AMOR DE MADRE
Así empezó la relación con mi hijo.
AMOR DE MADRE
Lo Descubrí una noche cualquiera.
Iker estaba en la cocina, sirviéndose agua. Tenía treinta años y llevaba dos semanas viviendo otra vez conmigo mientras reformaban su casa. Al levantar la mirada, descubrí que me miraba, y no como un hijo mira a su madre.
—¿Qué pasa?
—Nada.
Apartó los ojos y yo hice lo mismo. Durante los días siguientes intenté convencerme de que lo había interpretado mal aquella forma de mirarme de mi hijo.
Iker siempre había sido atento y quizás yo llevaba demasiado tiempo sola sin un hombre.
Quizá confundía su preocupación con otra cosa porque necesitaba sentirme vista como mujer y no únicamente como madre.
Días después empecé a reconocer pequeños cambios, sobre todo la tensión cuando nuestras miradas coincidían, Silencios demasiado conscientes… y mi necesidad de tener siempre cerca a mi hijo.
Aquello me obligó a admitir lo que llevaba días evitando, no solo el pensar que Iker sintiera algo por mí, sino que yo estaba respondiendo a ello.
Una tarde que volvió de la calle, yo estaba en la sala y él se detuvo en la puerta.
Sentí su presencia como la de un hombre adulto que veía por primera vez. Sentí como mi coño se humedecía.
– Estas bien ama?
– Si cariño… por?
– Te notaba un poco rara, habrá sido imaginación mía
– Tranquilo mi amor, no me pasa nada
– Ok ama, me voy a duchar.
Cuando mi hijo se marchó, me di cuenta que mi braga estaba totalmente empapada de mis flujos.
Me dije a mi misma que era la soledad y tanto tiempo sin estar con un hombre, pero sabía perfectamente que me mentía, y que la verdad era que mi hijo hizo que me pusiera tan cachonda como para mojar mis bragas.
A veces sorprendía a Iker observándome haciéndome sentir la certeza de que me deseaba, Después recordaba quién era él.
Una tarde nuestras manos coincidieron al coger unas llaves. Los dos las quitamos inmediatamente. El contacto había sido insignificante, pero ambos sentimos aquella tensión.
– Ama, No sé cómo dejar de pensar en ello.
– Tienes que intentarlo mi amor
No me preguntó si yo sabía a qué se refería, pero mi silencio ya le había contestado
– Te he visto a veces como me miras, ¿tu, puedes?
– No siempre.
Iker dio un paso hacia mí, pareció simplemente olvidar que yo era su madre y debía quedarse quieto. Yo también sentí el impulso de ir hacia él y así lo hice olvidando en todo momento que era mi hijo. Comenzamos a besarnos liberando toda aquella tensión acumulada los últimos días. Iker me agarraba de la cintura empujándome fuertemente contra él. Podía sentir su polla totalmente dura frotándose en mi coño que chorreaba sintiendo aquel enorme bulto de mi hijo frotando mi clítoris por encima de mi ropa.
– Sabes que por ti haría cualquier cosa mi amor
– Cualquier cosa?
Iker me miró a los ojos, sonrió y sacó su polla. Vi la enorme y gruesa polla de mi hijo, me arrodillé y comencé a pasar mi lengua desde la punta hasta los huevos. Podía sentir a mi hijo totalmente cachondo y no era el único. Comencé chupársela mientras me frotaba el coño a mí misma. Tuve un orgasmo como hacía muchos años que no lo tenía frotando mi coño y chupando al mismo tiempo la polla de mi hijo.
Estaba desenado meterme aquella enorme polla dentro de mi coño, pero por el momento aquello era un límite que no quería pasar. Los gemidos de mi hijo Iker se mezclaban con los míos que sonaban más débiles por tener la boca llena con su polla. Iker agarró mi cabeza empezando a hacer movimientos de cintura, supe que se iba a correr. Aparté mis manos, las puse tras la espalda, y dejé que mi hijo me follara la boca hasta acabar corriéndose dentro de ella.

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!