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Mi vida sexual..
Era una tarde de abril, estaba en mi negocio una tienda de abarrotes limpiando y acomodando las repisas con los diversos productos.

El calor era muy alto, siendo el aire del ventilador insuficiente para poder calmar el no bochorno que se sentía.

Hay seguia yo cuando por la puerta entró una niña pequeña que no pasaría de los 6 o 7 años, llevaba puesto un vestido azul cielo con huaraches de plastico y su cabello tomado en una cola de caballo.

– Hola preciosa- le dije. -Señor me puede dar un jabón de barra por favor.- no respondí solo con dirigí mi mirada hacia el frente de mi donde estaba una repisa con los diversos jabones que vendía.

La niña entiendo la señal y se dirigió hacia el mueble subiendo a una pequeña escalera que tenía dispuesta para estos propósitos. La niña subió y yo solo me estaba deleitando con la forma de sus piernitas.

Se estiró un poco más quedando casi empinada hacia mi dándome una gran visión, llena de morbo. Inocentemente volteo con mirada suplicante para que fuera en su ayuda y lo hice.

A prisa y asomándome que nadie viniera no le di tiempo de bajarse quedando detrás de ella en la escalera.

Me le repegue lo más que pude queriendo hacerla sentir la semi erección que ya estaba teniendo.

La niña no había notado nada raro, seguia hay era una sensación hasta ese momento imaginada indescriptible.

Al notar que alguien podría venir me baje en seguida dejando en sus manos el jabón y corrí atrás de el mostrador.

La niña bajó, y en efecto su madre venía a encontrarla pues ya se había tardado.

Antes de que la regañara decidí intervenir. -Disculpa por entretener a tu hermanita, como no la había visto por aquí imaginé que son nuevas por aquí.- La chica con su voz apenas perceptible me confirmó que era su hija y que en efecto recién habían llegado a vivir a una vecindad cercana.

Yo guiñendole un ojo a la pequeña quien lucia asustada por el tono con el que había llegado su mamá y en un intento por ganarme su confianza le regale el jabón diciéndole que podía venir cuando quisiera.

La idea era ganarme su confianza, para ver si podía acercarme mas a la pequeña y por qué no a su madre quien apenas pasaba los 21 o 22 años.

Así fueron pasando las semanas -Fernanda nombre de la mamá comenzó a visitar regularmente la tienda haciendo las compras para su casa y poco a poco nos fuimos haciendo amigos. Durante poco más de un mes no pude hacer mucho por acercarme a la pequeña Gabi pues no había encontrado motivo que pudiera ser adecuado para ello.

Hasta que una noche muy lluviosa, Fernanda llego desesperada pidiéndome ayuda pues a su esposo quién era un alcoholico irresponsable (esto dicho por la misma Fernanda).

En una pelea de cantina otro ebrio lo había asesinado. Lo único que atine a hacer fue que se calmara, cerré la tienda y pasamos a la parte trasera que es donde tenía mi casa en aquel entonces.

Después de hacer los trámites pertinentes y al ser el tipo de otra ciudad y sin que la pobre mujer supiera si tenía o no algún familiar asumí los gastos funerarios y de enterramiento.

De alguna forma había desarrollado sin darme cuenta un sentimiento de cariño hacia aquella mujer y su pequeña hija.

Al verla tan desconsolada y sola, me arriesgue y le propuse venirse a vivir conmigo como mi mujer para hacerme cargo de su hija legalmente.

Ella al principio se mostró rehacia a aceptar mi ayuda. Al cabo de dos meses y al solo poder encontrar trabajos mal pagados y al no poder costear los gastos de Gabi, optó por pedirme empleó yo no podía hacerlo así que una vez más le propuse casarnos y así poder darle una mejor vida a Gabi.

Al fin aceptó, y al mes ya estábamos viviendo juntos. El tipo con el que vivia sin duda la tenía muy bien entrenada.

Pues las primeras noches juntos debo reconocer que Fer cómo le comence a decir después daba unas mamadas de campeonato. Haciendo de nuestra vida sexual algo muy excitante.

Los meses pasaban y el negocio seguia creciendo permitiendome abrir una tienda más grande, logrando que ambas pudieran ser atendidas por personal que pudimos contratar.

Para principios de el año siguiente la vida me sonreía pues Fer estaba a la espera de nuestra primer hija juntos.

Es en este punto cuando las cosas dieron un vuelco pues una ocasión, Fer tuvo que viajar hacia el norte del país puesto que su mamá había caído enferma de forma terminal así que ella decidió ir y estar con ella un pequeño lapzo de tiempo.

Gabi por su parte no quizo ir y Fer y yo decidimos no obligarla ir.  Así que la niña quien recién había cumplido 7 años quedó a mi cargo.

Una noche al volver de la tienda más grande decidí ver el fútbol y beber un poco de cerveza. La niña estaba en su habitación, las horas pasaron y perdí un poco la noción del tiempo así que decidí irme a dormir a mi habitación al pasar por el de la niña escuché algunos ruidos..

Me quedé pegado en la puerta a ver si escuchaba algo más y en efecto salían de la habitación de la niña algunos gemidos, casi apagados..

De momento me quedé sin saber que pensar una niña de 7 años gimiendo, abrí un poco la puerta esperando ver algo y que no me escuchara, la niña estába boca arriba con las sábanas casi hasta el pecho.. pero en medio de la obscuridad note su mano moviéndose a la altura de su puchita..

¡Se estaba masturbando! No dije nada solo me retiré sin hacer ruido y me dirigí a mi cuarto donde mesturbe con furia pensando en lo que había visto.