Empalada en el metro
Sara habia salido ese dia tarde de clase y no tuvo mas opción que tomar el metro hacia su casa, pero después de un pequeño tropiezo termina avergozada en este..
Como era normal para su rutina, Sara se encontraba a la espera del metro al que la llevaba de vuelta a su hogar tras un día largo entre clases y exámenes, sin embargo este caso en específico su horario se terminó extendiendo mucho más de lo planeado y ahora, sin su transporte habitual (el cual se basaba en su hermano mayor transportandola en su moto) debía de estar esperando junto una cantidad excesiva de gente.
Si bien parecía agobiante la situación, con su audífonos a tope su mente se había inducido a una burbuja que ignoraba su alrededor, eso hasta la llegada del metro donde sus sentidos se activaron para poder entrar.
Fueron empujones y toqueteos accidentales que sintió la joven estudiante mientras se hacía paso hasta un estrecho ventilado el cual no la agobiaba mucho más. Se había quedado no muy lejos de las puertas, un tanto cerca al lugar donde se encontraba las conexión entre vagones, junto a los asientos preferenciales, a los cuales le dio completamente la espalda para no tentarse en ocuparlos sabiendo que alguien mas podría necesitarlo.
Con una mano en la baranda y la otra con su celular, pasaron otras dos estaciones más en tranquilidad, sin embargo en la tercera una cantidad masiva de gente hicieron entrada al metro. Un grupo de jóvenes aparentemente salidos recién de clase, una pareja de hombres enamorados que no paraban de verse a los ojos, tres chicas salidas de trabajar de un salon de belleza, un hombre anciano con dificultades de caminar (el cual se terminó sentando en los asientos preferenciales con su bastón), una joven también sumergida en la música, dos hombres salidos de un batallón militar por su silueta fornida y un adolecente que ignorando la norma se habia tambien sentado en los asientos preferenciales.
Instintivamente guardó su celular. Sara mentiría si dijera que no le puso atención a los recién llegados, ¿que más haría si no? no podía disfrutar de ver la ventana porque no estaba sentada, y tampoco es que hubiese mucho por ver en sus redes sociales, simplemente se quedó a juzgar.
A la cuarta parada algo cambió, el metro se volvió un lugar sin respirar, lentamente la gente se comenzaba a apretar entre ella y eran escasos los movimientos de escape. Para Sara todo se volvió limitado, si daba un paso hacia atrás caería sentada sobre el anciano que estaba sentado tras ella, pero si daba un paso frente a ella chocaba con alguno de los dos hombres fornidos que se habían ubicado frente a ella, cada respiración estaba siendo más tenso, sentía como lentamente sus piernas sudaban, tal vez por el estrés, tal vez por el calor, pero lo que más le incomodaba era sentir que si se movía mal su falda terminaría subiendo por completo.
Y como si lo estuviese llamando, un estruendo sacudió el metro abruptamente desestabilizando a más de uno, cosa que por inercia hace que Sara dé un paso atrás tratando de no caer de bruces.
Pudo haber sido normal la situación, medio golpearse con el anciano detrás de Sara, disculparse y seguir con su camino, pero la vida no le estaba sonriendo en ese día. Bajo ella una dura presión había abarcado completamente su zona íntima.
No fue un dedo, menos un pene, era lo suficientemente duro y frío para descartar esas dos opciones, pero no quitaba el hecho que algo estaba presionando hacia su entrada y no tenia intención de moverse de ese lugar, y Sara tampoco se quería arriesgar en voltear a ver.
¿Que tanta es la posibilidad de que solo fuese un accidente? ¿Que, si al moverse ya no sentirá esa presión? Después de todo no cree que el anciano haya acomodado algún objeto para que en un movimiento falso ella cayera sobre este.
Oh, que tan equivocada estaba.
De un momento a otro aquella presión se volvió más intensa, y poco después juguetona. Aquel sólido comenzaba a moverse de arriba a bajo, de un lado para otro, como si esperara a que la humedad fuera mayor en su vagina, cosa que logró en poco tiempo; Sin dejar de lado los movimientos constantes de aquel objeto, Sara sintió como su falda fue levantada al completo ojo de las dos personas que se encontraban detrás de ella, aquel viejo y el adolecente, y seguido de eso como su humeda tanga es movida hacia un lado dejando total acceso al objeto ante su vagina.
Sinceramente quería gritar, avisarle a las personas a su alrededor lo que estaba sucediendo, el como sentía que el, aún desconocido objeto, estaba comenzando a abrirse entre sus pliegues íntimos, pero con solo mirar al frente y ver aquellos otros dos hombres se intimidaba cada vez más.
Los movimientos de un momento a otro pararon, el objeto se quedó estático en un punto en específico de su vagina, su entrada.
La iban a penetrar, era obvio, y no quería.
Como un nuevo impulso extendió su mano hacia uno de los hombres que estaban frente a ella, y al voltearse (junto a su amigo) a verla su voz tembló al salir: — A-ayudenme. — Pero más que entenderse como un grito de auxilio, pareció un gemido de necesidad porque los dos hombres se asomaron a ver que estaba sucediendo a sus espaldas y, tras compartir una mirada entre ellos, no dudaron en dar un poco de su parte en la situación. Ambos hombres se acercaron mucho más a la chica dejándola aplastada entre sus pectorales, además de cada uno posar una de sus manos en su nalga abriendolas entre ellas, creando aún más espacio a la entrada del objeto, el cual sin mas que decir entro en ella en un solo movimiento.
Sara dejó salir un alarido, era duro, pero no duro como un pene erecto, era duro como un fierro, duro y grueso que la hacía sentirse empalada y sin escapatoria. Su respiración se volvió entrecortada, el dolor y la excitación morbosa que estaba sintiendo en ese momento se comenzaron a combinar. Sin esperar a que Sara se amoldara al objeto, este comenzó a moverse brusco y rápido.
Era un entra-sale, entra-sale, sin cesar, y lentamente los gemidos de la joven comenzaban a hacerse más constantes, más fuertes.
Aprovechando una de las paradas del metro, bordada por la excitación y la curiosidad, la joven retrocede un poco, profundizando la penetración en su vagina, logrando poder voltear la mirada. No fue ni más ni menos que aquel viejo sentado el que se encontraba penetrandola con el bastón que traía, tras él también pudo apreciar que el joven que estaba al lado del anciano tenía su celular a lo alto grabando en todo momento aquella acción.
Ambos, el anciano y Sara, cruzaron miradas, y con una mirada picante el hombre acercó su cara a la vagina para poder posicionar su lengua en esta y comenzar a lamer sin parar. Con el anciano moviendo su lengua constantemente, la excitación se volvía más fuerte para la chica, y aquello lo notó uno de los hombres que le sostenía una de sus nalgas, el cual sin ningún preliminar introduce uno de sus dedos en el ano de la joven siendo seguido por su compañero quien le secundó la acción. Ahora era un chico grabándola, un bastón enterrándose hasta el fondo en ella, una lengua mojando sus pliegues y dos dedos que jugueteaban su ano, una fantasía que no había tenido pero estaba cumpliendo.
Sara volvió a enterrar su cara en uno de los pectorales ahogando sus gemidos, ahora con la sobre estimulación no tardó mucho en correrse. No fue una corrida sencilla, fue potente, dejo salir todos sus fluidos de un pason mojando completamente el bastón, pero lo que más la hizo caer en su potencia fueron los sonidos de absorción de parte del anciano en su vulva, al parecer no quería dejar ni una sola gota irse.
Tras eso, una nueva parada llegó provocando que la boca se retirara, junto con los dos dedos y el bastón, dejándola completamente vacía y temblando. En esa misma parada ambos hombres fornidos se retiraron, junto al joven que, zarandeando su celular con el video de Sara reproduciendose, se despide.
Sin fuerzas, aun con sus bragas movidas, la joven se sienta junto al anciano tratando de descansar un rato más hasta llegar a su parada, pero su paz quedó pausada cuando sintió la mano del anciano en su pierna y supo que su viaje iba a continuar un tiempo más.



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