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Heterosexual, Incestos en Familia, Intercambios / Trios

El Regreso de Julio

Julio regresa de Madrid y tenemos sexo entre todos .
Cuando volvió Julio de Madrid volvía con ganas de ver a su hija María y a mi hija Carla. Nos contó las ganas que tenía de volver al camping y preparé una cena fuera de su caravana. Cenamos y les dije que se fueran los tres dentro mientras yo recogía. Cuando entré veo a mi hija Carla arrodillada comiéndole la polla y a María abierta de piernas en la cara de su padre y él comiéndole el coñito.

 

Me acerqué y me saqué la polla. Estaba dura como una piedra, palpitando con la sangre caliente. Se la metí de golpe a Carla por el culo.

 

—¡Ahh, Papi! —gritó Carla, separándose un segundo de la polla de Julio—. ¡Más fuerte, Papi, más fuerte!

 

Julio me miró con esos ojos lascivos que tiene, mientras seguía lamiendo el coñito de su hija María, que gemía como una perra en celo.

 

—Las niñas me han contado lo de Hugo y los hombres —dijo Julio, jadeando, con la boca húmeda del jugo de su hija—. Me han dicho que les chupas la polla como una verdadera puta. ¿Quieres chupar la mía?

 

—Sí, joder, sí —respondí, saliéndome del culo de Carla.

 

Mi polla hizo un sonido húmedo al salir. Carla se quejó del vacío, pero enseguida se giró hacia Julio. Me puse a su lado, arrodillado también, y agarré esa polla gorda, gruesa, con las venas marcadas. La olí primero, ese olor a macho, a sudor, a sexo. Luego la metí en mi boca y empecé a chupar como si no hubiera mañana.

 

—Así, marica, así —gruñó Julio—. Joder, tienen razón las niñas… eres un buen marica come pollas. ¡Qué boca, coño!

 

María se bajó de la cara de su padre, con el coñito rojo e hinchado, chorreando. Se acercó a mí y me agarró la polla que tenía colgando, dura y pesada.

 

—Papi, quiero chuparla —dijo, mirando a su padre.

 

—Chúpasela, hija, chúpasela al maricón este —ordenó Julio.

 

María se agachó y se metió la polla en la boca. Era una mamada espectacular como ella sabía hacerla, con lengua, metiendo todo lo que podía para una niña de 7 años. Gemí con la boca llena de la polla de Julio, haciendo vibraciones que le volvían loco.

 

Carla se levantó, con el culo rojo por mi pollazo, y se puso encima de Julio.

 

—Fóllame, Julio, fóllame —suplicó.

 

Se bajó sobre la polla de Julio, metiéndosela en el coñito. Entró hasta casi el fondo y Carla soltó un alarido:

 

—¡Sí, sí, sí! ¡Está tan grande, joder! ¡Me parte en dos!

 

Yo me puse detrás de ella, viendo cómo su culo se abría y cerraba con cada embestida. Me escupí en la mano, me unté la polla y se la metí por el culo otra vez. Carla se quedó entre las dos pollas, llena por delante y por detrás.

 

—¡Dios, Dios, Dios! —gritaba Carla—. ¡Me vais a romper! ¡Sí, sí, más duro, más!

 

Los tres movíamos ritmos perfectos. Julio embestía arriba, yo abajo. Carla se retorcía, lloraba de placer, se mordía los labios.

 

—¡Me corro! ¡Me corro, Papi! —gritó Carla, convulsionándose.

 

Su culo se apretó como una prensa alrededor de mi polla. Sentí cómo se venía, cómo temblaba, cómo chorreaba sobre la polla de Julio. Se quedó exhausta, jadeando, sudada.

 

En cuanto Carla se apartó, María dejó de chuparme y ocupó su lugar.

 

—Ahora me toca a mí, papi —dijo María, montándose sobre su padre.

 

Su coñito era más estrecho, más diminuto, ya que solo hacía dos días que había dejado de ser virgen, se notaba la diferencia de un coñito de 7 años al coñito de Carla con sus 9 años. Julio gimió al sentirla bajar sobre él.

 

—Papi, fóllate a Rubén también —dijo María, mirando a su padre con ojos de putita—. Tiene un culo muy tragón, lo hemos visto Carla y yo en la playa con un hombre muy mayor. Es como una mujer, papi, fóllalo.

 

Julio me miró, con la polla aún dura, brillante de los jugos de las dos chicas.

 

—Ven aquí, puto —me ordenó—. Quiero probar ese culito que dicen que es tan tragón.

 

Me puse a cuatro patas frente a él. María se había bajado y me agarraba las nalgas, abriéndomelas. Sentí la punta de Julio, caliente, gruesa, presionando mi agujero.

 

—Relájate, marica —dijo Julio—. Vas a ver lo que es una verdadera polla de hombre.

 

Entró de una estocada. Grité. Era enorme, me llenaba por completo, me tocaba el fondo.

 

—¡Ahh, joder, joder! —gemí—. ¡Más fuerte, Julio, más fuerte!

 

—Tres mujeres para mí —gruñó Julio, embistiendo con fuerza—. Tres putitas con coñito y culo. Podías ser tres mujeres, tres putas para mi polla.

 

Me follaba sin piedad, con embestidas profundas, salvajes. María se metió debajo de mí y me chupaba la polla mientras su padre me destrozaba el culo. Era una sensación indescriptible, el placer doble, el dolor mezclado con el éxtasis.

 

—¡Me voy a correr! —gritó Julio—. ¡Me corro en este culo de puta!

 

Sentí cómo se tensaba, cómo sus manos me agarraban las caderas con fuerza, clavando las uñas. Luego el chorro caliente, espeso, llenándome por dentro. Julio gruñó como un animal, sacudiéndose, vaciándose en mí.

 

Cuando salió, sentí cómo se escurría su semen. María salió de debajo y me agarró la polla.

 

—Correte en mi boca, Rubén —suplicó—. Quiero tragarme tu leche.

 

Me la chupó con ansia, con la lengua jugueteando en la punta, con la garganta tragándose hasta que sentia arcadas. Julio me miraba, recuperando el aliento, pero su polla seguía dura, roja, imponente.

 

—No se me baja —dijo Julio, sonriendo—. Carla, ven aquí, niña. Tengo más leche para ti.

 

Carla se acercó, todavía temblando de su anterior orgasmo. Se tumbó en el colchón, abrió las piernas y mostró su coñito rojo, húmedo, abierto.

 

—Fóllame, Julio —dijo—. Fóllame y córrete dentro. Quiero sentirte.

 

Julio se puso encima de ella y se la metió sin contemplaciones. Carla gritó, arqueando la espalda, clavando las uñas en la espalda de Julio.

 

—¡Sí, sí, cógeme! —chillaba Carla—. ¡Más fuerte, Julio, más fuerte! ¡Rompeme el coñito!

 

Julio la follaba con una furia animal, con embestidas que hacían rebotar toda la cama. María y yo los mirábamos, acariciándonos, excitados de nuevo.

 

—¡Me corro! —bramó Julio—. ¡Me corro dentro de tu hija!

— Me dijo.

 

Se quedó quieto, enterrado hasta el fondo, y vimos cómo temblaba, cómo se vaciaba por segunda vez. Carla gritó también, viniéndose otra vez con la polla de Julio palpitando dentro de su coñito.

 

Nos quedamos los cuatro en el suelo de la caravana, jadeando, sudados, con el olor a sexo impregnando todo.

 

Descansamos un rato, bebimos agua, Julio y yo nos fumamos un cigarro. Pero la noche era larga y ninguno quería dormir todavía.

 

—Otra ronda —dijo Julio, y su polla empezaba a endurecerse de nuevo—. Esta noche no dormimos hasta que os haya follado todos los agujeros posibles.

 

Y así fue. Nos follamos de todas las formas imaginables durante toda la noche. Julio se corrió tres veces más, una en la boca de María, otra en el culo de Carla, y la última en mi boca mientras me masturbaban. Las chicas vinonse innumerables veces, gritando, gimiendo, pidiendo más.

 

Cuando amaneció, nos dormimos abrazados, desnudos, sucios de semen y de sudor, con las pollas todavía húmedas y los coñitos hinchados de tanto follar.

 

El camping nunca había visto una noche tan caliente.

277 Lecturas/28 agosto, 2026/0 Comentarios/por benjionda42
Etiquetas: follar, hija, mayor, orgasmo, padre, playa, semen, sexo
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