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Fantasías / Parodias, Heterosexual

Fantasias prohibidas 1. Joaquina

Relato breve de las fantasías de un hombre mientras mira jugar a una pequeña playa..
Relato breve de las fantasias de un hombre mientras mira jugar a una pequeña playa.

 

 Nada de esto es real. Está todo en mi cabeza. Pero necesito compartirlo. Muchos de ustedes deben entender, deben compartir mis gustos, mis fantasías, mis miedos, mis deseos. ¿A cuántos les pasan estas cosas y no pueden decirlas, no tienen con quién charlar de esto, compartir sus fantasías abiertamente y sin ser juzgados?

 

Hablo de ese deseo por los niños y niñas. De tocarlos, de besarlos, de morbosearlos, de cogerlos, de jugar con su inocencia.

 

Tengo 40 años, y sí, me gustan, me calientan, me excitan los niños. Veo bebés, niños, y adolescentes, y me dan morbos, fantasías, deseos. No tengo una edad específica, menores de 12 años son objeto de deseo solamente por ser menores de 12 años. Pero también hay adolescentes con los que uno quisiera hacer de todo.

 

Son solo fantasías, pero ¿acaso no las tenemos todos? ¿No sienten ese deseo irrefrenable en el pene cuando ven una niña con traje de baño, o un niño sin remera jugando a la pelota?

 

Voy a contarles mis fantasías, espero que les guste, y que ustedes compartan las suyas conmigo.

 

Joaquina

 

Estamos en la playa. Mi hija se hizo una amiguita, una hermosa nena de 8 años, pelo castaño hasta los hombros, unos ojitos color miel grandes, su sonrisita infantil que dejaba ver uno de sus dientes nuevos un poco chueco. Su pechito plano era hermoso, se dejaban ver unas piernitas macizas, duritas, un culito redondito y parado, y la tela de la ropa de baño dejaba traslucir una conchita gordita, unos labios que se abrían de forma inocente y descuidada en sus juegos.

 

La mamá de la pendeja le puso una malla enteriza, como si eso hiciera que se vea menos putita. Pero a esa nena se le ve lo regaladita desde lejos. Cuando juega a hacer piruetas de gimnasia por la playa, abriéndose de piernas, dejando que se le clave la tela en la conchita, o mostrando la raya de su culito, me pone a babear la pija. La veo corretear de un lado a otro de la playa con el balde. Su vocecita infantil debe ser un encanto si lanza gemiditos.

 

No dejo de mirarla, cómo mueve su culito mientras camina de acá para allá. Tengo ganas de manosear esas piernas y acariciar su vulva, despacio, sentir cómo su cuerpo se tensa de nervios porque un adulto la toca en esa zona íntima y prohibida que seguro su mamá dice que nadie debe ver ni tocar.

 

Cómo no imaginar el olor de su culito infantil, el sabor de la babita de su concha, la sensación de pasarle la lengua por su piel, su pechito plano, subiendo por su cuello para babearle la cara. ¿Que no se les para la pija de pensarlo? ¿No tendrían las mismas ganas que yo de abusarla? Imaginen sentir su miedo, su cuerpito temblando mientras la acarician y le dicen al oído lo bonita que es, que su cuerpo está hecho para que un macho adulto la consienta. Que se relaje, que va a sentir cosas hermosas. Limpiar sus lagrimitas con la lengua mientras meten sus dedos por bajo la malla, y buscan tocar esa vulva sin pelitos.

 

“Mmmm, Joaquina, sos tan linda, bebé, vos no tenés que estar jugando con un baldecito en la playa. Con ese cuerpito, vos tenés que estar dándole placer a un novio adulto, amor. Quiero ser tu novio, a escondidas de tu mami enseñarte a ser mujercita”, son los diálogos que vienen a mi mente como si la tuviera arrinconada en algún rincón de la playa sin que nadie vea cómo le hago cosas sucias, cómo me encargo de destruir su inocencia.

 

Imagino cómo su conchita, virgen de pelos, se mojaría solo por la tensión y el miedo, por la sorpresa de ese contacto que le erizaría la piel. Ella es tan pequeña, tan inocente, que no sabe lo que le espera, no sabe que su destino es ser abusada y disfrutarlo en el fondo, que va a sentir un calor que nunca sintió. Se resistiría, seguro me pegaría un manotazo con su bracito débil. Pero no podría hacer nada más que sentir cómo mi mano grande la cubre y aprieta con firmeza.

 

Quiero ver sus ojos asustados mientras la toco sin piedad, y que su mente infantil se inunde de confusión y placer prohibido. La llevaría a un lugar escondido, detrás de las rocas, donde nadie pueda escuchar sus súplicas ahogadas por un beso intenso. La tiraría a la arena, con su traje de baño ya hecho un lado, y usaría mi lengua para explorarla, para saborear cada centímetro de su cuerpo de niña. Esas ganas de tomar su inocencia a la fuerza son incontrolables.

 

«Por favor, quiero ir con mi mami. No quiero que me toque ahí». Imagino su vocecita mientras la veo jugar en la playa. Y le respondo: «Pero, amor, vas a sentir muy rico. Además, mira, tu ‘conchita’ ya suelta babita, debe gustarte algo». Me llevo los dedos a la nariz y huelo su excitación infantil. Inspiro fuerte, como si quisiera inspirar una raya de coca. «Mmm, pendeja, qué olor a putita que tenés, amor, es un olor muy rico. Tomá, sentilo». Ella se resiste, dice que no, que quiere soltarse, pero mi grito la hace entrar en razón. «¡Dale, pendeja, dije que huelas! No seas boluda. ¿No te enseña mami a hacer caso?». «Señor, no… me quiero ir, por favor», llora. Mientras yo le bajo los breteles de la malla y empiezo a dejarla desnudita.

 

«Mira lo linda que sos, bebé. Mirá ese culito que tenés. ¿Te voy a dar mimos en la cola y la concha, sabés? Pero primero dame lengüita, dame besitos de novia». La agarro del pelo y la obligo a besarme en la boca. Ella intenta cerrarla, pero le hago doler y abre la boca, y le paso mi lengua en la suya. Le alejo la cara un poco y le pego dos escupitajos, uno en la boca y otro en la cara, para después pasar esa saliva por su cara con la lengua, y mezclarla con sus lágrimas. Mis dedos de la otra mano la sostienen de la cola y juegan con su asterisco, pasean por la raya del culo. «Buaaa… ¡Señor, no, basta, por favor, déjeme ir!», llora. Por momentos se pone rígida, pero por otros parece resignada. «No, mi vida, un ratito más te quedás a jugar conmigo, y después, si querés, seguís haciendo castillitos», imagino que le contesto.

 

Ahora que la tengo desnuda, me aseguro de que el terror se convierta en una aceptación forzada. Hundo mi rostro en su estómago, aspirando el olor a mar y su piel tierna. Mis manos recorren la curva de su espalda baja, subiendo y bajando, una caricia pervertida que busca calmarla y a la vez excitarme más con su vulnerabilidad. La vuelvo a besar, esta vez más profundo, introduciendo mi lengua y forzándola a probar el sabor de su propio miedo mezclado con mi deseo. Sus bracitos, ahora libres de la malla, se aferran a mi cuello en un reflejo confuso, buscando consuelo en su agresor.

 

Me separo solo para ver sus ojos miel dilatados, llenos de lágrimas y una chispa de algo que no puedo distinguir, ¿curiosidad, quizás? «Ves, mi amor, no es tan feo», le digo, limpiándole una lágrima con la punta de la nariz. Uso mis dedos para abrirla un poco más. Ella no opone resistencia ahora, solo tiembla. Meto un dedo dentro de su conchita virgen, sintiendo su estrechez y la humedad tibia. Muevo el dedo despacio, observando cómo su rostro se frunce, un gemido silencioso atrapado en su garganta. Es el sonido de la inocencia quebrándose.

 

«¿Se siente rico, bebé? Sé que sí, es que tu cuerpito está hecho para estos mimos, y yo voy a dártelos. Vamos a darnos placer los dos, ¿sabes?». Se le escapó otro gemido, seguía llorando en silencio con la mirada perdida, esperando ayuda. Yo le doy besos en su pancita rellenita, infantil, después en su carita, por donde caen sus lagrimitas. «Me encanta lo tierna que sos incluso cuando lloras, ¿sabes? Te hace ver más linda, te deseo, pendeja, me volvés loquito, voy a darte amor de verdad, amor de macho, el que tu cuerpito hermoso se merece».

 

«Mira cómo me tenés, chiquita». Me separo un poco y bajo mi short para que me vea la pija. La dejo salir; se siente ese olor agrio a macho caliente. Le agarro su manito y la pongo en mi pija, pero la suelta. «Dale, pendeja, tocala, vas a ver que te va a gustar. Seguro siempre quisiste tocar el pito de macho adulto». La volví a forzar. Ella esta vez dejó la mano. Yo la apreté con la mía y le mostré cómo pajearme. «Así, pendeja, así pajeás a tu nuevo macho». La imagino temerosa, pero sin cortar el movimiento, masturbándome, sintiendo la dureza de mi pene. Mis venas se hinchan, y el glande deja escarbar precum en cantidad. «Ufff, sí, Joaqui, qué lindo que me pajeás, bebé, ves que naciste para ser puta de macho. Qué lindo se siente tu manito». La vuelvo a besar con mucha obscenidad, metiendo mi lengua. «Dale, pendeja, besame, seguí mis movimientos, dame lengua, pendeja, dale». Ella todavía llora, pero el nivel de resignación es total, y se deja, me da lengua, me besa y sigue masturbándome. «Snnn, por favor…». Ella llora todavía. Bajo mis manos, ya no necesita guía, así que con una mano acaricio su clítoris, y con la otra manoseo su orto. «Qué pedazo de orto tenés, pendeja, me volvés loco con ese culo desde que llegué a la playa. Tu mamá debe ser muy pelotuda, te viste así, regalada, para que te violemos los machos, ¿no se da cuenta de que tu orto nos va a calentar?». Le digo, mientras disfruto manosearla, besarla. Me huelo cada tanto los dedos, con el olor a culito o a olor a conchita. Disfruto saborearlo.

 

Empiezo a dedearla. Me ensalivé el dedo de la mano derecha y empujé su anillito trasero. «¿Vos no dejes de acariciarme la pija, pendeja, está claro?». Ella asintió asustada frente a mi intento de invasión. Le escupo el orto dos veces, y empiezo a presionar con mi dedo. «Ahhhhh, basta, duele», trata de correrse. «Shhh, tranquila, bebé, relajate y vas a ver que está todo bien. Sentí cómo entra mi dedo en tu culito». Lo vuelvo a sacar, lo chupo mirándola. Ella pone cara de sorpresa y de asco. «Mmm, qué rica está tu cola, bonita, ¿querés probar?». «Noooo», me dice y amaga a soltarme la pija. Le hago volver a agarrarla y que tenga claro que no me puede soltar. «Abrí la boca y chupame el dedo, pendeja». Llorando, abre la boca y prueba. Por momentos tira una arcada, pero la contiene y sigue chupándome el dedo con sabor a culito de nenita puta.

 

  La doy vuelta, ahora si tiene que soltar mi pija, la hago inclinarse contra  unas piedras, y me agacho yo. “ abrime las piernitas, te voy a hacer sentir muy rico” . Ella duda un poco pero abre un poco las piernas, la acomodo un poco para que quede bien expuesta su conchita y su anito abierto. Bajo el sol de la playa se queda expuesta su vuvlvita abierta, su culito, todo babeado por mi y un poco irritado por mis dedos. Acerco mi cara y la huelo, inspiro fuerte, siento todos sus aromas llenarme. Pruebo su conchita, empiezo a succionarla, al principio parece querer resistirse pero enseguida se le escapa un gemidito. La posicion es maravillosa mi nariz queda pegada a su anito lo cual me deja disfrutar su aroma mientras mi lengua degusta su juguito de la concha.  Me pajeo mientras le mamo la concha. Sin importarme que estoy en la playa, disfruto su olor a pendeja puta, disfruto como su concha responde dandome jugo, subo mi lengua por su rayita y le doy lengua en la cola. Muero por penetarla ahi, pero no, no la penetro, su sabor me tiene perdido.  mientras le hago su oral le hablo, “ uff bebita, que sabor a puta tenes, que rica sos, tu olor a culito, hasta el sabor de tu caquita es rico pendeja, tengo unas ganas de meterte bien la pija, como te lo mereces, una pendeja como vos merece ser bien cogida,¿ por eso moves tanto el culito por la playa no? para que un macho te llene bien de leche el orto” 

 

Mientras la tengo inclinada, con esa colita perfecta y la conchita expuesta al sol, sigo con mi boca pegada a su vulva, succionando con fuerza su clítoris. «¡Ay, sí, Joaquina, así, mi amor, gemí, gemí para tu macho, dale! Escuchá qué rico suena, pendeja. Mirá cómo me pajeo solo con el juguito de tu concha, qué puta naciste, beba. Tu cuerpo se moja solo porque te estoy dando besitos de macho, ¿viste que no duele? Es rico, muy rico». Mis dedos siguen su camino, y ahora, uno se desliza desde su ano hasta su clítoris, arrastrando el aroma de su culito por toda su vulva. Le doy un buen lengüetazo a su ano, sintiendo su sabor, y ella se estremece, un pequeño grito ahogado escapa de sus labios. La agarro de la cadera para que no se mueva. «No te muevas, dale, que te estoy haciendo cosquillitas ricas. ¿Ves cómo te gusta? Sentí esa electricidad que te corre por la concha, eso es placer, mi amor, placer que solo un macho como yo te puede dar. Dale, abrí bien esa concha para tu macho, Joaquina».

 

Sigo chupando, más intenso, con más ritmo, y siento cómo se pone más mojada, el temblor de su cuerpito ya no es solo de miedo, sino de una excitación que no puede controlar. Ella aprieta sus puñitos, se muerde el labio, y le sale un gemido más fuerte, ya no de susto, sino de ese gusto prohibido. «¡Eso, pendeja, así me gusta! Dame más jugo, dame todo tu juguito, que quiero chuparte hasta la última gota. Te encanta, ¿no? Sentí cómo se te pone duro ese botoncito, mi amor, te lo voy a dejar bien sensible para que siempre te acuerdes de tu macho de la playa. Mirá cómo te vibra la conchita, puta, sos una putita perfecta. Seguí gimiendo, bebé, que quiero escuchar a mi nena puta». 

 

 Estoy perdido en su olor, en su sabor. Mis huevos empiezan a hincharse con la leche que tengo.

«¡Mmm, pendeja! ¡Qué rica concha tenés! ¡Qué rico queso! ¿Cómo podés ser tan chiquita y tener este orto de prostituta? Me muero por este olor», digo, mientras le babeo toda la concha y el orto, disfruto el olor tan íntimo, siento sus gemidos.

¡La pendeja está gimiendo!

«¿Ves qué puta sos? ¡Cómo gemís, pedazo de trola! ¿Qué decías, que no querías? ¡Si te gusta que tu macho te dé lengua en la concha!»

 

Y en ese frenesí de lengüetazos y caricias perversas, mientras mi boca no deja de succionar su clítoris con una intensidad enfermiza, siento cómo su cuerpito se arquea de pronto, con una fuerza que no creí posible en ella. Sus manitas se aferran a las piedras, sus piernitas se tensan, y el gemido que sale de su boca ya no es un lamento ni un grito de susto, sino un chillido agudo, desesperado, que se ahoga en su garganta. Un «¡Basta, señor, por favor… ahhh!» se escapa entre sus jadeos, mientras tiembla de pies a cabeza. Le agarro su cintura para fijarla a mi boca y sigo con mi labor, el ritmo es desenfrenado.

 

Ese temblor se vuelve una convulsión, una descarga eléctrica que la sacude toda. Sus ojitos, antes llenos de lágrimas y pánico, ahora están cerrados, con las cejas fruncidas en una mueca de placer y dolor mezclados. Siento cómo un último chorrito de su juguito de niña me moja la cara, más abundante, más denso, mientras su cuerpito se relaja de golpe, exhausto, humillado. «No… no quiero, por favor… ¡Mmm…!» balbucea, y ese sonido de protesta se transforma en un «¡Ah…!» final que resuena, un grito de resignación y éxtasis que se pierde en el aire de la playa.  LA pendeja tiene un orgasmo, estan abusando de ella e igual tiene un orgasmo, en la boca de su macho, como buena puta.

 

Yo no doy más. Quiero sacarme la leche, así mientras la veo correr por la playa la imagino después de acabar. Aún llorando, la agarro de los pelos y la doy vuelta, la siento en la roca, su cara a la altura de mi pija, mientras me pajeo fuerte. «¿Sentís? ¿Sentís el óleo de la pija de macho, Joaqui? Mmm, mira cómo me la pusiste. La tengo re dura. Abrí la boca, puta de mierda, dale». Le tiro del pelito y la escupo mientras llora. Cierra los ojos, pero la obligo a mirarme con sus hermosos ojos marrones grandes. Le paso la pija por los labios. «Dale, ole, saca la lengua y babeame la pija, así te doy leche. Es la hora de la lechita, amor. Vas a probar la merienda», le digo mientras muevo la pija. La fricción de mis dedos hace que se empaste el precum en la punta y salga ese olor a pito entre su baba y sus labios, justo bajo su nariz.

 

La obligo a abrir la boca de nuevo, tirándole del cabello. La punta de mi pija roza sus dientecitos de leche, y el olor a semen y la humedad de su boca se mezclan con sus lágrimas y mi saliva. «Chupame la pija, pendeja. Dale, con ganas. Hacé como si fueras mi putita, mi novia grande. Tenés que besarme y chupar lo que te dé tu macho». Ella intenta tragar, pero solo consigue babearse, mientras mi mano acelera el ritmo. Veo su cara, esa mezcla de asco y terror, y me calienta más. La leche empieza a asomar en la punta, espesa y brillante. «Ya casi, amor, un poco más… Vas a sentir el sabor del macho. Tu boca está hecha para esto, Joaquina. Para chupar la pija de tu novio y tragar toda su leche».

 

La miro fijo, esos ojos miel suyos, que ahora parecen dos charcos turbios por el llanto, están clavados en la punta de mi verga. No hay inocencia ya, solo un pánico estúpido y resignación. Huelo el aliento a miedo, a la sal del mar y a esa baba dulce de pendeja que no deja de caerle de la comisura de los labios. El olor agrio y fuerte de mi pija mojada por su precum inunda el aire, y me pajeo pensando en el asco que debe sentir al tener ese olor a macho justo en su naricita. «¡Abrí más grande, dale, puta! Que no quiero que se te escape ni una gota de mi leche. Vas a tragar todo, hasta el gusto a forro sucio de mi pija. ¿O no te gusta el sabor del macho, Joaquina? Abrime bien esa boca de trola que tenés». Mi pija se sacude con cada empuje, rozando sus labios temblorosos, y el precum se desliza, brillante, listo para el desborde.

 Siento la leche por salir, no busco contenerla mas, va a ser mucha, ahi en la playa voy a enchastrarle la carita a esa pendeja puta que estaba  jugando con esa mayita apretada mostrandome el culito, va a recibir su merecido, el que merecen las nenas como ella, el premio por ser tan putita, leche de macho, leche de pija. “ ahi viene tomala toda pendeja, tomate la chechona dale¡¡¡¡ ahhhhhh ¡¡¡¡”  Mi semen empezo a embadurnar su carita, le llene el pelito la naricita, los cachetes,y varios chorros fueron a parar adentro de su boca.  Cuando deje de disparar quiso escupir, pero le agarre la cara y le tape la boca, “ tomate la leche hija de puta, dale, se buena nena y toma la lechita de tu macho”, le saco una foto con mi celular a su carita lechosa, de recuerdo, “ ponete la maya y anda a limpiarte la lechita al mar antes que se den cuenta que no estas por ningun lado. mañana venite con una bikini pendeja, que cuando te agarre vot a cogerte toda, total nadie se fijo que no estabas” le digo, le escupo la cara y me acerco para besarla con la carita sucia de semen…

 

  —- Amor, dale en que pensas? tenemos que irnos ya, hace frio— Me dice mi esposa sacandome de mi ensoniamiento. 

 

—-PErdon gordi, colgue  pensando en algo— Cuando estoy cerrando la sombrilla se acerca joaquina y mi hija, y la putita me mira

 

—Señor, mañana vuelven? para seguir jugando.— Me mata  su sonrisita, tengo que contenerme para que no se me pare la pija mirandola.

 

—Si, mañana volvemos, asi siguen jugando bonita….

 

Espero que les haya gustado este relato. 

 

Me encantaría conocer sus opiniones,  experiencias, y fantasias. Escribanme para compartirlas, o compartir con quien fantasean. Es increíble lo que pasa por nuestras cabezas cuando vemos una belleza tan pequeña y frágil.

 Les dejo mi correo para ello, y por supuesto, ¡si les interesa escribir algo juntos!  [email protected]

 

Tambien por TELEGUARD ID: SH4RVU98A y mi telegram: @Arcangelperverso

Te invito a leer mis otros relatos  en la pagina: https://sexosintabues30.com/author/arcangel_perverso/

En breve voy a abrir mi Blog para relatos, donde voy a publicar todo lo que vaya escribiendo y otras historias.    https://arcangelperverso.blogspot.com/    

 

21 Lecturas/11 febrero, 2026/0 Comentarios/por arcangel_perverso
Etiquetas: amiguita, baño, culito, culo, hija, orgasmo, playa, semen
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