Conociendo a la hermanita de mi novia
Me puse de novio con una «inalcanzable» y me presentó a su familia la cual me recibió de maravillas, sobre todo su hermanita menor.
Cuando empecé a salir con Luz no tenía expectativas de que vayamos a durar mucho, para mí era algo pasajero. Y no era porque no me gustara. Luz era un bomba, la típica inalcanzable de barrio. Petisa, pelo largo oscuro, boca grande carnosa y culona como una araña. Era tipo Lali pero más morocha, me hacía acordar a Chel, de El Camino hacia El Dorado. Si, así de sexy y provocativa.
Digo que no tenía muchas expectativas porque éramos muy diferentes. La conocí en un boliche en Palermo. Ella es de La Matanza y yo viví toda la vida en Caballito. Y no lo digo solo por una cuestión de economía sino de cultura o de filosofía de vida.
Ella vivía de joda y yo estaba centrado en mi carrera. Luz era impulsiva y apasionada. A pesar de ser media ignorante académicamente era muy viva, tenía ese conocimiento que no se hace leyendo, se hace en la calle. Todo eso me encantaba. Ni hablar el sexo… Uff! Eso era la mejor parte.
Pero Luz no es la protagonista de esta historia sino su hermana menor. La conocí con el resto de su familia al mes de ponernos a salir. Era una familia numerosa, vivían en una casa muy chica sobre una calle de tierra. Eran muy humildes pero muy gentiles y educados, no eran unos villeros. Venían del interior del país, tenían otros valores.
Lola era la menor de las hijas de la familia, después le seguía un nene. En ese tiempo ella tenía 6 años, era delgadita, con una piel marroncita clara, como caramelo, el cabello algo descuidado y los ojitos rasgados. Parecía una de esas nenas tailandesas o del sudeste asiático. No era una nena hegemónicamente bella, tampoco digo que fuera fea… era poco común, una belleza exótica.
No le di particular atención las primeras veces, pero a medida que iba más seguido a lo de mi novia, Lola se encariñaba más conmigo. La familia me trataba como un rey, me sentía cómodo en esa casa.
Poco a poco fui descubriendo el lore de aquella familia aprendiendo la dinámica de la misma, por lo que también entendí por qué la nena era tan apegada conmigo. El padre vivía de changas y pasaba poco tiempo en la casa, mi suegra era una mujer algo deprimida, los hermanos de mi novia estaban todo el día en la calle y a la pequeña Loli nadie le daba bola porque el hermanito menor le había robado el protagonismo.
Entonces llegué yo, alguien de afuera, que le llevaba cosas ricas para comer, jugaba con ella, escuchaba lo que me decía. Para ser honestos, le daba atención para quedar bien con mi novia y mi suegra… y porque me daba un poco de lástima que todos la ignoren.
Cuando me veía llegar con el auto, Loli salía corriendo desesperada a recibir gritando eufórica, ni mi novia se ponía tan contenta al verme. Semana a semana me fui encariñando con ella. Cada vez que llegaba se me colgaba del cuello me llenaba de besos, me mostraba sus dibujitos y me regalaba algunos que había hecho especialmente para mí.
A los pocos meses la nena ya era totalmente mi consentida, a veces le llevaba algún regalito barato. En la casa se burlaban de que Lola le quería robar el novio a su hermana y todos se reían. Les juro por mi vida que en todo ese tiempo jamás se me había cruzado algún pensamiento de índole sexual con esa nena. Sólo me causaba sentimientos de ternura, compasión, cariño.
Sin dudas el disparador fue una tarde de invierno. Hacía un frío de cagarse, la casa era un congelador, la estufa no daba abasto. Yo fui a buscar a Luz para ir al cine y después a casa a coger, pero ni se había preparado.
Estaban unos primitos de visita y mi suegra les puso un peli. Los primitos le decían que la prota se parecía a Loli, la película en cuestión era Lilo&Stitch, y era cierto el parecido… el color de piel, cabello, los ojos rasgados.
Mi novia me dijo que me sentara a ver la peli con los chicos mientras se preparaba (podía estar 1 hora como mínimo arreglándose).
Me senté en el sillón y Lola se sentó arriba de mis piernas. Hasta ahí todo normal, mirábamos la película de Lilo comiendo pochoclos y mi suegra me cebaba mates.
En un tramo siento como mi cuñadita se acomodaba su entrepierna sobre mi muslo, dejando sus piecitos colgando. Mientras la película transcurría, no sé si por la emoción o el azúcar ella estaba inquieta, se movía sobre mi pierna hacia atrás y hacía adelante.
Al principio no le di mucha importancia pero los movimientos seguían y una nueva sensación me sorprendió un poco, sentía su vulva caliente sobre mi pierna. El calor era tal que se sentía a través de la tela de mi pantalón y su calcita.
Supongo que a ella le gustó esa sensación porque lo siguió haciendo a pesar de que la película ya estaba terminando. Se agarró de mi brazo y el otro lo apoyó en el posabrazos del sillón para sostenerse y ahí se movía.
Ahora no había dudas: mi cuñadita de siete años se estaba masturbando con mi pierna. Ese fue el click en mi cerebro.
Me perturbó un poco porque no me lo esperaba pero a la vez me generó cierto morbo, cierta excitación. Ella se movía pero creo que no se notaba por la manta. La tenía a la nena frotándose la conchita mientras los nenes estaban sentados al lado mío y mi suegra a dos metros en la mesa cebando mate.
Se movía torpemente y temí que mi suegra la viera. Intenté ser razonable y le pregunté si quería sentarse en otro lado.
-No ! – me respondió aferrándose a mí.
Podía sentir como su rajita se iba humedeciendo a calentándose más. A decir verdad yo también me empecé a calentar un poco, pero me daba ternura que ella se estaba dando amor con mi cuerpo. Me pareció divertido ver hasta dónde llegaba.
Decidí tomarla por la cinturita y acomodarla sobre mi rodilla así la podía guiar yo, además hacía subir y bajar mi rodilla creando un efecto de golpeteo y vibración sobre su vulva.
La película ya casi acababa, Lola tenía los ojos semi abiertos, su conchita ya estaba muy caliente y húmeda.
Yo la sostenía mientras le hacía caballito y ella movía su cadera en círculos. Básicamente la nena se estaba cogiendo mi rodilla.
Mi suegra me ofrece otro mate, el cual rechazo. La película ya había terminado. Lola estaba ensimismada con la boca semi abierta, podía sentir con mis manos en su cinturita de nena que el calor ya no solo estaba en sus partes íntimas, todo su cuerpo estaba acalorado.
La sostuve con más firmeza contra mi rodilla haciendo más presión entre esta y su vagina. Hice los movimientos de vaiven más marcados, provocando más fricción entre nuestro los cuerpos. Ella se sostuvo en el sillón y aumentó la velocidad de sus movientos circulares, yo le tomé una mano con firmeza, demostrándole seguridad.
Lola, me apretó la mano, tensó sus piernas hacia adelante y ya no pudo contenerse.
-MMMMMH….! – gimió ahogadamente.
Mi pequeña cuñadita de siete años acababa de tener un orgasmo sobre mi pierna.
Lo primero que pensé fue en mi suegra, que la oía guardar los platos del almuerzo.
Lola, extasiada, dejó caer su espalda sobre mi pecho, vencida por el placer del que yo creo que fue su primer orgasmo.
Solté su cinturita y le acaricié el pelo mientras ella yacía relajada sobre mí, mirándome con los ojitos achinados y entrecerrados con un gesto de satisfacción propios de lo que cualquier hembra hace cuando «se lo hacés Bien».
– Parece que a Loli le dió sueñito- dice mi suegra.
– Si, se está durmiendo me parece.
– ¿No me hacés un favor y la acostas en su cama, yerno?
– Si, no hay problema.
Con ella sobre mí, me levanté y me dí cuenta que tenía la verga re parada. Me preocupé porque mi suegra no viera eso así que gire mi cuerpo en la dirección necesaria, pasando por delante de los otros niños enseñándoles mi erección a ellos, pero no me importó.
Entré a la habitación y me paré frente a la cama de mi cuñadita. Mientras la iba bajando aproveché para tocar sus nalguitas, su culito de nena era chiquito y suave. Lo amasé un poco y la acosté.
Creo que ella no estaba completamente dormida pero realmente se la notaba agotada, en su cuello y su cabello se notaba algo de sudor. Le quité sus zapatillas rosadas y la arropé. Mi mano recorrió desde sus tobillos hasta su pecho.
– Espero que te haya gustado la peli- le susurré a modo de comprobación.
Al no obtener respuesta me aventuré y urgué con mis dedos por debajo de su calza desgastada de plush y toqué su monte de Venus sobre su bombachita. Con mis dedos sentí el calor de su conchita, estaba totalmente empapada, casi como si se hubiera orinado un poco…. Pero era orina, o no principalmente, eran los juguitos de su orgasmo. Me daba ternura y cierto orgullo haber sido parte de eso.
Tenía la tentación de tocarla directamente bajo su calzoncito, pero no quería asustarla ni arriesgarme. Mi pene estaba como roca, él no entendía que no estaba por coger, sino que estaba tocando la bombachita de una nena de 6 años.
– Nos vemos otro día, te quiero mucho- le dije y le dí un piquito en los labios.
Fui a la cocina y me senté esperando que mi novia terminara de alistarse y saliera del baño para mear y se me baje la erección. Cuando por fin estuvo lista, nos fuimos pero en vez de ir al cine la llevé directamente a un telo.
La cogí como un toro esa vez… sobre todo cuando la hice poner de vaquero inverso…
Agarré su cintura y cerré los ojos. La fui sentando lentamente en mi verga como si fuera la primera vez que le metieran la verga. Mientras me cogía a mi novia, pensaba en su hermanita de 6 años… Se lo hacía diferente, con más cuidado.
Un deseo prohibido había nacido en mí, el deseo de hacerle el amor a mi cuñadita. No sabía si eso algún día pasaría, pero supe que ya no había vuelta atrás, que ya no iba a poder ver a esa nena con otros ojos. Era mi cuñadita y le tenía mucho cariño, pero también la deseaba… a pesar de que solo era una nena.

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