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Heterosexual, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

Hice mi mujer a mi hija de 8 años

La convertí en mi mujer a los 8 años, después de despertarla al sexo durante años. 

Termine economía en la Universidad a los 22 años, con el primer puesto de mi promoción, ya para entonces hacia prácticas en una entidad financiera de primer orden, donde después de graduado me ascendieron, y tuve una carrera meteórica, un año después ya ocupaba un cargo de funcionario, con un sueldo muy por encima del promedio, esto hizo que pensara en casarme con una compañera de la universidad, con la que venia saliendo un par de años, y era el amor de mi vida.

Termine casado antes de los 24 años, y mi mujer se embarazo casi de inmediato, y dio a luz a una niña, 9 meses después, pero lamentablemente ella falleció durante el parto, y asi quede viudo, y padre soltero, antes de cumplir 25 años.

La pena que me embargo por mi perdida fue muy grande, y me refugie en el trabajo, y en el cuidado de mi niña.

Contrate un ama, que venía todos los días a las 7:30 am, y se iba a las 7:30 pm, por lo que, saliendo de la oficina, tenía que volar a mi casa, para atender a mi hija, le daba de comer, la bañaba, y la acostaba, todos los días.

La niña dormía en mi cama, tenia miedo de separarme de ella cuando dormía, había leído artículos de muerte súbita en niños recién nacidos, y eso me aterraba, por eso decidí que era mejor que durmiera conmigo.

No tenia vida social, de la oficina a mi casa, y los fines de semana, dedicados a mi hija, pasearla en coche, ir al parque, y todas las actividades que se pueden hacer con un bebe, que ya tenia más de 2 años.

Esta situación había hecho que estuviera célibe todo ese tiempo, desde la muerte de mi mujer, sin embargo empecé a notar las consecuencias de esa abstinencia, tenia sueños húmedos, me vaciaba en sueños, lo que era una forma de desfogue, y también empecé a masturbarme seguido, viendo alguna porno, pero lo mas inquietante fue que, cuando bañaba a mi niña, yo también me metía a la bañera, desnudo, con ella, y cuando jabonaba su piel suavecita, como seda, o terciopelo, terminaba con una erección, y empecé a adoptar una costumbre, después de bañarnos, me acostaba con ella, completamente desnudos los dos, y la ponía sobre mi pecho donde se quedaba dormida, hacia unos meses que ya pedía hacer sus necesidades, asi que ya no usaba pañales, sin embargo para evitar sorpresas había colocado un hule, debajo de la sabana para proteger el colchón, ya que al dormir desnudos los dos la nena se había orinado alguna vez mientras dormíamos.

Cuando se dormía encima mío, no podía evitar el acariciarla, sobaba su espalda, apretaba sus nalgas, y todo esto mientras tenia la verga tan dura que ya dolía, como la tenia parada una noche empecé a frotarla contra sus piernas, lo que resulto tan excitante, que termine vaciando toda mi leche, sobre sus piernas y mi barriga, todo esto sin que ella se despertara, me di cuenta que eso era mucho más rico que correrse la paja, y la bebe ni siquiera se despertaba, por lo que empecé a hacerlo seguido, para desfogar toda la tensión que sentía.

Con el tiempo, hice algunas variaciones, en lugar de ponerla en mi pecho, la acostaba de costado, y me echaba detrás de ella, pasaba mi pinga entre sus piernas, y empezaba a moverme como si la estuviera follando, el roce con su piel tan suave, era una delicia y apretando sus piernas hacía, que al moverme, el prepucio bajaba y subia, dándome gran placer, terminaba embarrando con mi leche sus piernas, su conchita, y su barriga, y cada mañana después de eso tenia que hacerle una limpieza, antes que la nana llegara.

Cuando cumplió 4 años, ya había encontrado otra variación, ponía mi verga entre sus nalgas, tan suaves, gorditas, lisas, deliciosas, y apretándolas, me movía hasta que soltaba toda la lechada, en su cuerpecito.

Ya en esa edad, también ella mostro curiosidad por mi verga, y había noches que empezaba a jugar con ella, tocándola, moviéndola de un lado para otro, haciendo que se me pare, y se reía cuando el prepucio se retiraba y mostraba la cabeza brillante, humedecida por el lubricante que me salía, ya que me ponía arrecho, poco a poco empecé a indicarle como podía hacerlo mejor con sus dos manos, y si jalaba el prepucio para atrás, y luego lo volvía a subir, lo aprendió rápidamente, pajeándome de lo lindo, le divertía oírme gemir, o que le pidiera que lo hiciera mas rápido, cuando estaba a punto de llegar al  orgasmo, y reía cuando yo empezaba a retorcerme antes de vaciarme.

Yo no podía contenerme, y le decía a cada momento cuanto la amaba, lo linda que era, lo mucho que me gustaba estar con ella, jugar con ella, se sentía querida, y hasta orgullosa de hacerme sentir, lo que sentía en nuestros juegos sexuales, porque también teníamos otros juegos, que no tenían nada de erotismo.

En esa época también empecé a pedirle que me diera besito en la pinga, al principio no quería, pero poco a poco, fui incluyendo en nuestros juegos, el besito en la cabecita, luego empecé a pedirle que abriera la boca, al momento del beso, y asi logre que la metiera a su boca, y le enseñe a mamarla, y con el tiempo, lo hacía como una profesional, aunque no le gustaba que se la diera dentro de la boca, lo hice una vez, y le dieron arcadas, y de allí en adelante, ya no quiso.

A su vez yo jugaba a hacer cosquillas, asi le llamábamos, con la boca, empezaba en sus pezones, lamiéndolos, luego su ombligo, donde soplaba para hacer un ruido que a ella le hacía reír mucho, y abriendo sus piernas metía mi cara entre ellas, y le daba unos lengüetazos, en la conchita y en su culito, saboreando esos manjares, que me parecía como comer un durazno jugoso, o la más deliciosa de las frutas, y el hecho de que fuese una fruta prohibida, lo hacía más delicioso aun.

Conforme crecía, íbamos aumentando los gustos, le restregaba la verga en su conchita, o por su culito, hasta que me vaciaba.

Habíamos hablado de que nuestros juegos no los debía saber nadie, que eran un secreto entre los dos, y de alguna manera ella pareció entender que no debía hablar con nadie de lo que hacíamos

A los 7 años ya empecé a meterle un dedo en el ojete, mientras le lamia la conchita, también le metía dedo en el coño, primero uno, luego cuando ya no protestaba, dos, y asi la fui acostumbrando a sentir presión dentro de su concha, y de su culo, y que sintiera placer con la penetración de mis dedos.

Se había convertido en lo mas importante de mi vida, la ocupaba toda, a veces me sorprendía pensando en ella, mientras estaba en la oficina, y sentía deseos de ir a su encuentro y estar a su lado, viendo televisión, comiendo, jugando, o teniendo sexo.

Cuando ya tenia 8 años, le propuse que intentáramos culear, habíamos visto algunas películas porno juntos, que le habían servido de referencia en muchos casos, asi que ya sabia lo que era culear, pero tenia miedo que le doliera.

Le hice notar que ya le había metido hasta 2 dedos al ojete, y por la conchita, pero ella me replico que mi pinga era más gorda.

Le prometí, sin tener la seguridad de cumplirlo, por lo arrecho que estaba, que, si le dolía, pararíamos.

Finalmente, mas por darme gusto que nada, ella acepto que lo hiciéramos

Fuimos a la cama y la acaricie, besaba sus jugosos y tiernos labios, su cuello, sus pezones, su barriga, para encaramarme entre sus piernas y ensalivar lo mas que pudiera su conchita y su ojete, haciéndola gemir de placer, y retorcerse, quería que estuviese muy arrecha para que permitiera la penetración.

Me puse de rodillas entre sus piernas, y me puse lubricante en la cabeza del pincho, y también le apliqué en el ojete y en la concha.

Empecé a sobar la verga en su culito, la pasaba entre sus nalgas como lo había hecho tantas veces desde que era una bebe, luego puse mi dedo índice lubricado, en su ojete, hice presión y entro la primera falange, arrancándole un gritito, gire el dedo moviéndolo circularmente tratando de dilatar el ojetito, estuve un buen rato en esa operación, y luego metí también el dedo medio, otro gritito, pero sin pedir que se los saque, seguí rotando mis dedos dentro de su ojete, hasta que lo note más dilatado, y ella gemía, pero no con dolor, con la otra mano empecé a masturbarme para que la verga se me pusiera más dura, retire los dedos,  y apunte al ojete, apoyando la cabeza de mi verga allí, sin dejar de acariciar sus nalgas, presione, había resistencia a pesar que estaba dilatado, me ayude con la mano, jale el prepucio hacia abajo, descubriendo la cabeza brillante por el lubricante, y  aumente la presión , y entro la cabeza, ella dio un grito y gimoteo ,yo le dije que estaba bien que ya iba a pasar, que solo era la presión, pero que pasaría, vas a sentir rico, solo aguanta un poquito.

No contesto nada, pero ceso su lloriqueo, sosteniendo su cadera la atraje mas hacia mi y mi verga se introdujo más, otro gritito, aguanta un poco más, le dije, retire un poco la verga, y la volví hacia adelante otra vez, y luego seguí con movimientos suaves, despacio, sin prisa, movimiento de bombeo, sentía como ese ojetito me aprisionaba la pinga, era delicioso, y pensé, me estoy culeando a mi hija, y ese pensamiento, hizo que me pusiera mas arrecho, y como no escuche ninguna queja de su parte, hice que los movimientos fueran mas regulares cada vez, escuche un gemido medio ronco, pero no era como los otros, era de placer, estaba gozando, los gemidos se hicieron mas frecuentes, y acelere los movimientos, entonces mi bebe, empezó a retorcerse , y movía sus caderas, arqueo la espalda y se puso muy tensa, sentí que su ojete ajusto aún más mi verga,   hasta que lanzo un ahhhh profundo, para luego soltar todo su cuerpo y relajarse, y quedar completamente laxada, había tenido su orgasmo mientras me la culeaba, eso hizo que yo me excitara más, pero no quería venirme en su culo, sino hacerlo en su conchita, por lo que despacio, retire poco a poco mi verga, hasta que sonó el plop característico, como cuando descorchas una botella.

Empecé a acariciarla, la besaba en la boca, retorciendo nuestras lenguas, sintiendo la frescura de esos labios suaves, tiernos, jugosos, seguí con sus pezones, su ombligo, y su conchita, que lamia con suavidad, con ternura, y que hacia que se retorciera, cuando pasaba mi lengua por su clítoris, me arrodille y le pedí que me mamara la pinga, ella se incorporó y metió mi palpitante verga en su boquita, y succionaba, metiéndole presión, haciendo que se me parara al límite, entonces la eche de espaldas, abrí sus piernas y me puse entre ellas, baje la piel que cubría la cabeza de mi verga, y asi la sobaba por los labios de su conchita, comenzó a ronronear, como una gatita, estaba disfrutando ese trajín, puse la cabeza de mi pinga en la entrada de su agujero, y empecé a presionar, ella debió sentir algo por que puso sus manitas en mies piernas, como tratando de pararme, ayudado con la mano, sujetando mi verga, hice mas presión, hasta que la cabeza entro en su conchita, que la sentí presionándome deliciosamente, ella grito ayyy papá, y yo me detuve pero sin retirar mi verga de su coñito, ya dilatado , relájate mi amor, le dije, empezó a gimotear, me duele me dijo, será solo un momento, después vas a sentir rico, te dolerá un poquito, pero aguanta y después disfrutaremos los dos, le mentí, por que la desvirgada no siente mucho placer, la primera vez, sino dolor, que apaga cualquier deseo.

Espere a que se calmara, y le pedí que se relajara, cuando sentí que su cuerpito se soltaba, empuje la verga para vencer la resistencia que había, y entonces ella pego un grito mas fuerte y lloraba diciéndome, me duele papá, me duele, aguanta un poquito más , y empecé a moverme mientras ella seguía gimoteando pasado unos minutos, sentí que se había calmado, el gimoteo se había hecho mas pausado y ya no tan fuerte, por lo que tomándola por sus nalgas, me moví más rápido, metiéndola y sacándola un poco, aumentando el ritmo cada vez más, se me venía, y dando un bufido y un ahhh, muy profundo descargue toda mi leche en su chuchita, sentí tan intenso ese orgasmo que se me oscureció la visión, se me aflojo todo el cuerpo, y me quede echado encima de ella, pasaron unos minutos en que perdí la noción de todo, hasta que escuche que me decía, papa, me estas aplastando, me incorpore, y como mi verga había ya perdido un poco de dureza, la saque despacio, y salió de su conchita, seguida de una mezcla de sangre y leche, que resbalo entre sus nalgas, y quedo colgando unas hilachas de membrana, que debía ser los restos del himen.

Nos bañamos y la limpie con mucho cuidado y besando cada parte de su cuerpo que limpiaba, cuando terminamos, yo estaba arrecho otra vez, pero era consciente , que no me la podía culear otra vez, pues estaba todavía adolorida, después de decirle lo magnifica y linda que era, y cuanto me hacía gozar, le pedí que me diera una mamada para bajar mi verga,  no se negó, y empezó a mamármela, mientras yo acariciaba su cuerpecito, a los pocos minutos me vine derramando 5 chorros de leche sobre sus tetitas, y a la ducha nuevamente, aunque ahora, el asearnos, no nos tomó mucho tiempo.

Nos vestimos y salimos a comer a la calle.

A partir de entonces mi hija de 8 años se convertía cada noche en mi mujer.

Si les gusto el relato háganmelo saber a [email protected] para hacerles llegar otros de mis relatos.

16 Lecturas/23 septiembre, 2026/0 Comentarios/por loverandmaster
Etiquetas: culito, culo, follando, hija, orgasmo, padre, papa, sexo
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