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Heterosexual, Infidelidad, Intercambios / Trios

Cobré un favor

Una compañera de trabajo me pidió que le hiciera un favor para su hija y me pagó con cuerpomático. Bueno, aquí sólo cuento como inició, no hay sexo, es un “relato rosa”..
Cornelio y yo trabajamos en una gran compañía fiduciaria. Mi amigo lo hace en el área de investigación de créditos y yo en el área de sistematización electrónica. Entre sus colegas del área está Rocío, una mujer actuaria, menor de 40 años; algunos aseguran que ella tiene 35, pero por su físico yo le calculaba 30. Alguna vez, Cornelio me dijo que, al considerar el desenvolvimiento en el trabajo, sobre todo asesorando a directivos en casos difíciles, y la variedad de conocimientos que tiene en diversas ciencias administrativas, amén de un doctorado en cuestiones financieras que realizó antes de entrar a la compañía, donde su antigüedad excede los 15 años, asegura que Rocío debería tener por lo menos unos 45 años.

Rocío tiene un carácter muy alegre y jovial que lo delata también en su cara bonita y con poco, casi nada, de maquillaje, además de un cuerpazo muy deseable. Cornelio, con su carácter prudente, sabiendo que ella es casada y le ha costado el puesto a más de un alto directivo por acosarla sexualmente, se ha mantenido sin ánimo de incrementar la amistad con ella. Sin embargo, ella se ha acercado mucho a mi amigo, le coquetea, le hace comentarios mordaces de doble sentido y mi amigo sufre para no caer en el juego. No obstante, él es muy amable y colaborativo cuando Rocío requiere apoyo.

–Rocío es muy hermosa y me dan ganas de cogérmela. Algún día no me voy a contener y navegaré por el camino de sus comentarios con bromas sexuales –me comentó Cornelio una noche de copas en su departamento.

–Pues está sumamente antojable. Su marido se la ha de fornicar deliciosamente –dije cerrando los ojos al imaginármela, e hice la “Roque señal” (la de coger).

–Ahí es donde está el problema. Por sus comentarios, en los últimos meses, su marido no la atiende debidamente –manifestó Cornelio.

–Pues si ella ya te ha confiado ese tipo de problema, es porque quiere que te la cojas. No me vengas con pendejadas, con otras no te has detenido y a la menor insinuación se van a la cama –le dije airado.

–Con las otras, a la insinuación le sigue un momento de cercanía y con privacidad adecuada que busco para que me lo pidan explícitamente o con un beso –aseguró Cornelio–, pero con ella evado colocarme en una situación cercana y aislada de los demás para que eso no se dé.

–Pues no te entiendo. Quieres cogértela, ella te confiesa su necesidad ante la desatención del esposo y te le escabulles, en lugar de propiciar el acercamiento para caer en la situación previa al coito –reclamé.

–No quiero equivocarme y caer en una situación que pueda interpretarse como acoso. Si ya pusieron de patitas en la calle a dos jefazos por lanzarse con ella, imagina lo que me pasaría a mí –explicó airadamente mi amigo.

–Seguramente ella nunca les dio motivo y esos tipos creyeron que ella caería fácilmente si le proponían algo. Así son de prepotentes los mandos altos –aseguré–. Pero a ti, según lo que me has platicado, si quiere tirarte.

–Será el sereno, mano. Hay un rumor que fue el marido quien movió sus influencias, o amenazó a la compañía con auditorías más severas por parte del gobierno, ya que el esposo es un director general en alguna oficina federal importante. Además, el tipo ha de ser muy bien valorado, pues lleva en su puesto tres sexenios de diferentes partidos políticos, sin que se les ocurra cambiarlo –expresó con temor en el rostro.

–Puede ser. Más vale dejar así las cosas… –externé.

–¡Pero vieras cómo me para la verga cuando la veo sonreírme y posando sus curvas ante mis ojos sin que los demás lo noten! También se ha sentado frente a mí, abriendo las piernas y exhibiendo sus piernas dejando ver el color de sus tangas –explicó Cornelio y se sirvió más coñac para disminuir su desesperación.

–No cave duda que tienes doble templanza, amigo: una que ella te orquesta bajo el pantalón y otra que tu temor te ordena para que te moderes –hice el jueguito de palabras–. Ella quiere contigo. Antes, pasaron años sin que te dejara ver algo, o nunca lo notaste. Pero de tres o cuatro meses a la fecha te ha confiado cosas íntimas y te provoca.

–Ni modo, espero soportarlo, necesito el trabajo y viejas hay muchas –expresó con resignación.

–Cierto, a ti te buscan fácilmente, pero Rocío… –dije apretándome ostensiblemente el pene.

El tiempo pasó, Rocío trataba de estrechar la amistad con mi amigo Cornelio, contándole incluso asunto familiares relevante, particularmente el largo proceso administrativo del ingreso a preparatoria de la hija menor. Específicamente, ella quería que su hija estudiara el bachillerato en la UNAM. Su hija mayor lo hizo en escuela particular y al terminar, también iría a una universidad particular, en caso de no ser aceptada en el CIDE. Pero dado el empeño de la hija en sus estudios, que era corroborado por Rocío, quien además complementaba la educación pues conocimientos suficientes tenía (sabido es que en las instituciones particulares lo que les importa es que el alumno pague, no tanto que éste aprenda), la hija aprobaría fácilmente el ingreso al centro educativo de élite.

–Me platica cada vez más de sus hijas, pero ahora también procura saludarme de beso, además de sobarme la mano. ¡Sé que voy a caer! –me contaba angustiado Cornelio– No han sido pocas las veces que me talla la espalda con su pecho. ¡Dios qué tetas! También van dos veces que en el elevador, con el pretexto de que va lleno, me pega sus nalgas a mi verga y de inmediato tengo una erección y, al sentirla, ella se mueve. ¡Qué nalgas!

–Oye, ¿quieres más señales? ¡Eso ya no es juego! –le grité en el restaurante donde desayunábamos.

–Mejor cambiemos de tema, porque me voy a volver loco –señaló Cornelio–. Por cierto, ella me preguntó si conocía a alguien que le asegurara el ingreso de su hija a la prepa 6, la de Coyoacán. ¿Tú sabes cómo?

–No sé, pero puedo averiguar. ¿Por qué no la mete a una particular? Además, si su marido es muy influyente, él podré hacerlo –dije antes de liquidar la cuenta.

Al llegar a mi lugar de trabajo, lo primero que hice fue llamar al doctor Platas, después de volver a revisar su currículum vite. Es mi empleado relativamente nuevo, muy eficiente y el año pasado se había jubilado de la UNAM. “Según vi, una de tus tareas en la UNAM era estar al mando de la calificación automatizada de los exámenes de ingreso. ¿Podrías explicarme el proceso y aclararme algunas dudas?”, le pregunté y me puso al tanto.

Entendí que hacer trampa era sumamente difícil, pero que si el alumno tenía buena calificación, entraba fácilmente, aunque no necesariamente al plantel elegido como primera opción, más si se trataba de Prepa 6 o CCH sur. Con la información obtenida le dije a Cornelio que día siguiente, en el desayuno, le contaría cómo estaba el asunto.

Me sorprendió que Cornelio llegó acompañado de Rocío y omití preguntarle si ya andaban juntos.

–Le comenté a Rocío que te vería para que me platicaras lo que habías descubierto y se me pego –dijo y yo hice un gesto arqueando las cejas con una mirada ligeramente lasciva a Rocío para que ella lo notara  y entendiera mi comentario posterior.

–¡Mira! ¡Qué buen pretexto el tuyo! –dije dirigiéndome a Cornelio–. Cuidado, Rocío, porque este señor… –le dije a Rocío.

–¡Bah, no hace nada!, me consta… –dijo Rocío sonriente, acompañando un ademán de desprecio hacia mi amigo.

Cornelio se puso rojo, pues más claro, ni el agua… Pasé a contarles lo que yo sabía.

–En primer lugar, te agradezco que te hayas molestado con el asunto, también a este señor –dijo tomando cariñosamente la mano de Cornelio quien puso una cara de susto–. En junio es el examen. Sé que mi hija lo aprobará fácilmente y en muy probable que quede en el decil más alto de calificaciones. La mandé a un curso de preparación, más para que se entrene con los exámenes de opción múltiple que para saber más. Sea llenando alveolos con el lápiz del 2 o tecleando la computadora, al parecer esta vez será por Internet.

En la plática, Rocío me dejó claro que prefiere la escuela pública. Supe que ella tenía lo suficiente para pagar estudios en instituciones particulares, pues, por mi parte, investigué su salario: era similar al nuestro, pero una compensación adicional de otro tanto por concepto de asesorías. Era obvio que se trataba de una persona muy capaz, y recordé que al doctor Platas también la compañía le otorga una compensación adicional muy alta. Sospecho que en ambos casos los sobresueldos son por sus conocimientos efectivos y no por recomendaciones.

–Ya entendí dónde está el problema. Es en el algoritmo de aleatoriedad, pues no pueden mandar a todos los de mejores calificaciones a la prepa 6 y al CCH Sur –aseguró y me aclaró el porqué, que no me había precisado Platas, ni yo se lo pregunté.

Al día siguiente, Rocío fue a verme a mi escritorio. Traía una capa impermeable ligera, pero opaca. Y al quitársela me quedé asombrado con la vestimenta.

–Calma, cierra la boca. Es que me saldré temprano para acompañar a mi marido a una elegante recepción y no me iba a ir a cambiar a la casa –explicó ante mi asombro.

–Pues hubieras pedido el día –señale.

–Sí, pero quería que Cornelio me viera así… –señaló con coquetería haciendo poses de modelo para revista de cabaleros.

–Pues el ganón fui yo –precisé recorriéndola con la mirada, desde el escote delantero y trasero hasta la caída de la tela del vestido en las nalgas, al parecer debería traer una tanga de hilo.

–Así me hubiera gustado que Cornelio me mirara –dijo festejando mi lascivia–, pero él se quedó impertérrito. ¿Qué le pasa a tu amigo? ¿Es gay o yo no le agrado? –me soltó el golpe.

–No es gay, su exesposa, a quien sigue amando, es tan hermosa como tú. No le digas que te lo dije, pero tú le gustas mucho, aunque teme que lo acuses de acoso –confesé.

–¡Ja, ja, ja! Yo no sabía. No le voy a decir, aunque sí quiero que se entere que él me encanta –dijo jocosamente–. Pero vine a verte para que indagues si se puede alterar la aleatoriedad, supongo que bastará con colocarle una bandera al registro de mi hija. Nos vemos, ya voy de salida.

Me quedé pensando que Rocío supo mucho del sistema de evaluación tenía más conocimientos de los que se nombraban en el currículum, por ello recibía un buen pago extra y la llamaban los jerarcas cuando había problemas graves. Más tarde, Platas me explicó con detalle la razón de diversos algoritmos y particularmente el de la aleatoriedad y confirmó que bastaba una bandera en el registro para burlarlo.  Le pregunté si podía ayudarme con sus exempleados en eso, explicándole las razones. “Déjame verlo con quienes fueron mis jefes, no quiero meter en problemas a los colegas que trabajaron para mí. Luego te digo.

A la siguiente semana ya tenía la respuesta de Platas con la anuencia de los exjefes y se los comuniqué en el restaurante cuando fuimos a desayunar.

–Pues así está el asunto. No habrá problema, si tu hija obtiene una calificación aprobatoria –aseguré,

–¿Habrá que dar alguna remuneración a la gente con quien hablaste? –preguntó–. Lo cierto es que mi marido está renuente a hablar con alguien pues no quiere deberle favores a nadie. De por sí, cada cambio de sexenio o de secretario se deprime mucho, se le sube la presión, y más problemas, porque sabe que al nivel del puesto que ocupa, generalmente los despiden para meter a alguien de confianza de los que llegan, difícil si no tienen la competencia y experiencia de mi marido.

–Sí, a quienes saben cómo hacer bien las cosas no los quitan –señalé–, otros como yo, somos fácilmente reemplazables –. Respecto a la recompensa, creo que quien se la merece es Cornelio. Él fue quien inició el movimiento de todo, yo solamente requeriré que me des fotocopia de algunos documentos para que este mes coloquen la bandera en el registro de tu hija.

–Ber tiene razón. ¿Qué recompensa quieres? –dijo volteando a ver a mi amigo y lo tomó de la barbilla, Cornelio se quedó atónito.

–Mientras él piensa que pedirte, por lo pronto prémialo con un beso en la mejilla –dije en broma.

–Mejor me premio yo –aseguró Rocío, y lo besó en la boca.

El beso se complementó con un abrazo y saborearon el momento sin despegar los labios. “A mi me basta con que me paguen el desayuno”, dije al levantarme para irme y dejarlos en libertad.

Ellos ya no regresaron a la oficina esa tarde, ni fueron a trabajar al día siguiente. Pero en la noche llegó Cornelio a mi departamento con una botella de wiski carísimo.

–Rocío te manda esto –me extendió una carpeta con las fotocopias que pedí–, también la botella, en pago por tu labor de “Celestino”.

–¡Oh!, ¿esta es de parte tuya? –dije al tomarla.

–No, es de su parte y textualmente dijo eso. Además, advirtió que después quiere agradecerte el favor… –señaló con una sonrisa.

Como advertí al principio, este relato es “rosita”, omito los detalles de la manera en la que pasaron más de 24 horas juntos. Resultó que ella y su marido tienen una relación abierta, pero sólo eventualmente se ven con otra persona y esta vez Rocío tenía meses de abandono, por eso ella eligió a Cornelio para tratar de seducirlo. Además, le dijo que en agosto, cuando sea publicada la lista de resultados, lo festejaríamos los tres en Cuernavaca.

Al siguiente día de trabajo, le di la documentación al doctor Platas y fui con Rocío para agradecerle la botella.

–Espero que Cornelio te haya avisado lo de agosto. Lo que pasa es que nunca he hecho un trío –me dijo Rocío con gran naturalidad y una franqueza simple, como si fuésemos grandes conocidos–. Sin embargo, quiero que tú y yo nos conozcamos mejor este mes de junio…

Al parecer, Rocío es un estuche de sorpresas que quiere destaparse al sexo, al fin que el marido lo permite.

10 Lecturas/9 junio, 2026/0 Comentarios/por Ber_El
Etiquetas: amigo, escuela, gay, hija, mayor, sexo, universidad, verga
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