El Campamento 2
historias de padres e hijas.
Capítulo IV
La vuelta a casa fue un torbellino de emociones para Lucía. Cada vez que miraba a Martín, no veía solo a su padre, sino a su hombre, a su confidente, a la fuente de un placer que había descubierto y que ahora ansiaba con cada fibra de su ser. El secreto que compartían era un fuego ardiente que los consumía, y la rutina diaria se convirtió en el escenario perfecto para sus encuentros clandestinos. Besos, caricias, promesas de tiempo juntos.
A la mañana siguiente, mientras Martín la llevaba en el auto al colegio, la tensión era palpable. Lucía no pudo contenerse. Recordo cada palabra de Ale, las cosas que haciabcon su padre antes d ir a la escuela. Con una audacia que la sorprendía a sí misma, se desabrochó el cinturón, se inclinó sobre el asiento y, sin decir una palabra, liberó el miembro ya erecto de Martín. Lo tomó en su mano, sintiendo esa dureza y calor que tanto la había fascinado, y comenzó a chuparlo con la misma avidez que en la carpa. Martín tuvo que concentrarse para no salirse de la carretera, el placer era tan intenso que le nublaba la vista. Cuando llegó el momento, Lucía, como una alumna aplicada, se lo tragó todo, limpiándolo con su lengua antes de sentarse de nuevo, con una sonrisa de triunfo. Ese acto se convirtió en su ritual matutino y vespertino, un secreto delicioso que los mantenía unidos durante el día.
Pero la confesión de su amiga Ale resonaba en su cabeza. Quería más, quería experimentarlo todo. Esa misma tarde, se encontró con Ale en el patio del colegio. La amiga, con su sonrisa cómplice, no tardó en sacar el tema.
—¿Y? ¿Lo disfrutaste campamento? —preguntó Ale con un guiño.
Lucía, sonrojada, asintió. — Un poco si….mas o menos como vos…jiji
—Te lo dije —rió Ale—….sabia que te iba a gustar, tu papa es hermoso, y seguro que te tenia ganas. Contame como fue…..
Lucia comenzo el relato, de como lo miro decidida todo el dia a los ojos, de como trato de abrazarlo y rozarlo, de decirle cosas, de mostrarle el cuerpo lo mas que se podia. Y de como se fueron a dormir juntos.
-Pero eso es solo el principio- Dijo Ale, fascinada con lo que su amiga le relataba. -¿Sabes lo mejor? Lo mejor es cuando cogemos…….cuanfo hacemos el amor……Mi papá me la mete por la cola, todo el tiempo……Es… es increíble, Lucía. Al principio un poco raro, pero después… uf, te llena por completo. Es otra cosa, más profunda. Nos escondemos en la casa, en el estudio, en el altillo, cuando mi mamá no está, me arrodillo y le doy la cola. Lo hacemos todos los días. Deberías probarlo, te va a encantar. Te cambia la vida.
Las palabras de Ale calaron hondo en Lucía. La idea de sentir a Martín dentro de ella, de esa manera, la hizo estremecer. Ya no era solo curiosidad, era una necesidad desesperada. Quería esa plenitud, esa entrega total que su amiga describía con tanto fervor. Queria coger!!!. Queria entregarse a su padre. Que se la coja!!….
Esa noche, en la intimidad de su cuarto, mientras Martín la acariciaba y ella le devolvía con besos apasionados en su miembro. Habian estado separados desde la noche anterior por sus ocupaciones, y ningunonse aguantaba mas. Esperaron el.sueño de su madre y comenzaron.
Lucía se armó de valor. Estaba a cuatro patas sobre la cama, entre las piernas de el, acariciándole la espalda y las cola. Le decia cosas bonitas mientras acariciaba su pelo. Ella chupaba con desesperación.
—Pa…—susurró, con la voz rota por el deseo—. Quiero más. Quiero que seas tú el primero en todo. Quiero… que me la hagas por la cola. Quiero coger, que vos seas el unico. Quiero como le hace tu amigo a Ale.
Martín se detuvo, sorprendido por la petición directa. Sintió un escalofrón recorrerle la espina dorsal. La idea era tentadora, prohibida, y excitante sobremanera. Miró el cuerpo de su hija, esa silueta perfecta que lo esperaba, confiada y entregada.
—¿Estás segura, mi amor? —preguntó, con la voz ronca.
—Siiii…quiero, estoy re segura. Quiero sentirte dentro de mí, por completo.
Pero Martín, a pesar del deseo que lo consumía, dudaba. No era lo mismo un beso o una caricia en la intimidad de una carpa o un coche. Era un paso más grande, y quería que fuera perfecto, sin prisas, sin miedo a ser descubiertos. Necesitaba el aislamiento, la libertad de la naturaleza.
—Tendremos que ir de nuevo de campamento, solos —dijo—. Le diremos a tu madre que quieres repetir la experiencia de padre e hija, que nos hace falta ese tiempo juntos. Y entonces, mi amor, seré todo tuyo.
Ella sonrió. Acepto la idea y sigui chupando. Por su cabeza pasaban imagenes,y entonces chupaba mas fuerte. Hasta qué recibio su premio.
Se besaron y se fueron a dormir pensando en lo que vendria.
La madre, sin sospechar nada, accedió encantada. Pensó que era maravilloso que Martín y Lucía tuvieran esa conexión. Una semana después, estaban de nuevo en el bosque, pero esta vez solos. La carpa era su universo, el bosque su guardián.
Hicieron actividades, otra vez el rio, los roces, muchas cosas. Después del almuerzo, se refugiaron en la carpa para la siesta. La idea de relajsrse los invadio. El sol del mediodía filtraba una luz dorada a través de la lona. No hicieron falta muchas palabras. Lucía se quitó la ropa con una lentitud sensual y se acostó boca abajo sobre la bolsa de dormir, ofreciéndose por completo. Martín, con el corazón latiéndole desbocado, se arrodilló a su lado.
Comenzó con masajes suaves en su espalda, descendiendo lentamente hasta sus nalgas, que besó y acarició con una devoción casi religiosa. Lucía gemía, sintiendo cómo cada toque la acercaba al éxtasis. Martín, con una delicadeza extrema, la preparó con sus dedos y su lengua, hasta que la sintió lista. Se puso un fino aceite que habia traido para el momento. Le esparció a Lucia y ella lo sintio tibio y muy hermoso. Las caricias de el en su culito la extaciaron. Pedia por favor avanzar mas. Entonces, se colocó detrás de ella y, lentamente comenzo a pasar su pene por el orificio de su cola. Y con una lentitud que los tenía a ambos al borde de la locura, comenzó a penetrarla, primero la cabeza, se detuvo luego un poco mas, se detuvo, luego toda. Realmente toda. Sorprendió a el como le entro toda a la niña.
El dolor inicial dio paso a una sensación de plenitud que Lucía nunca había imaginado. Era como si una pieza que le faltaba por fin encajara en su lugar. Martín se movió con una dulzura infinita, cada embestida era una declaración de amor, un pacto sagrado. El placer creció en una ola imparable que los arrastró a ambos, sumergiéndolos en un éxtasis compartido que los tenia sin aliento y temblando. La penetro mucho rato, suavemente. El sentia en ella como sacudones y gemidos que seguro eran pequeños orgasmos. Hizo fuerza para no acabar varias veces. Queria cogerla mucho, y ella estaba disfrutándolo. Ambos se decian cosas hermosas. El de compacion, como….tranquila bebe, mira que lindo como te hago la cola…te amo mi amor…tenes una cola perfecta…… Ella……papiii…..mmmmmmm..
Cuando terminaron, abrazados y sudorosos, supieron que no había vuelta atrás. Aquello no era un juego, no era una simple aventura. Era su realidad.
En el viaje de vuelta, se abarzaron como dos enamorados. El le acariciaba la cola, sabia que ella estaba molesta por las penetraciones de los dos dias. Pero la niña solo sonreia. Le gustaba tener la cola asi. Sensible por que la cogio mucho. Desde ese día, la casa se convirtió en su nuevo campamento. Cada rincón era una posibilidad: el sofá cuando la madre salía a hacer las compras, el baño durante una ducha rápida, su propio cuarto por la noche. Se escondían, se buscaban, se amaban todos los días, con la misma urgencia y la misma dulzura de esa tarde en el bosque, sellando un secreto que los uniría para siempre.


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