El desvirgador: Capítulo 0. Mis inicios.
Siempre he pensado que hay que ayudar al desarrollo sexual de los jóvenes, derribando tabús y haciendo la sexualidad más accesible a sus ganas de explorar y de sentir placer. Pero además de eso, he tenido la suerte de ponerlo en práctica….
Siempre he sido bastante precoz y desde pequeño me gustaba tocarme la polla buscando placer. Lo hacía en lugares públicos y privados, como un tic, despertando a veces las miradas de los de mi entorno. Por eso, me ha pasado varias veces que profesores y adultos de mi entorno me han comentado en privado que eso es algo que no debería hacer en público, aunque se sintiera muy bien.
Después de estos comentarios yo me sentía avergonzado y incomprendido. ¿Cómo podía ser que eso que se sentía tan bien fuera malo y no pudiese hacerlo? Entendía que las partes privadas no debían enseñarse, pero el placer que daba cuando mi pequeño pene se ponía duro y se marcaba en mi pantaloncito era demasiado para dejarlo pasar y cualquier excusa era buena para refregarme disimuladamente, ya fuera en clase, en la calle o en cualquier sitio.
Tengo varias anécdotas en el colegio: recuerdo que cuando tenía 9 años se me puso durita en clase y me estaba fregando con la mano disimuladamente. En el colegio nos sentábamos en parejas, y a mi lado tenía a Carla. No era la niña más bonita de la clase, estaba un poco rellenita, pero tenía el pelo liso castaño y unos ojos preciosos. En un momento dado ella se dio cuenta de lo que hacía y me miró extrañada, como preguntando qué pasaba. Levanté mi mano y se notaba un poco mi bulto en el pantalón. Ella lo miró y me preguntó qué tenía. Entonces, le cogí la mano y se la puse encima de mi pantalón, tocando mi pollita. Ella no se asustó, pero sí se sorprendió. Lo palpó un poco y luego retiró la mano, curiosa. En el patio, después de clase, me preguntó porque se sentía duro y caliente, se pensaba que tenía fiebre. Yo le dije que no, que estaba bien y que me pasaba a menudo. Lástima que en unos días nos cambiaron de parejas en clase y no se repitió más veces.
De hecho, también fue en el colegio la primera vez que me di cuenta que tenía un buen tamaño de polla. Cuando tenía 10 años estábamos en el vestuario antes de clase de gimnasia y todos nos desnudábamos dejándonos solo los calzoncillos. En ese momento, el más chulo de la clase me señaló y gritó «mirad, está empalmado!». Todos los chicos de la clase miraron mis calzoncillos y se hizo un silencio, seguido de algunas risillas. Yo no supe qué decir, pero principalmente porque no estaba empalmado. Simplemente mi polla estaba bien colocada y se marcaba en el calzoncillo haciendo como si fuera un bulto duro, pero estaba flácida. A partir de ese día, empecé a intentar coincidir en los meaderos del vestuario con mis compañeros, para poder verles la polla y comparar. Poco a poco, me di cuenta que todos tenían unas pollitas de niño más pequeñas que la mía, que a los 10 años ya medía unos 10-11 cm dura.
Con el tiempo supe que yo tenía «polla de carne» es decir que puede parecer muy grande también flácida. A los 13, fui a uno de estos campamentos de verano públicos en los que pasas 10 días en una casa de colonias haciendo actividades deportivas y de aventura. En esa edad, ya se sabe, todos los adolescentes están muy calientes y la primera noche cuando las luces ya estaban apagadas un chico nos dijo que se iba a hacer una paja en su cama. Algunos se unieron, pero estábamos a oscuras y no se veía nada. La ocasión se repitió casi todas las noches, y cada vez los chicos de la habitación estaban más sueltos y se dejaban ver desnudos. Yo no me atrevía a mostrar mi polla ya que estaba un poco acomplejado viendo que las de mis compañeros no eran tan grandes, solo cuando estaban duros se podían comparar. De todos modos, un día, al salir de la ducha fui a la habitación y me puse en un rincón como cada día para quitarme la toalla y ponerme los calzoncillos. Ese día un chico se acercó para verme la polla y lo consiguió. No la tenía dura, pero sí un poco morcillona y como es «de carne» se veía grande. En ese momento me debía medir unos 14 cm, bien para nuestra edad. El chico empezó a gritar «buaa, es un caballo, la tiene grande!» y los que estaban en la habitación se giraron de repente para ver qué pasaba. El chico este me felicitó, me chocó la mano y me dijo que cuando hubiese convencido a la chica de los campamentos que quería ligarse que follasen, me llamaría y, con la luz apagada, nos cambiaríamos para que follase yo en vez de él y la chica se llevase la impresión que él la tenía tan grande. Obviamente, nada de eso pasó, pero me dejó clarísimo que yo tenía un pollón y debía aprovecharlo.
El año siguiente, a los 14, tuve mi primera novia, una chica con la que coincidía en extraescolares. Se llamaba Laura y era de cuerpo pequeño. Sus tetitas también eran pequeñas, me cabían sin duda en la mano y no tenía mucho culo. Era bastante caliente y para un chico como yo un poco tímido, siempre quería besarnos en público. Nos costó dos meses tener casa para nosotros y una tarde subimos a su casa y nos tumbamos en su cama. Estábamos solos y ella, que era mucho más lanzada, empezó a abrirme el botón de los pantalones para sacar mi polla por arriba. Yo estaba muy nervioso pero durísimo. Lo consiguió y me sacó toda la polla del pantalón. Ella no tenía ninguna referencia porque también era su primera vez y quiso saber si era grande o no. Le dije que creía que sí y quiso medirla. Fue a buscar una regla y la midió: 15 cm. Me miró con mucho deseo, yo estaba temblando y acercó su cara a mi polla. No se la metió dentro, pero me dio unos lametones que aún recuerdo tantos años después. Me calenté muchísimo, y me hizo acabar con la mano, por primera vez delante de una chica. Lástima que con ella no duramos mucho, porque aun siendo pequeños, la vida sexual prometía.
Creo que estas experiencias de despertar temprano y de timidez respecto al sexo me han hecho vivir la sexualidad de una manera diferente. Estoy convencido que si hubiese tenido menos tabús, habría disfrutado del don que me dio la naturaleza con este pollón mucho antes, y habría hecho disfrutar a muchos.
En el siguiente capítulo, relataré mis experiencias de adolescencia y ya entenderéis más cómo he llegado a ser «el desvirgador».
Es mi primer relato, hecho de experiencias reales. Pregunta todo lo que quieras sobre estas experiencias y te respondo en comentarios. Si quieres, comenta también lo que te ha gustado y lo que crees que pasará luego. Gracias por compartir entre todos.

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