Aprendizaje sexual oportuno capítulo 4
Lavisita al parque se vuelve especial.
Nota del autor:
Hola a todos, retomo esta saga, no es que la tenga abandonada, tengo escrito varios capítulos, pero siento que aún le falta edición, soy medio compulsivo obsesivo, pero bueno sin más dejo aquí la cuarta parte, espero disfruten leerla, así como yo el escribirla.
saludos, besos y abrazos.
P.D. No olviden comentar, que es lo que motiva a seguir escribiendo.
Adalberto1979
Capítulo 4
- Vamos, papá—gritaba mi niña jalándome del brazo, aun sobre mí. ¿Qué padre podría negarle a su hija cuando ella lo miraba así?
Saltó de mí y se bajó de la cama, mi semen chorreaba por la cara interior de sus muslos, yo me senté, agité mi cabeza un poco mareado. A juzgar por el sol, tendríamos mucho tiempo en el parque. Tal vez podría calificar los trabajos en la noche.
Metí la mano en el tocador y saqué lo primero que pude encontrar para Cam, que levantó los brazos con una sonrisa, dejé caer el vestido rosa con volantes sobre sus hombros y observé lascivamente mientras movía su cuerpo para tirar del resto hacia abajo. Qué cuerpo tan deslumbrante tenía mi niña, perfecto para acariciar, perfecto para apretar, perfecto para todo tipo de diversión que puedas tener con una niña. Ignorando el calor que regresaba a mi entrepierna, saqué ropa de la cómoda para mí.
Después de unos minutos, estábamos listos. Cam esperó pacientemente, por una vez en la vida, mientras yo cerraba, luego sostuve su mano mientras caminábamos hacia el auto.
Íbamos en mi auto, yo no dejaba de voltear a admirar los muslos de mi niña, ella me sonreía cómplice e intencionadamente subía un poco la falda, mostraba sus muslos, la subía más, mostrando su pantaleta, cuando la iba a tocar, se cubría y se burlaba de mí, diciéndome que no fuera un pervertido travieso.
Finalmente pude acariciar la vulva infantil de mi niña, creo que ella estaba tan cachonda que ya no pudo resistir, ella solita abrió sus piernas y movió su pantaleta a un lado, su rajita brillaba por la humedad, mis dedos se perdieron dentro, arrancándole un suspiro de placer.
Ya sin importarle nada, se desabrochó el cinturón de seguridad y se metió en mi entrepierna, su boquita hambrienta atrapó mi verga.
Una nueva felación de viaje había comenzado, ella lamía todo lo largo de mi verga, se detenía en el glande y lo metía a su boca, lo sacaba, pero solo para regresarla, de ahí se iba hasta el fondo, yo abría mi boca de placer al sentir como mi verga atravesaba esa garganta infantil y se deslizaba por el esófago, si alguien mirara su cuello, miraría como abultaba atrás de la tráquea, como una serpiente bajo la piel.
Mi mano derecha se posicionó sobre su nuca y empujó hacia abajo, sentía como mi pequeña luchaba por respirar, por suerte mi vehículo era automático, así que no necesitaba usar mi mano derecha para el cambio de velocidad.
Miré que casi llegábamos al parque y sentí la necesidad de eyacular, se lo hice saber a mi pequeña, aunque solo fue una cortesía, porque de igual forma la llenaría de leche fértil y paterna.
- Aaahhh, me vengo en tu boquita, mi amor—le dije sosteniéndola por la nuca, ya casi llegando al parque, solté toda mi leche, ella no necesitó tragar, pues toda cayó dentro de su esófago—llegamos, mi amor.
Llegamos al parque, Cam bruscamente se sacó mi verga de su boca, salió por la puerta y corrió por la acera casi antes de que el auto dejara de moverse, mientras corría, recogía con sus dedos el semen que había quedado alrededor de su boca, para después llevarlo a su boquita, una bola ilimitada de chillona energía infantil. Corrió hacia el césped recién cortado del parque, dispersando a un grupo de palomas lánguidas, riéndose de sus graznidos de protesta.
- ¡Papá! ¡Papá! ¿Puedo subirme a las barras de mono? ¿Puedo? –Se puso de puntillas saltando como una rana nerviosa, la falda de su vestido rosa rebotaba alrededor de sus muslos, en ocasiones se elevaba mostrando su pantaleta infantil, salí del coche subiendo el cierre del pantalón—mira, Están allí. No, espera—Su atención ya se había desviado hacia otra cosa—Los caballitos, Papi, ¿puedo subirme a los caballitos? ¡¿Por favor, por favor, por favor?!
Decía juntando sus manitas a modo de súplica, No pude evitar reírme mientras ponía una mano sobre su hombro para calmarla.
- Por supuesto cariño. Lo que quieras—Apenas habían salido las palabras de mi boca cuando me agarró del brazo y me arrastró como si fuera un equipaje hacia el rincón más alejado del parque.
Cam siempre fue así, un amor hiperactivo a punto de estallar con una feminidad salvajemente cinética. Casi la única la única cosa que le hacía disminuir su hiperactividad era el postcoito, justo después de que le diera una buena cogida y la hiciera correrse gritando con la gruesa polla de su papá entrando salvajemente en ella una y otra vez, pero incluso con eso, si no la hacía dormir, volvía a su normal hiperactividad. Nivel frenético de energía en una hora. En ocasiones tenía que darle somníferos, porque de lo contrario la velada era larga.
El parque era precioso en verano: el pavimento suavemente curvado serpenteaba lentos senderos a través de amplios espacios de hierba verde y alrededor de arboledas de sauces y cedros, con gorriones bailando juguetonamente entre sus ramas. Los macizos de flores cultivados florecían en racimos de rojo, naranja y blanco. Una brisa ligera y un sol templado coronaron el día perfecto. Cam finalmente había disminuido un poco la velocidad, y cambié a sostener su mano mientras trotábamos por el camino.
Este era un lugar para niños y familias. Los niños corrían por el césped, gritando y aullando, persiguiéndose unos a otros y jugando a cualquier cosa, generalmente mientras sus padres caminaban detrás de ellos a un ritmo un poco más lento.
Pasamos frente a una familia nuclear al dar el paseo, intercambiando sonrisas agradables: una mamá, un papá y su hijo, y una niña en la carriola, a juzgar por el lazo rosa.
Un par de niños lanzaban una pelota naranja, se reían y jugaban a mantenerse alejados de su hermana, una niña de 8 años que chillaba y corría de un lado a otro gritando lo injustos que eran. El papá se sentó en un banco cercano, luciendo un poco cansado, pero no infeliz.
No pude evitar ver a la mayoría de las chicas a través de los ojos de mi entrenamiento ASO. Si tenía 8 años, probablemente ya era sexualmente activa. Me preguntaba si estaba satisfaciendo sus necesidades con un novio, su papá, algún amigo, algún vecino, etc. Despejé mi mente, pues no era hora de trabajo, era hora de paseo con mi niña.
Había mucha gente aquí, disfrutando del sol. La vida familiar era más importante que nunca, pero la sociedad había ampliado enormemente su noción de lo que podría ser una familia adecuada. Un trío pasó junto a nosotros: un chico de unos 18 años y una chica, un poco más joven, embarazada, ambos sonriendo felices y seguidos por una mujer mayor de unos 30 años.
Casados jóvenes, probablemente, y ella podría haber sido su madre o la de ella. La libido de las mujeres apenas disminuyó a medida que envejecían, y a los 18 años el chico pudo haber tenido suficiente energía para seguirles el ritmo a ambas. Un triángulo no era tan inusual. Incluso podrían ser hermano y hermana. No juzgamos.
- Papá, ven—Cam tiró de mi brazo con impaciencia hasta que pensé que lo sacaría de la articulación.
Habíamos llegado al borde de una amplia zona de juegos de tierra blanda y arena. Los niños se reían y chillaban mientras jugaban entre la jungla de barras y columpios y subían las escaleras y bajaban por los toboganes de los muchos fuertes, que ahí había.
- Ok, cariño, está bien—me reí entre dientes—Dale un respiro a tu papá.
Eso hizo que Cam tirara aún más fuerte. Cambió de rumbo y me remolcó hasta los juguetes más cercanos: una larga hilera de balancines (sube y baja). Eran los juguetes de nuevo estilo, probablemente instalados por la ciudad en los últimos 5 años, para darles a las niñas un poco más de diversión. Cam metió las manos por debajo de su falda y bajó rápidamente su pantaleta, sacándola algo desesperada por sus pies, me la entregó, yo sonriendo la metí a la bolsa de mi pantalón.
Cam saltó arriba del asiento, junto al extremo de un largo trozo de fibra de vidrio púrpura, el asiento tenía un dildo adherido a él, Cam puso su vagina en el extremo puntiagudo y me volteó a ver, esperando que la ayudara.
Mis jeans torcieron mi anatomía dolorosamente hacia un lado mientras me agachaba para ayudarla. Mi verga dura ya. Los parques infantiles siempre me hicieron esto; fueron diseñados para ese fin, satisfacción.
Después de apretar rápidamente el pecho de mi hija, ganándome una risita excitada, la ayudé a subirse la falda de su vestido rosa hasta la cintura, dejando al descubierto su pequeño coño. Con un dedo hambriento inspeccioné a mi hija, tocando la delicada hendidura entre sus labios hinchados y sin pelo. Lo suficientemente húmedo, pensé. Bien. Tuve semen en ella hace una hora, pero la calentura de Cam siempre fue un hecho.
Con las manos en sus caderas desnudas, la guie para que se sentara a horcajadas sobre el extremo del balancín, luego agarré el consolador de plástico flexible montado en la superficie con un puño.
- Ok, cariño. Levántate un poco—Guie la punta abocinada hasta que descansó contra los labios del coño preadolescente de mi hija—ahí va.
Apoyé una mano en su espalda y la guie hacia abajo, ayudándola a penetrar en el plástico translúcido, después la subí y la bajé, repetí esta acción hasta lograr enterrarlo todo dentro de mi niña, que apretaba sus labios, fruncía el entrecejo, abría su boca, estaba feliz.
- Mmm—Cam se mordió el labio ligeramente cuando su pequeño coño se abrió y se llenó con el juguete. Sus brazos temblaron brevemente, luego se estabilizó mientras tomaba el pequeño mango frente a su cintura. Dejé que su falda volviera a caer.
- Buena niña–La besé en la parte superior de su cabeza–¿No muy grande?
- Está bien. El tamaño justo para que mi panocha se sienta bien ¡Vamos, papá, súbete del otro lado! —Ella me indicó el otro extremo, sonriendo ansiosamente, pero el cambio la hizo estremecerse un poco.
Tener una hija amorosa, era como tener un segundo sol en tu vida, reflexioné. Un peso en el centro ajustaba el equilibrio de la viga. Lo empujé hasta el lugar para un adulto y un niño, luego fui al extremo elevado y me senté a horcajadas sobre él. Cam ya estaba corcoveando un poco en su asiento, disfrutando la sensación de su coño abierto. Su sonrisa la hizo parecer la niña de 10 años más feliz que jamás haya existido porque su papá estaba jugando con ella.
- Muy bien, cariño. Aquí nos vamos—Me dejé caer con el trasero en el asiento y clavé el eje de plástico en el coño de mi hija. Cam chilló cuando la levanté del suelo, enterrándole el dildo muy dentro de ella.
- Aaahhh… aaahhh—Sus piernas se movieron y patearon en el aire, luego tocaron el suelo suavemente cuando volví a subir. Empujé de nuevo, y nos balanceamos juntos, la viga chirriaba de un lado a otro mientras Cam se reía con deleite.
- ¡Más alto, papá! ¡Más alto! Vamos, oh Dios, aaahhh—un aterrizaje particularmente duro la dejó sin aliento. Sonreí maliciosamente.
Camilla nunca pidió reducir la velocidad, al contrario, ella siempre quiso que todo fuera más grande, más rápido… más duro. Me dolía la verga en los pantalones, viendo la lujuria que vidriaba el rostro de mi hija mientras acelerábamos. Su cara se contraía de placer y sus coletas se agitaban sobre sus hombros cada vez que llegaba a la cima, y la expresión de ojos saltones cada vez que tocaba fondo, era la cereza del pastel.
El rayo púrpura subió, llevando el trasero desnudo de mi hija debajo del vestido rosa con volantes, luego volvió a bajar, regresando fuertemente al suelo golpeando el eje de plástico en su pequeño coño. Arriba otra vez, pero me detuve a la mitad, moví mis piernas para bombear arriba y abajo.
Los muslos de Cam se crisparon y sus brazos temblaron contra el mango. Bajó suavemente, con las piernas temblando, y tiré de mi trasero para darle un buen empujón hacia arriba de nuevo. Ella chilló y pude ver la emoción burbujeando justo debajo de la superficie. Tomé el control, usando mi peso para empujar la sierra hacia abajo sobre mi costado, luego la levanté y le di otro fuerte golpe a mi niña.
- Aaahhh… aaahhh… ¡Papá! —Camilla chilló de placer cuando su orgasmo se aceleró debido al ritmo acelerado de nuestro movimiento.
Le di algunos golpes más, leyendo sus señales, luego la mandé hacia abajo en un aterrizaje duro, que estrelló la cincha de plástico en su coño con fuerza desmedida.
- Aaahhh… aaahhh… aaahhh… papi—Cam tenía la boca abierta y le temblaban los labios
Ella chilló y vibró en el extremo del balancín, con la cara enrojecida y los músculos acelerados, las manos cerradas en la pequeña manija de metal mientras su cuerpo temblaba camino al orgasmo.
Una brillante y satisfecha expresión cubrió su rostro cuando abrió los ojos y me vio agachado a su lado.
- Gracias papi. Eso fue muy divertido.
Le levanté el vestido y sostuve el eje de plástico firme mientras ella se quitaba lentamente. Siguió un goteo pegajoso de jugo de coño, y lo limpié con mi dedo.
- Gracias, papá—se rio—te amo, de verdad.
Antes de que pudiera responder, envolvió sus labios alrededor de mi dedo y lo chupó con amor, probándose a sí misma mientras me miraba. Dios, qué angelito. Ningún hombre sería capaz de resistir esas adorables pecas y los ojos verdes encendidos, con un deseo cachondo.
Me reí y le di otro beso en la cabeza.
- ¿Caballitos ahora? —Yo pregunté.
- Si, caballitos—Ella chilló y me agarró del brazo y nos pusimos en marcha de nuevo, Cam me arrastró detrás de ella como si fuera una locomotora de niña.
Pasamos por un área más amplia con un grupo de niños jugando a la mancha mientras sus padres miraban. Un padre se sentó con su esposa en uno de los bancos con una niña de la edad de Cam, sentada a horcajadas sobre su regazo, con la camisa levantada hasta el pecho y riendo mientras él le pellizcaba el pezón. Su otra mano estaba enterrada debajo de su falda, moviéndose ferozmente, enterrando y sacando dedos de la vagina infantil de su hija.
La mamá a un lado de él, sentada al borde de la banca, tenía entre sus piernas abiertas a un niño, la falda recogida en su cintura permitía que el niño se colocara ahí, penetrándola, ella lo sostenía de las nalgas, lo jalaba hacia ella y después lo soltaba, como enseñándole como moverse, sus lenguas estaban de fuera y solo hacían contacto con la punta, los traviesos dedos del niño apretaban los pezones, que ya estaban fuera de la blusa de su madre. Sin duda una madre amorosa que le enseña a su hijo sobre sexo.
Sonreí. Siempre fue un espectáculo tan agradable ver a las familias jugando juntas. Patrocinar y fomentar relaciones saludables en la familia, fue una parte muy importante de mi trabajo. ASO, tenía tanto que ver con el trabajo social, como con la educación.
Un grupo de chicas nos pasó viniendo en sentido contrario. La mayoría estaban en el rango de 6 a 10, y la instructora que las dirigía era una hermosa morena de unos 20 años, completamente desnuda, extremadamente embarazada y que llevaba a una de las chicas más jóvenes de la mano.
De los muslos de todas, incluso la instructora, caía hilos blancos de semen, las niñas traían las nalgas rojas, recién golpeadas, unas traían marcas de chupetones en sus cuellos. Una responsable trabajadora de ASO, guiando a su clase de niñas, en un día de extramuros.
- No, Kathy—La morena embarazada sonrió, dirigiéndose a su grupo de chicas mientras caminaban—Recuerda que los bebés tardan 9 meses en crecer. No duele, pero a veces te sientes mal por las mañanas. Es muy importante ir al médico con frecuencia.
- ¿Pero no se siente raro tener el estómago estirado todo el tiempo? —La chica de nariz chata sostenía la mano de la mujer mientras caminaban, mirando sus senos balanceándose y su vientre embarazado con una expresión ligeramente asombrada—Parece pesado. ¿Y realmente puedes hacerlo si estás embarazada? O sea ¿se siente bien que te metan la verga con ese enorme vientre?
- No te preocupes, Kathy—La instructora sonrió cálidamente a su cargo—Sigue siendo igual de divertido, incluso aunque a veces te sientes un poco pesada… Huy, se movió ¿Por qué no lo sientes?
La clase se detuvo y la mujer desnuda hizo señas a sus niñas para que se acercaran.
- Vamos, no seas tímida—dijo—Así es como se siente el vientre de una niña cuando tiene a un bebé, vamos, todas las demás toquen también.
Kathy y los demás se reunieron en semicírculo para apoyar las manos sobre la carne tensa del vientre distendido, exclamando “oh”, “ah” y “guau”
- ¡Oh!—Kathy dejó caer su mano y se tambaleó hacia atrás hacia sus compañeros de clase–¡Se movió!
- Él pateó–La risa de la mujer era deliciosamente femenina—Te dije que se ha estado moviendo mucho últimamente. Voy a dar a luz en un par de semanas.
- Está saliendo leche de nuevo de sus tetas—dijo una niña señalando la gota blanca que aparecía en el pezón de la mujer.
- Si—dijo la mujer hincándose—es por la cercanía del parto, vamos pequeñas zorras, chúpenlas, sáquenme la leche—dijo ella de forma autoritaria.
Dos niñas se apresuraron a las ubres de su instructora, ella tiernamente pasó sus manos por las espaldas de las niñas, sonreía tiernamente, mientras la niñas succionaban su leche, bajó más las manos y llegó al canal entre las nalgas, sus dedos se perdieron dentro de las niñas, que gimieron sin dejar de succionar la leche, una tercera niña se puso frente a ella, entre las dos niñas que chupaban sus ubres y tomándola de la cabeza e inclinando la propia, la besó con mucha pasión, la última niña se puso atrás de instructora y sus dedos se fueron al culo de ella, la mujer gimió intensamente, separándose por un momento de la niña que apasionadamente la besaba.
- Hija de la gran puta, que bien se sienten tus dedos en mi culo. Si, así, mételos y sácalos, más rápido—dijo volteando atrás, para después regresar a la niña frente a ella y besarla con más pasión, su lengua salía obscenamente para entrar a la boca dela niña, su actitud y semblante habían cambiado—y ustedes pequeñas zorras, no dejen de mamarme las tetas, aaahhh… llegando a la escuela, me las voy a culear a todas, pero no sin antes meterles unas buenas hostias, hasta hacerlas llorar como zorras que son, aaahhh, de verdad que hoy no se salva ninguno de sus culos, aaahhh… ¡sí, así! ¡Chúpenme más fuerte como perras que son! —dijo ya casi gritando mientras sus manos se movieron más intensamente en las rajitas de las niñas, que felices la succionaban mientras gemían intensamente.
Cam estaba tirando de mi brazo así que nos apresuramos, pero no antes de que la mujer embarazada me llamara la atención y me guiñara el ojo, mientras pasaba obscenamente la lengua por los labios de la niña.
Las mujeres generalmente se encargaban de los detalles más finos de la educación sobre el embarazo para las niñas en ASO y su expresión decía que inmediatamente me había catalogado como un espíritu afín. Ninguno de nosotros habría estado en este campo si no hubiéramos amado el trabajo y a las niñas bajo nuestro cuidado.
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Toda la investigación rápida y desesperada que siguió al virus había dado lugar a innumerables avances en la ciencia médica. El embarazo era seguro para una niña a cualquier edad. Había escuchado de una niña de 7 años que se había embarazado de su papá, incluso la habían invitado para hacer una seria dramática sexual de la época del sexo prohibido, en la que el papá se la cogía de mil y un formas, mientras la niña gritaba de placer con su abultado vientre, todo a escondidas de la mamá, incluso recuerdo que el parto de trasmitió en vivo, la serie rompió récord de audiencia.
El control de la natalidad era prácticamente infalible, aunque rara vez se usaba: poner un bebé en la barriga de una niña era demasiado divertido para que la mayoría de los hombres lo dejaran pasar. Las ETS se habían erradicado, aunque eso también se debía en parte a las adaptaciones genéticas del virus.
Los programas de vacunación habían aumentado aún más el sistema inmunológico de la población general a lo largo de los años hasta que tales cosas eran prácticamente desconocidas. Los adultos menores de 20 años no tenían experiencia con tales cosas, apenas recordaban que habían existido. Nadie tenía que preocuparse. El plan de estudios de ASO sostenía que no había ninguna razón para impedir el avance natural de la curiosidad sexual de cualquier niña, por lo que se exploraron minuciosamente todos los aspectos de la educación sexual.
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Camilla interrumpió mis cavilaciones al apartarse de mi brazo, chillando. Alrededor de una docena de cuerpos de fibra de vidrio estaban montados sobre grandes resortes fijados al suelo: automóviles, trenes, caballos estilizados, incluso un par de delfines. Cam los atravesó entre risas, empujándolos a un lado y observándolos mecerse de un lado a otro. Monkeybars y un gimnasio de la selva descansaban justo al otro lado de la zona de grava.
- Papá, ¿puedo subirme a este? ¿Está bien? —Cam finalmente se detuvo junto a uno de los juguetes: un scooter rojo con un asiento y manillar redondeados, suspendido a unos tres pies del suelo por el gran resorte debajo de él.
- Veamos cariño—Me incliné para inspeccionar el asiento.
Era del tamaño adecuado. Tal vez un poco en el tamaño grande. Todos los juguetes eran de diferentes tamaños para acomodar a niñas de diferentes edades. Definitivamente no me gustaría meter a Cam en algo demasiado grande y hacer que se lastime. A veces se ponía demasiado ansiosa y tenía que controlarla.
- Creo que está bien—Cam me interrumpió levantando los brazos por encima de su cabeza. “Date prisa”, decía su expresión. Me reí y me paré detrás de ella para poder levantarla por las axilas y llevarla al asiento. Sus pies tocaron tentativamente los pedales mientras la sostenía—Ok, cariño. Sostén las manijas.
Moví su cuerpo ligeramente, alineándola. Los pedales estaban muy adelantados, por lo que no tenía ninguna palanca vertical excepto para sostener las manijas. Una vez que estuvo acomodada, me agaché y levanté las faldas de su vestido rosa con volantes.
- Bien, ahora quédate quieta.
Envolví un puño alrededor del consolador de plástico curvo fijado al asiento del scooter y lo alineé en el coño de mi hija. Las diminutas protuberancias de la superficie me picaban los dedos. Cam se movió ansiosamente cuando sintió que la cabeza puntiaguda rozaba los labios de su coño, extendiéndolos ligeramente alrededor del glande de plástico.
Con un estremecimiento y un suspiro, Cam relajó los brazos y se hundió en la longitud rígida. Sus ojos se cerraron y sus mejillas temblaron y un pequeño chillido salió de su boca cuando se hundió primero una pulgada, y luego otra, la cincha de plástico con sus pequeños anillos de protuberancias desapareciendo lentamente en su coño. Me puse de pie y froté sus hombros mientras mi pequeña se penetraba. Su cabeza rodó hacia atrás contra mi pecho, con una expresión vidriosa.
- Empújame, papá, empújame rápido—Casi jadeó las palabras. Acababa de correrse, pero estaba tan cachonda como siempre.
Con una sonrisa agarré la parte trasera del scooter y le di un suave tirón, poniéndolo en movimiento. El lento bamboleo de un lado a otro provocó otro ataque de espasmos en el rostro de mi hija. Sus ojos se cerraron con fuerza, y un gemido bajo escapó de algún lugar profundo de su garganta.
Fue una vista sublime, el hermoso día con su brisa fresca ahuyentando el calor y el mosaico de la luz del sol que se filtraba a través de los árboles, jugando sobre la cara emocionada de mi niña, mientras se masturbaba el coño en medio del patio de recreo público. Le di otro empujón, balanceando el scooter de adelante hacia atrás con un ritmo fácil, dejando que sus faldas rosadas se balancearan alrededor de sus muslos. El escalofrío de sus piernas pasó por sus caderas y su pecho, terminando en el temblor visible de sus labios. Estaba casi completamente sentada en su asiento, la última pulgada de plástico enterrada en su coño chupador.
- ¡Wheeeee!—Cam estaba pasando el mejor momento de su vida—Más rápido, papá, empújame. Aaahhh… aaahhh ¡Ma… más… rápido! Aaahhh… aaahhh
El tartamudeo en su voz era inconfundible. Podía leer el placer ondulando en el rostro de mi niña mientras el movimiento de balanceo movía suavemente el consolador en su pequeño coño. De ida y vuelta. Sus muslos estaban temblando, crispando la tela de su vestido. Sus brazos temblorosos se aferraron con fuerza a las manijas a pesar del placer que atormentaba su pequeño cuerpo.
¿Había algo más hermoso que ver a una niña en medio del deleite carnal? Las coletas de Cam se sacudieron y su espalda se arqueó de repente, la creciente ola de éxtasis apareció en su rostro.
Empujé el scooter de plástico aún más rápido, dejándola balancearse, dejándola sentir el material firme acariciando las paredes de su coño con los movimientos. Dios, mi hija se veía bien cuando la follaban. Esa pasión retorcida en su rostro mientras jadeaba sin aliento pidiendo más velocidad hizo que cada parte de mí se hinchara de placer.
Di un último empujón hacia adelante y dejé que se meciera con fuerza contra mi cintura, teniendo cuidado de que la parte trasera del scooter no aplastara la dolorosa erección de mis pantalones. Sus piernas se habían caído de los pedales colgaban sueltos, temblando, luego sacudiéndose con el clímax cuando la gravedad tiró de su cuerpo completamente hacia abajo sobre la extensión que sobresalía. Debajo de esas faldas rosadas, sabía que los delicados labios de la vulva se apretaban alrededor de la cincha de plástico, la humedad goteaba en los bordes y se acumulaba en el asiento.
Cuando el orgasmo de mi hija subió debajo de ella, la abracé hasta la cintura y tiré de los tirantes de su pequeño vestido rosa sobre sus hombros, luego empujé la parte superior hacia abajo. Sus diminutos pezones rosados estaban expuestos, empujando con orgullo desde su pecho preadolescente.
Mis dedos se pusieron a trabajar, retorciendo y pellizcando, sonriéndole mientras ella apoyaba su cabeza contra mi estómago, con los ojos dilatados y la boca girando alrededor de un gemido de niña. Cerré sus ojos con los míos y apreté con fuerza, haciendo que su gemido bajo aumentara de tono, hasta que se convirtió en un chillido de placer.
- Papi… papi… lo siento todo den… dentro… aaahhh… aaahhh… aaahhh—Su largo y apasionado grito fue una carta de amor al placer de mis manos en su pecho y la amplia circunferencia entre sus piernas.
La dejé jadear y chillar y sacudirse en mis brazos, abrazando a mi pequeña con fuerza, guiándola a través de la embriagadora oleada del orgasmo como lo había hecho tantas veces antes.
La tensa expresión finalmente desapareció de su rostro y sus miembros se aflojaron. Sostuve el scooter quieto para apoyarme mientras ella se inclinaba hacia mí, masajeándose los hombros. Algunas gotas errantes de sudor caían de su barbilla.
Empujé el scooter hacia adelante, en la parte posterior del mismo, había una forma anatómica para colocar tus muslos ahí, así lo hice, incliné a mi hija hacia adelante y saqué mi verga, la apunté a su culo y la penetré. El juguete estaba diseñado para eso, por si alguien se le antojaba participar.
- Aaahhh… papi, te siento dentro… aaahhh… si, que rico… dame fuerte… aaahhh—gimió mi pequeña.
Moví mi cadera hacia adelante, una y otra vez, penetrando a mi pequeña, que, sostenida de los manubrios del juego, gemía sin parar.
- Papi, más fuerte—dijo en un ahogo desesperado mi pequeña—papi, jódeme con tu verga… aaahhh… reviéntame el culo, fuerte… más fuerte… aaahhh—dijo en un grito desesperado de sentir mi fuerza dentro de ella.
No me hice espera y aceleré, podía sentir, a través de la fina membrana, el juguete de plástico que estaba dentro de mi pequeña. La cogida fue bestial, me movía dentro y fuera de mi niña, ella estaba inclinada lo mismo que el juguete, el sudor en mi frente marcaba el esfuerzo de meterla la verga con todas mis fuerzas y reventarle ese infantil culo.
- Me vengo bebé, de nuevo, me vengo—dije empujando salvajemente en el culo de mi niña, que no dejaba de gemir, sus ojitos cerrados y el sudor en su frente, marcaban lo muy bien que se sentía.
- Si, papi. Siento tus chorros, por favor, lléname de leche con tu verga… aaahhh.
- Aaahhh—gemí moviéndome como loco, no deje de hacerlo hasta terminar de soltar toda la leche dentro del culo de mi niña, cuando lo hice, respiré más tranquilo, besando tiernamente la nuca de mi bebé.
Me seguí moviendo, solo que ahora lentamente, dentro del culo de mi niña, que a momentos titiritaba. Mirando a mi alrededor, me di cuenta de que algunos niños más se nos habían unido en esta área del patio de recreo, dos niños pequeños y una niña un poco mayor (Unos 13, supuse), No nos prestaron atención, pues solo éramos una niña pequeña y su papá que disfrutaban del juego sexual en público, no siendo nada inusual para comentar.
La niña gritó con molestia fingida hacia los niños, sus hermanos menores, aparentemente, luego se levantó la minifalda y montó uno de los delfines, metiéndose lentamente el eje resbaladizo de plástico en su coño mientras se iba sentando. Sus hermanos esperaban con impaciencia, empujándose para ser los primeros en empujarla sobre el juguete.
Había otra chica, me di cuenta con un sobresalto. Se había colado a nuestro lado y permanecía de pie con las manos entrelazadas tímidamente a la espalda, girando levemente sobre su eje y sonriendo. Por lo visto estaba sola y necesitada de leche masculina. Sin pensarlo la sujeté por la nuca, al mismo tiempo que le sacaba la verga a mi hijita y la guie a esta, la niña emocionada abrió su boca al mismo tiempo que se inclinó, mi verga entró hasta el fondo, sentí mi glande oprimido por sus amígdalas y mi verga tallada por esa lengua infantil.
- Si, así pequeña, aaahhh, sácame lo que queda de leche… aaahhh—dije mirándola a los ojos. Ella mamaba emocionada, se veía felicidad en su mirar.
Volteé alrededor, buscando a su familia, a unos metros vi una mujer atractiva de algunos treinta y tantos, sentada correctamente con las piernas cruzadas desde una banca nos vigilaba, su cabello estaba pulcramente peinado, nuestras miradas se cruzaron, ella asintió y sonrió amablemente, como agradeciendo el gesto de darle leche a su niña.
Levanté la falda de la niña, había líneas rojas en sus nalgas desnudas, había sido flagelada recientemente, con un látigo o algún cinto delgado, lo recomendado eran las tablas certificadas para golpeo de niñas, pero había personas que preferían a la antigua, y usaban látigos o cintos delgados, eran más riesgosos, pues podrían abrir la piel o lastimar de más, pero no eran ilegales, había quienes los preferían por los gritos desgarradores de dolor que provocaban en las niñas.
Levanté mi mano y la dejé caer fuertemente sobre la nalga de la niña, que chilló con mi verga en su boca, la mamá dio un sobresalto cuando lo hice y movió inquieta sus manos, juntando y separando las puntas de sus dedos, repetí la acción dándole lo más fuerte que pude, apretaba mis dientes sin dejar de ver a la mamá, que brincaba dando pequeños sobre saltos al mismo tiempo que abría levemente su boca a cada golpe que recibía su niña.
- Ay… ay… ay—se quejaba la pequeña, con mi verga en su boca, siendo vigilada por su madre.
No era temor o lástima lo que sentía la mamá, pues noté que mirando las fuertes nalgadas que le daba a su pequeña, movió su mano lentamente a su entrepierna, bajo su falda, y abrió su boca mirando como salvajemente nalgueaba las lastimadas nalgas de su hijita, no escatimé en fuerza, sudaba por el esfuerzo de nalguear despiadadamente a esa pequeña.
Se la saqué de la boca y sosteniéndola del cabello, le di dos bofetadas intensas, una con la palma y otra con el dorso de regreso, ella cerró sus ojitos por mero reflejo y abrió su boca, aproveché y le arrojé un fuerte escupitajo en el rostro, ella me miró haciendo gestos y me sonrió, la había excitado más, la regresé a mí verga y sujetándola de la nuca con ambas manos, me la cogí fuertemente por la boca, miraba a su madre, que ya plenamente se masturbaba mirando la escena. La falda que anteriormente estaba perfectamente planchada ahora estaba retraída en la cintura, por las piernas abiertas de ella, sus dedos entraban y salían de su muy mojada raja.
Se la saqué jalándola del cabello con mi mano izquierda; la niña, con la boca abierta y baba escurriendo, me miró intentando adivinar mis intenciones, cerró sus ojitos por mero reflejo cuando nuevamente le senté dos fuerte bofetadas sin soltar su chongo con mi mano izquierda, que la jalaba hacia arriba poniéndola de pie; cuando ella abrió sus ojitos la jale hacia mí y la besé metiéndole lengua, ella me correspondió abrazando a nivel de mi abdomen, cuando me separé de ella, repetí la acción con dos bofetadas más, después la giré dejándola de espalda a mí, había algunas lágrimas en sus ojitos, se la metí en su rajita y ella gimió de emoción.
- Aaahhh… señor… sí—abrió su boquita, igual que su mamá que no perdía detalle.
La incliné todo lo que pude hacia adelante y la sostuve con ambas manos de sus muñecas, a modo de puente atirantado y me moví penetrándola una y otra vez
- Aaahhh… aaahhh… señor… más, por favor… aaahhh… más… más… más… más—gemía la pequeña, sintiendo mis fuertes embestidas.
Volteé a ver a la mamá, que seguía con la falda en la cintura, las piernas abiertas y se metía dos dedos en su raja, miraba la escena y abría su boca, mis caderas aumentaron su velocidad, la niña no dejaba de gemir, sus ojitos cerrados y su boca abierta, marcaban lo muy bien que se sentía, arremetí más intensamente contra ella, su cabello volaba con mis estocadas.
- Aaahhh… aaahhh, sí, señor, así, más… más… más
Miré su culo deformado, era obvio que estaba bastante usado, sin dejar de moverme, solté un largo escupitajo, cayó justo en el centro del esfínter (Contaba con excelente puntería), no esperé más, seguramente ya había sido dilatado por alguien más ese día.
- Señor… aaahhh—abrió sus ojitos como platos, cuando sintió mi verga entrar en su culo—aaahhh… aaahhh.
Sus gemidos fueron tan intensos, que Cam volteo a vernos, su cara estaba recargada en sus manos que sostenían el tubo del juguete. Yo me moví más intenso en el culo de esa niña desconocida, la sostuve de ambas caderas, para hacer más efectivas mis estocadas.
- Si… si… si… aaahhh… aaahhh—la niña gemía siendo ferozmente sacudida por mis bestiales embestidas, no había amor ni misericordia en ese acto, solo placer carnal—la siento fuerte, si, muy fuerte, aaahhh
Sentí que iba a eyacular, la jalé bruscamente del cabello, haciéndola gritar y me moví como pistón de moto en el culo de esa niña y cuando sentí que ya iba a salir la leche, se la saqué y jalándola sin misericordia del cabello, la volteé, hincándola y metiéndole mi verga, para dejarle mi leche en su boquita. La sostuve con ambas manos de su nuca y abriendo mis piernas me la volví a coger por su boca.
- Me vengo, trágalo todo, perra desgraciada—dije apretando mis dientes, sosteniéndola por la nuca, ella en todo momento juntó sus manos atrás, a modo de sumisión, ASO estaba dando buenos resultados en ella.
- Mmmggghhh—gimió la pequeña, sintiendo mis lechazos en su boquita.
Terminé de eyacular y me seguí moviendo en su boquita, solo que lo hice más lento, saboreaba la sensación de esa boquita en mi verga, sentí que ya no salía más leche, le acaricié la frente despejándola de los cabellos que estaban adheridos por el sudor y le dije.
- Ya pequeña, ya salió toda la leche—ella me volteo a ver y me sonrió, mi verga seguía dentro de su boquita, pasó la lengua por mi glande, le di una suave bofetada, ella me volvió a sonreír, sus mejillas están muy rojas, lo mismo que sus ojos, pero nunca desapareció la sonrisa de su rostro, se paró sacudiendo sus rodillas
- Gachias, segñor—fue lo que dijo la niña, con mi leche en su boca, no la había tragado, me miró con una sonrisa por última vez, para después salir corriendo a darle un beso francés a su mamá, que feliz la recibió, compartiendo mi leche.
La falda seguía arriba, las dos metieron sus dedos a sus bocas y sacaron mi leche, llevándola simultáneamente a sus rajas, la niña abrió su boca cuando sintió los dedos maternos, lo mismo hizo la madre con los dedos de su hija dentro de su raja.
Me excité mucho cogiendo esa niña desconocida, regresé al culo de Cam, mi verga aún seguía dura y pensé en un segundo round con mi pequeña. Me moví metiéndosela de nuevo, en eso escuchó la voz de otra niña, pensé que sería alguna otra que también quería leche, pero nos llamó por nuestros nombres.
- Hola, señor Rene. Hola, Cam—dijo la niña, la emoción llegó a mi corazón, que se aceleró.
- ¡Julia!—grité emocionado al escuchar y reconocer esa voz.
Continuará.

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