ABUELO Y PADRE CARIÑOSOS CUIDANDO A LA NIETA – Parte 3 (Relato breve)
El abuelo y el yerno ya se entienden al 100% y tienen en común técnicas del cuidado de Alita, la pequeña de 5 años que también sabe disfrutar de esas atenciones..
Personajes
A) Jorge — casi 70 años; viudo, canoso, bigote de herradura. Aún fuerte y corrioso.
B) Ramón — entre 35 y 40 años. Yerno de Jorge. Por el momento su esposa (hija de Jorge, obviamente) está trabajando en otra ciudad y él se hace cargo de la pequeña hija de ambos. Tiene pelo negro, cejas pobladas y una barba de candado. Hacia afuera es serio, hombre de negocios, de esos de traje y corbata. En confianza, usa camisa sin mangas que dejan ver sus brazos algo musculosos y uno que otro tatuaje.
C) Alita — así le dicen de cariño. Hija de Ramón y nieta de Jorge. 5 añitos apenas, pero de rostro y cuerpo angelical aunque actitud ambivalente. Inocente, mas no inexperta…
¿Caliente y ávida de experimentar más? Ojalá que sí… Solo lo descubriremos si seguimos leyendo…
Para refrescar su memoria, encuentren acá
La parte 1
La parte 2
Ahora sí, acá la parte 3:
Escuché que Ramón le decía a Alita que era momento de que ella nos ayudara a sacar nuestro jarabe, todo esto enmarcado en el contexto de sanar. Ahí mi mente, mi alma y mi consciencia hicieron una pausa nuevamente. Nada de esto tenia sentido ni se sentía correcto. Por un momento pensé en incluso golpear a mi yerno, darle su merecido. Sin embargo, mis ojos recibían una información que invariablemente y a mis casi 70 años —lo atribuyo a mi buen estilo de vida— hizo que la sangre me rebombeara a la verga, que empezó a endurecerse nuevamente. ¡Y cómo no iba a hacer eso, si frente a mí tenia imágenes que llegaban a mi cerebro como si fueran proyecciones del view master que usualmente le compraba a mi hija cuando tenía la edad de Alita!:
Mi yerno, ya sudoroso y sin camisa, relamiéndose los labios de todas esas partes donde había dejado su saliva en el cuerpo de Alita.
¡FLASH! ¡Cambio de diapositiva!
Yo mismo de pie en la habitación, primero viendo que las mallitas de Alita estaban ya en el suelo. No sabía dónde estaba mi propia ropa pero estaba ahí, desnudo, agarrando mi verga que retomaba su erección con una velocidad que, a mi edad, aun con mi buena condición, yo ya no creía posible.
¡FLASH! Otro cambio de diapositiva y la imagen ganadora.
El cuerpo menudo y pequeño de Alita empapado de nuestra saliva, de la saliva de su propio padre y su propio abuelo. También, empapada de su propio sudor, que era consistente con su cara roja y su cabello húmedo y desparpajado.
Alita me vio a los ojos a medida que Ramón le daba unas palmaditas con sus dedos en la panochita tan exquisita. De pronto, boca arriba, y con esa flexibilidad típica de los 5 añitos, arqueó su espalda dejando su cabeza hacia atrás y levantando sus rodillas y todo su frente, incluida su deliciosa cuquita ya húmeda.
De pronto, esa parte frontal se movió de arriba a hacia abajo en repetidas ocasiones. Alita reaccionaba a los golpeteos eróticos que le propinaba su propio padre. Espasmos. Suspiros. Gemidos.
—¡Abuelo! — imploró con más claridad que en su acostumbrada habla infantil típica de 5 añitos. La excitación también había transformado eso en ella. Seguía espasmódica. —¡Por favor sígueme besando aquí abajito! ¡Siento cosquillas bien rico!
No había atinado a terminar de gritar su solicitud, ni Ramón de parar la trompa haciendo muecas, perdido en sí, idéntico a los gestos de un chimpancé, en este caso él lleno de lujuria, cuando yo ya estaba nuevamente intentando abrir con mi lengua a chupetones ese hoyo tan cerrado y encontrándome mis dedos con los dedos de mi yerno, pues ambos masajeábamos, invasivamente y como podíamos, el clítoris diminuto pero riquísimo de Alita.
Alita ya no gemía tímidamente, sino que empapada y entre espasmos, gritaba plenamente, bien descarada, a lo que yo no daba crédito. De fondo se oía a su padre decir «así pinche putita, bien que te encanta, disfruta…»
Eso me inspiró a seguir lamiendo como un degenerado (lo era, pero pensaba que no) y a tocar a mi nieta por todas partes
—Qué pinche putita tan más rica tienes, pinche Ramón, cabrón— le dije.
—Es toda suya, suegrito. Faltaba más— me contestó muy excitado el descarado.
Estábamos observando nuestro sudor y riendo de ver cuán excitados estábamos, cuando se oyó un grito
—¡Me hago pipí!
La cabeza de mi yerno y la mía competían por ver quién era el más bendecido con esos líquidos acompañados de espasmos y gemidos de la nenita.
Ramón se batió una decente cantidad que consiguió sobre su cara y lamió su mano. Después, ni tardo ni perezoso, acercó su verga erecta a la boca de la nena de 5 años que solo se tomó un breve momento para calcular la maniobra, meterla a su boca y comenzar a mamar como una profesional.
—Póngale su verga sobre toda la panocha, suegro— me recomendó Ramón —sígala prendiendo, dándole un vistazo táctil de lo que se va a tragar.
Yo me quedé helado y excitado. ¿La íbamos a penetrar? Mi verga palpitaba al mil por hora.
Hice lo que Ramón me dijo. Alita no soltaba gritos ni gemidos tan abiertos ni a tan alto volumen dado que tenia..
—Eso mi putita. Atragántate ese hocico con la verga de papi.
Sí. Tenia su hocico ocupado.
Yo sentía que ya quería soltar algo de leche y grité a hacia Alita.
—Óyeme, pinche putita. ¿No le quieres mamar la verga a tu abuelito o qué?
—¡A huevo pinche suegrito! Si es bien pinche caliente. Sabía que no me iba a equivocar con usted — replicó entusiasmado Ramón. — Órale pinche puta, ve a que tu abuelito te dé lechita.
La muy zorrita se fue gateando en cuatro y engulló mi reata como profesional. El papá comenzó a lamerle el culo lo que nos estremeció a ambos… Nunca había estado tan excitado ni tan feliz en mi vida. Quería que Alita me recibiera toda mi verga y toda mi reata en el hoyo que fuera
La sujeté más fuerte. Penetré su boca hasta el fondo mientras oía a su papá riendo y gimiendo. Ramón tomó una pausa del gran beso negro que le estaba dando a Alita (y que estaba resultando pues su anito cada vez se dilataba más).
—¡A huevo pinche suegro, usted sí que sabe tratar a las cachorras.
No terminaba mi yerno de decir eso, cuando yo ya estaba entiendo un rico gemido descomunal, moviéndome como pinche poseído e inundando el hocico de Alita, mi perrita mamadora, con mi leche calientita que brotaba de la punta de mi verga de casi 70 años; ante los gemidos y espasmos de mi nieta y mi yerno.
Si mis cálculos no fallaban, seguramente, al menos, su culito ya estaba dilatadito. Para entonces yo seguía como si tuviera una jirafa en casa; buscando dónde meterla. El hoyito de mi nieta parecía buen lugar.
Continuará …


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