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Heterosexual, Incestos en Familia

El Consentimiento 7

historias de padres e hijas.
La oscuridad de la noche era un manto de calidez sobre la casa. Elena, acostada en su cama, no encontraba el descanso. No era miedo, sino un vacío, una necesidad imperiosa de estar cerca de él. Lo de la ducha, y las promesas de mas, no la dejaban descansar. Decidio hacerlo, se levantó y caminó silenciosamente hasta la habitación de su padre. La puerta entreabierta era una invitación.

Él estaba semi despierto, con la luz tenue de la lámpara de mesita de noche dibujando su perfil. Al verla en el umbral, una sonrisa comprensiva se dibujó en su rostro. «No puedes dormir, mi cielo».

Elena negó con la cabeza, entrando y cerrando la puerta suavemente. «Me siento… sola», confesó, su voz apenas un susurro.

El la vio increible, llevaba solo un camisolas muy suelto y corto y una pequeña bombacha, se notaban nuevamente sus pezones erectos, y el camisón no tapaba la bombacha donde se dibujaba la pequeña vagina.

Él apartó las sábanas. «Ven aquí. Nunca estarás sola conmigo».

Ella se deslizó en la cama, y él la envolvió en un abrazo fuerte y seguro. Al principio, era el abrazo de siempre, el de un padre. Le dio un beso en la frente, un gesto puro que la hizo sentirse inmediatamente a salvo. «Te quiero, Elena. Más que a mi propia vida».

«Yo también te quiero, papi», respondió ella, su voz ahogada por la emoción, con la cara escondida en la calidez de su cuello.

Se quedaron así un rato, pero pronto el abrazo se transformó. Sus piernas se entrelazaron de forma natural, el muslo de el entre las piernas de ella, rozando su intimidad.  Su mano, comenzó un viaje lento desde su espalda hasta la curva de su cintura. «Eres tan hermosa, Elena», murmuró, sus labios ahora rozando su mejilla. «Te has convertido en una mujer increíble, muy hermosa, mas que tu madre».

Ella sintió un escalofrío. Era halagador, todo el mundo admiraba la belleza de su madre, pero también aterradora, sintio algo extraño, vio lo que le conto Sofi. «Pa…. tengo un poco de miedo», admitió en un susurro.

«¿De qué, mi amor? No tengas miedo de mí. Yo nunca te haría daño» estamos aca para darnos amor, y muchos mimos», la tranquilizó, sus ojos fijos en los de ella, llenos de una sinceridad que la desarmó. «Esto que sentimos… es especial. Es nuestro secreto. Un secreto tan precioso que nadie más podría entenderlo. Es un amor puro. Por eso tenemos que guardarlo solo para nosotros, si?».

Elena en ese momento recordo que su amiga también tenia secretos con su padre, y le iba bien con eso.

Ella asintió, la idea de un «secreto» compartido sonando a algo exclusivo y valioso. Sus labios se encontraron entonces. El beso fue diferente, más profundo, más audaz, perro muy suave. El queria llevarla despacio. Elena, con timidez, respondió, dejando que sus labios se abrieran bajo la presión suave pero insistente de los de él.

«Qué bien lo haces», elogió él, separándose un poco. «Deja que te guíe. Solo confía en mí»……..»papiii……nnnmmmm……me gusta……»

Su mano, con una lentitud calculada, encontró el borde de su camison. Elena sintió el pánico mezclado con la excitación. «No… pa, me da vergüenza», protestó suavemente, intentando cubrirse.

«Shhh, tranquila bebe, soy tu papi…..no tengas vergüenza conmigo», la instó él, su voz una caricia. «Mírame, Elena. Soy yo. Quiero verte. Quiero admirarte». La levantó suavemente, deslizando la tela hacia arriba. Sus pechos, aún pequeños pero con pezones formados, quedaron al aire, oscuros y muy erguidos por el frío y la excitación, parecían pedir ser tocados. Elena se sonrojó intensamente, cruzando los brazos sobre su pecho.

«No, no te escondas, bebe», dijo él con firmeza pero con ternura, apartando sus manos. «Estás perfecta. Son los pechos más hermosos que he visto». Se inclinó y, sin más preámbulos, tomó uno en su boca. Un gemido escapó de los labios de Elena, una mezcla de sorpresa y placer puro. La sensación era nueva, abrumadora. «Esto también es nuestro secreto, Elena. Este placer. Nadie más debe saberlo. Ni siquiera tus amigas. Ellas no entenderían la pureza de lo que compartimos».

Elena pensaba en Sofia, su amiga tenia mas coraje que ella, nunca le hablo de miedos o verguenza las primeras veces.

Las palabras la calmaron. Era su secreto. Su tesoro. Se relajó, permitiendo que él la explorara, que su boca y sus manos aprendieran cada centímetro de su piel.

Él se movió entonces, posicionándose sobre ella. Seguia besando sus pechos,. Elena abrio sus piernas instintivamente y sintio a su padre sobre su conchita ya mojada. En el movimiento de el, su miembro, ya erecto y ansioso, se liberó del boxer. Elena lo sintió, caliente y increíblemente duro, presionando con fuerza justo sobre la delgada tela de su bombacha, en la entrada misma de su virginidad. El contacto directo la hizo estremecer.

«Papi…mmmmmmm……..noo…...espera…….mmmmm», susurró, con los ojos muy abiertos por la mezcla de miedo y placer. Estaba exhaustiva, casi temblará por el placer que el le daba…..»mmmm….espera un poquito…….mmmmm..»

«Tranquila, mi amor. Solo voy a hacerte sentir bien…..te gustan los besos en las tetitas??». «Siii….mmm…pero…mmmm….no se……no esta bien….», «Bebe, esta bien si nos gusta a ambos, y si no decimos nada a nadie, te sentiras muy bien cuando sigas explorando cosas, como hiciste en la ducha…»prometió él, mirándola a los ojos mientras comenzaba a mover las caderas. No había penetración, pero el roce de su carne contra la de ella, a través de la tela ya húmeda, creaba una fricción que la electrizó por completo. Besos muchos besos en la boca de enamorados.

«Sentilo, Elena. Senti como estoy. Y lo que te hago sentir»…..»Te gusta la pija ahi?..»…..»Si Papi, mmmm….me gusta, me gusta mucho sentirla, mmmm…solo que me da miedo que nos descubran…»
«Disfrutala ahora, nadie nos va a descubrir, segui sintiéndola…»

La siguio besando con mucha pasion, para ella dos besos eran una sensación unica, se mojaba de solo sentirlos

Era como si el la estuviera instruyendo, llevándola paso a paso por un territorio desconocido. Elena se olvidó de todo, de la vergüenza, del miedo. Solo existía el ritmo de sus cuerpos, el peso de él sobre ella, la mirada intensa que no la soltaba ni un segundo y los besos profundos en la boca. Era un adulto experimentado mostrándole a una niña el significado del placer, y ella era una alumna mas dispuesta ahora.

«Esto es solo nuestro», repetía él entre dientes, su ritmo aumentando. «Este placer es nuestro secreto sagrado. Nunca se lo cuentes a nadie, Elena. Prométemelo».

«Lo… lo prometo, papi……lo prometo………nnnmmmmmmm…..me gusta mucho», jadeó ella, sintiendo cómo una tensión indescriptible se acumulaba en su vientre, una presión que pedía a gritos ser liberada. «Papá… siento algo raro… algo lindo……mmmmmm……sii….siii…..asiiiiiiiiii…..mmmmmm».

«Eso es, mi amor. No lo detengas. Déjalo ir. Acaba para mí, dale……acabame…….», la animó él, su voz cargada de deseo.

Y entonces, el mundo de Elena explotó. Un orgasmo tan poderoso que le robó el aliento sacudió su cuerpo desde la raíz del cabello hasta la punta de los pies. Se arqueó contra él, con un grito ahogado de puro éxtasis, mientras una ola de calor y placer la inundaba por completo. Por un momento, perdió la noción de todo, flotando en sesanciones unicas.

Cuando regresó a la realidad, él la estaba abrazando, besándola la frente, la car, los ojos, cubriéndola de halagos. «Estás bien, mi vida. Estuviste increíble………me diste un placer enorme…verte acabar asi……sos ahora mi hermosa bebe mas amada».

Elena solo pudo asentir, con lágrimas de emoción rodando por sus mejillas. Se sentía segura, amada, y más viva que nunca. La vergüenza había sido reemplazada por una profunda gratitud. Sabía que era prohibido, que estaba «mal», pero en los brazos de él, con el eco de su primer orgasmo aún vibrando en su cuerpo, solo se sentía correcto. Era su secreto. Y lo guardaría con su vida.

33 Lecturas/30 abril, 2026/0 Comentarios/por juandiego
Etiquetas: amiga, madre, metro, orgasmo, padre, pija, vagina, viaje
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