En el vehículo
Con mi novia en el vehículo de su tía .
sol del mediodía se filtraba a través del parabrisas del viejo Renault de la tía, creando patrones de luz danzantes sobre el salpicadero. Fran sentía el sudor pegar su camiseta a la espalda mientras el aire acondicionado funcionaba a medio gas, apenas suficiente para combatir el calor sofocante de julio. Al volante, la tía Carmen canturreaba una canción de radio con la ventana entreabierta, su atención dividida entre el tráfico y la melodía.
Ángelica se había deslizado más cerca en el asiento trasero, su muslo cálido rozando el de Fran. El olor a su perfume —vainilla con un toque de canela— se mezclaba con el aroma a cuero viejo del coche. Sus dedos trazaron círculos sobre la tela del pantalón de él, cada vez más altos, hasta que su palma descansó sobre la erección ya evidente bajo la tela.
Fran contuvo la respiración cuando Ángelica deslizó su mano bajo la cinturilla de sus vaqueros. Sus uñas pintadas de rojo carmesí arañaron suavemente la piel de su abdomen mientras buscaba su miembro. La tía Carmen cambió de emisora y el sonido de una voz de locutora llenó el silencio incómodo.
—¿Estáis bien atrás? —preguntó sin mirarlos por el retrovisor.
Ángelica sonrió contra el cuello de Fran, su aliento caliente provocando que se erizara la piel de sus brazos. —Perfectamente, tía —respondió con voz dulce mientras sus dedos encontraban su objetivo y lo liberaban de la tela restrictiva.
La cabeza de Fran cayó hacia atrás contra el reposacabezas cuando Ángelica comenzó a mover su mano con lentitud deliberada. Cada deslizamiento hacia arriba estaba seguido por una presión sutil en su glande, cada movimiento hacia abajo por un apretón que le robaba el aliento. El coche se detuvo en un semáforo rojo y Fran se tensó, imaginando que la tía se giraría para verlos.
Pero Ángelica no se detuvo. Al contrario, pareció excitarse por el peligro. Se agachó lentamente, sus cabellos oscuros cayendo como una cortina sobre el regazo de Fran. El primer toque de su lengua fue eléctrico —húmedo, caliente, explorando cada centímetro de su erección con una curiosidad que bordeaba la devoción.
llevaba su glande a los labios, su lengua extendida en una muestra de desafío.
El calor de su boca fue abrumador después de la espera. Ángelica no se contenía: hacía ruidos de succión húmedos, sus mejillas se hundían con cada embestida profunda. Fran comenzó a mover sus caderas, follando su boca con movimientos cortos y controlados. Podía sentir cómo la garganta de Ángelica se contraía alrededor de él cada vez que iba más profundo.
—Sí, así —gimió Ángelica cuando se retiró por un momento, su voz ronca por el esfuerzo. —Hazme tragarlo todo.
Fran agarró su cabello, no con fuerza, sino suficiente para guiarla. Ángelica abrió la boca más, invitándolo a tomar el control. Cada embestida era más profunda que la anterior, hasta que sus labios rozaban la base de su miembro. Las lágrimas brotaban de las esquinas de sus ojos, no de dolor, sino del esfuerzo y del placer puro.
El sonido de una puerta abriéndose abajo los hizo congelarse. Ángelica mantuvo a Fran en su garganta, sus músculos masajeándolo mientras escuchaban. Pasos en el pasillo, luego el sonido de la puerta principal cerrándose de nuevo. La tía se había ido.
La liberación de esa tensión fue todo lo que Fran necesitó. Su orgasmo lo golpeó como una ola, empezando profundo en sus testículos y expandiéndose por todo su cuerpo. Ángelica se aferró a sus nalgas, tragando cada ola de semen con una determinación feroz. Cuando Fran terminó de temblar, ella lo limpió meticulosamente con su lengua, no dejando ni una gota.
Se incorporaron lentamente, ambos jadeando en el espacio reducido. Ángelica se apoyó contra la pared, su vestido subido hasta sus caderas, revelando que no llevaba ropa interior. Su coño brillaba con humedad, sus labios hinchados pidiendo atención.
Fran no necesitaba más invitación. Se arrodilló frente a ella, levantando una de sus piernas sobre su hombro. El olor a excitación de Ángelica era embriagador —salado, dulce, puramente femenino. Su primera lamida fue exploratoria, saboreando cada pliegue y recoveco. Ángelica respondió arqueando su espalda, sus manos encontrando el pelo de él.
—Más —rogó, su voz apenas un susurro.
Fran obedeció, su lengua encontrando su clítoris y rodeándolo con movimientos circulares precisos. Ángelica comenzó a mover sus caderas contra su cara, buscando más fricción, más presión. Él introdujo dos dedos en su coño mientras continuaba lamiendo, encontrando el punto áspero dentro de ella que hizo que gritara.
El orgasmo de Ángelica fue rápido y violento. Su cuerpo se tensó completamente, sus piernas temblando incontrolablemente alrededor de la cabeza de Fran. Podía sentir las contracciones de sus músculos vaginales alrededor de sus dedos mientras ella venía, sus gemidos llenando el pequeño espacio escondido.
Cuando terminó, se deslizó por la pared hasta sentarse en el suelo. Fran se unió a ella, sus cuerpos sudorosos y satisfechos apoyados el uno contra el otro. El sol había cambiado de posición, el rectángulo de luz ahora cubría sus piernas entrelazadas.
—La próxima vez —dijo Ángelica finalmente, su voz normalizándose—, quiero que me folles aquí mismo. Contra esta pared.
Fran sonrió, besando la frente de ella. —Contigo, donde sea.


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