Don Pedro V
Don Pedro pasó de ser novio de mi pequeña hija y cogerse a mi esposa. Creo que recibirá su castigo.
Regresamos del campamento a las 10 de la mañana. Al llegar a casa ya todo se habia normalizado. Don Pedro ya no estaba y Esther se encontraba barriendo la casa. Actuaba normal, como si nada hubiera pasado, como si no hubiera tenido sexo con Don Pedro; yo tampoco quise tocarle jamas el tema.
Lo extraño sucedió al paso de los dias. Esther comenzó a salir más a menudo. Su aviso era que se había inscrito a un taller de cocina, y le tomaba dos dias a la semana el poder asistir. Hubo dias en las que me ofrecí llevarla pero se negaba, diciendo que mejor me ocupara de Sofia por si algo necesitaba en casa mientras ella no estaba. Intenté dejar de llevar a mi hija los sábados con Don Pedro. El primer sábado Sofia me preguntó del porqué no fuimos, y tranquilamente le decia que estaba demasiado ocupado con los trabajos pendientes, y que ya le habia avisado a don Pedro que faltariamos. Sofia al final de cuentas tuvo que resignarse.
Tres semanas despues, siendo un viernes caluroso, Esther me sorprendió diciéndome que ahora ella llevaría a Sofia al parque de diversiones
—¿Y eso como por qué, Esther? Son los dias en los que yo paso tiempo con mi hija, es cierto que no he podido recientemente pero ¿y ahora tú me quieres quitar ese tiempo? —honestamente se lo dije reclamándole.
La situación se complicó un poco al grado de discutir fuertemente. Fui yo quien cortó la pelea y cedí
—¿Y cómo piensas irte? ¿Caminando?
—Ya solicité taxi, Ramón. Nos llevará y nos traerá con bien.
La discusión la extendimos al grado de negarle rotundamente la salida, sin embargo por la tarde más tranquilos lo platicamos, y yo terminé accediendo a regañadientes.
Lo cierto es que la noté con suma ansiedad y algo no me cuadraba. Sobre todo porque a Esther le aburría pasar tiempo con Sofia. Es cierto, la amaba, pero el de pasar tiempo para los juegos con nuestra hija era yo el encargado.
Ese sábado Esther se dio un baño desde muy temprano, y vistió a Sofia con un bonito vestido discreto que le llegaba a la rodilla y unas sandalias brillantes, por lo que noté que le habia pintado las uñas a Sofia de blanco.
—¿Sofia irá a jugar vestida asi? ¿Quieres que ande incomoda en los juegos o qué? —le espeté antes de que salieran
— Ramón llevo su ropa de juego en la mochila. Sofia debe ir bonita de ida y regreso.
Y se fueron. Como les dije, algo no me cuadraba.
Cinco minutos después encendí el auto y traté de seguirlas. El taxi se desvió antes de llegar al centro de la ciudad. Ese camino lo conocía. A buena distancia del taxi, y situandome detrás de una cuadra de arbóles, vi bajar a Esther y Sofia, pagarle al taxi y éste yéndose. Esther estaba frente a la casa de Don Pedro. Despues de dos toques, Don Pedro salió, la abrazó a ella con alegria y posteriormente a Sofia. Mi hija parecia igual de sorprendida que yo y no entendia nada. Entraron.
Aparqué justo ahi, cerré el vehículo y decidí avanzar caminando. Sin duda, como en la ocasión pasada, me llegó la misma intención de entrar por el sótano de la casa de Don Pedro, subir esos escalones y tratar de escuchar.
Fue lo que hice lentamente. Entré silenciosamente, doble a la izquierda para evitar tropezar con la herramienta de don Pedro y me dirigí a los escalones
—… ya todo preparado? —escuché tras de la puerta a Esther que le preguntaba a Don Pedro
—quince minutos y estamos de regreso. Ya verás. Lo prometo —respondió Don Pedro.
Escuché la puerta abrirse, y cerrar segundos después. Se hizo el silencio. ¿Y ahora? Supuse que habian salido. Abrí la puerta solo escasos milimetros para que mi ojo visualizara. No había ya nadie al parecer. Entonces entré.
Efectivamente se habian ido. Intenté buscar algo anormal pero no encontraba nada. Subí a la habitación donde Don Pedro le había quitado la virginidad a Sofia. Abrí. La cama matrimonial estaba hecha, los muebles acomodados. No habia nada extraño. Salí y bajé. No supe que hacer.
20 minutos después escuché que regresaban a casa. Mi intención fue esconderme en el mismo closet de la vez pasada y meterme entre la ropa que guardaba don Pedro.
Entraron.
Don Pedro cargaba una caja de cartón, Esther detras de él con Sofia de la mano. Sin decir nada subieron a la habitación.
La puerta volvio a abrirse minutos más tarde y bajaba don Pedro con mi esposa
—Te sorprenderas de lo hermosa que se va a ver que hasta tú misma querrás más y te olvidarás de esos nervios —le venia diciendo don Pedro a mi esposa mientras bajaban
—Eso espero. Pero me preocupa más Ramón ya lo sabes.
—Oye —la detuvo don Pedro al bajar los escalones. La tomó de los brazos y la hizo mirarse cara a cara— confía en mí. Incluso si lo llamas y le cuentas, entenderá y puede que le gusté ingresar al juego.
—No lo sé, Pedro es que… —le decia Esther preocupada
—A ver ya —la interrumpió — relajate y comienza a disfrutar.
Se besaron. Un beso de lengua de unos segundos para posteriormente seguir avanzando e irse al sofá. Al llegar ahí don Pedro aprovecho para volver al ataque y comenzar a comerse a Esther a besos, besos que Esther correspondia.
10 minutos mas tarde mi atencion se desvió al escuchar el ruido de la puerta de arriba abrirse y ver a Sofia comenzar a bajar los escalones.
Vestía una minifalda de vuelo amarilla, cortita y holgada que con cada paso que bajaba su faldita se movía de arriba a abajo. Por encima traia una blusa de tirantes muy delgados color blanca. Pero me sorprendió su calzado, a su edad y ya bajaba con zapatillas de un tacón un poco alto color negras que le hacia resaltar el blanco de sus pequeñas uñas. No podia caminar tan bien y se apoyaba con sus manos en el muro.
Bajó y Don Pedro y Esther se levantaron para voltear a verla
—Ya estoy lista como me dijo -Habló Sofia refiriéndose a Don Pedro
—Pero mira nada mas —dijo don Pedro avanzado hacia Sofia. Le tomó su mano la hizo dar una vuelta y la llevó cerca de Esther— te dije que Sofia te sorprendería. ¿Acaso no ves este gran cambio?
Esther se veia nerviosa, sin embargo, afirmó con la cabeza y tomó a Sofia de los brazos
—¿Como te sientes, hija?
—extraña, mamá. Sobre todo contigo. Con papá tengo mas confianza y…
—te lo dije —interrumpió Don Pedro— Hablale a Ramón, Esther.
—No, no, Pedro. Asi quedamos ya. No tengo cara de ver la reaccion de Ramón. Estás loco.
—Bueno, bueno, que comience la sesion ya —dijo don Pedro.
Llevó a Sofia al sofá mas pequeño y la sentó. Un sofá que habian preparado justo para lo que tenían intencion de hacer. Pusieron una manta roja con petalos de rosa regados sobre él
Y la sesion empezó. Don Pedro comenzó a tomarle fotos a Sofia mientras le decia como posar. Con la piernita cruzada, con los labios entre abiertos, con su brazos sobre el respaldo del sofá.
Vi que Esther comenzaba a relajarse
—ok, ve por el que sigue, preciosa.— le ordenó don Pedro a mi hija.
Sofía lentamente avanzó, subió los escalones y cerró la puerta.
Don Pedro volvio a irse al sofá y comenzó a mostrarle las fotos a Esther
—Esta es excelente. Ese vestido dejó ver ese lindo calzoncito rojo.
Esther se excitó con esa frase de don Pedro que lo miró para ponerle una mano en la nuca a Don Pedro para atascarle un beso con toda la lengua y saliva. Se besaron por muchos segundos mientras don Pedro ya le metia la mano en las nalgas
Diez minutos después Sofia volvio a aparecer. Una mini falda negra de vuelo le llegaba arribita del muslo. Tenia puestas unas pantimedias color negras que le llegaban arriba de la rodilla, zapatillas negras de tacon del #10. Y un top que le hacia como ombliguera. Bajó despacio por culpa de las zapatillas y tambien tomada del muro de la escalera.
Cuando asomó en la sala, don Pedro y mi esposa la miraron pero no dijeron nada, y literalmente se quedaron boquiabiertos
—Ven, amor… camina a tu lugar, ven. Te ayudo —le dijo don Pedro a Sofia y extendiendo su mano para ayudarla a caminar. ¿Cómo había conseguido don Pedro toda esa ropa a modo de que le ajustaba perfectamente a la talla del cuerpo de Sofia: las medias, la minifalda, el top… las zapatillas.
La sentó y comenzó con las fotografías. Esther caminó hacia atrás y se posicionó a espaldas de Don Pedro. Seis segundos mas tarde su mano se dirigió a su propia entrepierna. Ya estaba excitada y simuladamente se comenzó a tocar.
—Don Pedro… ya no me siento a gusto —dijo Sofia cuando terminó don Pedro de tomarle fotos
—Tranquila, amor. Un traje mas y te prometo que terminamos.
—Pedro ya deberiamos…
—Tranquila, Esther, es el ultimo. Lo prometo. Anda Sofia, ve por el ultimo—interrumpió don Pedro
Sofia volvio a subir con dificultad y desapareció en la habitación. Inconscientemente me di cuenta que yo tambien ya me habia calentado. Mi hija se veía extraordinaria.
Diez minutos mas tarde aparece Sofia. ¡Dios! Un baby doll.
El conjunto de sosten y panties eran negros… le cubría transparente un velo del sostén al muslo color negro también. Las mismas medias de hace rato y las zapatillas.
Cuando Esther la vio, no pudo soportar y se sentó en el sofá para morderse su labio, mirar al techo de suplica y comenzar mas rápido a tocarse la entrepierna por encima del pantalón. Trataba de hacerlo discretamente pero ya no podia controlarse y se notaba es intencion. Don Pedro con la verga parada por dentro del pantalón la tomó nuevamente de la mano y la sentó en el sofá.
Cuando capturó la primera foto, Esther se levantó, lo tomó de los hombros con ambas manos y le susurró al odio algo, muy ansiosa. Don Pedro la miró, dejó la camara en la mesa y ambos le dijeron a Sofia:
—Sofía tendras que esperarnos aqui, por favor
—¿pero a donde van…?
—eeh, amm.. Guardaremos tu ropa.. subiré a acomodad tus cosas y Don Pedro va a ayudarme para que sea rápido, espera, bebé —le dijo Esther ya ansiosa y se llevó escaleras arriba a Don Pedro de la mano. Cerraron. La cara de mi hija era anonadada y triste. ¿Qué estaba haciendo Esther con todo esto?
Y sali del closet. Caminé a la sala.
—¿papá? ¿Donde estabas, que haces aqui? —me dijo Sofia sorprendida levantandose del sofá
—tranquila, hija. Vine a rescatarte. ¿Qué está pasando aqui?
—no lo sé, papá. Yo tampoco pensé que vendriamos con don Pedro. Te juro que yo no le dije nada a mamá, y fue extraño que me trajera. Luego me dijeron que me habian comprado ropa y que tenia que enseñarles cómo me quedaba. Me dijeron que tenia que subir, cambiarme y bajar para enseñarles en este sillon, y me acomodaron la ropa en la cama de arriba para poder ponermela una por una
—¿tu mamá no sabe que eres novia de Don Pedro?
—papí yo no le he dicho nada, te lo prometo
—esta bien, amor. Te creo
—aparte mi mamá se puso rara. Todo el tiempo esta pegada a don Pedro y don Pedro ya no me hacia caso.
Los gemidos de Esther comenzaron a escucharse. Creo que ya ni se acordaba que su hija estaba abajo.
—aaah… aaaah… no… te… pares, Pedro…. Aaaah
—tranquila, hija. Ya estoy aqui —volvió a decirle a Sofia para continuar la platica
—yo contigo sí me siento tranquila, papi —me abrazó Sofia tan fuerte que caí en el sillon. Sentí su espalda desnuda.
—¿Y sí me veo bonita con estos trajes, papi? —me preguntó mientras terminaba de sentarse en mi regazo para verme de frente
—muy bonita, mi amor. Tú siempre estás bonita.
—¿Tú me quieres mas que don Pedro?
—Claro que sí, mi amor. Tú eres mi todo
—entonces yo quiero que tú estés conmigo y no don Pedro.
Y me besó. Fue un beso tierno, de un segundo, pero lo hizo en mis labios
—¿A que te refieres, hija? —le pregunté sorprendido
—a que quiero hacer lo mismo que hacia con don Pedro pero en lugar de él que seas tú.
Me quedé atónito.
—¿qué… ah… no… no entiendo, amor…? ¿Q.. q.. qué hacias con el?
Y me nublé. Sofia volvio a besarme. Esta vez su lengua entró en mi boca. Le correspondí ese beso como nunca lo habia hecho y nuestras lenguas comenzaron a meterse a la boca del otro. Tanto, que el hilo de saliva de ambos ya se notaba cuando separabamos nuestros labios.
—Sofia, hija… —nos miramos por unos segundos que fueron eternos
—te amo, papí.
Y nos besamos nuevamente. Mis manos rodearon su culito, y ella se sentó totalmente sobre mi verga por encima de la ropa y comenzaba a frotarse
—Don Pedro se quitaba la ropa y era rico. ¿Tú tambien te la quitas porfis, papi?
—Claro que si, mi amor. Claro que sí.
Me levanté. Sofía se sentó para ver el espectáculo de como me quitaba la ropa. Comencé con la camisa. Desabotoné como pude y la saqué para un lado. Desabroché el cinturón, despues el botón con el cierre y bajé el pantalón. Obviamente los zapatos los hice a un lado. Pensé si dejarme los calcetines pero al final opté porque todo se fuera al carajo. Me los quité y me lancé con Sofia. La volví a besar ya sin escrúpulos y ella me metio su lengua llena de saliva a la boca. La tragué. Sofía me rodeo con los brazos y seguimos comiendonos la boca. Segundos despues que se me hicieron eternos, bajé al cuello de Sofia con besos y meti mis manos por debajo de su espalda para alzarla un poco y desabrochar el cierre del baby doll para posteriormente jalar todo hacia abajo y quitárselo. Sus pezones aun pequeños pero erectos de la excitación aparecieron. Solamente se quedó con el pequeño calzon color negro. Me quedé contemplándola. En ese momento no la veía como mi hija, mi mente estaba nublada y solo la veía con deseo de poseerla. Me di cuenta qué llevabamos ya unos segundos asi, sin hacer nada, solo viendonos. Sofia tambien me miraba, miraba mis ojos y bajaba a ver mi pene todo erecto.
Allí tenía a mi hermosa hija. Desnuda y esperando recibir de mí «amor». Me acerqué a ella y la contemplé. Acaricié suavemente su vientre, ella alargó la mano y me acariciaba el pene, sus dedos jugaban con mi glande bajando y subiendo el prepucio. Sus pequeñitos pechos querián levantarse,, me incline y comencé a acariciar con mi lengua aquel pezón que me desafiaba erecto. Al mismo tiempo mis dedos jugueteaban con su rosadito coño debajo del calzón. Sus piernas se abrieron al sentir mi contacto mientras su mano se aferraba a mi polla. Su otra mano acarició mi cabeza y su boca me regalaba suaves gemidos.
La miré a los ojos y le ofrecí mi boca. Sentí como la mano que tenía en mi nuca me atrajo hacia ella y su boca se preparaba para besarme. Nuestros labios se volvieron a unir y su lengua entró en mi boca. Su mano se agitaba con dificultad sobre mi polla mientras mis dedos exploraban su caliente y pequeño sexo. Dejé de besarla y me coloqué sobre el sofá, de rodillas junto a ella. Se colocó de costado y mi polla quedó delante de sus ojos. Su mano la agarró y miraba cómo mi glande salía de su encierro.
Su boca se abrió y sus labios rodearon la enrojecida cabeza de mi polla, daba succiones fuertes y un calambre de placer recorrió el tronco de mi miembro. La hundió en su boca hasta que llegó a su garganta. Empezó un suave movimiento con su cabeza y me mamaba. Alargue mi mano y acaricié su coño. Sus piernas se abrieron para que la tocara. No decíamos nada, ella mamaba sin parar mientras yo empecé a buscar los labios vaginales para abrirlos.
—¿D..d..donde… aprendiste… aah.. a hacer eso, hija? —alcancé a preguntarle con trabajo, porque me estaba matando de placer.
Ella no dijo nada. Se dedico a mamar y a mirarme a los ojos.
Unos minutos despues saco mi polla de su boca y nos volvimos a mirar.
—Cuando vine con Don Pedro… me enseñó a hacer eso, papi. Me dijo que una novia siempre debe hacer eso para que el novio sienta bonito
Nos volvimos a besar.. después dejé su boca y me dediqué a lamer y mamar sus pechos. Ella me acariciaba la cabeza mientras gemía levemente con los roces de nuestros sexos. Levantaba un poco las caderas y nuestro contacto se hacía más intenso. Me levanté y la hice girarse para poner sus manos sobre el respaldo del sofá. Bajé su calzón. Ahora tenía delante de mí su redondo culo. Mis manos amasaron sus nalgas mientras ella me miraba. Mi polla tenía la dureza propia de un hombre excitado cien por ciento.. Me eché sobre ella y mi polla se colocó donde quiso entre sus piernas. Dejé caer mi cuerpo sobre ella y apartó su pelo para ofrecerme su nuca.
Instintivamente mi boca se lanzó a morder su nuca y cuello mientras mis movimientos hacían que mi polla empujara allí abajo. Daba leves gemidos y gruñidos de placer. No estaba seguro donde daba mi polla, no sabía si era su culo o su coño, sólo sabía que no podía dejar de moverme para que mi hija disfrutara. Ella puso su culo un poco en pompa y mi polla acertó a introducirse entre los labios vaginales y mi glande comenzó a penetrar su vagina.
– ¡Ouf, sí, papá ! – Su culo se movió y su vagina estaba preparada para recibirme. – ¡Sí, papi que ricooo.
Empujé y sentí como el calor de su vagina iba envolviendo mi polla. Mi glande iba dilatando su vagina y el flujo constante que ella me regalaba hacía que la penetración fuera completa en poco tiempo. La dejé clavada por un momento, saboreando la sensación de estar completamente dentro de mi hija.
Agarré su pelo y giré su cabeza para unir mi boca a la suya mientras comenzaba a penetrarla con suavidad. Ella se retorcía y gemía de placer. Solté su pelo y ella agarró mi mano colocándola delante de su cara y mis penetraciones aumentaron de ritmo arrancándole gemidos de placer que cada vez eran más seguidos y fuertes. Mi pelvis golpeaba contra su culo produciendo sonidos que nos provocaban a los dos. Mis dientes hicieron presa en su cuello y me moví todo lo rápido que pude. Ella no decía nada, se limitaba a gemir y mover la cabeza enloquecida. Sin duda estaba sintiendo mucho placer y se estaría corriendo por los gruñidos que daba. Aquellos movimientos, mis penetraciones y sentir mi polla aprisionada en su vagina consiguieron que en poco tiempo sintiera un gran placer y quisiera correrme.
– ¡oh, hija…! – Le dije a mi Sofia y sentía que mi semen empezaba a subir por mi polla. – ¡Ya viene, ya va a salir!
– ¡Papi me haces muy rico! – Dijo entre gemidos y convulsiones.
Y con mucha dificultad logré sacarla. Un primer chorro salía justo cuando abandonaba aquel cálido refugio. La agarré y con la mano ayudé a dejar vacíos mis huevos lanzando mi leche sobre su redondo culo.
Nos quedamos asi por unos minutos, jadeando, pero mientras mas pasaba el tiempo comencé a darme cuenta de lo que habia hecho, y comenzó a llegarme el remordimiento a la cabeza
“¿Qué he hecho?” Pensé
Pero mi hija me sacó del trance. Jadeaba, y sus cabellos se pegaban a su frente.
— Papi sentí mas rico contigo que con don Pedro. Mejor tú tienes que ser mi novio. Ya no lo quiero a él
—¿Estás segura, mi amor? ¿Quieres que papi sea tu novio?
—Sí, sí, sí quiero, papi
—Esto es una locura, princesa. Sabes qué, vámonos antes de que baje tu mamá —le dije y empecé a recoger mi ropa, me puse el boxer, los calcetines y continué con lo demas
—pero mi ropa está arriba en el cuarto donde está mi mamá y don Pedro, papi —me dijo con cara de puchero Sofia. Se veia preciosa con esa carita. Nunca la habia mirado de otra manera, pero despues del sexo y justo en ese momento, miré su cara de mujer, una mujercita pequeña demasiado hermosa.
—No importa, amor. Vámonos asi. Envuelvete la sabana del sofa. Llegando a casa te cambias
Inmediatamente jalé la tela que cubría al sofá en el que hicimos el amor y se lo di. Sofia lo tomó y comenzó a cubrirse. Terminé de cambiarme, y como ella estaba descalza decidi cargarla y llevarla asi hasta el auto. Justo cuando iiba a abrir la puerta, escuché a Esther
—Ramiro ¿Qué haces aqui?
Giré para verla. Bajaba ya vestida pero estaba descalza. Don Pedro detrás de ella sobre el ultimo escalón igual descalzo. La cara de Esther era de miedo. Sin hacerles caso, salí, les cerré por fuera y corri cargando a Sofia rumbo al auto.


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