El chat sobre leche
En el chat “Las discípulas de Tita”, comentamos sobre nuestro gusto común por mamar hasta sacarles leche a los machos..
Como saben, quienes siguen las aventuras sexuales de nosotras, admiramos a Tita por la franqueza y viva descripción de su trayectoria sexual descrita en SST desde la primera versión de esta plataforma. Esos relatos los comentábamos, envidiándola y cada una en su momento se atrevió a emularla, formamos un chat en WhatsApp donde platicamos de todo, pero principalmente de sexo.
Ya hemos publicado dos de esas conversaciones. Una Mar y otra Ishtar. Ahora lo haré yo, Gloria (también auto llamada “La Vaquita” y con el Nick “Felix69”).
Gloria: –A todas nos gusta sacarles la leche a mamadas a nuestros maridos, a los amantes y a algunos otros espontáneos. Confieso que me gusta más tomar la leche ya servida en una vagina, porque tiene el sabor del amor consumado y es más abundante el flujo que la leche en el atole. Claro que disfruto de la crema sola, extraída a pura mamada desde el pene. La primera vez que la probé fue en un novio y yo estaba tan caliente que me la tragué y me gustó. Sin embargo, no son pocas las mujeres que sienten asco y evitan satisfacer a su pareja.
Tita: –Yo me resistía a mamar verga y sólo lo hacía a regañadientes cuando Saúl, mi marido o Roberto, mi primer amante, me lo pedían, pero nunca permití que eyacularan en mi boca, me parecía asqueroso. ¡Claro que a mí sí me gustaba que me chuparan la pepa! Sin embargo, cuando me estaba separando de Saúl, me fui con Eduardo, mi segundo amante, a San Miguel Regla a nuestra Luna de miel. Fue una cogedera de seis días seguidos, sólo salíamos de la cabaña para comer algo y para que hicieran el aseo las mucamas. En una mañana, al despertar, Eduardo se puso a chuparme la panocha y me desperté. Le presioné la cabeza contra mi pubis para que no se separara pues estaba teniendo tantos orgasmos seguidos como nunca y se me antojó hacerle lo mismo, y le grite ¡Yo también quiero mamarte! Así que él me acomodó en posición de 69. En mi calentura, yo continuaba con los orgasmos y le chupé el pene con tanta fruición que mi macho se vino abundantemente y me encantó el sabor del semen. Desde ese día me volví semenólica y a todos los que tenían coito conmigo, les extraía la leche y, hasta los sesos, pues quedaban encantados. Sé que muchas de mis amigas se niegan a hacer el sexo oral, pero a casi todas les fascina recibirlo. Yo les cuento mi experiencia, resaltando de lo que me perdí durante varios años, para animarlas a que disfruten su sexualidad completamente.
Ishtar: –En mi caso, también fue por calentura y por amor. Fue con mi primo Diego, mi gran amor a los 16 años (y a la fecha seguimos cogiendo cuando podemos). ¡Me encantó! Desde entonces, el sexo oral fue la mejor manera de gozar con quien estuviera yo cogiendo. Sin embargo, mi actual pareja se niega a chuparme y dejarse chupar porque “Es antihigiénico”, dice. Esa es la razón principal por la que tiene cuernos, los otros sí me maman la panocha (además de las chiches, que les encantan a todos, incluido mi marido) y me dejan ordeñarlos con la boca. En mi familia materna, casi todos comenzamos a coger desde niños y la lengua fue algo que se incluyó de manera natural. No nos negábamos a mamar cuando lo pedían, mucho menos a pedirle al primo, prima, hermano o hermana que nos dieran lengua; en el caso de los padres, ellos comenzaban sus caricias a los hijos así, con la lengua.
Mar: –Yo aprendí a mamar en la verga de mi marido, desde que éramos novios, y allí conocí el rico sabor del semen. Le pedí a Ramón, mi esposo, que también él me chupara. Lo intentó, pero después de unas cuantas lamidas se separó diciendo que sabía muy feo. Así pasaron más de 13 años y tuve un amante, Bernabé, quien me ató a sus labios por las deliciosas chupadas que me daba en la panocha, sacándome orgasmo tras orgasmo. Además, nos complementamos pues una de sus parafilias es chupar la vagina cuando está muy regada por otro. Ese vicio lo adquirió con su primera esposa que era muy puta y llegaba a la casa bien cogida por su amante y un día que ella lo quiso humillar, lo sedujo al llegar con las babas de dos amantes y lo obligó a hacer el 69. Más que humillación, fue un premio para él. Como mi cornudo es muy lechudo, Bernabé me pide que llegue muy cogida cuando nos vemos. También le gustan las tetas con crema y lamerme las partes del cuerpo donde mi marido me salpica. ¡El 69 es nuestra posición preferida! Añádanle que a la segunda esposa de mi amante no le gusta mamar verga. Ya tenemos 18 años de ser amantes. He ordeñado con la boca a todos los hombres con quienes he estado, también soy semenólica, como Tita, y al igual que La Vaquita, me fascina el sabor de la leche en la panocha de mujer.
Al parecer, es por amor por lo que las mujeres aprendemos a mamar y tragar el semen, eliminando los ascos para que, en posteriores cogidas con otros, aprendamos a saborear la leche y lograr las mejores catas.
A todas nos encanta que nos den lengua, pero muy pocas se atreven a hacerlo con su hombre. Cuando son frecuentes las relaciones sexuales, la vagina tiene un sabor muy fuerte. También hay algunas mujeres que fermentan el semen rápidamente y en la mañana amanecen con un sabor ligeramente ácido que a pocos varones les agrada, pero a otros, ese olor y sabor les parece manjar de dioses. ¡Lástima por las pobres mojigatas que no se atreven a tragar leche desde la verga!
Otro tema que se derivó de estas charlas fue la confesión de la primera vez que les dimos leche de otro a nuestros maridos sin que lo supieran.
Tita: –Roberto, mi primer amante, me fue a dejar a Tapachula, donde Saúl daba un curso, pero antes de cruzar la frontera, se orilló para meterse en un camino donde me hizo el amor por última vez. Tomé el camión en ciudad Cuauhtémoc y en dos horas llegué a Tapachula, donde me esperaba Saúl, mi esposo. De inmediato me llevó al hotel donde se hospedaba, fue muy tierno con sus caricias y me calentó de inmediato. Después de los besos y mamadas de chiche, sin coger durante una semana, me bajó la pantaleta y comenzó a abrevar los jugos que manaban por la calentura que me puso. Al parecer, le encantó el sabor pues me vine y se tomó el atole con el semen de mi amante. No se dio cuenta que a su esposa se la habían cogido dos horas antes, pero sí lo gozó. Hubo otras veces que le di leche de mis amantes, pero él sí se daba cuenta que yo había hecho el amor. ¡A mi cornudo le encanta saborear el atole que hago con sus socios!, y a éstos el que hago con mi marido.
Ishtar: –Eso ya lo conté en un relato, fue en una reunión de fin de año con Carlos, un amigo de Miguel, mi marido. Mi esposo se quedó dormido de borracho y Carlos me ayudó a llevarlo a la cama. Le quité la ropa y lo acosté. Pero como Carlos y yo, con el marido en el sillón durmiéndose, nos habíamos estado calentando y manoseando mientras bailábamos; así que, allí mismo, en la misma cama donde estaba mi esposo dormido, cogimos. Carlos se marchó y yo, caliente aún, chupé la verga a mi esposo para que se le parara (¡sí, a él, a quien no le gusta el sexo oral!). Me senté a cabalgarlo un rato. No eyaculó, pero después me puse en posición de 69 embarrándole en la cara todo el atole que me escurría, mientras yo probaba el mismo sabor en su verga. Sí me chupó, paladeando el semen de su amigo. En la mañana le dije lo que yo le había hecho, aprovechando su borrachera (obviamente omití contarle la cogida con Carlos). Esa ha sido la única vez y me vengué de que a él no le guste el sexo oral.
Mar: –Yo también ya lo conté en “Travesura a mi amante”, donde le llevé a Bernabé semen de mi marido en un condón y se lo di en un beso. Pero después de coger me despedí de mi amante poniéndole el mismo condón en la última venida. Cuando Ramón, mi marido, llegó a casa y nos pusimos a coger, él vio que aún tenía el condón con la leche que supuestamente le había sacado a él para tomármela con mi café. Le dije que se me había olvidado tomármela y, así, cabalgando en su verga, me tomé el semen y se lo compartí con un beso, que por cierto le gustó mucho, aunque no supo que no era leche de él. Tiempo después hicimos un intercambio de parejas y cogimos juntos. Ellos y nosotras tomamos la leche de los maridos en la pucha de las esposas. También ellos se atrevieron, por lo calientes que estaban, a mamar la verga del amigo para limpiársela después que éste la había sacado de la vagina de una de nosotras, pero allí sí supieron de quién era la leche que saboreaban en el atole o en la limpieza.
Gloria: –También lo conté en el relato donde narro cómo me fue con mi amante la primera vez que hicimos el amor. En la noche, sin asearme, le ofrecí la panocha a mi marido y le gustó el sabor. Esa vez le confesé que estrenaba cuernos y me volvió a coger como desesperado, ser cornudo era algo que él deseaba, y desde entonces le gusta cogerme cuando otro me ha cogido, ¡es tan tierno!
Durante el chat, hacíamos referencia a que, a veces, con el marido cogíamos también con otra pareja. Pero Ishtar se lamentaba que ella no había podido hacerlo ni veía cómo. Bueno, no se puede tenerlo todo en la vida…



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