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Heterosexual, Infidelidad

El amanecer del año 1982

Esto sucede cuando yo, esposa a punto de cumplir 32 años, tengo sexo con cuatro hombres en casi seis horas. No piensen mal, no fueron en la misma sesión, yo no era tan promiscua entonces..
Esto me sucedió hace más de 40 años.

Terminó la cuenta regresiva. Mi abuela, mis padres, mis hijos, mis hermanas con sus respectivas parejas, algunos tíos y primos gritamos alegres al unísono. En ese momento, Saúl, mi marido me abrazó y me metió a una de las recámaras de la casa de mis padres cerrando la puerta por dentro.

–¡Feliz año Nuevo, mi Nena! –exclamó Saúl dándome un abrazo.

–¡Feliz año Nuevo, mi amor! –contesté abrazándolo y me besó.

En ese momento, en un santiamén me levantó la falda, me hizo a un lado el puente de las pantaletas y me introdujo su pene, que seguramente sacó de la bragueta un par de segundos antes de abrazarme, cargándome como lo hacíamos regularmente diez años antes en la cochera de la casa, durante el noviazgo, cuando se retiraba a su casa.

Yo me sorprendí, pero me encantó esa manera de desearme felicidad. En realidad, me encantaba el sexo, no sólo con él, sino también con mis dos amantes (el primero desde 1973 y el segundo desde 1978) y, eventualmente, algunos más. Pasó lo que nos gustaba hacer, incluida otra descarga acostados, me acomodé la ropa y salimos a dar el abrazo a los demás.

Casi media hora después, llegaron unas primas que viven cerca y se volvió a armar el alboroto y los abrazos. Todos preguntando por el tío (hermano de mi papá) y su esposa y si venían con ellas.

–¡Felicidades Tita! –me dijo Chabela y añadió en voz baja en el oído–, Te espera alguien en la camioneta, allá afuera.

Ya no pude preguntar de quién se trataba ni por qué se quedó afuera pues Chabela siguió repartiendo abrazos. Decidí salir y me encontré que Roberto estaba sentado en el asiento trasero con la puerta abierta. Entendí por qué no pasó. Roberto es mal visto por mi padre, pero ahí estaba. Sin levantarse, abrió los brazos esperándome.

–¡Ven conmigo, patojita linda! –dijo y me lancé sobre él, quedando acostados en el asiento– Quiero ser quien te dé el primer abrazo completo de este año.

Cuando me vio salir, encendió el tocacintas y se escuchó la canción con la que bailamos y nos dimos el primer beso, hacía 12 años. Fue tan rápido como Saúl pues se bajó los pantalones y la trusa a las rodillas y me bajó las pantaletas con gran maestría, dada la posición en la que estábamos. Yo misma me acomodé su pene en la entrada de la vagina y, antes que terminara la canción todo estaba consumado. Lo bueno es que yo usaba DIU, si no…Al concluir la canción, sin despegarnos, nos sentamos y él se acomodó un poco el pantalón. Hubo más besos.

–Me voy, amor, antes que se den cuenta –le dije dándole un último beso.

Recogí las pantaletas del piso de la camioneta y, al tratar de ponérmelas, me di cuenta que le dejé el pantalón de Roberto con el escurrimiento de su semen y el que aún tenía de mi esposo. Traté de limpiarlo con mi prenda íntima, pero él dijo “No te preocupes, yo lo hago, adiós, porque parece que alguien viene”, dijo de manera apurada quitándome de la mano mis calzones para terminar de limpiarse y yo me escabullí donde no podrían verme.

El caso es que Roberto había traído a las primas y se retiró en la camioneta. Seguramente se quedó con la idea de que él me dio la primera cogida del año y que las pantaletas tenían solamente su semen y mi humedad…Para qué iba yo a hacerle aclaraciones…

Media hora después, mis primas dijeron que ya se iban caminando “Al fin que está cerca”. “No, que las lleven, son como dos kilómetros y es muy noche”, dijo mi mamá tratando de buscar a mi papá, quien ya se había acostado pues se sintió mal. “Tita, dile a Saúl que las lleve”, me ordenó. Fui a buscar a mi marido, pero estaba contándoles un cuento a los niños y sólo le avisé que iba a dejar a mis primas.

Nos subimos al auto y llegamos a su casa, al bajarse dijeron “Aún hay luz y se ve gente, pasa a saludar a mis padres” y bajé. En efecto, estaban mis tíos atendiendo a Antonio, un vecino y viejo amigo de la familia que pasó a felicitarlos. Después de las salutaciones con los buenos deseos para el año nuevo, me despedí. Antonio dijo “¿Me puedes acercar un poco a mi casa?”

–¡Claro!, sé que vives en la misma cuadra que mis papás, vámonos –le urgí.

Debo aclarar que conozco a Antonio, quien siempre me pareció muy majo, pero él no nos tiraba ni un lazo. Yo era una niña quinceañera, y él me lleva más de cinco años, además tenía novia con quien se casó y pronto se divorciaron. Cuando se subió al auto, me llegó su olor a macho y yo andaba ganosa con dos eyaculaciones recibidas en tan poco tiempo, pero me faltaron varios orgasmos en cada ocasión. Mi falda quedó a medio muslo y, además, ¡yo no traía calzones! Mi olor también hizo de las suyas, pues Toño tartamudeaba un poco.

–¿Ya tienes alguien en capilla? –le pregunté con coquetería manejando muy despacio.

–A… a qué te, te refieres –contestó mirando mis muslos.

–Que si ya tienes a alguien para casarte o para calmar tus deseos sexuales –me lancé.

–No, no pienso volver a casarme, ni comprometerme con alguien, aunque sí sé que es difícil tener sexo sin acudir a una prostituta, ya llevo casi dos años así –contestó francamente, pero con voz titubeante.

Me estacioné frente a su casa y apagué el motor para seguir platicando.

–¿Acaso ya no te gustamos las mujeres? –dije moviendo mis piernas hacia donde él estaba sentado y se quedó serio y callado, seguramente porque divisó pelos en el fondo de mis piernas–. Perdón si te incomodé, ya llegaste–dije con sequedad, me acomodé en mi asiento y me bajé la falda hasta la rodilla.

–No, no. Tita, no te enojes –dijo antes de ponerse a besarme y a abrazarme.

–Así no puedo enojarme, Toño –dije y le correspondí el beso.

De inmediato le abrí el cierre y saqué, con trabajos, la gran erección que le palpitaba lagrimeando presemen al mismo compás. Di una lamida al glande para saborear lo que soltaba y me senté sobre él comenzándolo a besar. La expresión “resbaló como cuchillo caliente en mantequilla” se queda corta. Me remolineé en su palo y en muy poco tiempo se vació. Ese pantalón quedó peor de manchado que el de Roberto., y yo no traía con qué limpiarlo ni limpiarme yo. Afortunadamente yo traía una bufando que me quité y la coloqué en el asiento del chofer, adonde me cambié para esperar a que Antonio se repusiera. Le limpié el pene y los vellos con la boca, saboreando su semen, antes de guardárselo con facilidad por lo exangüe que lo tenía.

–¡Ay, Tita! No sé por qué lo hiciste, pero te lo agradezco –dijo en tono de recriminación que cambió al de agradecimiento.

–La verdad, siempre me gustaste. Hoy vi la oportunidad de hacerte un favor y vengarme de tu indiferencia anterior. Espero que ahora me consideres en tus masturbaciones… –confesé cínicamente–. Adiós –dije para obligarlo a bajarse.

–Adiós, Tita, y gracias –reiteró.

En cuanto Antonio se bajó del auto lo eché a andar y avancé los 50 metros que me faltaban para llegar a casa de mis padres. Bajé del auto después de limpiarme el interior de los muslos con la bufanda y en ese momento llegó un vehículo más, el cual, al apagar su luz, reconocí la combi de Eduardo quien se bajó. De inmediato corrí hacia él, nos besamos y fuimos a la combi y sin mediar más nos acostamos en la parte de atrás que ya había acondicionado Eduardo como cama. Cubiertos por las cortinas de las ventanillas de cualquier mirada curiosa del exterior comenzamos una sesión de amor. Yo con la falda levantada y Eduardo con los pantalones en los pies. Al subirse mi amante sobre mí, me penetró con la misma facilidad con la que me ensarté en Toño. No era necesario que existieran o no las cortinas para saber lo que pasaba adentro, la combi se movía como batidora por nuestra euforia.

En menos de diez minutos, yo disfruté de varios orgasmos y Eduardo eyaculó dos potentes chorros de semen. ¡Dios mío, yo traía ya un batidillo de semen en mi vagina!, y era de cuatro machos distintos. Al separarnos le chupé el pene a Eduardo y le extraje un chorrito más, mientras que, con la otra mano, trataba de limpiarme con la bufanda que ya estaba húmeda con la lefa de Toño.

–Me voy amor, me están esperando. Te deseo un feliz año –dije y me bajé dejándolo con la palabra en la boca.

Al entrar a la casa me quedé allí un rato. Fui por unas pantaletas al cuarto de mi hermana y me las puse y dejé la bufanda en el bote de la ropa sucia y regresé a la sala. Me despedí de todos y me fui a la recámara que nos habían asignado.

–¿Cómo te fue, mi Nena puta? –preguntó Saúl, quien utiliza el calificativo “puta” cuando sabe que otro me ha cogido.

–Bien, ¿qué esperabas? –dije comenzándome a desvestir.

–Sí, se nota, traes las piernas chorreadas y muy húmedas las pantaletas –señaló tomándolas en la mano.

–¿Se te olvida que me cogiste hace rato? –señalé para justificarme.

–No, también recuerdo que las pantaletas eran blancas… –dijo con sorna.

–Pues recuerdas mal –dije, y me tumbó en la cama para lamerme la panocha.

–También te amo puta, mi Nena –dijo al penetrarme, después de haberse saboreado los residuos del coctel.

En la mañana, me desperté con su boca en mi pepa. Sólo abrí las piernas y disfruté las caricias de su lengua…

 

 

9 Lecturas/14 enero, 2026/0 Comentarios/por Tita
Etiquetas: hermana, hermano, padre, primos, semen, sexo, vagina, vecino
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