Atracción genital 4
Mi padre y mi hermano, dos cosas difíciles de digerir…
Durante todo el viaje miraba a mi novio y no podía creer que era mi hermano, pero analizaba lo bien que me llevaba con él, lo bien que me hacía sentir cuando hacíamos el amor, no lo iba a romper diciéndole que éramos hermanos.
Cada ves que hacíamos el amor, mientras me cogia lo miraba y pensaba que era mi hermano y éso me hacía sentir más amor por él, llegando a tener tres orgasmo mientras lo hacía.
Pero eso no fue todo, ahora mi suegro, con el que siempre me llevé bien, era mi padre y una mañana que me encontré con él lo saludé como siempre, con un abrazo y un beso en la mejilla. Pero ambos estábamos es ropa interior, por lo que sentí su miembro contra mí y mi corazón comenzó a latir rápidamente, al parecer él se dió cuenta y en lugar de separarse, me abrazó más fuerte haciéndome sentir su dureza contra mi pelvis. No podía rechazarlo aunque quisiera, era como un imán que me hacía pegarme a él, sentía su calor, su respiración en mi cuello y me di cuenta de que si quería cogerme no iba a poner resistencia.
– Disculpa, pero me voy a duchar – dijo saltándome. Vi su erección que me apuntaba por debajo del bóxer y me dió la curiosidad de verlo, de saber si era igual al de mi hermano.
– Si, yo también me iba a duchar – le respondí temblorosa.
– Nos duchamos juntos? – preguntó al verme en ese estado.
– Si, claro, me gustaría – diciendo algo que no debía decir. Entramos al baño y se sacó el bóxer dejando a la vista su erección.
– Es como el de mi hijo? – me preguntó al ver mi mirada fija en su miembro.
– Si, es igual – dije sin poder evitar tomárselo. El pasó sus dedos por sobre mis bragas haciéndome sentir todo el calor del momento. Lo masturbé mientras me tocaba, metió su mano por debajo hasta mi vulva mojada, acarició mi clitoris y ya no había nada más que hacer, tomé su miembro y bajando mis bragas lo puse entre los labios de mi vagina. Luego de unos movimientos de pelvis me dió vuelta y poniéndome contra el lavamanos, me penetró desde atrás. Y ahí estaba yo, con mis bragas en mis rodillas viendo por el espejo como mi padre me cogia desde atrás. Ver su cara, sentir sus empujes y sus gruñidos, no pude evitar mi orgasmo.
Después de unos minutos, para recuperar mi aliento, siguió movimiendose, con cada empujón me hacia amarlo más, es mi padre – pensaba yo y eso me excitaba.
– Te gusta por atrás? – me preguntó, a esa altura ya todo me gustaba.
– Si, me gusta – le respondí, inmediatamente lo sacó y me penetró analmente. Veía como lo disfrutaba y yo también lo hacía, mi hermano me cogia regularmente por detrás porque le gustaba mi trasero. Tuve mi orgasmo anal junto con el suyo, que me llenó con su jugo caliente.
En la ducha no lavamanos mutuamente por lo que llegamos a otra penetracion vaginal, esta vez acabamos juntos quedándonos así, abrazados, sin movernos hasta pasado todas las sensaciones.
Después de la ducha volvimos a nuestra realidad, cada uno en su rol, pero no dejaba de pensar que era mi padre y que me había cogido.
Ésa mañana estábamos solos, por lo que hicimos, después del desayuno, cada unos sus que haceres. Después me invitó a almorzar y fuimos a un restaurante. No pasó nada más entre nosotros, salvo algunas miradas cómplices y algunas caricias a mis nalgas cuando nadie veía.
Al mes siguiente me di cuenta de que estaba embarazada, fui al medico el que lo confirmó.
Con mi esposo estábamos de acuerdo con tener un hijo y había dejado de tomar anticonceptivos hacía dos meses. Ahora tenía la duda, había cogido con mi hermano en la noche y con mi padre en la mañana. Cuál de los dos será el padre de mi hijo, me cuestionaba, después me dije a mi misma que daba lo mismo, sólo que mi hermano no sabría que era mi hermano ni que había cogido con mi padre.


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