Un lunes con inicio electrizante
Después de haber pasado un delicioso fin de semana, llegó el lunes, un pequeño preámbulo a lo que se viene. ¿Cuál será ese lugar secreto del que Daniel me habló?.
Después de haber consumado totalmente el acto con Ricardo, se abrió un nuevo mundo para mí, un mundo donde sé que podía disfrutar más, algo que no hubiera imaginado sea tan delicioso, y más aún, agradecido que sea Ricardo, mi vecino, quien fue paciente con mis dudas, mis miedos, mi dolor, alguien quien supo hacerlo delicadamente, alguien quien supo no solo complacerme, sino quien supo llevarme a un glorioso éxtasis.
Y también estaba lo ocurrido con Ángel, algo que me sorprendió mucho de cómo puso sentir que algo sexual ya había hecho solo con el simple olor de mi boca, de cómo pudo notar que ya había probado el muñeco prohibido, y de como un simple chantaje se volvió algo que yo quería disfrutar después de ver su poderosa herramienta bajo la tela del short, y más aún, de ver la base de aquel majestuoso tronco.
Con Ricardo ya era casi fijo los días de nuestros encuentros furtivos, algo que ahora deseaba más después de consumarlo, y ver si había nuevas cosas que podría enseñarme en el lecho de su cuarto; pero con Ángel era distinto, después de haber quedado de acuerdo con futuros encuentros, el poder realizarlo era lo difícil, solo me quedaban los sábados en la mañana, solo si sus padres salían, podríamos aprovechar tras el mostrador de la tienda, ahora solo era saber cuándo salían los dos padres.
Saber que el lunes tenía que regresar a clases no me alegraba mucho, pero recordar que me vería con Daniel, que seguiríamos con nuestro juego secreto en plenas clases, teniendo junto a nosotros a los compañeros que podrían vernos era algo que me asustaba porque no quería que se sepa lo mío, pero también le sentía un agrado de hacer algo prohibido prácticamente delante de ellos sin que se den cuenta.
Pero también recordaba que estaba Fer, uno de los bravucones del salón, que, habiendo descubierto mi secreto, volvería a pedirme repetir lo que pasamos en la escalera. La verdad, me gustó mucho eso, pero no se lo iba a poner fácil a Fer. Quería volver a sentir esa hermosa verga en mi mano otra vez, aunque no sabía si aceptaría su pedido de poder chupársela, quería hacerlo, pero sospechaba que, si lo hacía, iba a pedirme más cosas, algo que no quería que sea a manera de obligación.
Llego el lunes, llegué al colegio tan temprano que todavía no abrían la reja de la entrada. Cuando llegue, ya había algunos estudiantes más esperando a que abran, y llegó las 7:30, abrieron la reja y pasamos al colegio, primero cruzamos el jardín de la entrada, después pasando por la puerta principal pasamos a lado de las oficinas de la APAFA y del coordinador de orden. Ya pasando ese pequeño tramo, nos dirigimos a nuestros salones, como siempre yo era el primero en llegar.
Al terminar de subir las gradas para dirigirme a mi salón, vi nuevamente a ese chico atractivo que vi el primer día de clases, me enteré luego que él estaba en el salón de primero H. No sé porque, pero al verlo me quede paralizado, él recién empezaba a subir las gradas, y yo no dejaba de mirarlo, él se dio cuenta que no dejaba de mirarlo, y creo que eso me delató, creo que se dio cuenta de mi opción o no sé, porque al pasar por mi lado, no me dijo nada, pero me sonrió, aunque esa mirada tenía algo diferente a la mirada común.
Ya sabía que él era repitente, y pensé que sería igual de bravucón como Fer, ya que aparte de ser muy atractivo, era ligeramente más alto que Fer y con más masa muscular. Como dije, al pasar por mi lado, me miró y me sonrió amablemente, o eso pensé. Quedé maravillado por tener unos ojos grandes y más que nada eran claros, unos ojos verdes muy hipnotizantes. Como no dejé de mirarlo hasta que el entrara a su salón, donde recién me enteré en que sección estudiaba, me miro otra vez, pero esta vez se agarró el paquete que se le veía muy, pero muy enorme, y eso que estaba con el uniforme del colegio. Aunque ese gesto fue algo excitante, tenía una mirada muy agradable, me guiñó el ojo derecho justo antes de entrar.
Cuando él entró a su salón, recién desperté de ese trance tan hermoso, dirigiéndome a mi salón, recordando ese gesto con su miembro. Al recordarlo, podría asumir que era una verga mucho más grande que la de Ricardo, y eso que Ricardo tenía sus 16 años, y ese alumno estaría por sus 13 o 14, ya que era repitente.
Entre al salón y noté que nadie más había llegado. Estaba ya sentado en mi sitio, ensimismado en mis pensamientos, lo cual me preguntaba si tendría la oportunidad de poder conocer más a ese chico, y de poder “jugar” con él como lo hacía con Ricardo, un pensamiento que hizo que mi propio pene se ponga muy duro.
Desperté de mis sueños que tenía sobre ese chico de la H, y eso que mis ojos estaban abiertos, cuando entro un compañero saludándome y preguntándome si había hecho la tarea que habían dejado. Le dije que sí, y me pidió comparar los resultados, lo cual eran idénticos. Y poco a poco iban entrando mis compañeros, hasta que llegó Fer quien simplemente me saludó, pero su mirada indica que nos teníamos que ver en el recreo.
Poco después entró Daniel, sentándose a mi lado, pidiéndome mi cuaderno, porque también quería saber si había resuelto bien los ejercicios, lo cual encontró un ligero error en el ejercicio final. Estaba contento porque si logró hacer bien casi todos, indicándole que ya había comprendido la lección que nos enseñaron, aunque me dijo que me entendía más a mí que al profesor.
Luego, entró el auxiliar para hacernos recordar que los lunes teníamos la formación en el patio escolar. Salimos todos rápidamente en fila y nos ubicamos en nuestra área respectiva en el patio. Como éramos de primero, estábamos hasta el fondo en el patio, pero aun así llegaba la voz del parlante hasta nosotros para escuchar las indicaciones de siempre, y después el himno nacional, seguido del himno de nuestro colegio.
Al acabar la formación, dimos media vuelta para dirigirnos a nuestras aulas, y allí volví a ver a ese chico de la H, quien a su vez también me miró, parece que me buscaba con la mirada, porque al verme volvió a sonreír y a guiñarme el mismo ojo, e inmediatamente después tuvimos que dirigirnos a nuestros salones, en fila india.
Ya en nuestro salón sentados en nuestros sitios, todos empezaron a conversar entre ellos, formándose grupos de amigos de hasta 5, yo solo conversaba con Daniel y otro compañero más. De reojo vi a Fer conversando con su grupito, eran 4 ellos, no escuchaba de que hablaban, pero tenía miedo de que Fer les contase mi secreto. Cuando entro el profesor que tocaba en ese momento, todos se sentaron rápidamente, algunos recién sacaban sus cuadernos, otros ya lo teníamos abierto, esperando a que la clase empezara.
Era el curso de Lenguaje, y el profesor empezó a explicarnos muchas cosas, lo malo era que su clase era algo aburrida cuando dictaba la clase, se amenizaba un poco cuando teníamos que salir a la pizarra a escribir las oraciones que él dictaba, y nos quitaba un punto por cada falta ortográfica, signo de puntuación o tildes que faltaran. Nos poníamos nerviosos todos en la pizarra, pero en manera personal, eso me gustaba a mí, aunque me equivocaba, ya sabría mi error y no volver a hacerlo, otros en cambio, siempre caían en los mismos errores.
Luego una hora con Ciencias Naturales, donde el profesor copiaba la clase en la pizarra y nosotros teníamos que transcribirlo al cuaderno. Cada cierto tiempo el profesor hacia una pausa para explicar lo que había copiado. Y era en esos momentos donde regresábamos al juego de nuestras apuestas con Daniel, que quien demoraba en escribir tenía que cumplir su castigo ya pactado, pero teníamos que ser bien cuidadosos con los compañeros que estaba en la fila central y a lado nuestro.
En esos momentos que el profesor copiaba en la pizarra, es donde aproveché a preguntarle a Daniel sobre ese lugar escondido en el colegio para poder continuar con más calma nuestro juego, llevándolo a un nivel más íntimo. Él se había olvidado de aquello, pero al preguntarle me dijo: Daniel: ¡Ah, verdad! Se me había olvidado. Yo: ¿Dónde queda? Daniel: Está por el lado del estadio, cerca de la cochera. Hay un bus viejo, todo oxidado. Allí podemos seguir jugando sin que nadie nos moleste. Y cumplir los castigos pendientes. Yo: ¿Estás seguro? ¿Nadie va por allí? Daniel: Es bien raro que pasen chicos por allí, todos quieren jugar pelota o estar con sus amigos en los salones, por allí no va nadie prácticamente. Yo: Puede ser allí entonces en el recreo. Tú me guías. Daniel: Vale, ni bien termina la clase al sonar el timbre, nos vamos para allá.
Me había olvidado de lo que me dijo Fer, pero al revisar bien el salón, ya no había nadie y eso como que me dio un alivio, pero a la vez una pena de no poder volver a agarrar su gran maso ese día. Daniel regreso tan rápido como pudo y viendo que todos los chicos del cole estaban distraídos, nos fuimos hacia ese sitio secreto. Y al bajar las escaleras logré ver a Fer, quien menos mal estaba jugando fulbito con algunos de los chicos del salón contra otro salón.
Y cuando llegamos al bus abandonado, todo cambio, entramos y…


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