Aventuras en la comunidad IV
Ahora fue turno completo de Ximena.
Había estado muy inquieto toda la semana luego de mi encuentro con Meli y Ximena. Yo les había dicho a las 2 que podían pasar el fin de semana y yo ya podría estar con Ximena. Parece que no oyeron lo que les pedí y estuvieron muy insistentes en la semana de ir a visitarme en la tarde. Cada vez que podían y se acercaban conmigo me decían «cuando?». Podía notar su impaciencia y la calentura de Ximena, estaba claro que le había gustado lo que habíamos hecho y que le urgía repetir el encuentro y hacer algo más.
Fue tanta la insistencia de que, un miércoles antes de terminar las clases les dije a los niños que no abriría la escuela ese día en la tarde ya que tenía que hacer un curso en línea para atender deberes escolares. Me les quedé viendo a Ximena y a Meli y pude notar que entendieron perfectamente que ese era el día. Cuando se terminaron las clases les pedí a las dos que fueran a su casa comieran y descansaran un rato y cuando quisieran podían regresar conmigo, yo las estaría esperando. Un hombre Ximena y me acerqué y le dije al oído:
-A ti te espero con más ganas. Y me contestó yo también y se retiró. Yo sabía que tenía que aprovechar ya que por lo regular los miércoles suelen estar mucho más ausentes los padres de las casas y los niños pueden andar por el pueblo sin ningún problema.
Una vez que se fueron los niños, me metí a la escuela me dio un baño y comí y me acosté en el sofá esperando a ver si llegaban mis alumnas. Mientras llegaban preparé mi cuarto y dejé la cama libre. Cerca de las 5 de la tarde veo que Ximena llegó sola a la escuela y por un momento me entristeció porque pensé que a lo mejor venía a decirme que no se iba a poder hacer nada ese día. Le abrí la puerta y la dejé pasar. Ya dentro de la escuela le pregunté si no iba a poder quedarse y me dijo que sí. Que Meli le había dicho que fuera ella sola y que ella luego venía a la escuela.
Ximena no dejaba de dejar de mirarme así que la tomé de la mano y la dirigía hacia mi cuarto al fondo a la escuela. Pasamos a mi habitación y cerrar la puerta no sin antes poner un letrero que en la escuela estaba cerrada hasta el día siguiente para así si alguien ocupaba algo no tocará. Ese día en la mañana antes de irse Ximena, había dejado su mochila en la escuela a petición mía para usarla como distractor por si alguien la veía saliendo o entrando de la escuela ella podría decir simplemente que fue por la mochila.
En cuanto cerré la puerta del cuarto y entramos a la sala Ximena me abrazó y me dijo que me amaba y pude notar en su abrazo lo caliente que se encontraba. Yo me agaché y le di un beso en sus labios empezando a calentarla aún más. La tomé de la mano y nos volvimos a ir hacia mi recámara. Yo me salté en la cama y la puse enfrente de mi parada. La tomé de la cadera la acerqué conmigo y comencé a besarla nuevamente. Esta vez movió mis manos por toda su espalda y bajaba hasta su culo apretando sus nalgas y cada vez más fuertes hacia mí. Ella en su inocencia movía sus labios y su lengua de forma muy torpe pero muy caliente. De pronto nos dejábamos de besar y ella tomaba mi cara y la volví a poner en la suya.
-Saca tu lengua, le dije, quiero probarla y sentirla dentro de mi boca. Ella sin decir nada sacó su lengua y la puso en mis labios y empecé yo con mi lengua a tocarla la suya. Esa sensación de tener nuestras lenguas entrelazadas y moviéndola por todos lados realmente me puso completamente caliente y pude sentir una enorme erección en mi pantalón.
Yo rápidamente me desvestiste y quedé completamente desnudo frente, la agaché frente a mí verga, ordenándole que abriera la boca y ella sin decir que no abrió la boca y se metió toda mi verga. La chupaba muy inocentemente y tenía una muy encarecida necesidad de dejarla toda llena de saliva porque mientras me chupaba de ver que cada vez que ella sentía que hacía falta, con su lengua en sanidad y la dejaba completamente mojada. Podía escuchar como amigos en su boca mientras dirigía su cabeza con mis manos de arriba abajo. Después de unos minutos salgas aquí y la volví a poner frente a mí para volvernos a besar.
Acto seguido la puse otra vez de pie frente a mí y le subía completamente. Ahí la tenía nuevamente con ese cuerpo flaco pero infantil desnudo frente a mí. La acerqué hacia mí con mis manos tomando la de la cadera empecé a lamer y a chupar sus pequeños pezones que daban forma a un pecho prácticamente plano. Ella comenzaba a gemir tras la mía sus microscópicas tetas y con lo de mi mano movía sus pequeños labios vaginales para empezar a masturblarla.
Después de unos minutos así en la cama y la abrí de piernas.
-Esto quizá te duela un poco, si me dices que te duele, yo me detengo- le dije. Ella solamente asintió y cumple la orden. Se acostó en mi cama y cuál mariposa abrió sus piernas dejándome ver toda su vagina estrecha hay abierta en mi cama. Empecé a echarle un poco de saliva para lubricarla un poco y comencé a poner la punta de mi verga en la entrada. Podía notar como ella no dejaba de ver esa escena Yo solamente le decía tranquila. Empecé a empujar y entró la cabeza y pude notar como ella cerraban los ojos.
-Se siente raro- me dijo. No te preocupes eso ahorita se va a quitar, le contesté. Metía y sacaba la punta de la cabeza de mi verga esperando que se empezara a acostumbrar y rápidamente pude anotar que le empezó a gustar porque mientras mantenía los ojos cerrados empezó a poner sus manos en su pecho y empezaba a moverlas y a gemir un poco.
-Voy a meter más, entró muy bien. Ella solamente asintió con la cabeza y empecé a meter todavía más mi verga. Ella podía notar cómo estaba un poco incómoda pero no tanto. Podía sentir como iba entrando poco a poco y como todo el camino se iba abriendo dejando atrás la estrechez de su vagina. En una de las metidas que hice pude ver cómo salía un poco de sangre, yo se lo dije y le dije que era normal ella simplemente sintió.
Sabía que era el momento de hacerlo con más delicadeza esperando que este no fuera un momento traumático para ella. Metía y sacaba con mucha gentileza mi verga, esperando que poco a poco se fuera acostumbrando. Pude notar como resbalaba y entraba con más facilidad en cada embestida le hacía. Luego de unos minutos de meterle completamente y ella empezaba a gemir cada vez más. La tomé la barbilla y le pregunté si estaba bien y me dijo que sí y la besé.
-Me encantas, le dije. -Me encanta ver lo caliente que eres y lo buena niña que haces.
-Esto quiero ser, una buena niña para usted, me contestó. Eso me puso a mil. Ella estaba completamente enamorada de mí y pude verlo por la mirada que me hacía. Le pregunté si no se sentía mal o incómoda y me dijo que no, que esto era lo que quería y que de ahora en adelante lo podíamos hacer cuando yo quisiera. Creo que esa plática hizo que se endureciera aún más porque pude ver cómo se empezaba a reír y a decir que se sentía aún mejor.
La acomodé en una mejor posición para que estuviera más cómoda y seguir dándole cada vez más rápido y más duro. Entraba y salía y podía ver cómo ya venía completamente mojada de su vagina. Ella empezaba a calentarse demasiado.
-No pares…no pares…no me la vayas a sacar, me decía ella.
-No te la voy a sacar, quiero que la sientas toda, le dije.
-Cogeme, cogeme empezó a decir.
Mi pene ya estaba completamente enojado y entraba y salía con mucha facilidad. Llevamos así un rato. Ella acostada y yo dándole duro. En ese momento escucho el ruido de la puerta y la voz de Meli preguntando dónde estábamos. Y ya entró al cuarto y nos vio y solamente sonrió.
-Uy, ya están en eso. Muy bien profe.
Ximena estaba gimiendo de placer. Se acercó a un lado de la cama y vio a su amiga desnuda cargaba contra ella con mi verga completamente. Meli venía con mucha calma y atención página de su amiga que estaba completamente mojada y penetrada. No despegaba la vista. Yo extendí mi mano y empecé a tocarla a ella. Ella no se movió ni dijo nada simplemente sonrió empezó a moverse un poco al ritmo de mis dedos moviéndose entre sus nalgas.
-Profe, la mamá de Ximena la anda buscando. Necesita apurarse porque si no va a salir a buscarla. Me detuve un momento y le pregunté a Meli cuánto tiempo tenían buscándola y me dijo que como media hora. Ya había pasado más de una hora y yo cogiéndome a esta niña se me había ido el tiempo.
Sabía que no tenía mucho tiempo así que empecé a darle más duro mientras ella tenía tan fuerte del placer que Meli se sentó a un lado de ella y empezó a acariciarle el pecho. Ximena no le despegaba la vista a su amiga mientras era embestida por mi verga. Sentía que ya me venía así que la saqué y senté rápido a Ximena en mi cama y a vender tres gigantescos chorros de semen que cayeron en su cara. Ella se sorprendió al principio y solamente cerré los ojos. Mientras chorreaba toda su cara yo empecé a gemir tan fuerte que Meli se me quedó viendo y se empezó a reír.
Abrí mis ojos y pude ver a esa niña flaquita completamente bañada en semen y cómo tenía la cara y el pecho. Me en qué frente a ella y con mi mano enbarre todo mi semen en su cara. De pronto la acosté y metí mis dedos en su vagina. Quería oírla tener un orgasmo y empecé a meter y a sacar mis dedos. Estaban completamente mojados como si hubieran entrado a un balde de agua y ella gemía sin parar. Rápidamente pude ver cómo se arqueaba en mi cama y sentí como mis dedos adentro de su vagina se pusieron completamente calientes y sabía que había soltado un chorro. Su orgasmo estaba completo.
Ella se quedó unos minutos acostada mientras Meli le preguntaba si le había gustado a lo que ella con una sonrisa gigantesca dijo que sí. Se levantó y se metió rápidamente al baño y se limpió tanto la cara como el pecho y salió completamente limpia. Se cambió y se acercó y me dio un beso. Un beso gigantesco y que se podía notar el amor en el movimiento de sus labios. Meli me preguntó que si no no iba a dar uno a ella a lo que cambié de labios y me fui con ella. Eso no le gustó tanto a Ximena quién tomó mi cabeza y la puso en la suya y comenzó a besarme.
Después de besarnos, pude notar como las miradas de ellas se cruzaban. Se quedaron viendo la una a la otra y por unos segundos no dijeron nada.
-Ya besense…igual son mejores amigas, les dije. Ellas me voltearon a ver y después se voltearon a ver a ellas y Ximena tomó la cara de Meli y la pegó a la suya. Al principio solo pegaron sus labios sin movernos pero pude notar que les he empezado a calentar y empezar a mover sus labios poco a poco. Ahí tenía en mi cuarto a dos de mis alumnas de 10 y 11 años besándose luego de ver como una era desvirgada.
Ambas se separaron y dijeron que se tenían que ir. Les dije a las 2 que quería ver las el viernes y ya solamente sonrieron y dijeron que sí.
-Ximena, no sé cómo le vayas a hacer pero quiero que te quedes aquí en la escuela conmigo desde el momento en que se terminan las clases.
-No se preocupa profe, yo le inventaré algo a mi mamá.
-Yo también quiero, replicó Meli.
-Claro que si, quiero tenerlas a las dos aquí todo una tarde.
Las dos dijeron que sí y se fueron y yo me quedé completamente agotado pero satisfecho. Ahora era el momento de planear que haría con ellas dos. Se vendría ese viernes tan esperado que terminó siendo mucho mejor de lo que planee. Pero ese será un Renato para más adelante.


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