La carita de gozo de mi hija.
Mi hija de siete años se convirtió en modelo 💃📷👸🏻 en una agencia y yo mismo me volví cliente..
Heterosexual | Tabú | Incesto padre-hija | Underage | Fanfiction
1️⃣
🅻a gente en lugares de verdad pobres en el mundo suele desvalorar nuestras historias de austeridad. O sea, ve y dile a alguien de Centroamérica o alguna nación Africana que aquí en Bielorrusia (o en Ucrania o Letonia) pasamos necesidades. Se cagan de risa. Pero de eso va que haya familias que pongan a sus bellas hijas pre-adolescentes o a veces hasta niñas a modelar. Pura necesidad. Que nuestras ciudades sean bellas y de ensueño para el promedio del resto del mundo no garantiza que todo mundo viva holgadamente. Y eso precisamente nos pasó, o me pasó a mí y por extensión a mi familia. Desempleo, cuentas por pagar, bocas qué alimentar. Alguien vio alguna vez a mi bella hija y terminó acercándose a nuestra puerta. Así hacen siempre: Consiguen trabajos en el Departamento de educación, recreación o deportes y hacen visitas a colegios y polideportivos, haciendo campañas fachada, pero cuyo verdadero objetivo es hacer casting a niñas y pre-adolescentes. Cuando detectan un caso de des-escolarización, acuden de inmediato para ofrecer ayuda. Ayuda mediante trabajo. Pero no al jefe de la familia, ni a la madre, sino a la niña. Y de ahí en más, es como vosotros en occidente podéis disfrutar de la belleza que consideráis apabullante, de nuestras hijas de raza blanca. Las veis frecuentemente en fotos sueltas y solo los más instruidos en la materia llegan a saber el nombre de la modelo y obtener los sets completos. Esas niñas y adolescentes por las que os pajeáis frenéticamente, son nuestras hijas. Niñas de Europa Oriental.
Pero no he venido a acusar os. No. Al contrario, vengo a confesar que yo mismo, que acepté que mi hija de siete años fuera modelo en una agencia, terminé enamorado de—y encendido por ella.
Sobre la crisis económica solo diré que la extralimitada inmigración debilitó los ingresos de los locales. Los gobiernos europeos se exceden en favores a inmigrantes supuestamente desfavorecidos y las grandes compañías se van a la quiebra o se van del país. Sé que en vuestros países también ocurre. En fin.
Llevaba yo unos tres meses sin empleo y en picada, hasta que una gentil mujer nos abordó a mi esposa y a mí. Primero nos invitó un café y habiendo ganado un mínimo de confianza, nos soltó que Milana, nuestra hija, era bellísima. Pues, para mí, solo era mi hija, y sí, era bellísima; solo que es hasta ahora que reconozco que en ese momento lo decía estrictamente con ojos de padre. Durante un par de visitas más, esta mujer, de nombre Polina, insistió en que Milana era prácticamente una diosa encarnada, y al final nos habló de otra niña que había conocido: Vika, y que casualmente su familia había estado en crisis económica, pero ya no. Polina se fué, pero nos dejó sus datos y la espina clavada. Ella sabía que si no la presión de los cobradores, poco después el hambre nos haría llamarla. Verónika, mi esposa, buscó a Vika por internet y encontró las fotos, por lo que su respuesta inicial fue un rotundo NO.
—Milana no va a terminar de esclava puta —sentenció.
—¿Vika está de esclava sexual? —pregunté yo.
—Claro ¿no ves?
—¿Qué, qué cosa?
—¡Esas fotos, está empelota! ¡Y es una niña como de once años! —se sacudió Verónika.
—Pues que yo sepa, Vika está con su familia, aquí en Minsk.
Mi esposa me miró como queriendo asesinarme.
—¿Qué demonios significa eso? —me recriminó—. ¿Quieres vender a Milana?
—Ay, por favor, Verónika… ¿Estás mal de la cabeza?
2️⃣
🅲uando quitaron el agua por falta de pago y estábamos gastando el poco dinero que conseguíamos, ya no en alimentos sino en agua por garrafones, volvimos a buscar a Vika. Viendo sus fotos, tocamos el tema con mi esposa:
—¿De veras Vika está con su familia, y está bien? —preguntó ella.
—Mira sus redes sociales —le mostré—. A menos que sea una gemela idéntica, un clon para tapar el hecho de que sí sea una esclava sexual, o un montaje con AI para hacer parecer que ella está bien.
Verónika casi ríe.
—Mira que —comentó ella— estuve buscando otras modelos menores de edad y sí, parece que todas están bien, con sus familias, y hay varias que hasta se han convertido en modelos ya de adultas. Y no parece que aguanten hambre, para nada.
—¿Estás considerando que Milana modele? ¿Llamar a Polina?
—Piénsalo —me dijo ella, tratando de calmarme con el tono—: ¿Qué mas da que le tomen unos cientos de fotos sensuales a Milana, algunas desnuda, si salimos de esta situación tan terrible?
No dijimos una palabra el uno al otro, sobre nada, durante dos días.
Después de ver cientos de imágenes del estudio para el que trabajaba Polina y de otros varios de Ucrania, se me empezó a dañar la mente. Esta gente podía hacer parecer a niñas de ocho años como… justo lo que decía Polina: Diosas. Pequeñas afroditas que inflaman el deseo e incendian al público con el combustible de un Tabú. ¿Cómo no iban esos sets de fotos y videos a venderse como pan caliente? ¿Cómo no iban esas niñas a sacar de la crisis a sus familias, en los casos más básicos, o en los mejores, a ponerlas a vivir bien?
—Milana, ven aquí —le dije.
Ella atendió. Se bajó de la silla donde se sentaba a hacer sus dibujos (ya estaba des-escolarizada por falta de pago de la colegiatura). No estaba Milana todavía lo suficientemente grande para pararse de la silla enderezando el cuerpo, sino que ‘se bajaba’ de ella. Llevaba su uniforme, de falda de largo reglamentario con tirantes pero no peto, blusa de cuello redondo y mangas cortas, corbatita y moñas.
—¿Si, papi? —Me dijo, con su voz agudísima y dulce. La senté en mi regazo, sintiendo culpa premonitoria. Vi su carita suave de cachetitos que todavía no terminaban de perder la redondez de la infancia, su boquita que parecía estar permanentemente en forma de beso y su cabellera larga, frondosa y saludable. Me dió una punzada al estómago imaginar que la pobreza volviera fea a mi hija. Había traído consigo su crayón y papel y seguía dando retoques a su dibujo de un árbol, ahí en mi regazo. Besé el costado de su rostro y ella seguía pintando. Me pregunté si acaso Milana podía llegar a verse como esas fillé fatale (niña fatal) que había visto con Verónika, de la agencia de Polina y de otras agencias de Europa Oriental: CandyDoll, Brima.d, Star Sessions, Starlettes, Silver Nymphets, Vlad models, etc. Veía a mi pequeña Milana y no podía ni si quiera imaginarlo. Pero ¿por qué? Yo mismo me había calentado mucho con algunas modelos, como Natasha, Valensiya u Oxi. Eran niñas de entre nueve y doce años… pero lo ponían a uno como un toro. ¿Ver así a mi Milana? Pero: ¿Y si eso nos sacaba de pobres?
—Ve con mamá, te necesita en su alcoba —le indiqué con ternura.
—Sí señor —dijo, y se fue para allá dando juguetones saltitos.
Cuando subió la empinada escalera, traté de ver bajo su falda, con los mismos ojos que recién había descubierto que tenía, con los que veía a Natasha, Valensiya y a Oxi. Pero solo fui capaz de concluir: «Nos vamos a ir al infierno».
Milana cumplió la cita con su madre, que la peinó y maquilló como nunca en la vida. Le aplicó gel sobre el cabello húmedo, le hizo una línea bajo los ojos que extendió estéticamente estilo gato; le crispó las pestañas y le aplicó labial. Por último la desnudó y le puso un sexy panty de ella, aunque tuvo qué sujetarla por atrás con un gancho de papelería; y sus tacones rojos, aunque cada piecito de Milana ocupaba solo tres cuartos de cada uno. Milana estaba que no podía de vanidad y de divertida. Ella era una niña feliz, pero divertirse así con mamá no era común.
—Mira, ponte mi velo de novia. Deja que te caiga por todo el cuerpo y no lo vayas a pisar. Vamos a que te vea tu papá.
Yo estuve esperando todo el rato, con la taza de café temblando en mi mano.
—Andrey ¿estás listo? —me preguntó Verónika, desde la escalera.
Tragué saliva y dije:
—Sí.
—Anda, Milana.
Nuestra hija apareció desfilando delante de mí, sonriéndome hasta morderse las orejas, a punto de carcajearse, apenas dominando los tacones rojos de su madre.
No voy a enredarlos ni a aburrirlos con los detalles de lo que es la disonancia cognitiva. Me limitaré a decir que es cuando ves algo y aún así insistes en creer lo contrario, por pura doctrina. En mi caso, tardé unas horas en aceptar que mi hija estaba riquísima. Deliciosa. Exquisita.
Más tarde, en cama con Verónika, ella me preguntó:
—¿Entonces? ¿Milana es una niña por la que te harías una paja? Trata de imaginar que no fueras su padre…
—No es necesario, amor —la interrumpí—. Siendo su padre, admito que estuve toda la tarde con ganas de pajearme por Milana.
Ella se cruzó de brazos, furiosa, y me escupió:
—Te ibas a pajear por Milana ¿Y yo qué?
—Claro, no me pajeé porque me voy a desquitar contigo.
La charla se interrumpió mientras hicimos el amor.
Después de haber dormido, Verónika me comentó:
—Wow, tigre. Voy a vestir sensual a Milana todas las tardes.
Yo reí.
—Entonces ¿qué dices? —siguió ella— ¿Llamamos a Polina?
La respuesta siguió siendo un temeroso NO… hasta que a las nueve de la mañana llegó el recibo del agua con una multa y un cargo extra por re-conexión.
—A la mierda —dije.
—Está bien, llamemos a Polina.
3️⃣
🅿olina nos ensalsó como a clientes VIP de club de millonarios. Nos enfatizó que habíamos tomado la decisión más difícil pero la correcta, y nos felicitó. Firmamos un contrato, nos dio un jugoso adelanto y nos sugirió desocupar del todo nuestras agendas para acompañar a Milana al menos durante las primeras semanas. Nos aclaró las condiciones, porcentaje por set y por video. Nos recalcó que nadie, nunca (excepto las chicas de maquillaje) les ponía un dedo encima a las modelos. Que podíamos estar durante las sesiones pero no en el set. Que allí los únicos hombres que trabajaban eran los de seguridad y que permanecían únicamente en la entrada de los estudios. Y que si nosotros queríamos ver las fotos, debíamos comprarlas como todos los demás. El corazón me daba tumbos, y sé que a Verónika también.
Al cabo de solo tres días, el primer set de Milana estuvo listo, y lógicamente, lo compramos. ¿Qué les digo, lectores? En una escala de uno a diez, lo que logró Verónika poniendo deseable a mi hija de siete años, fue un cuatro. Y me dieron ganas de pajearme por mi hija. Pero lo que hicieron los de la agencia, fue un diez. No solo ‘quería’ pajearme, sino que me pajeé sin que mi esposa se diera cuenta. Me llevé las fotos impresas1 al baño y me la jalé como desquiciado. Pero qué bomboncito sexy habían puesto a mi Milana. Le habían puesto unos pantyhose blancos y ropa interior muy pequeñita y ceñida, y la hicieron posar como yo no hubiera imaginado. Sobre todo, ella se veía bien, contenta y dispuesta. Esa gente sabía hacer su trabajo.
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1Los sets para gente conocida los venden solo en impreso, para evitar reventa y conflictos de intereses.
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Por otra parte, mi mujer no era maquilladora profesional, ni nada parecido, pero las chicas de la agencia sí lo eran. O sea que, imaginen como estaba mi hija. O mejor, búsquenla online, compren sus sets y péguense su buen pajazo en nombre de mi hija.
4️⃣
🆄n par de meses después, nos enteramos de que los sets de desnudos solo se hacían por demanda y que Milana ya había llegado a ese punto. Estaba siendo sensación en Occidente y cientos de clientes la solicitaban completamente desnuda. El primer set se hizo, y tuvo lugar en un prestigioso y muy lujoso hotel de Minsk. En la bañera de una suite, para ser exacto. Como siempre, Verónika y yo no pudimos estar presentes durante la sesión pero sí comprar las fotos. A partir de ahí fue que se me terminó de dañar la cabeza. Ver a mi hijita de siete años como mujer, tan sugerente y tentadora. La había visto desnuda varias veces pero al natural, con ojos de padre. Pero de ahí a verla inspeccionando la bañera, desde atrás y abajito: Sus nalgas de piel perfecta y su no tan pequeña vagina ahí puesta, como una manzanita partida a la mitad… Esa cuquita que las mujeres adultas envidian y quieren volver a tenerla así. No lo digo yo, lo dijo mi esposa:
—Quién pudiera tener la vagina así de bonita toda la vida.
Es más, de ella misma fue la idea, en nuestra alcoba, de ver las fotos de Milana desnuda antes de hacer el amor. Funcionó de maravilla. Yo pasaba las páginas del catálogo viendo los sensacionales desnudos de mi hija, supuestamente artísticos, pero que claramente buscaban encender al público como con napalm. Lo lograban fácilemente. A mí, su padre, me tenían loco. Al pasar las páginas, mi esposa me besaba el lóbulo de la oreja y me estimulaba el falo. Entonces pasé a una foto de Milana donde estaba recostada en la bañera sin agua, rodillas a los hombros y con la punta del dedo en la comisura de su adorable boquita. Esa cuca ¡Esa cuca! ¡Dios mío, pero qué vagina tan provocativa la de mi hija de siete años! Se me puso como la de un caballo y Verónika lo notó.
—Uich —exclamó, aventando la cobija a un lado—. No recordaba que lo tuvieras tan grande.
Se puso a sobármelo con la punta de dos dedos. Se sentía muy bien, sobre todo por estar imaginándome, viendo la foto, dándole una buena culeada a mi hija. Pero Verónika leyó mi mente, se detuvo, se arrodilló a mi lado y me sentenció, señalando mi pene inusualmente agrandado:
—No le vayas a meter esto a la niña. Le puedes hacer daño.
—¡Pero claro que no! —respondí, indignado— ¡No me creas tan troglodita!
—Sí, perdón, solo decía.
—Pero a ti sí te lo voy a hundir hasta el fondo.
Verónika hizo un puchero y sobre-actuó resignación:
—Bueno…
Dí un último vistazo a la mejor foto de mi hija desnuda y estuve por poner el catálogo en la mesita de noche, pero ella me detuvo el brazo y me susurró al oído:
—Mira las fotos de Milana mientras me haces el amor, si quieres.
Entonces el que sobre-actuó resignación fuí yo:
—Tú mandas.
Después de hacer el amor con mi esposa viendo a mi hijita desnuda en aquella bañera, con esa carita que los de la agencia le enseñaron a poner, carita que decía “Te gusta esto ¿no? ¿Quieres un poco? Ven aquí”; supe que tarde o temprano tenía que hacerle el amor a Milana. De hecho, más temprano que tarde.
5️⃣
🅿ara cuando Milana cumplió los ocho años, ya habíamos olvidado nuestros problemas económicos y la vida sexual de Verónika y yo era plena; mi esposa me tocó el tema de si acaso yo querría hacerle el amor a Milana antes de que creciera más. Yo le confesé que sí, que de pronto no tanto penetrarla pero sí devorármela de todas las demás formas. Verónika aplaudió mi perspectiva y organizamos la gran noche.
Pero les cuento en otra oportunidad, se los prometo. Solo les adelanto que no hay mayor recompensa de la vida a un hombre que la carita de su hija cuando ella siente rico. Es una carita que parece de súplica, a ojo encogido y ceño fruncido, mirándote fijamente, como si quisiera llorar. Al principio te asustas mucho y quieres detenerte, pero ella se pone brava cunado paras. Entonces aprendes que su carita es de no poder creer lo rico que se siente aquello. Solo es eso, tu hija sintiendo rico.
Suyo,
Andrey Pavlenko.
Fin
©Stregoika 2026.
A ver, no serán todos pero sí hay mucho taimado por ahí. Para ellos: Esta obra es un FanFiction ¿Ya? Ahórrense el terremoto moral.
Aquí toda mi obra en SST30:
https://sexosintabues30.com/?s=stregoika
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Buena suerte en El Infierno y con las humanitas
Ahí se ven, manada de pervars.


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