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Heterosexual, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

el abuelo suertudo 3

por fin el abuelo logra tener lo que tanto ha deseado desde hace tiempo .
C3: La Nieta consentida y deseada

Sofy salió del baño, limpia y vestida, su rostro aún sonrojado por la experiencia. Se sentó en el borde de la cama junto a Any, ambas mirando a Carlos con una mezcla de curiosidad y expectativa. La toalla que Carlos había colocado sobre la cama ahora estaba arrugada en el suelo, y la mancha de sangre de Sofy mezclada con la de Any era visible en la sábana.

Carlos se volvió hacia Andy, su nieta, que había observado todo con los ojos muy abiertos. Su pequeño cuerpo temblaba ligeramente, pero no de miedo, sino de excitación. Sus ojos verdes brillaban con una mezcla de curiosidad y deseo, sus labios entreabiertos, su respiración acelerada.

«¿Y tú, Andy?», preguntó Carlos, con voz suave pero cargada de lujuria contenida. «¿Quieres aprender la lección también?»

Andy sonrió ampliamente, sus ojos verdes brillando con entusiasmo. Asintió con energía, sus cabellos oscuros saltando sobre sus hombros desnudos.

«¡Sí, abue!», exclamó, con voz alegre y vibrante. «¡No sería justo que yo fuera la única niña que no ha sido follada! Las niñas que nos mostraron el video se burlarían de mí por ser la única virgen. Y además…», bajó la voz, sonrojándose, «vi que a Sofy le estaba gustando al final, después de perder su virginidad. Y confío en ti, abuelo. Sé que me tratarás bonito y harás que lo pase bien.»

Carlos sintió cómo su corazón latía con fuerza, su polla palpitando dentro de sus pantalones. No podía creer lo que estaba escuchando. Su nieta, su pequeña Andy, se estaba ofreciendo voluntariamente. Había deseado este momento desde que ella cumplió nueve años, cuando comenzó a notar su belleza infantil, cuando la veía correr por el jardín con su vestidito corto, cuando la sentaba en sus rodillas y sentía su pequeño culito contra su polla. Había pasado noches enteras fantaseando con este momento, masturbándose en la ducha mientras imaginaba cómo sería tenerla, cómo se sentiría su pequeño cuerpo bajo el suyo, cómo gemiría cuando la penetrara.

Y ahora, su fantasía más depravada estaba a punto de hacerse realidad.

¡Por fin!, pensó, su mente llena de imágenes obscenas. ¡Por fin voy a follar a mi nieta! ¡La he deseado tanto, tantas noches imaginando esto! ¡Es mía, completamente mía!

«Ven aquí, mi niña», dijo, sus ojos brillando con lujuria desenfrenada. «Muéstrame lo mucho que quieres aprender.»

Andy no necesitó que le dijera nada más. Con entusiasmo, comenzó a desvestirse. Se quitó el suéter abierto, dejándolo caer al suelo con un susurro de tela. Luego el top blanco, que se deslizó por su piel morena. Sus pequeños pechos quedaron al descubierto: dos montículos diminutos, apenas comenzando a desarrollarse, con pezones color canela hinchaditos que ya comenzaban a endurecerse con la excitación.

Carlos jadeó audiblemente, sus ojos devorando cada centímetro de su piel. Mira esos pezones, pensó, tan pequeños, tan perfectos. Quiero chuparlos hasta que grite.

Andy se quitó la minifalda a cuadros, dejándola caer al suelo, y luego sus braguitas, quedando completamente desnuda. Su piel morena latina brillaba bajo la luz de la habitación, suave y tersa como seda. Sus piernas eran largas y bien torneadas, sus caderas apenas comenzando a esbozar una curva. Su vientre era liso, y entre sus piernas, una pequeña rendija rosada, completamente lisa, sin un solo vello púbico.

Mira ese coñito, pensó Carlos, su polla palpitando con fuerza. Es tan pequeño, tan apretado. No puedo esperar para meter mi verga ahí.

Andy corrió al baño y tomó una toalla limpia, volviendo a la habitación. La extendió sobre la cama, cubriendo la mancha de sangre de Sofy, y se recostó boca arriba sobre ella. Ya sabía lo que tenía que hacer: flexionó sus rodillas y abrió bien sus piernas, tal como había visto hacer a Any y a Sofy.

Carlos la miró, su mirada la de un depredador. Un lobo a punto de lanzarse sobre su presa. Pero primero, necesitaba asegurarse de tener toda la energía posible.

«Espérenme un momento», dijo, dirigiéndose al baño.

Una vez dentro, se desnudó por completo. Su polla estaba completamente erecta, no grande ni gruesa, pero para follar con las niñas sería adecuada, y estaba pulsante de deseo, la punta enrojecida y cubierta de un líquido viscoso. Se sirvió un vaso de agua y tomó una pastilla azul, la pequeña píldora que le aseguraría mantenerse erecto durante horas. Quería disfrutar de su nieta todo el tiempo posible, quería que esa tarde fuera inolvidable.

Esta pastilla me mantendrá duro por horas, pensó, tragando la pastilla con un sorbo de agua. Podré follar a mi nieta una y otra vez, hasta que me canse. Y no me cansaré pronto.

Cuando salió del baño, completamente desnudo, su polla erecta apuntando hacia adelante, las tres niñas lo miraron con los ojos muy abiertos. Andy, en particular, lo observó con una mezcla de miedo y excitación, sus ojos verdes fijos en su verga.

Carlos se acercó lentamente a la cama, sus ojos clavados en el pequeño cuerpo de su nieta. Se arrodilló entre sus piernas abiertas y bajó su rostro hacia sus pequeños pechos.

«Has sido una niña muy valiente, Andy», susurró, antes de tomar uno de sus pezones entre sus labios.

Comenzó a chuparlo suavemente, luego con más intensidad. Andy gimió, su cuerpo tensándose.

«¡Abuelo…!», jadeó, sus manos aferrándose a las sábanas.

«Shhh…», susurró Carlos, sin dejar de chupar. «Déjame disfrutar de ti, mi niña. He deseado esto durante tanto tiempo…»

Pasó largos minutos chupando, succionando y lamiendo los pequeños brotes que eran los senos de su nieta. Al pasar los minutos lo hacía cada vez con más desesperación, con lujuria extrema, como si quisiera devorarla por completo. Su lengua áspera recorría sus pezones, sus dientes los mordisqueaban suavemente, sus labios los succionaban con avidez. Andy gemía suavemente, sus caderas moviéndose involuntariamente.

Mmm… qué ricos son estos pezones, pensó Carlos, mientras chupaba. Tan pequeños, tan tiernos. Quiero chuparlos para siempre. Quiero marcar este cuerpo con mis besos, mis mordidas, mi saliva.

«Desde que tenías nueve años te he deseado, Andy», dijo Carlos, separando apenas sus labios de sus pezones. «Siempre te he querido tener así, desnuda, debajo de mí. Eres mi nenita preciosa, mi pequeña princesa.» Se separó un momento de esas pequeñas tetas casi inexistentes y hablo dirigiéndose a las tres niñas, «ahora aprenderán lo que es follar con amor, las diferentes cosas que pueden sentir y hacer para follar como es debido».

Andy y las otras niñas sonrieron, sin comprender completamente las palabras del abuelo. Para ellas, era solo una muestra de cariño. No se daban cuenta de la lujuria depravada que ardía no solo en los ojos, sino en la mente de aquel aparentemente tierno abuelo.

Carlos continuó chupando sus pezones por un largo tiempo, alternando entre uno y otro, sus manos recorriendo su pequeño cuerpo. Luego, bajó lentamente, besando su vientre liso, sus caderas, hasta llegar a su entrepierna.

Andy jadeó cuando sintió la boca de su abuelo sobre su coñito. Carlos comenzó a besar, chupar y succionar su pequeña vulva, su lengua recorriendo sus labios menores, encontrando su pequeño clítoris.

«¡A-abuelo!», gimió Andy, su cuerpo arqueándose. «¡Eso… eso se siente…!»

«¿Rico?», preguntó Carlos, sin dejar de lamer, su lengua deslizándose por su pequeña abertura.

«Sí…», jadeó Andy. «¡Se siente rico!»

Carlos continuó chupando y succionando su coñito por largo rato, disfrutando del sabor de su nieta. Su lengua se deslizaba por su pequeña abertura, sus labios succionaban su clítoris, sus dedos acariciaban sus labios menores. Andy gemía sin control, sus caderas moviéndose al ritmo de su lengua.

Mmm… qué rica está mi nieta, pensó Carlos, su lengua lamiendo su coñito. Su sabor es tan dulce, tan puro. Quiero devorarla entera. Quiero que este coñito sea mío para siempre.

Pronto, su coñito estaba completamente lubricado, brillante de sus fluidos. Carlos se incorporó, alineando su verga con su entrada. La punta de su polla presionaba contra su pequeña abertura, estirando los músculos que nunca habían sido tocados.

«¿Lista, mi niña?», preguntó, con voz ronca.

Andy asintió, mordiéndose el labio. «Sí, abuelo. Sé que dolerá, pero después se sentirá rico.»

Carlos sonrió y empujó. Su verga rompió el himen de Andy en una sola embestida, enterrándose hasta los huevos.

«¡AAAAHHH!», gritó Andy, su cuerpo arqueándose de dolor. Lágrimas brotaron de sus ojos verdes, rodando por sus mejillas morenas y sus brazos abrazaron a su abuelo.

Carlos se quedó quieto, su verga enterrada dentro de su nieta. Podía sentir cada músculo de su pequeño coño apretándose alrededor de su polla, la resistencia de su cuerpo virgen. El calor de su interior era abrumador, succionándolo.

¡Dios mío, qué apretada está!, pensó Carlos, jadeando. ¡Mi verga está enterrada hasta los huevos en el coñito de mi nieta! ¡Es tan caliente, tan húmedo, tan perfecto!

Andy lo abrazó, aferrándose a él, sus brazos rodeando su cuello. Carlos la besó en la boca, suavemente, tranquilizándola. Su lengua se deslizó entre sus labios, encontrando la suya.

«Shhh… ya pasó, mi niña», susurró contra sus labios. «El dolor pasará pronto. Solo respira.»

Andy respiró hondo, sus lágrimas secándose lentamente. Lo miró y le sonrió débilmente.

«Ya está pasando abue», le dijo la niña con una tierna vocecita.

«Ya pasó», dijo Carlos. «Ahora comenzará a sentirse rico.»

Comenzó a moverse lentamente, sacando su verga casi por completo y volviendo a meterla con suavidad. Andy gimió, su cuerpo tensándose.

«¡Ah… abue…!»

«Shhh… relájate, mi niña», susurró Carlos. «Déjame cuidarte.»

Continuó moviéndose, lento y deliberado, cada embestida un poco más profunda. Andy gemía suavemente, el dolor desvaneciéndose lentamente, reemplazado por una sensación extraña, desconocida.

«Eres tan hermosa, Andy», dijo Carlos, jadeando. «Tan perfecta. Siempre he querido tenerte así.»

«¿De verdad, abue?», preguntó Andy, sonriendo.

«De verdad», dijo Carlos. «Eres mi nieta favorita. La niña más hermosa que existe.»

Andy sonrió, sintiéndose amada y especial. Carlos aumentó gradualmente el ritmo, sus embestidas más profundas y fuertes.

«¡Mmm… abuelo…!», gimió Andy. «¡Ya no duele… se siente… rico!»

«Eso es, mi niña», jadeó Carlos. «Disfrútalo.»

Pero en su interior, sus pensamientos eran oscuros y depravados. La estoy violando, pensó, mientras sus caderas se movían contra el pequeño cuerpo de su nieta. Estoy violando salvajemente a mi propia nieta, como siempre quise. Y ella no se da cuenta. Cree que esto es amor, que esto es normal. La pobre pendejita no sabe que la estoy destrozando, que la estoy convirtiendo en mi putita.

Aumentó la intensidad de sus embestidas, convirtiéndolas en embestidas salvajes y llenas de excitación extrema. Sus caderas chocaban contra el pequeño cuerpo de Andy, el sonido húmedo de su verga entrando y saliendo de su coño llenando la habitación. La cama crujía bajo el peso de sus movimientos.

«¡A-abuelo!», gimió Andy, aferrándose a él. «¡Es muy fuerte…!»

«Es normal, mi niña», jadeó Carlos. «Solo aguanta un poco más.»

¡Sí, así, pinche putita!, pensó Carlos, mientras embestía con furia. ¡Toma toda mi verga! ¡Siéntela hasta el fondo! ¡Eres mi putita ahora, mi pequeña putita! ¡Te voy a violar hasta que no puedas caminar!

Sus embestidas se volvieron más salvajes, más profundas, más brutales. Su polla se deslizaba dentro y fuera del pequeño coño de su nieta, lubricado por sus fluidos y la sangre de su virginidad. El sonido era obsceno, húmedo, llenando la habitación.

¡Mira cómo la estoy destrozando!, pensó Carlos, sus ojos clavados en el rostro de su nieta. ¡Mira cómo gime, cómo se retuerce! ¡Y cree que esto es amor! ¡La pobre no sabe que la estoy violando, que la estoy usando como una puta!

«¡Eres la niña más hermosa que existe!», dijo en voz alta, para que las otras niñas escucharan. «¡Mi nieta favorita!»

Andy sonrió, soportando las embestidas salvajes de su abuelo. Pensaba que era normal, que así era como se follaba. No se daba cuenta de que su abuelo la estaba violando, que sus pensamientos eran oscuros y depravados.

¡Sí, sonríe, mi pequeña putita!, pensó Carlos, mientras la embestía. ¡Sonríe mientras tu abuelo te viola! ¡No sabes lo que te espera! ¡Te voy a tener siempre, siempre que quiera! ¡Serás mi putita personal!

Carlos continuó embistiéndola, su polla deslizándose dentro y fuera de su pequeño coño. Podía sentir su semen acumulándose, listo para explotar. Sus huevos chocaban contra su pequeño culito con cada embestida.

«¡Voy a llenarte, mi niña!», gruñó.

«¡Sí, abuelo!», gimió Andy. «¡Lléname!»

¡Así, pinche putita!, pensó Carlos. ¡Voy a llenarte de mi leche! ¡Voy a dejar mi semen dentro de ti para que lo sientas por días! ¡Serás mia, completamente mía!

Con un gruñido profundo, Carlos se corrió, su semen caliente inundando el útero de su nieta. Andy gimió, sintiendo el líquido caliente llenándola, una sensación extraña pero placentera.

Carlos se quedó quieto por un momento, su verga aún enterrada dentro de ella. Luego, la besó delicadamente, sin sacarle la verga.

«Eres mi princesa», susurró. «¿Te ha gustado?»

«Sí, abuelo», dijo Andy, sonriendo. «Me ha gustado mucho.»

Carlos sonrió, acariciando su mejilla. Luego, una idea malvada cruzó su mente. Aún no he terminado con mi nieta, pensó. Quiero probar su culito también. Quiero tenerla de todas las formas posibles.

«¿Quieres que hagamos otras cosas?», preguntó. «Para que sigan aprendiendo cómo se folla.»

Andy abrió los ojos con sorpresa. «¿Hay otras cosas?»

«Sí», dijo Carlos, en voz alta para que las otras niñas escucharan. «Te la puedo meter por tu culito. También dolerá al principio, pero después será rico. Aunque no tanto como con tu coño.»

Andy lo pensó por un momento. Luego, asintió lentamente.

«Lo haré», dijo. «Pero me prometes que lo harás delicadamente, ¿verdad? Porque me dolió mucho cuando embestías con mucha fuerza.»

«Te lo prometo», dijo Carlos, con voz suave. «Seré delicado.»

Mentira, pensó, con una sonrisa interna. Seré tan rudo como quiera. Pero ella no lo sabrá hasta que sea demasiado tarde.

Andy sonrió. «Entonces, sí.»

Any y Sofy se miraron, sorprendidas. No podían creer que Andy estuviera dispuesta a hacer eso.

Carlos se dirigió al baño y tomó un lubricante que guardaba allí. Regresó a la habitación y le pidió a Andy que se pusiera en cuatro sobre la cama, al borde de esta.

Andy obedeció, poniéndose en cuatro patas, su pequeño culito redondo levantado en el aire. Carlos se colocó detrás de ella y aplicó lubricante en su ano, acariciándolo suavemente.

«Relájate, mi niña», susurró. «Esto dolerá un poco, pero te prometo que seré delicado.»

Metió un dedo lubricado en su ano, estimulándolo suavemente. Andy gimió, su cuerpo tensándose.

«¡Abuelo…!»

«Shhh… relájate», dijo Carlos, moviendo su dedo dentro de ella.

Mmm… qué apretado está este culito, pensó Carlos, mientras movía su dedo. No puedo esperar para meter mi verga ahí. Será como violar su coño otra vez.

Después metió otro dedo, ahora la niña tenía dos dedos metidos en su ano que sorprendentemente parecía cooperar, después de unos minutos, se untó lubricante en su verga y la alineó con el ano de su nieta. Comenzó a penetrarla lentamente, con delicadeza.

«¡Ah…!», gimió Andy, su cuerpo tensándose.

«Shhh… ya casi está», susurró Carlos. «Aguanta un poco más.»

Empujó lentamente, su verga penetrando el pequeño ano de su nieta. Andy gimió de dolor, pero Carlos continuó con delicadeza, sin apresurarse.

Cuando sus huevos tocaron su culito, se detuvo por un momento, dejando que su cuerpo se acostumbrara, ese pequeño ano había recibido la verga de Carlos sorprendentemente con poco dolor. Luego, comenzó a sacar y meter su verga lentamente, con delicadeza.

Esta putita es una verdadera delicia, pensó, mientras se movía dentro de su nieta. Es una pendejita que se ha dejado engañar por su abuelo. Estar follándola es el paraíso, el sueño hecho realidad de cualquier pedófilo. Soy el hombre más feliz y suertudo del mundo. Estoy en la gloria, follando con tres niñitas putitas solo para mí, y ellas mismas lo han querido.

«Eres la niña más bonita y perfecta que existe», dijo en voz alta. «Y eres la mejor nieta porque has hecho feliz a tu abuelo.»

Andy sonrió, soportando el dolor. Pronto, el dolor comenzó a desvanecerse, reemplazado por una sensación extraña.

«Ya no duele tanto, abuelo», dijo.

«Te lo dije», respondió Carlos. «Pronto será rico.»

Continuó moviéndose dentro de su ano, sus embestidas suaves y delicadas. Pero en su interior, sus pensamientos eran salvajes. ¡Mira cómo se mueve mi verga dentro de su culito! ¡Es tan apretado, tan caliente! ¡Esta putita es mía, completamente mía! ¡La voy a follar por el culo cada vez que quiera!

Después de varios minutos, se corrió dentro de su intestino, su semen caliente llenándola.

«¡Mmm…!», gimió Andy.

Carlos se retiró lentamente y la besó en la frente.

«Ahora solo falta una cosa más», dijo. «Tienes que chuparme la verga.»

Andy lo miró con curiosidad. «¿Chuparla?»

«Sí», dijo Carlos. «Es parte de aprender a follar. Déjame lavarme primero.»

Se dirigió al baño y se lavó la verga, luego regresó. Se sentó en el borde de la cama, su verga aún erecta.

«Arrodíllate frente a mí», dijo. «Y toma mi verga con tu boca.»

Andy obedeció, arrodillándose frente a él. Tomó su verga con sus pequeñas manos y la miró con curiosidad.

«¿Así?», preguntó.

«Sí», dijo Carlos. «Abre la boca y tómala. Muévela dentro de tu boca, como si estuvieras chupando una paleta.»

Andy abrió la boca y tomó la verga de su abuelo. Comenzó a chuparla, moviendo su cabeza hacia adelante y hacia atrás.

«¡Mmm… así, mi niña!», jadeó Carlos. «¡Eso es!»

¡Mira a mi nieta chupándome la verga!, pensó, mientras sus manos acariciaban su cabeza. ¡Es tan inocente, tan sumisa! ¡No sabe que la estoy usando como una puta! ¡Así, pinche putita, traga toda mi verga!

«Más profundo», dijo en voz alta. «Tómala más profundo.»

Andy obedeció, tomando más de su verga en su boca. Carlos gimió de placer, sus manos guiando su cabeza.

«¡Sí… así…! ¡Eres tan buena, mi niña!»

¡Eso es, mi pequeña puta!, pensó Carlos. ¡Chupa mi verga como la putita que eres! ¡Trágatela toda! ¡Quiero sentir tu garganta!

Después de varios minutos, Carlos sintió que estaba a punto de correrse.

«Voy a llenarte la boca, mi niña», jadeó. «Trágatelo todo, ¿entendido?»

Andy asintió, sin dejar de chupar. Con un gruñido, Carlos se corrió, su semen llenando la boca de su nieta.

«Trágatelo», dijo, con voz ronca.

Andy tragó, haciendo una mueca por el sabor. Carlos sonrió, satisfecho.

Así, pinche putita, pensó. Trágate toda mi leche. Es tu recompensa por ser mi putita.

«Eres una buena niña, Andy», dijo, acariciando su mejilla. «La mejor nieta que un abuelo podría tener.»

Andy sonrió, sintiéndose orgullosa. Carlos la ayudó a levantarse y la abrazó, besándola suavemente.

«Ven, recuéstate conmigo», dijo, acostándose en la cama.

Andy se acostó junto a él, y Carlos la abrazó, acariciando su espalda suavemente. Any y Sofy se acercaron, sentándose en el borde de la cama.

Carlos las miró, sus ojos recorriendo sus pequeños cuerpos. Extendió sus manos y comenzó a acariciar sus piernas, apretando sus culitos redondos.

«Son unas niñas tan hermosas», dijo, con voz suave. «Tan perfectas.»

Y todas serán mías, pensó. Las tendré a todas, cuando quiera. Son mis putitas, aunque no lo sepan todavía.

Las tres niñas sonrieron, sintiéndose halagadas y especiales. Carlos continuó acariciándolas por un largo tiempo, disfrutando de la sensación de su piel suave.

Finalmente, se incorporó y las miró.

«Ahora ya son niñas importantes», dijo. «Como las otras niñas que les mostraron el video. ¿Cuántas eran ellas?»

«Cuatro», dijo Any. «Y una de ellas ya tiene 11 años y se ha desarrollado antes. Tiene unas tetas grandes y un culo más redondo y grande que el nuestro.»

Carlos sonrió, una idea malvada cruzando su mente. Pronto tendré a esa también, pensó. Y a las otras dos. Serán todas mías.

«Entonces ahora pueden decirles que no creen que ellas ya hayan sido folladas», dijo. «Que si es cierto, deberían probarlo. Y ustedes tres ya saben cómo detectar si lo que dicen es verdad.»

Las niñas se miraron, asintiendo con entusiasmo. Carlos sonrió, satisfecho.

«Ahora vístanse», dijo. «Deben irse a casa, y esto no deben contárselo a nadie, pues los adultos se enojarían mucho y sus compañeros no lo entenderían y podrían molestarlas, así que será nuestro juego secreto, de acuerdo?»

Las niñas asintieron, prometiendo no contar nada a nadie, se vistieron rápidamente, y Carlos las acompañó de regreso al parque. Se despidió de ellas con un beso en la frente y las vio alejarse, sus pequeños cuerpos moviéndose bajo sus minifaldas.

Regresó a su casa, una sonrisa depravada en su rostro. Su fantasía se había hecho realidad. Y sabía que volvería a tenerlas pronto.

12 Lecturas/26 de octubre de 2026/0 Comentarios/por darkjuan
Etiquetas: abuelo, baño, culito, culo, follando, follar, semen, virgen
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