Jennifer, la hija de 11 de una compañera y su fiesta de halloween.
Cuando los papás no miden cuán sexy pueden disfrazar a su hijita. .
Fantasía | Tabú | Once años | Halloween | Paja
🆅iendo las fotos de Jennifer, hija de una ex-compañera de trabajo, se me partió la vida en dos. La mina estaba por cumplir doce años en noviembre, y le hicieron una celebración adelantada, en Halloween, a mi parecer, exagerada. Los padres de Jennifer, justo ese año habían tenido mucho éxito en sus negocios, tanto que dejaron sus empleos. Bien por ellos. Ya no estaban para cumplir órdenes y horarios, sino para administrar su servicio de organización de fiestas. Su hijita bella había cumplido once, poco antes de que sus padres estuvieran en el clímax de la bonanza, y su fiesta fue como todas las anteriores: Modesta y discreta. A veces ni siquiera la hacían. Así, imaginaros una fiesta de 12 años-brujas que trata de compensar lo que para ellos fue austeridad, toda la vida. La celebraron como si fueran unos quince años de una niña rica y no solo eso, sino aspirante a modelo, que vende su fiesta de quince como reel para ser contratada por agencias de modelos.
Jennifer era una minita que, antes de esa fiesta, yo al menos; percibía como exactamente eso: Una mina de once años cualquiera, bonita; sí, pero nada más. Solo que a sus padres se les ocurrió —y creo que fue a causa de su propio desfogue económico (o sea, demostrarle al mundo que ya no eran pobres)— disfrazarla de modo llamativo. Más de lo necesario, si lo que querían era una fiesta que no se pareciera a ninguna otra. Jennifer, de cabello castaño y ojos amielados, su rostro tierno y perfecto. Jennifer, que lo más sensual y provocativo que había usado en la vida había sido su uniforme de deportes: Una lycra azul tipo biker y camiseta blanca. La misma Jennifer, que en su fiesta de 12 años-halloween, se disfrazó de gata, con un traje de fantasía. Este estaba compuesto de guantes de látex negro, diadema con orejas de terciopelo negro y cofia de sirvienta de salón de encaje blanco (O sea, era una gata sirvienta del siglo 19, jaja), collar de perlas blancas, medias de seda negra con encaje hasta la mitad de los muslos y lo más infartante: Un teddy de acabado húmedo en piel sintética, que dejaba ver el ombligo y la cadera completa. En otras palabras, este teddy solo era una delgada V desde los hombros hasta el pubis, con una franja delgada para cubrir el pecho. ¿Ya tenéis la imagen completa? Ah, bueno, adjúntale unos botines de cuero negro y tacón alto, y que la carita de Jennifer estaba maquillada con pintalabios rojo básico y sombreado azul oscuro. El labial le hacía juego con el rojo de las moñas a los lados de la cabeza y la punta de la cola en forma de lanza, que emergía del revelador teddy. ¡¿Acaso querían vender la niña a una agencia de modelos underage?! No sé, pero si es lo que hubieran querido, habrían podido pedir un dineral.
En fin…
¿Alguna vez, en especial cuando fuisteis jóvenes y niñ@s, quisisteis con toda la fuerza de vuestro ser, poder devolver el tiempo y cambiar algo que hiciste? Pues, yo, que tengo 45 años, hasta me vestiría de drag queen una noche si con eso me garantizaran volver al pasado. Entonces habría aceptado la invitación de ir a esa fiestecita de 12 años-brujas. ¿Por qué no me advirtieron que iban a disfrazar a su pequeña hija de putita de fantasía? No puedo ni imaginar cómo le habría hecho yo para estar en dos lugares al mismo tiempo: En el baño pajéandome por ella y en en medio de la fiesta, para verla e irme al baño para pajearme por ella. Mirad que yo ni sabía que me podía gustar tanto una niña. Pero con sus fotos y videos en redes sociales me he pajeado tanto que tengo los huevos como uvas pasas y ya voy por el segundo rollo de papel higiénico. ¿Alguna vez, varones, os habéis pajeado tanto, o habéis tenido tanto sexo que ya no eyaculáis, sino que solo os palpita y arde, porque te lo acabaste ya todo? A mí me pasó con las fotos de la fiestecita de Jennifer. Si hubiera estado allá… Es que, en serio, qué cuerpecito perfecto y sublime. La textura de esa piel en las fotos de alta resolución, parece que puedes lamerla y decirle al mundo a qué sabe. Mostrando las nalgas completas. Y allí adelante, tan poca prenda que la cubre. Con que se abra un centímetro de piernas, ya se le ve el nacimiento de la pierna, o sea, el pubis, o sea, otro medio centímetro y… no se le sale una vulva a la niña porque la prenda es simplemente PERFECTA, diseñada para que los hombres suframos horrores. No sé si se le marcaba la raja, se le marcaba muy suavemente cuando se ponía ella en determinada postura, o es solo mi imaginación, o efectos de luz y sombra en las fotos. ¿Cómo habría sido estar allí? Qué mojada de bóxer tan verrionda.
No tengo con quién hablar de esto, me tildarían de pedo y lo perdería todo. ¡Ah!, y eso es otra cosa: ¿Qué carajos le pasa al mundo? ¿Cómo es que allí había tanta gente, una tercera parte o poco menos de hombres adultos y hasta mayores, y nadie dice nada en ninguna parte? No he oído ni leído que digan: «¡Pero cómo visten a esa niña como una puta!», ni «¡Qué delicia, yo quiero de eso!». Nada. Solo dicen lo de rigor: «Está muy lindo tu traje», «Estás bellísima» y mamadas así, recetarias. Yo sí, al menos aquí, voy a decir lo que siento y pienso:
Quisiera haber agarrado a Jennifer esa noche y tirarla boca arriba en una cama o una mesa, rodillas a los hombros, correrle a un lado esa delgada franja del tiro del teddy, y lamerle todo. Todo, o sea, TODO. Abrirle gentilmente la cuquita con los dedos y chuparle adentro, lamerle bien y no dejar una gota de su lubricante de niña sin tragármela. Que ella al principio se resista, pero en menos de un minuto acepte cuán rico se siente que le chupen la vagina. Lamerle el clítoris y hacer con mi lengua un vibrador vivo y húmedo. Hacerla que me cierre las piernas a los lados de la cara, de la impresión. Que ella misma termine abriéndose las vulvas o las nalgas para mí. Halarle las vulvas con mis labios y sacarle gemiditos de placer-dolor. Abrazarla por la cadera y comer chocho de once años hasta que ya no tenga sentido. Jalarla por la cadera para que la cola le descuelgue por el borde de la cama y retorcer mi cuello casi hasta desnucarme para meterle mi lengua en el culo. Hacerle círculos, el alfabeto, buscarle petróleo y, cuando no pueda más del gañote, descansar pero no dejar nunca de chupar culo. Después, seguir comiendo chochito por media hora mientras le doy dedo por el culo. Qué apretadita está Jennifer de ahí atrás. Me encanta cómo tensiona y suelta los músculos. Aprieta y afloja, aprieta y afloja. La sensación de que le dedeen el culo le debe gustar.
Luego de media hora de chuparle todo, ponerme de pie y sacarme la pija, que tengo como cañón. Solo Jennifer me la ha puesto así (sí, no sabía que me gustaban las niñas hasta ahora y he pasado la vida sin disfrutar). Se la muestro y ella se asombra. Está como de 22cm —para mí es una proeza—, con dos venas que lo rodean y la punta del cabezón húmedo y rojo, asomada por el prepucio completamente estirado, casi a desgarrarse.
—¿Estás lista para papi?
(…)
No creo que se pueda experimentar mayor satisfacción que ver tu leche espesa, más espesa de lo normal, y caliente, repartiéndose entre la cuerina negra de sensual teddy y la piel blanca de una mina de once, mientras ella respira agitada, toda culiada, mirándote asombrada y agradecida. Está despelucada y algo sudada, enrojecida, respirando como si acabara de correr una maratón, mirándote fijamente.
Bueno, nunca sabré si soy el único en haberme imaginado estas cosas (y ordeñado hasta la deshidratación) con las fotos de la fiesta de 12 años-halloween de Jennifer.
Ahora, estoy enamorado de y obsesionado con—ella, veo sus redes a diario, y me pajeo a diario por ella, imaginando cosas pornográficas como si ella fuera la ninfómana más puta del mundo.
Ella, a veces iba a la empresa porque el colegio de ella es cerca y no usaba la ruta la escolar, sino que iba a esperar a sus padres. Pero como ellos ya no trabajan, no sé cómo hacer para tener acceso a ella. Estoy tragadísimo, de verdad. Hasta sueño con ella o algunas otras minas bonitas que veo por ahí, me parece que son Jennifer. También tengo fantasías románticas y dramáticas en las que me fugo con ella o en que sus padres están de acuerdo y me caso con ella.
Voy a asociarme con sus padres en lo de las fiestas. Es lo único que se me ocurre por ahora, pero tengo que enamorar a Jennifer y hacernos novios.
Esto es lo que lograron sus padres, poniéndola tan desmedidamente provocativa.
Fin
Stregoika ©2026
Relato inspirado en Jennifer, modelo de Brima.d . Busqen y verán.


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