás de él y así a gatas como estaba Hugo, le desabrochó el pantalón y se lo bajó con todo y calzones para dejarse ir a lamerle el culo.

Hugo sintió delicioso como la barba de su papá le raspaba las nalgas, y Eduardo disfrutó el olor y el sabor de ese culito peludo.

Adrián: ¿Qué hermano? ¿Te le montas?

Hugo se puso de pie y se quitó por completo el pantalón, lanzó a un lado su saco, quedándose con su camisa y su corbata puesta. Adrián se bajó el pantalón y los calzones hasta los tobillos, Hugo se colocó un poco de saliva en el culo, y se montó sobre la verga de su hermano, su papá vio como Hugo se enterraba solo, se bajó el pantalón y tomando su gruesa verga se acomodó detrás de Hugo y comenzó a empujar para meterle la verga en el culo ya ocupado por la verga de Adrián.

Hugo: ¡No papá no voy a poder!

Hugo apenas acababa de decir esas palabras cuando sintió que su papá le apretó la boca fuertemente, y sintió como su culo se abría para que la verga de su padre entrara. Eduardo le metió media verga de golpe, Hugo lanzó un fuerte grito que se ahogó en la mano de Eduardo.

Adrián: ¡Hermano cállete! No hagas ruido, nos van a escuchar afuera.

Hugo trató de aguantar pero no pudo, se levantó sacándose las dos vergas del culo.

Adrián: No seas malo hermano, nos vas a dejar así de calientes.

Hugo: ¡No mames! Duele un chingo, a ver ¿Te la metemos mi papá y yo?

Adrián: Hagamos un trato, si te dejas que te la metamos los dos, le hacemos lo mismo tú y yo a Julián, o a Osvaldo, a quien quieras.

Hugo: ¡Eso sí mi agrada!

Eduardo: ¿Y yo qué, yo dónde quedo?

Adrián: A ti te voy a prestar a Osvaldo papá, para que le dejes el culito bien abierto, y después le quepa la mía y la de Hugo al mismo tiempo.

Hugo: Está bien, pero háganlo despacio por favor.

Eduardo: Toma hijo, muerde esto, porque ahora voy hasta el fondo.

Eduardo le pasó sus calzones, Hugo los mordió fuerte y se sentó sobre la verga de su hermano que seguía erecta, enseguida su papá se embarró la suya con suficiente saliva, y se acomodó detrás de Hugo, empujó fuerte, sin dejar de hacerlo, Hugo comenzó a gritar ahogando los gritos en el calzón que tenía en la boca, las venas de sus sienes se hincharon, y la cara se le puso roja del esfuerzo que estaba haciendo para aguantar, Eduardo seguía clavando su enorme verga hasta que se la metió toda. Hugo sentía que se le partía el culo en dos.

Adrián: ¡Qué rico jefe! ¡Esto es otra cosa, siento tu verga rozando con la mía, wow! Hermano no puedo esperar a que le hagamos esto a mis hijos, vas a sentir delicioso.

Eduardo se comenzó a meter y a salir dentro del culo de Hugo, que tenía los ojos llorosos, Adrián apretaba los dientes para no gritar del placer que estaba sintiendo, la verdad, era que Hugo tenía un culo delicioso.

Eduardo no aguanto más y se comenzó a venir, Adrián sintió como la verga de su papá se contraía y expulsaba la leche, y él hizo lo mismo. Hugo tampoco se pudo contener y empezó a lanzar chorros de mecos que cayeron en la camisa de Adrián. Los tres estaban sudando, pero satisfechos. Hugo se levantó sintiendo como se le salían del culo las dos vergas, por las piernas le escurrían los mecos de su hermano y de su papá, eran unos sementales lecheros.

Adrián: Que bueno que vas a trabajar aquí hermanito, lo malo es que no nos vamos a poder concentrar.

Hugo: No hermano, ni creas que esto se va a repetir.

Eduardo: Ya veremos hijo, ya veremos, por lo pronto a seguir trabajando. A ver si puedes Hugo, después de tremenda cogida que te dimos.

Esa tarde después de eso, con el culo adolorido y entumido, Hugo pasó a una sex shop a buscar el lubricante que su papá le había recomendado, terminó comprando el que tenía anestesia, pasó a recoger a su hijo a la guardería y lo llevó a su casa.

Cuando llegaron, encargaron de cenar, y vieron una película, el niño cada vez se sentía en más confianza. Después, se metieron a bañar, una vez en el baño, Hugo se comenzó a excitar mucho al ver nuevamente a su hijo desnudo, lo deseaba tanto.

Hugo: Hijo, quiero que hagas algo que va a hacer muy feliz a tu papá.

Pedrito: ¿Qué papá?

Hugo: Que me chupes mi pilín, como si fuera un helado.

Pedrito: ¿Para qué papá?

Hugos Por qué se siente rico, mira.

Hugo se agachó y comenzó a chuparle la pequeña verguita a Pedrito, el niño sintió cosquillas, sintió rico, su pequeño pene se puso duro inmediatamente, Hugo trató de darle una mamada rica, para que entendiera por qué quería que lo hiciera.

Hugo: ¿Sentiste rico?

Pedrito: Sí papá.

Hugo: Bueno, por eso quiero que hagas lo mismo.

Hugo se puso de pie, haciendo que su gruesa verga quedará a la altura de la cara de Pedrito, que trató de meterla en su boca pero no podía. Hugo se sintió frustrado, hubiese deseado meterle la verga hasta la garganta, pero era una cuestión de proporciones, pensó que tampoco iba a poder metérsela completa por el culo, como a él le gustaría. El pequeño niño intentaba chuparle la verga a su papá pero era imposible.

Pedrito: No puedo papá, está gorda.

Hugo: No te preocupes hijo, no pasa nada, ahorita vamos a hacer algo que se siente más rico.

Hugo se llevó a Pedrito, pero no a la recámara del niño, sino a la de él, lo acostó en la cama, boca arriba, y se subió encima del pequeño cuerpo del niño, su piel era fresca por la ducha que se acababan de dar, olía delicioso, a bebé. Hugo lo amaba tanto, que comenzó a besarlo por toda su cara, el niño disfrutaba esos besos, para él eran caricias y no había maldad, su piel disfrutaba de los labios de su papá, que pasó su lengua por la pequeña boquita de Pedrito, después bajó a sus pezones diminutos y los lamió, al parecer el niño lo disfrutaba demasiado, Hugo lo podía ver en el rostro de placer del niño que con sus pequeñas manos acariciaba la abundante cabellera de Hugo, que seguía besando y lamiendo el cuerpo de su hijo, al tiempo que bajaba poco a poco.

Cuando llegó a la entrepierna del niño, le levantó sus piernitas, y ahí estaba el tesoro que tanto deseaba poseer, ese agujerito rosa, pequeño, tan pequeño que supo que era imposible meterle la verga sin romperlo.

Lo lamió, pasó su lengua una y otra vez por ese culito delicioso, cerradito. Hugo salivaba como quién se va a comer su platillo favorito, dejándole el culito mojado al niño. Pedrito sintió la húmeda lengua de su padre y su piel se erizó.

Hugo: ¿Te gusta bebé?

Pedrito: Sí papito.

Hugo bajó los pies del niño, y se estiró para alcanzar del tocador el pomo de lubricante que había comprado, el que tenía anestesia. Pedrito siguió con su mirada la verga de su padre. Hugo se puso una buena cantidad de lubricante en una mano y con la otra le levantó nuevante las piernas a Pedrito.

Comenzó a untar por fuera del ano de su pequeño hijo el viscoso lubricante, que hacía que su mano se deslizara entre sus nalguitas, esperó unos minutos para que la anestesia hiciera efecto, y comenzó a tratar de meter su dedo índice. El lubricante era tan viscoso que le permitió meter el dedo a Hugo, que sintió la lujuria apoderarse de todo su cuerpo, la verga estaba que le reventaba, sentía los mecos en la punta.

Cuántas veces había fantaseado con el pequeño Fer, el niño de 4 añitos de la casa de citas, y ahora tenía ahí a un niño mucho más hermoso, su pequeño hijo, su propia sangre. La vida se lo había puesto ahí como un regalo.

La anestesia surtió efecto porque el niño se quejaba poco y Hugo cada vez metía más profundo su dedo, se embarraba más lubricante para dejarle el culito completamente dilatado y entumido, en su mente estaba la posibilidad de meterle la verga completa.

Hugo cambió de dedo, siempre poniendo suficiente lubricante, que además de adormecer, cumplía con la función de dilatar, y Hugo lo notó, estaba funcionando, su dedo medio entraba y salía del culito del niño. Después despacio le fue metiendo dos dedos, Pedrito apenas y se quejó, soltó un lamento suave al sentir los dos dedos de su padre que al tenerlos hasta el fondo los abrió haciendo que el huequito de su hijo quedara abierto, le dejó caer directo un buen chorro de lubricante y después metió tres dedos de golpe, a pesar de la anestesia el niño sintió como su pequeño culito se abría, Pedrito inmediatamente hizo un movimiento para zafarse, pero Hugo lo tenía firmemente sostenido de los pies.

Pedrito: Auuuu papi así nooo!!

Hugo: Ya chiquito ahorita se te pasa.

Cuando Hugo sacó los dedos vio que había algo de sangre, pero era una cantidad muy pequeña y no le dió importancia.

Hugo: Bueno bebé, yo creo que si vas a aguantar la verga de papá.

Hugo se cegó, estaba nublado de lujuria y de placer, era un animal que solo deseaba satisfacer su instinto, quería rugir como un león. Se embarró la verga con mucho lubricante, ya se había gastado casi el pomo completo. Sintió los dedos un poco entumidos y comenzó a sentir algo parecido en la verga, pero no le importaba, lo que quería era clavarse en ese culito, hacerlo suyo, romperlo. Le levantó sus piernitas hasta la cabeza, el niño trató de zafarse pero no había manera de que pudiera con la fuerza de su padre.

Y lo hizo, Hugo colocó su enorme verga en la entrada del diminuto culito de Pedrito, y empujó con fuerza su verga, que se abrió paso rompiendo la entrada de ese pequeño anito, se fue abriendo paso rompiéndole las entrañas al niño, le clavó media verga y el niño gritó fuerte, pero Hugo no se detuvo, le siguió enterrando la verga hasta que se la metió al fondo y sin esperar se lo comenzó a coger sin pensar en nada, más que en el placer que estaba sintiendo con ese culito, que a pesar de estar dilatado le apretaba la verga, el niño se retorcía de dolor, pero Hugo no paraba, se lo comenzó a coger tan fuerte como se hubiera cogido a cualquier puta acostumbrada a recibir vergas enormes. El niño no dejaba de llorar al sentir como su padre le taladraba el culo, sin entender por qué hacía eso.

Hugo dentro de su locura pensó que quizá los vecinos podían escuchar el llanto del niño y preocuparse, pero era demasiado tarde para poner música. Hugo le sacó la verga a Pedrito, y un chorro de lubricante con sangre salió de su culito. Hugo tenía la verga sucia, pero no le importó, no se preocupó por nada, estaba fuera de si, su instinto más salvaje se había apoderado de él, como cuando se drogaba y perdía el control de sus acciones, el culito de Pedrito había sido una dosis de la droga mas potente.

Hugo tomó un pañuelo de un cajón y se dirigió nuevamente a Pedrito, que del dolor se había volteado boca abajo, estaba con la cara clavada en la almohada, ya no lloraba, la anestesia le había adormecido el culo, Hugo tampoco sentía del todo la verga. Lo amordazó para que no gritara, y lo puso de perrito, volteó a ver el espejo de la pared y eso lo terminó de trastornar, era la mejor escena porno que había visto en su vida, ni en sus mejores fantasías hubiera pensado que algo así pasaría, el cuerpo pequeño de Pedrito a gatas, y su enorme verga que el espejo hacia ver aún más grande. Lo tomó de la cintura, y de una se la clavó hasta el fondo y le empezó a dar verga sin piedad, metiendo su miembro una y otra vez en ese culito, la metía y la sacaba con tanta fuerza, que se escuchaba como chocaba su cuerpo contra el de su hijo. Al ver que el niño ya no hacía por gritar solo pujaba le quitó el pañuelo que lo tenía amordazado.

Hugo se bajó de la cama, poniéndose de pie, y le pidió a su hijo que lo abrazara del cuello, después metió sus brazos entre las piernas del niño separándolas y levantándolo para que quedara a la altura de su verga. Se paró frente al espejo y comenzó a clavar a Pedrito en su verga, bajándolo para que se ensartara en ella. El culito de Pedrito se abrió, Hugo lo comenzó a subir y a bajar, Pedrito sentía el pecho peludo de su padre pegando con el de él, y sintió rico. Hugo también sentía el calor del niño que pujaba cada vez que su papá lo bajaba para meterle la verga. Un hilito de sangre salió del culito de Pedrito resbalando por los enormes huevos peludos de Hugo, hasta que una gota cayó al suelo. Literal le había rotó el culo, como cuando le había robado la virginidad a algunas de sus ex novias, y su verga se llenaba de sangre.

Hugo: Ya te rompí tu culito, te lo rompí con mi vergota como a mí me hubiera gustado que mi papá me lo rompiera cuando era niño. Eres mío bebé, solo mío.

Y se comenzó a venir dentro de Pedrito, se vació como nunca lo había hecho, sintiendo como llenaba las entrañas de su propio hijo, lo levantó y así frente al espejo, le abrió las nalgas, se veía completamente abierto, roto y lleno de mecos. El niño se recostó sobre el hombro de su papá y se quedó dormido en sus brazos. Hugo lo acostó y se dejó caer sobre la cama, a un lado de él, no pensó en nada, se quedó dormido también.

Continuará…

A la mañana siguiente, despertó al niño para llevarlo a la guardería, el niño se despertó y fue al baño, cuando de pronto Hugo lo escucho llorar y se dirigió rápido al baño.

Pedrito: ¡Papi me duele, ven!

Hugo: ¿Qué te duele hijo, qué pasó?

Pedrito: Me duele mucho al hacer popo.

Hugo limpió al niño y vio que había algo de sangre en el papel, se asustó, recordó lo rudo que había sido la noche anterior y se preocupó. Decidió llamar a su papá.

Eduardo: Dime hijo. ¿Cómo estás? ¿Qué pasó? ¿Por que no has llegado a la oficina?

Hugo: Papá, creo que lastimé a Pedrito, ayer fui demasiado rudo con él y está sangrando. ¿No sé qué hacer?

Eduardo: ¿Está sangrando mucho?

Hugo: Pues no mucho, pero sí se queja de mucho dolor.

Eduardo: Hijo, te dije que tuvieras cuidado y que fueras lento, pero conociéndote seguro le metiste la verga.

Hugo: Toda papá, y de una manera que no te imaginas.

Eduardo: Ay Hugo qué voy a hacer contigo, no aprendes, no vengas a trabajar y quédate cuidándolo, hasta que este mejor, no lo puedes llevar a la guardería así, esperemos que se le pase en unos días, pero no se la vayas a volver a meter hasta que se recupere.

Pasaron varios días, Hugo aún no se presentaba a trabajar cuidando a Pedrito, que al parecer ya estaba bien, aun así, Hugo decidió presentarse a trabajar hasta la siguiente semana, al fin de cuentas ya era viernes. Llamó a su papá para avisarle.

Eduardo: Hola hijo, ¿Cómo estas? Voy rumbo a la oficina ¿Cómo sigue Pedrito?

Hugo: Afortunadamente ya está bien, ya lo revisé y se ve perfecto, y ya no le duele nada, pero te quería decir que me presentare hasta la próxima semana, si no tienes problema.

Eduardo: Claro que no hijo, está bien, nos vemos el lunes.

Cando Eduardo llegó a la oficina, su hijo Adrián ya lo estaba esperando.

Adrián: Papá, que bueno que llegaste, si no estás ocupado me gustaría hablar contigo de algo que quiero hacer, es algo que descubrí que me gusta, y quiero que me ayudes a cumplir esta fantasía.

Eduardo: ¿De qué se trata hijo?

Adrián: Me gusta mucho ver cómo se cogen a Julián, me di cuenta cuando Hugo lo hizo, y también cuando tú te lo cogiste, lo he estado pensando y tengo una fantasía. Quisiera verlo siendo penetrado por varios hombres, unos cinco o seis, no sé, muchos, que le den verga hasta que le dejen el culito escurriendo de mecos.

Eduardo: ¡Wow hijo! Que te excite ver cómo se lo cogen lo entiendo, pero ya que quieras que varios hombres se lo cojan, ya va más allá. ¿Crees que pudiera aguantar?

Adrián: Papá, después de aguantarte la verga completa a ti, Julián aguanta lo que sea y se que le encanta, todos los días quiere que me lo coja, a veces que cojo con mi esposa, después me toca darle verga a él porque quiere, me insiste, así que ese no es el problema. El problema es, a quién le ofrezco el culito de mi hijo, de dónde consigo a esos hombres.

Eduardo: Hijo, hombres que se quieran coger un culito tiernito sobran, pero ¿Qué tipo de hombres buscas?

Adrián: El único requisito es que estén vergones, que hagan gozar a Julián y a mí viendo como se lo cogen, por su puesto puedes participar.

Eduardo: Pues tengo dos o tres amigos que estoy seguro que querrán participar, dame un par de días para organizarlo. ¿Le vas a decir a Julián?

Adrián: No, quiero ver su cara cuando vea todas las vergas que va a recibir.

Eduardo: Hijo y a Osvaldito ¿Cuándo me lo vas a prestar?

Adrián: El día que quieras papá, pero que esté yo para cuidar que no le vayas a hacer lo que a Julián.

Eduardo: Hijo, yo vi que Julián era capaz de aguantar, por eso lo hice, si Osvaldito no puede, créeme que no voy a ir más allá, no soy tan tonto como tu hermano Hugo, ya ves que por eso no vino toda la semana, afortunadamente al parecer Pedrito ya esta bien

Adrián: ¡Que bueno!

Eduardo: Pero regresando al tema. ¿Por qué no me prestas a Osvaldito hoy en la tarde? De verdad tengo muchas ganas de meterle la verga, y te prometo que consigo lo que quieres para Julián.

Adrián: Hoy no puedo papá, tengo compromisos que no puedo cancelar.

Eduardo: Préstamelo, me lo llevo a la cabaña. Te prometo que solo entraré hasta donde el niño pueda. Tienes mi palabra.

Adrián: Está bien, en la tarde regresando de comer lo traigo, y te lo llevas a la cabaña, pero por favor papá, no lo vayas a lastimar, a diferencia de Hugo, yo vivo con mi esposa y notaría cualquier cosa rara en el niño.

Eduardo: No te preocupes hijo, vas a ver que Osvaldito va a disfrutar mucho a su abuelito.

Esa misma tarde, Adrian sacó a sus hijos de su casa, diciéndole a su esposa que los llevaría a pasar la tarde con su primo Pedrito para que jugaran. Hugo que aunque no se lo esperaba, recibió feliz a Julián, y después, Adrian dejó al pequeño Osvaldo con Eduardo, quien ya lo esperaba para llevarlo a la cabaña.

Osvaldo le preguntó a su abuelito a dónde iban, y su abuelo respondió que a la cabaña, a jugar a los novios, ya que Adrian le había dicho a su papá que así le llamaban a lo que hacían,  para que los niños entendieran. A Osvaldito le encantó la idea de jugar con su abuelo, después de las cogidas que le daba su hermano de vez en cuando, pero sobre todo su papá, le estaba gustando la verga, sin imaginarse que la verga de su abuelo lo haría gritar como una puta.

Cuando llegaron, Eduardo llevó a Osvaldito a la cama y lo acostó, Eduardo comenzó a desvestirse, le traía tantas ganas a Osvaldito, que su verga la trajo parada durante todo el camino. El niño acostado sobre la cama solo observaba a su abuelo como se iba desvistiendo, sentía emoción, había encontrado el placer de ser penetrado, la verga de Adrián, su padre, a pesar de ser gruesa y grande, le entraba perfectamente en las noches que se lo cogia, su culo se había acostumbrado a ella, sin embargo, la de su abuelo era otra cosa, pero Eduardo sabía lo que hacía. Se quedó completamente desnudo con sus enormes 23cm de verga gruesa, tan gruesa que parecía el brazo de Osvaldo, y unos huevos enormes, llenos de leche. Osvaldito que estaba acostado, se levantó del asombro,  quedando sentado en la cama apoyando sus manitas a los lados.

Osvaldito: ¡Wow abuelito, qué grandote lo tienes! ¿Si crees que me entre?

Eduardo: Claro que te va a entrar, de eso me encargó yo.

Eduardo se montó en la cama y se fue acercando a Osvaldo, así como estaba sentado sobre la cama le levantó su playerita, lo acostó, le quitó los tenis, le bajó su pantaloncito, después sus calzoncitos y por último los calcetines dejándolo completamente desnudo. Le tomó un pie y lo llevó a su nariz, el olor de sus pequeños deditos llegó hasta su cerebro, abrió la boca y se los metió, comenzando a chupar los deditos de Osvaldo, que sintió la tibia boca de su abuelo y le gustó, le gustaba que lo acariciaran, que lo besaran, se sentía amado. Eduardo le tomó el otro pie e hizo lo mismo, después llevó los pies de Osvaldo hasta arriba y le pidió que los sostuviera con sus manitas. Al hacerlo el culito de Osvaldo quedó expuesto y abierto, para Eduardo, a pesar de haber recibido verga varias veces, se veía intacto, cerradito y rosita, Eduardo se agachó para chuparlo, al sentir su tupida barba, a Osvaldo le encantó esa sensación, siempre había sido el más apegado y cariñoso con su abuelo, era más sensible y tierno, y su abuelo lo sabía, Julián era más rebelde, más inquieto y travieso, por eso Julián lo disfrutaba rudo.

Eduardo conocía tan bien a sus nietos que supo que a Osvaldo le tenía que hacer el amor, no cogerselo, con cada beso y caricia el niño lanzaba suspiros. Eduardo le lamia el culito lenta y tiernamente, como quien disfruta un helado tan delicioso que no quiere que se termine. Eduardo le dejó el culito completamente húmedo de saliva, y comenzó a pasar su dedo entre sus nalguitas. Después se lo comenzó a introducir, Osvaldo cerró sus ojitos y al sentir como el dedo de su abuelo iba entrando, su verguita se comenzó a poner dura, era lo que Eduardo quería, lentamente le metió todo el dedo y comenzó a estimularle la prostata.

Osvaldo: ¡Ay que rico abuelito! Me gusta mucho lo que estás haciendo.

Eduardo: Que bueno mi vida, de eso se trata, de que disfrutes.

Osvaldito: ¿Te puedo decir amor? Es que así le dice mi mamá a mi papá, y si estamos jugando a ser novios te tengo que decir amor.

Eduardo: Sí mi amor, me puedes decir así, pero recuerda que este es solo un juego, sólo cuando estemos jugando me puedes decir así, y sólo puedes jugar con tu papi, conmigo y con tu tío Hugo, y nunca le debes de contar a nadie porque es un secreto de nosotros.

Osvaldo: Sí ya me lo ha explicado mi papá.

Después de eso, Eduardo le sacó el dedo del culo a Osvaldo y se metió entre su piernas, le pidió que las bajara y lo tomó de las manos, entrelazando sus enormes dedos de hombre maduro con los pequeños deditos de su nieto. Eduardo se acercó a su boquita para darle un beso, Osvaldo lo miraba tiernamente con sus hermosos ojos verdes, era verdaderamente un niño hermoso.

Eduardo: ¡Te amo mi amor!

Osvaldito: ¡Yo también te amo mi amor!

Después de escuchara a Osvald decirle mi amor, Eduardo se dio cuenta que lo que sentía en ese momento iba más allá del juego, realmente se sintió enamorado, pero no con el amor de un abuelo por su nieto, sino el amor que sienten los amantes.

Se acercó a sus labios y lo besó tiernamente, Osvaldito ya había aprendido a besar y le correspondió a su abuelo. El niño sintió diferente ese beso a todos los que había dado, sintió el amor y la pasión de su abuelo, de su querido abuelito.

Eduardo volteó al niño boca abajo, y puso un par de almohadas bajo el abdomen de Osvaldo para que su culito se levantara. Aún así, Eduardo sabía que su enorme verga no cabría en ese culito, más que por lo larga, por lo gruesa. Se bajó de la cama y sacó el lubricante especial y un par de dildos, uno como de 20cm y de grosor parecido a la verga de sus hijos, vergas que Osvaldito ya había aguantado, y otro un poco más grueso aunque no tan grueso como su verga.

Le puso una buena cantidad de lubricante al primer dildo, y después se embarró la mano, le metió el dedo pero esta vez hacia abajo para volver a estimular la prostata del niño, que comenzó a gemir de placer. Osvaldito paraba su culito disfrutando. Eduardo le sacó el dedo y tomó el primer consolador, y lentamente se lo fue metiendo al pequeño culito de su nieto.

Osvaldito: ¡Ahhhhhh amoooor que rica tu verga, dámela toda!

Eduardo se sorprendió de escuchar a Osvaldito decir eso, pero le gustó, lo excitó más de lo que estaba, además que el niño le dijera amor, era algo que nunca había experimentado con ningún otro niño.

Eduardo: Si mi amor te la voy a dar toda.

Osvaldo no había visto los dildos, estaba boca abajo, pero después de haberle visto la verga a su abuelo, esperaba más, sin  imaginarse que esa no era la verga de su abuelo. Eduardo le metía y le sacaba el dildo cada vez más profundo pero suave. Se acercó al oído del niño.

Eduardo: ¡Te amo!

Osvaldo: ¡Yo también!

Cuando Eduardo le dijo esas palabras, la piel de Osvaldo se erizó y Eduardo lo notó, además volvió a levantar el culito despegándolo de las almohadas para que le entrara más verga. Eduardo le sacó el dildo y tomó el siguiente, que era un poco más grueso, lo introdujo suavemente, era la primera vez que Osvaldo recibía una verga de ese tamaño, aunque fuera de plástico, al sentir entrar el nuevo dildo, Osvaldo sintió un poco de dolor, sintió más grueso, aunque no se cuestionó el por qué, sentía que era su obligación como la novia o la esposa hacer eso, aguantar. Pero no pudo evitar lanzar un gemido. Eduardo se acercó nuevamente al oído de Osvaldito.

Eduardo: Mi amor, mi cielo, relájate, respira lento y puja para que tu culito se abra

Osvaldito pujó y medio dildo se le clavó, aún asi aguantó. Eduardo poco a poco, lentamente pidiéndole al niño que no dejara de pujar le metió el dildo completo. No lo movió, lo dejo ahí, pero pudo ver a Osvaldo inquieto, pujando, aguantando el dolor. Lentamente lo sacó y lo comenzó a meter.

Osvaldito ¡Ahhhhhhhhhhh amoooor sácala, sácala por favor no aguanto!

Eduardo sacó el dildo y Osvaldo respiró aliviado.

Eduardo: ¿Ya no quieres verga mi amor?

Osvaldo: Es que se sintió muy grueso, no sé por qué, pero sentí como que se me abría mucho y me dolía.

Eduardo: ¿Te dolía mucho?

Osvaldito: Pues no tanto, pero si me dolió.

Eduardo: Entonces no me amas. Yo quería embarazarte y que tuviéramos un bebé, que fuera nuestro hijo.

A Osvaldito le gustó la idea de tener un hijo de su abuelo, él seguía jugando y quería que su abuelo lo embarazara. Seguía acostado boca abajo, haciéndole las preguntas a su abuelo.

Osvaldito: ¿Para eso le meten los esposos el pene a sus esposas? Es que yo vi que mi papá le metía el pene a mi mamá, un día que los vi en su cuarto, ellos no me vieron, pero entendí que por eso jugábamos así a los esposos.

Eduardo: Sí, pero para que la esposa se embarace le tienen que echar la leche adentro.

Osvaldo: No entiendo, ¿Quiere decir que voy a tener un hijo de mi papá? Y de mi tío Hugo y otro de Julián.

A Eduardo le conmovió la inocencia de Osvaldito y tuvo que explicarle.

Eduardo: No hijo, solo las mujeres adultas se pueden embarazar, esto es solo un juego, pero si estamos jugando a que somos esposos y quiero embarazarte, te tengo que meter la verga hasta que me salga la leche y te la deje en tu culito.

Osvaldito: Ahhhh ya entendí.

Eduardo: ¿Entonces amor, no quieres tener un hijo conmigo?

Osvaldito se giró para ver a su abuelo y decirle que sí, que sí quería tener un hijo con él. Vio los dos dildos en la cama, eran dos vergas de plástico.

Osvaldito: ¿Qué es eso abuelito?

Eduardo: Son dos vergas de mentiritas, primero te metí una para que tu culito se fuera abriendo y luego te metí esta, para que se abriera más. Y ahora te quiero meter la mía, la de verdad, para embarazarte.

Osvaldito: Con razón se sentía diferente a cuando me la mete mi papá o mi tío, hasta la de Julián se siente calientita.

Eduardo: Es que estas son de plástico, y una verga de verdad es más caliente. Como la mía que está hirviendo de ganas de meterse en tu colita. ¿Ponte como estabas amor para llenarte tu culito de mecos y hacerte un hijo?

Osvaldo obedeció, quería jugar a que su marido lo embarazaba, pero si el segundo dildo fue difícil de aguantar tenía miedo de lo que iba a sentir con la verga de su abuelo. Osvaldo se acostó boca abajo, poniendo su abdomen sobre las almohadas, cerró los ojos, sabía lo que le esperaba, o al menos, lo imaginaba.

Eduardo: Puja mi amor, cómo estabas pujando hace ratito.

Osvaldo pujó y su culito dilatado se abrió, Eduardo lo llenó de lubricante y luego se embarró entera la verga y se colocó en posición, decidido a cogerse a su nieto, en ese momento a su esposa, a su pequeña esposa. Le pidió a Osvaldo que no dejara de pujar, se acercó al oído del niño, y con la verga apuntando directamente a la entrada del pequeño culito comenzó a empujar, suave pero firme.

La verga de Eduardo que estaba completamente lubricada al igual que el culito de Osvaldo se fue deslizando. El pequeño niño sintió cuando su abuelo entró, sintió como su culo se abrió completamente, sentía que se le rompía, sintió la verga caliente de su abuelo, de su amor, de su marido, completamente diferente a los dildos, está si era una verga real, de carne, gruesa, las más gruesa que su infantil culito había recibido. Eduardo siguió clavando, Osvaldo sentía que no podía más.

Osvaldo: Amor ¿La tienes que meter toda? ¿No me puedes hechar la leche ya hasta ahí?

Eduardo: No mi amor, te tiene que llegar hasta la pancita para que ahí se te haga el bebé. ¿Quieres o no quieres?

Osvaldo: Si amor, pero despacio.

Eduardo comenzó a besar el cuello y la orejas de Osvaldo, le giró un poco la cabeza  y lo comenzó a besar en la boca para distraerlo un poco mientras le iba metiendo lentamente un poco más de verga.

Osvaldo: ¿Ya está toda?

Eduardo: No mi amor, apenas va la mitad. ¿Quieres que ya la saque?

Eduardo sabía que había un límite, sabía que las probalididades de que le pudiera meter la verga entera a Osvaldo eran casi nulas, y se sentía satisfecho con lo que había logrado. Pero Osvaldo quería embarazarse de su abuelo, así que haciendo su culito para atrás se clavó otro pedazo y casi sin poder hablar le dijo.

Osvaldo: Métemela, métemela toda hasta adentro y lléname de leche.

Eduardo dio un empujón más, y su verga se clavó hasta el fondo, sintió donde lo traspasó, era lo más delicioso que había probado en su vida. Los dos gritaron.

Osvaldo: ¡Ahhhhhhh amor que vergota tienes!

Eduardo: Es tuya mi amor, toma mi verga.

Se lo empezó a coger de una manera deliciosa, el culito de Osvaldo recibía su verga completa. El pequeño niño gemia de una manera tan femenina, imitando a su madre cuando la vio con su papá. Pero el dolor se convirtió en placer. Amaba a su abuelo y amaba el juego de ser su esposa, le gustó sentir su enorme verga hasta adentro llenándole completamente el culo de carne caliente, sentía viva la verga de su abuelo dentro de él. Eduardo al ver que aguantaba le comenzó a dar más duro, Osvaldo sintió que le perforaba el interior.

Eduardo: Agghhhhhhhhhhhhhh

Osvaldo: Ahhhh ahhhhhh ahhhhhh

Eduardo: Ahí te va la leche mi amor, ahora si te voy a embarazar.

La enorme verga de Eduardo se comenzó a vaciar en el interior de Osvaldito, que sintió cada chorro de leche caliente en su interior. Su abuelo lo había preñado, lo había dejado embarazado como él deseaba.

Eduardo:¡Ay chiquito hermoso qué rico te comiste mi verga!

Eduardo seguía con la verga dura dentro del culito de Osvaldo, ahí se la dejó, pero la verga no se le bajaba, seguía dura como una roca.

Eduardo: ¡Ay chiquito mi verga te quiere seguir cogiendo, pero ya es tarde tenemos que irnos!

Eduardo le sacó la verga y la imagen que vio se quedaría tatuada en su memoria para siempre, el culito de su pequeño Osvaldo completamente abierto y lleno de leche, se lanzó a chuparlo saboreando su propio semen, metiendo su gruesa lengua hasta el interior.

Osvaldo: ¡Amor eso se siente bien rico!

Eduardo le chupo el culo a su nieto un rato hasta que pensó que si no se iban se les haría tarde y tenía que entregar al niño con Adrian.

Continuará…

46 Lecturas/30 abril, 2026/0 Comentarios/por daynight
Etiquetas: amigos, hermano, hija, hijo, madre, maduro, padre, primito
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