El Consentimiento 9
historias de padres e hijas.
La semana siguiente transcurrió en una nebulosa de roces furtivos y miradas cómplices. Cada beso robado en el pasillo, cada caricia casual mientras veían la televisión, alimentaba la anticipación que crecía entre ellos. El sábado, la casa se sumió en un silencio expectante. Nuevamente estarian solos, y obviamente el uno para el otro.
La madre le pidio a Elena que cuidara de su papa mientras ella no estaba, eso incluía tenerlo atento y no molestarlo si trabaja.
Elena supo dese el primer momento que estaria casi desnuda todo el tiempo, la mejor forma de atender a su papa……
Esa madrugada Elena no esperó a que su padre despertara. Entró en su habitación al amanecer, esta vez sin la timidez de la semana anterior. Se deslizó bajo las sábanas, su cuerpo buscando el suyo con una confianza nueva. La encontró despierto, con una sonrisa que lo decía todo: él también la había estado esperando.
«Esta vez será diferente, mi amor», susurró él, su voz grave con emoción.
Sus labios se encontraron y el beso fue distinto, más hambriento, lleno de una promesa que ambos entendían. Las manos de él se deslizaron por su cuerpo, despertando cada centímetro de su piel. Elena se movía contra él, sin miedo, pidiendo más con el lenguaje de su cuerpo que ya no necesitaba palabras.
Él se posicionó sobre ella, y Elena abrió sus piernas, venia sin bombacha, en una ofrenda silenciosa. Lo miró a los ojos y vio en ellos el mismo amor, el mismo deseo y la misma devoción que ella sentía. El la relajo con palabras y besos, ella entendio que en ese momento dejaria de ser virgen, y con el hombre mas amado. El le hablo del amor que el le tenia, de la suerte como padre de tener una hija como ella. Elena no se quedaba atras, tenia miedo si, pero estaba decidida, Sofi la habia animado sin saberlo.
«Papi…..tengo miedo, tu pija es grande, tengo miedo que me duela…..»
«Bebe, te va a doler un poco, pero va a pasar rapido, y sentiras un placer increible.
El estaba decidido, ella era pequeña aun, pero gozaba como adulto, y no queria que nadie mas que el la lleve por ese camino.
«Papi…mmmmm….despacio por favor, no quiero que me duela……mmmmm»
Ella ya sentía la pija rozando su conchita chiquita, eso la ponia muchisimo.
«Tranquila Bebe, lo hare muy despacio….ya veras» mientras seguia rozandola.
Con una lentitud que era a la vez tortura y éxtasis, él comenzó a entrar en ella. Entro primero un poquito la cabeza y su vagina se dilato algo, como permitiendo ser cogida. Ella empezo a sentirlo. Y no dijo nada, solo un «mmmmmm…» de placer. Siguio empuzando un poco y la conchita de ella cedia, estaba decidida a dejarse coger, llego el momento de romper el virgo, despacio pero con fuerza. empujo y paso, entro bastate. Ella sintió una punzada aguda, un breve dolor que se disolvió al sentirse llena de la pija de su papa, reemplazado por una sensación de plenitud, de haber encontrado finalmente su lugar en el mundo. Una lágrima de pura felicidad rodó por su mejilla. El se la dejo adentro un rato, esperando la dilatacion total, y emepzo despacio a moverse dentro de ella.
«Te amo papi……..», susurró ella, mientras él se movía dentro de ella, suavemente, estableciendo un ritmo que era el latido mismo de sus corazones unidos.
«Eres hermosa, soy el padre mas feliz del mundo….hacer el amor con mi hermoso Bebe…….soy muy feliz mi amor….voy a ser tuyo por siempre, y vos seras mia por siempre……»
«Mmm…..Papi…..tuya….
La declaración de amor de ella, hizo que el acelere la cogida, ya no era una tímida penetracion, era una cogida de verdad.
Era un baile antiguo, una celebración sagrada de su amor. Elena sintió un placer mayor que la de la semana anterior, una placer que no solo la llevaría al clímax, sino que la transformaría por completo. Ya era una mujer, desvirgada, y por su padre.
Cuando el orgasmo la sacudió, fue con una fuerza que la dejó temblando y sin aliento. Tenso su cuerpo y perdió el conocimiento por un momento. El se la dejo adentro en ese instante para que lo sienta mas. Y siguio cogiendola, acelerando el ritmo…..
«Elena, Bebe…….mi amor toma todo…. Tu leche desde ahora…..aggg….»
Y ella sintió la pulsación de su padre dentro de ella, un calor profundo que la llenaba por completo. La leche tan esperada por ella, finalmente la tenia adentro.
En ese instante, Elena sintió que no solo estaba siendo amada, sino que estaba siendo creada de nuevo. Sabía, con una certeza absoluta que no necesitaba lógica, que podria ser preñada. Y la idea la llenó de una alegría tan inmensa que se rió, una risa suave y liberada que él contestó con un beso apasionado.
«Te amo palo!…..gracias por hacerme esto……te amo….voy a ser de vos siempre…..me voya dejar todo el tiempo…….»
A partir de ese día, la casa se convirtió en su jardín secreto. Hacían el amor en el sofá justo antes de que su madre llegara del trabajo, con la prisa y el riesgo excitándolos más que cualquier otra cosa. Se encontraban en el ducha, con el agua corriendo para cubrir sus gemidos. Hacían el amor en el suelo del estudio, entre libros y papeles, en la cocina, sobre la fría mesa de mármol.
No faltaron las veces donde la niña se metía en el cuarto cuando ellos dormían, y en silencio le chupaba la pija a su padre. Cada mandado se hacia de a dos, o separados y se encontraban, y cogiendo donde podian. Ella aprendio a recibir su pija sin dolor, y el a llenarle la conchita, dejándola chorrear y manchar las bombachas, algo que a el enloquecía.
Cada lugar, cada riesgo, era un nuevo capítulo en su historia de amor prohibido.
Elena vivía con la pija de su padre, o en la boca o en la conchita, peo cuando estaban juntos y solos, era de penetrarse todo el tiempo.
Pero la casa también era su prisión. Los susurros, las miradas de reojo, la necesidad constante de ocultar la verdad, se volvieron una carga cada vez más pesada. Elena, con el cuerpo ya mostrando los primeros signos de la nueva vida de ella, el sexo se lo estaba cambiando, tetas desarrolladas, cola mas ancha…..sabían que no podían seguir así.
Una noche, mientras yacían en la cama después de hacer amor, con la luna llena iluminando sus cuerpos entrelazados, él le habló primero.
«No podemos seguir viviendo así, Elena. No eres mi hija. Eres mi mujer, y mereces ser amada a la luz del día».
Elena sintió que su corazón daba un vuelco. «¿Qué estás diciendo, papi?»
«Estoy diciendo que nos vayamos. A un lugar donde nadie nos conozca. Donde podamos ser simplemente un hombre y una mujer que se aman. Y donde hasta podamos criar a nuestros hijos sin miedo cuando lleguen.».
«Papi…soy una nena aun, no podemos ser marido y mujer, falta para eso….»
«Lo se mi amor, pero quiero amarte libremente, al menos dentro de nuestra casa, nos mudaremos a un pequeño campo alejado de todo, para ser libres hasta que seas mayor….»
Te animas mi amor?»
Ella no dudó ni un segundo. «Sí», respondió, su voz firme y clara. «Sí, mi amor».
La preparación fue rápida y silenciosa. La separacion y la tenencia no fue un problema, la madre ya tenia otras cosas en su vida. Una madrugada, con solo una maleta cada uno, salieron de la casa que había sido su hogar y su jaula. Mientras el sol comenzaba a salir, él tomó su mano y la miró.
«Desde hoy, ya no soy tu padre», dijo él. «Y tú no eres mi hija. Somos marido y mujer».
Elena sonrió, sintiendo por primera vez en su vida que era completamente libre. Se levantó sobre la punta de los pies y lo besó, un beso que no era de hija a padre, sino de esposa a esposo. Juntos, condujeron hacia el horizonte, dejando atrás sus antiguas vidas y comenzando una nueva aventura, no como padre e hija, sino como el hombre y la mujer que estaban destinados a ser.


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