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Heterosexual, Infidelidad, Sexo con Madur@s

Italiana madura me cobra un favor

Un gesto de caballerosidad me lleva a los brazos, o cama, de una madura fogosa..
Hola, mi nombre es Nico y tengo 44 años. Vivo en Italia en un pequeño pueblito. Estoy casado hace ya 5 años y nuestra relación si bien es buena hace un tiempo que en el plano sexual entramos en una sequía importante.
El pueblito donde vivimos está habitado en su mayoría por gente adulta y los jóvenes son los menos. No soy un tipo apuesto, normal digamos y hace un par de meses estoy yendo al gimnasio. Esto lo notaron las señoras de aquí y no se preocupan en lo más mínimo por hacerme saber que lo notaron.
Un día fui de compras a la despensa y primero en la fila de la caja había un par de señoras mayores, una de unos 80 y la otra aparentemente es su cuidadora, unos 60 años más o menos. En su compra tienen incluido un par de packs de agua mineral que ellas no podían llevar. Como se que viven a unos metros de mi casa me ofrecí ayudar. La Mayor se llama Noemi y su cuidadora es Alba. Al llegar me ofrecen probar un licor que hacen ellas el cual rechace ya que era de mañana y la más anciana me dijo:
– Vuelve por la noche entonces, yo estaré durmiendo seguro. Me reí y para seguir la broma dije que lo pensaría, saludé y me retiré a mi casa.
Pasaron los días y cuando salgo a hacer un trámite encuentro en la parada del bus a Alba que al verme me sonríe, me saluda y comenzamos a conversar. Voy a aclarar que no es una señora muy atractiva, tiene cabello corto, es un poco más alta que yo, delgada con poca cola y pocas arrugas en general pero tiene un buen par de tetas, con el notorio paso del tiempo pero bien. La charla continuó y en un momento se agotaron los temas estándares y se hace un silencio de 2 o 3 minutos. Para romper esa pausa ella dice:
– Estuve esperándote para que pruebes el licor. Colocaba una cara entre enojada y perversa.
Por suerte el bus llego en ese momento, se abre la puerta y el chofer dice que subamos rápido que estaba en retardo. Me subo, lo saludo y me voy al fondo, Alba se quedó hablando con el chofer y se vino directo donde yo estaba. Comenzamos a hablar nuevamente, ¿a donde voy? ¿Qué tengo que hacer? Y le comento de mi tramite y me dice que ella tiene un sobrino que me lo resuelve rápido. Le digo:
– Gracias Alba me salvas el día.
Y con la misma cara de perversa me dice:
– Pero tienes que venir a probar el licor. No me queda otra que decir que sí.
Ella sin ningún pudor pone su mano en mi pierna y me dice:
– Tu esposa no se enojara.
Yo me exalto cuando siento su mano y ella termina diciendo:
– Parece que estás nervioso o tu esposa no te trata bien.
Me puse colorado y le respondo que ella trabaja por la noche y yo por la mañana, estamos desencontrados. Alba comienza a reír y sube su mano a mi entrepierna y me dice:
– Bueno, eso es muy conveniente para mi.
Yo comencé a excitarme, parte por la falta de sexo y parte por su actitud erótica. Ella lo notó ya que mi verga se empezó a poner dura y ni lenta ni perezosa comenzó a masajearla. Yo no daba más y en un momento tuve 2 segundos de cordura y le dije:
– Alba, mi esposa conoce a todos aquí, incluido el chofer, por favor detente.
Ella pareció molestarse, entonces le digo:
– Esta tarde salgo del gimnasio a las 19:00hs si quieres paso a probar el licor.
Eso le cambió la cara y dijo:
– No me dejes plantada.
Luego llegué a mi destino, la saludo, compartimos los números de teléfono y me fui.
Ya en el gimnasio recibí un mensaje con su ubicación. Ella insiste que vaya directo a su casa desde el gimnasio, yo sonreí y mande un ok. Unos minutos después llego a la casa, mando un mensaje y me responde que baja. Me recibe con lo que parecía un pijama que llegaba a la mitas de sus muslos, era de color blanco con algunas florcitas. La tela era muy delicada y estaba un poco ajustado en el escote, tanto que se le notaban los pezones y la sombra de la aureola. Cuando se giró para marcar el camino también se notaba que no tenía ropa interior. Subimos las escaleras y al entrar me invita a sentarme a la mesa, tomo asiento y la miro, ella estaba parada junto a una ventana. La luz que entraba le transparentaba la ropa y pude verla prácticamente desnuda. Abro los ojos sorprendido y ella, pícara, me pregunta si me gusta su vestido, y yo estaba embobado. Mi bulto comenzó a levantarse, se hizo notorio porque mi pantalón era de esos que son sueltos. Sin dejar de mirar sus tetas le respondo:
– Sí bastante.
Se da vuelta y va hasta la alacena, saca una botella amarilla y me dice:
– Vas a probar el lemoncello, lo hice yo. 
El licor tenía un fuerte gusto a limón y bastante alcohol. Sirvió 2 vasitos, que se hicieron rápidamente 8. Yo seguía hipnotizado con su escote y mi verga estaba totalmente dura. Ella hablaba de que quería viajar al mar en verano pero estaba sola y como toda tana gesticulaba con las manos. Eso hacía que sus tetas se movieran de aquí para allá, algo hipnótico, y mi calentura estaba subiendo rápido. Estaba totalmente embobado con su escota, su voz estaba como un sonido de fondo hasta que de golpe me dice:
– ¿Nico, me escuchas? ¿Estás bien?
Me saca de golpe de mi trance y en un momento de estupidez me levanto y por excusa le pregunto por el baño para darme una ducha. Ella nota el bulto y con una cara de picara me dice:
– Tesoro creo que tienes otra urgencia en este momento. 
Al darme cuenta de mi descuido me río y le dije que era su culpa. Ella se pone de pie y se me acerca hasta apoyar todo su cuerpo al mío, siento sus tetas en mi pecho y la punta de mi verga le calzaba entre las piernas. Con su boca busca mi oído y me dice:
– ¿Por qué, qué hice de malo? 
Estaba tan caliente que mi verga daba pequeños tironcitos para arriba tocando su concha, eso a ella la calentaba y coloco sus brazos en mis hombros, cerró los ojos, daba pequeños suspiros y me dijo:
– Qué lindos masajitos que das. 
Yo ya no daba más y sutilmente pase una de mis manos por su cintura hasta agarrar una de sus nalgas y comencé a hacer un vaivén suave. Ella levantó una de sus piernas y me rodeó el cuerpo para aumentar el contacto y yo la sostenía por el muslo con la otra mano. No soy un tipo dotado, de hecho todo lo contrario, serán a toda máquina unos 14 cm, así que la preliminar tiene que estar bien trabajada. Para ello comienzo a besarle el cuello, le chupaba el lóbulo de la oreja y el labio inferior hasta comerle la boca. Los besos comenzaron sutiles hasta convertirse en una pelea de lenguas, besos muy húmedos y con gemidos sonoros. Alba hace una pausa, baja su pierna me toma con sus dos manos por el culo e incrementa la intensidad del vaivén hasta convertirlo en un frote con buen ritmo. Estaba fuera de sí, metida en su mente hasta que frena de golpe, junta su frente con la mía y cierra fuertemente los ojos por un instante hasta soltar el aire junto a un gemido largo. Abre los ojos y con una sonrisa de satisfacción me dice:
– Perdón, no aguante mas.
Yo entre sorprendido y contento le digo:
– Esto recién empieza, corazón.
Le di un pico e inmediatamente liberé sus hermosas tetas y comencé a besarlas y chupar como un loco sus pezones. Alba me tomaba de la nuca y no paraba de gemir. Con una de mis manos baje hasta su entrepierna. Estaba mojadisima, acaricie ese tesoro preciado con delicadeza hasta que metí un dedo sin previo aviso. Alba soltó un pequeño grito. Pude notar que estaba estrecho, caliente y que hasta palpitaba un poco. No perdí más tiempo y comencé a bajar. Cuando estuve de rodillas tomo con mis manos sus muslos y comienzo a subir el vestido hasta dejar visible su pubis. Bese la parte interna de su pierna, debajo del ombligo hasta el pubis y comencé a sentir ese perfume a sexo que me vuelve loco. Alba con desesperación me dice:
-hazlo ya, no doy mas!!!
Separe sus labios y comencé a dar pequeños besos, lamidas y una que otra pequeña mordidita. Me tomó de la cabeza con sus manos y me empujó como si quisiera meterme dentro suyo. Estaba toda mojada, yo tragaba ese néctar como un oso que encontró un panal. En un momento, la penetré con un dedo y mi boca se dedicó exclusivamente a su clítoris. Estuvimos así un buen rato y comenzaron a temblarle las piernas y a gemir con fuerza, como un grito contenido. No tardó mucho en tener otro orgasmo que fue menos intenso y más prolongado. Me levanto y la beso, coloco mis manos en sus hombros y sin perder tiempo le indico lo que deseo. Ella entiende rápidamente, se pone de rodillas y de un movimiento me baja con una mano el pantalón junto a la ropa interior y con la otra toma mi verga. Lo acaricia un poco, tira suavemente la piel hacia atrás y en la punta empieza a salir un poco de líquido preseminal. Le da un besito con ternura y poniendo sus dos manos en mi vientre comienza a darle besos hasta meter la cabeza en su boca. Empieza a chupar con intensidad, lleva sus manos a mi cola y las mías las puse en su nuca. Sin necesidad de hacer nada de fuerza empezó a mover la cabeza en un ritmo suave y cada tanto se la mandaba hasta la garganta. Dios mío, hacía mucho que no me la chupaban tan bien y estaba tan caliente que en un par de minutos ya no daba más y le digo a Alba que estaba por acabar. Ella lejos de detenerse comenzó a mamarla más fuerte hasta que exploto en su boca. Ella estrujo mis nalgas y no dejaba de mamar, yo estaba en otra dimensión. Cuando dejó de salir leche ella se levantó y comenzó a besarme. La leche caía entre nuestros labios mientras yo la agarraba por el culo y la pegaba nuevamente a mi. Algo que tengo es que cuando tengo un tiempo sin sexo la erección me aguanta para hacer dos seguidos. Ella nota que aún estaba dura y me dice:
– Huy!! Aún tienes energía?
Sin responder, la giro y levanto su falda. Ella entendió mis intenciones y abrió sus piernas para regular la altura, puso sus manos en la mesa y alzó un poco la cola, dejando a la vista el paisaje que todo hombre ama en secreto. Me tomo 5 segundos para disfrutarlo, me inclino y beso su concha como si fuera su boca incluido un poco de lengua, me incorporo y tomo mi verga con una mano, la froto para humedecerla con su flujo y poco a poco comienzo a penetrarla. Cuando estaba toda dentro con mis manos agarro su cintura con fuerza y me mantuve en esa posición un ratito disfrutando tanto de sus contracciones como lo hacía ella. Suavemente empecé a recorrer su cuerpo con mis manos. Acariciaba su espalda, sus nalgas, sus costillas, su vientre hasta llegar a sus tetas. La tomé fuerte de ellas y comencé a bombear suavemente. El sonido de mi pubis golpeando su cola y sus gemidos me calentaban a mil. El ritmo era simple, 3 o 4 penetraciones cortas y una profunda. Eso a ella parecía gustarle mucho. De momentos me gustaba detenerme y ella sola seguía el ritmo, seguramente debe cabalgar muy bien pensé. Luego de un rato en esa posición los gemidos empezaron a intensificarse, estaba por llegar al orgasmo. Menos mal porque yo también estaba por acabar y no quería llegar primero. En ese momento la tomé por la cintura y con fuerza la empujaba hacia mi, la penetración era siempre profunda y a buen ritmo. Estábamos a full, ella gritaba y yo gemía de placer. Sentía como me mojaba todo hasta debajo del ombligo y salpicaba mis piernas. Sus piernas empezaron a temblar, entonces se la mando hasta el fondo empujándola hacia la mesa. Ella se recuesta allí e instintivamente alzó un poco más la cola para facilitar la embestida. La tomo por las muñecas y comienzo a penetrarla muy rápido. Ella gemía y pedía que acabara dentro, que quería sentirse llena. Eso me calentó más y las embestidas eran fuertes hasta que no di más y empecé a eyacular. Acabe tanto que también la saque y tire un poco de leche en su cola. Caigo rendido sobre una silla con los ojos cerrados y ella se incorpora se sube upa mío, me besa con pasión, pone mi rostro entre sus tetas y me dice:
– Mamma mia!! Creo que los dos vamos a necesitar el baño.
Nos empezamos a reír, a besarnos y decir un par de bobadas más. Estuvimos así unos 10 o 15 minutos hasta que me fui a dar una ducha. Mientras me estaba duchando escuche la puerta y 2 segundos después me vi acompañado bajo el agua. No hablamos una palabra, solo algunas caricias y miradas pícaras. Ella lavo mi espalda y yo la de ella. Obviamente hubieron algunas caricias picantes, ella con mucha delicadeza masajeaba mi espalda y desde atrás lavo mi verga que estaba empezando a reaccionar. Me dio una nalgada y se retiró a cambiarse.
Al salir de la ducha, la veo en la cocina. Vestía ropa interior de encaje, nada extraordinario pero a la vez sexy. El aroma era delicioso y mi hambre era bestial. Me aproximo silenciosamente por detrás y le acarició las nalgas a la vez que le muerdo suavemente el cuello. Seguido de eso le apoyó el bulto que estaba a medias y la tomó por las tetas. Ella dio un par de suspiros y por lo bajo me dice:

– No empieces por el postre tesoro.

Comimos y reímos hablando de todo un poco. Me contó algunas cosas de su vida, que era del sur y su familia se había mudado a Francia. A ella no le gustan los franceses, estamos muy de acuerdo en ello. En lo que estoy aquí solo he conocido 1 francés amable, el resto, unos soberbios pedantes. La comida la acompañamos con vino y al terminar nos pasamos de la mesa a un sillón para empezar de nuevo con el lemoncello, según ella es digestivo. Ya al tercero el alcohol nos estaba haciendo efecto. Eso hizo que la charla se tornara picante. Yo le decía que estaba muy sexy y que es más ardiente de lo que parece. Me decía que extrañaba el sexo lo cual me dio pie a preguntar sobre ese tema. Le pregunte que cosas le gustaban en el sexo. Decía que no tiene mucha experiencia, que su ex era muy tradicional ergo penetraba, acababa y a dormir. Lo que amaba es el sexo oral y lo que yo le había hecho era la primera vez y que le gusto mucho, a lo que agregue:

– Me fascina hacer el 69, podría estar 1 hr en ello.
– MMMmmm!!! nunca hice eso, me gustaría probarlo. ¿Es cuándo lo hacemos a la vez?
– Siiii es genial!!! ¿Qué otras cosas te gustaría probar?
– Nunca he estado en control, me gusta ser sumisa pero por una vez quisiera ser yo la que guíe y decida las poses.
– Yo puedo darte eso. Le digo a la vez que le empiezo a acariciar un muslo.
– Espera Nico, es un poco tarde y tienes que irte.
– Tranquila, el bar cierra cerca de la medianoche, tenemos unos minutos aún para que experimentes alguito.

Me subo sobre su falda y tomo su rostro con las dos manos. Comienzo a besarla a la vez que le frotaba el bulto por todo el cuerpo. Ella empezó a respirar más agitada y los besos pasaron de delicados a muy húmedos.  Como había llegado directamente desde el gimnasio no tenía ropa limpia así que no tenía remera y nada debajo. Ella me acariciaba la espalda y en una pausa me dice:

– Eres muy caliente, siempre estas así?
– Si, es algo normal en mi y sufro mucho el calor.

Mientras hablábamos ella, muy pícara, me bajó el pantalón. Dejando libre mi verga que estaba durísima de nuevo. Sin perder tiempo, la ubico entre sus tetas y empiezo suavemente a frotarla. Ella se sorprendió pero enseguida hizo un gesto de placer. Con voz imperativa le digo:

– Junta las tetas corazón!!!

Antes de hacerlo con delicadeza se quitó el corpiño y lo dejó a un lado. Tomó sus pechos desde abajo y los apretó con fuerza. Y con mirada perversa me dice:

– ¿Así te gusta?
– Ufff Albita, que delicia. Tus tetas son un tesoro nacional.
– Me encanta que me hables así. Nunca había hecho esto, no sé porque pero me calienta mucho.

Luego de unos minutos, me detengo y con sutileza la tomó detrás de la nuca y llevo su rostro hacia mi verga. rápidamente entendió la maniobra y me agarró por la cola y comenzó a mamar mi verga. Nada de besitos y delicadezas, comenzó a mamar duro y con mucha calentura con gemidos incluidos. Lo estaba disfrutando como loco pero la pose era un poco incómoda, en realidad no me quedaban muchas piernas que digamos. Así que la detuve, bajó del sillón y la invitó a ponerse de pie. Ella se dejaba hacer, con la punta de los dedos a modo de gancho tiro hacia abajo su calzón. Al retirarlo pude ver un hilo de flujo, lo cual me calentó ver que ella estaba así de caliente. Ahora tenía en primer plano su concha, es hermosa, con algo de vello pero no tanto y sus labios formaban lo que parecía una boca vista de perfil. Un impulso me llevó a meterme todo el papo en la boca y con la lengua jugaba con sus labios y buscaba el clítoris. Ella daba pequeños golpes de corriente y gemía suavemente. Estuve así unos minutos para luego terminar de golpe, me incorporé rápidamente para darle un beso bien húmedo a la vez que calzaba mi verga para frotarla con su papo. Entre besos y toqueteo le digo:

– Ven que te enseño una pose que te va a gustar.

La tomo de la mano y la llevo a su habitación. Al llegar al borde de la cama me giro y me siento en la cama para luego recostarme bien en el medio. Le hago seña con las manos para que se acueste conmigo y le digo:

– Ven encima mío!!!

Muy sensualmente y a modo de felino al acecho en cuatro patas se deslizó hasta estar arriba mío. Desde esa posición parecía más alta de lo normal. Llega a la altura de mi rostro y me besa apasionadamente y posa su concha sobre mi verga y empezaba a frotarse. Con delicadeza, la coloco de costado y me giro para quedar con mi cara en su concha. La agarró por la cola y me giro guiándola para que se monte en mi rostro. Sin perder tiempo comienzo a comerle el papo como un animal. Ella se alzó poniendo sus manos en mi panza dando pequeños espasmos con la pelvis. Su concha era un río, sus gemidos y contracciones demostraban lo mucho que lo estaba disfrutando y eso me calentaba mucho. Mi verga estaba a mil de nuevo, tan dura que daba pequeños latidos como pidiendo que le den atención. Alba parece haber entendido el mensaje muy claramente ya que se lanzó a devorarla. Podía sentir lamidas y chupadas directamente en la cabeza, para luego mandarla hasta la garganta. En un momento noto que está por tener un orgasmo y para hacerlo más intenso con un dedo comienzo a frotar su clítoris como si quisiera fuera la ruedita del mouse. Dejó de mamar solo para empezar a gemir más fuerte y a decir que iba a acabar. Las contracciones fueron intensas y un poco de flujo saltó a mi rostro. Tuvo pequeños temblores en todo el cuerpo por un par de minutos para luego bajar y continuar con la mamada. Yo continué con lo mío sin piedad y a mi favor su sensibilidad estaba a mil a causa del primer orgasmo. No tardo ni 5 minutos en tener otro, menos intenso que el primero. Estaba enfocada en hacerme llegar e iba bastante bien. En un momento el ritmo de su mamada se tornó constante, no rápido pero si lo hacía hasta el fondo agarrándome desde los muslos. Ya no pude resistirlo más y le digo:

– Albita, no aguanto más…Voy a llegar.
– Por favor no lo contengas. Dámela!!!

Y empecé a eyacular aún más que la primera vez. Ella decidió darse una ducha con mi leche, tenía las tetas totalmente enlechadas. Estaba sentada sobre mi rostro, yo continuaba con su papo en mi boca mientras ella hacía un sutil vaivén con mi verga en la mano. Estuvimos así un par de minutos más hasta que caímos relajados en la cama. Entonces le pregunto:

– ¿Qué te pareció el 69 Albita?
– Mamma mía!!! Increíble, nunca había hecho algo tan intenso.
– Es lo más, puedes tacharlo de la lista.
– No sabía que había una lista.
– Hay que hacer una y cumplirla.
– Tu no me has dicho que es lo que te gustaría probar.
– Nunca hice un anal, todas mis compañeras o tenían miedo o vergüenza.
– Es entendible, pero podemos intentarlo.

Se hizo un silencio de unos segundos. A mi me sorprendió que se diera así de simple. Y al parecer a ella le sorprendió mi sorpresa. Un mensaje de WhatsApp rompe el silencio y por el reloj veo que dice “¿Comiste ya?”. En ese momento me levanto, veo que son las 22.30hs y le digo a Alba:

– Tengo que irme, puedo pasar rápido por el baño.
– Si obvio ve rápido.

Me doy una pasada por el agua rápidamente para quitarme el sudor y todo lo demás, me visto nuevamente y salgo del baño. Alba me esperaba en la sala, me toma del rostro y me dice:

– Escríbeme y hacemos la lista.
– Si obvio, nos estamos viendo.

Nos besamos y miramos unos segundos, hubo una sonrisa de complicidad que entre líneas quería decir….continuará.

4 Lecturas/24 agosto, 2026/0 Comentarios/por Phenrir
Etiquetas: anal, baño, bus, madura, mayor, mayores, orgasmo, sexo
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