Conocemos a Paula
Unos vecinos en el camping .
Al día siguiente en el camping se acercó un hombre mayor con su nieta. Paula tenía 10 años, delgada como una espiga, con el pecho plano y los pezones pequeños y rosados. Su coñito estaba completamente sin un pelito, liso como la seda. Su abuelo, un tipo de sesenta y pocos años con barriga de cerveza y manos de albañil curtidas, se acercó a nuestra parcela mientras Paula caminaba detrás con timidez.
—Somos de la parcela de al lado —dijo el viejo—. Mi nieta se aburre aquí. Dice que los chicos de su edad son unos inútiles. ¿Ustedes tienen hijas?
Julio se levantó dejando ver su paquete marcado en los bañadores.
—Tenemos a Carla y María —respondió señalando hacia donde estaban tomando el sol—. Carla tiene 9 años, María 7 años.
Carla y María se levantaron. Ambas delgadas, planas, con pezones pequeños y oscuros, coñitos lisos y rosaditos brillando por el bronceador. Paula no apartó la mirada del bulto de Julio. Su abuelo sonrió con complicidad.
—Mi nieta es muy curiosa —dijo bajando la voz—. Siempre me pregunta cómo es el sexo de verdad. La teoría no es lo mismo que la práctica.
Rubén se incorporó desde la sombra. Era el observador, aunque su polla dura marcaba los pantalones.
—Pasad a nuestra caravana —dijo Julio—. Es más grande y tiene espacio para todos.
Dentro, la caravana olía a tabaco y sudor. Julio había preparado toallas limpias y bebidas frías. Carla y María se habían puesto vestidos ligeros y cortos sin nada debajo. Paula iba con un short vaquero corto y una camiseta blanca sin mangas, dejando ver claramente la ausencia de no llevar top, y se le veían esos pezones pequeños marcando contra la tela.
—Quitaos la ropa —ordenó Julio con voz ronca—. Todas.
Carla se quitó el vestido amarillo quedando completamente desnuda, mostrando su cuerpo infantil, totalmente plana, pezones erectos apuntando hacia arriba y el coñito brillando. María se desvistió más lenta, revelando ese coñito liso con los labios pequeños y rosados. Paula dudó, cruzando los brazos sobre su pecho plano, mirando a su abuelo. El viejo asintió.
—Vamos, nieta. Si quieres aprender, aprende bien.
Paula se desvistió torpemente: pecho completamente plano, caderas estrechas, culo redondo pero pequeño, ese coñito precioso, impecable, rosado y cerrado. Julio se acercó, agarrándole uno de los pezones pequeños con los dedos ásperos y pellizcándoselo hasta que la chica jadeó.
—De rodillas —ordenó a las tres.
Las tres niñas se arrodillaron sobre la alfombra. Julio se bajó el bañador liberando una polla gruesa, larga, con la cabeza morada y brillante de presemen. Carla se la metió en la boca primero, haciendo gárgaras con la saliva, mientras María le lamía los huevos peludos. Paula observaba nerviosa hasta que Julio le agarró la cabeza y se la metió todo lo que pudo.
—Traga, nena —gruñó empujando—. Relaja la garganta.
Paula se atragantó ligeramente, la saliva le corría por la barbilla, por su pecho plano, pero no apartó la boca. Su abuelo se sentó en el sillón viendo cómo su nieta aprendía. Rubén se quedó en una esquina, con la polla dura marcando.
Julio sacó la polla brillante de la boca de Paula y se la metió a María, que la recibió haciendo girar la lengua alrededor del glande. Luego fue el turno de Carla, que se la metió hasta casi la garganta sin pestañear.
—Levantaos —dijo Julio jadeando—. Quiero coñitos.
Empujó a Carla hacia la mesa, le abrió las piernas y se la metió de una estocada profunda. Carla gritó de placer, arqueando la espalda, su cuerpo moviéndose con cada embestida. El sonido de los huevos golpeando contra su culo llenaba la caravana. María se sentó entre las piernas de Carla y empezó a lamerle el pequeño clítoris mientras Julio la penetraba.
—Qué coñito más apretado —gruñó Julio clavando las uñas en las caderas de Carla—. María, te toca.
Sacó la polla brillante de jugos y se la metió a María por el coñito, húmedo y caliente. María se puso a cuatro patas sobre el sofá, ofreciéndole el culo. Julio le dio una nalgada suave antes de hundirse hasta el fondo.
Paula observaba desde el suelo, con la mano entre las piernas tocándose el coñito liso, los dedos entrando y saliendo brillantes. Su abuelo se acercó a Rubén.
—He oído que eres una puta —dijo bajándose los pantalones y sacando una polla curtida, gruesa, con las venas marcadas—. Mi nieta está ocupada aprendiendo. Ponte de rodillas y chúpame la polla, puta.
Rubén miró hacia donde Julio estaba dándole duro a María, luego miró la polla del abuelo, que goteaba preseminal. Se puso de rodillas. El viejo se sentó, abrió las piernas y Rubén se acercó con la boca abierta. La polla olía a sudor masculino, a hombre mayor. Rubén se la metió en la boca lentamente, saboreando el sabor salado, y empezó a mover la cabeza arriba y abajo.
—Eso, puta —gruñó el abuelo agarrándole la cabeza—. Chúpame bien, que llevo días sin correrme.
Julio sacó la polla de María y se acercó a Paula, arrastrándola por los tobillos hasta el centro. Le abrió las piernas y frotó su polla contra el coñito liso de la niña. Entró fácil, húmedo con los jugos de Carla y María.
—Joder, qué coñito más apretado —jadeó follando con fuerza—. Abuelo, tu nieta tiene un coñito de virgen.
Paula gritó de sorpresa intensa, sintiendo cómo aquella polla gruesa la llenaba por completo. Julio la cogió por las caderas y empezó a follársela con fuerza controlada, cada embestida hacía que su cuerpo plano se moviera, sus pezoncitos pequeños se endurecieran. La niña gemía sin control, agarrándose a los hombros de Julio.
—Fóllala bien —gritó el abuelo desde el sillón, donde Rubén seguía chupando—. Enséñale lo que es una polla de verdad.
Julio cambió de posición, puso a Paula de lado, levantándole una pierna para meterse más profundo. La polla entraba y salía con sonido húmedo, los jugos de Paula corrían por sus muslos. Julio le metió un dedo en el culo, haciendo que se contrajera más.
—Por el culo también la quiero —dijo Paula.
Escupió en el agujero rosado y volvió a meter la polla, esta vez por el culo. Paula gritó más fuerte, el dolor mezclado con placer la hacía ver estrellas. Julio le follaba el culo con fuerza mientras con la mano le frotaba el clítoris.
Carla y María se acercaron. Carla se sentó en la cara de Paula obligándola a lamerle el coñito liso. María se arrodilló detrás de Julio y le lamía los huevos mientras él sodomizaba a la pequeña Paula.
—Me voy a correr —gritó Julio.
Sacó la polla del culo de Paula. Las tres se arrodillaron con la boca abierta. Julio explotó: semen en la cara de Carla, en la boca de María, y abundante en Paula, cubriéndole la cara, los ojos, la boca. Seguía disparando, chorros de leche manchando sus cuerpos infantiles.
—Tragarlo, niñas —ordenó Julio.
Las tres empezaron a lamerse el semen, besándose compartiendo la leche, frotándose las caras.
El abuelo empujó a Rubén a cuatro patas.
—Te voy a follar, puta —escupió en su polla—. Quiero oírte gemir, maricón.
Rubén se puso en posición ofreciendo el culo. El abuelo se acercó, le separó las nalgas y sin preparación se la metió de golpe. Rubén gritó del dolor intenso, pero el viejo no se detuvo. Empezó a follárselo con fuerza brutal, ritmo salvaje.
—Aprieta, puta —gruñó dándole una palmada fuerte—. Quiero correrme dentro.
Rubén gemía sin control, la polla del viejo le golpeaba la próstata con cada embestida. Julio se acercó masturbándose viendo la escena.
—Dale duro a esta puta —animó.
El abuelo aumentó el ritmo desenfrenado, sus caderas golpeaban contra el culo de Rubén. Paula observaba fascinada cómo su abuelo follaba a un hombre.
—Me corro —gritó el viejo empotrado hasta las pelotas—. Me corro dentro de este culo de puta.
Se quedó quieto y Rubén sintió el semen caliente inundándole por dentro. El abuelo gemía sacudiéndose mientras descargaba. Luego sacó la polla lentamente, dejando que la leche escurriera.
Todos se quedaron quietos jadeando, cubiertos de fluidos. Julio se sentó con la polla semi dura goteando. Carla, María y Paula se abrazaban lamiéndose el semen. Rubén estaba de rodillas, el culo abierto chorreando leche.
—Joder —dijo Julio—. Esto sí que ha sido un buen día de camping.
El abuelo sonrió señalando a Paula:
—Mi nieta aprende rápido. Y esta puta de Rubén tiene buen culo.
Rubén se levantó sintiendo el semen resbalándole.
—La próxima vez en tu caravana —dijo Julio—. La mía quedará hecha un asco.
Todos rieron. Paula besó a su abuelo en la mejilla.
—Gracias por traerme.
—Hija —dijo el viejo acariciándole el culo liso—. Esto es solo el principio. El camping dura una semana.
Julio abrió cervezas para el abuelo, Rubén y para él.
—Por los buenos vecinos.
—Por los buenos vecinos —repitieron.
Bebieron mientras el sol se ponía, con el olor a sexo impregnado y la promesa de más por venir.
Aunque Rubén y Carla al día siguiente tenían que volver las vacaciones se habían acabado para ellos dos.

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