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Heterosexual, Zoofilia Mujer

La casa con patio…

La vida de Belu y Martín cambia luego de una inesperada confesión….
La Casa con Patio

Belén y yo llevamos juntos ya casi un año. Mi nombre es Martín y voy a contarles una historia de amor poco convencional… Ambos somos muy libres y sexuales, con el tiempo desarrollamos un grado de confianza que no se da comúnmente. Entre tantos temas sobre los que hablamos sin ningún tabú una noche de lluvia la note como incomoda, como si tuviese algo atragantado que necesitaba decir… con Roco dormido como un pompón de nieve entre nosotros, ella mirando al techo, habló con una voz tan suave que casi se perdía en el golpear del agua.

«¿Sabés?», dijo. «Con Roco… es tierno. Es mi niño lindo. Me hace sentir cuidada, de una manera rara.» Giró hacia mí, sus ojos brillando en la oscuridad. «Disfruto de él, tal vez no de la manera que la gente normalmente lo hace… Hablo de todo… Espero no espantarte con esto, no me juzgues… pero tengo que contártelo, no quiero ocultarte esto… Disfruto de él cuando estamos solos ambos… y se me sube sobre mi, todo excitado y tembloroso, y yo lo masturbo con la mano hasta que gime y me llena los dedos de esa leche caliente… pienso a veces en  chupársela también pero no me animo a hacerlo, deseo sentir su cosita palpitando en mi boca, tan pequeña e inocente… o cuando lo pongo sobre mí, si, en esa posición de misionero que tanto le gusta, y él empuja con sus patitas, enterrando su pene pequeño en mí…»

Hizo una pausa, tragando saliva. “Debes pensar que soy un desastre no?” le respondí, luego de pensar unos segundos “No voy a mentirte, me sorprende mucho lo que me contas, pero siempre me pareció un acto de amor hermoso que una mujer tenga esos momentos de amor con sus perritos, de hecho solía ver videos de eso y creía que yo no estaba bien… jeje». “ De verdad me lo decís?”  Pregunto aliviada… A lo que yo asentí con la cabeza y una sonrisa tierna… En ese momento solo se me vino a la mente una pregunta. “y como haces…?  Como lo tiene…?”. “Siempre es suave, por lo general logro acabar. Sobre todo cuando él termina adentro y siento su leche llenándome, suele acabar mucho si lo dejo. Pero es un orgasmo… pequeño. Como él. Dulce, pero rápido. Y después queda un vacío. Un hueco enorme.»

Tomó mi mano y la puso sobre su pecho, donde su corazón latía con una fuerza desesperada. «Yo necesito más», susurró, y su voz ya no era suave, era áspera, cargada de una verdad que ardía. «Necesito sentirme poseída, deseada, deshecha, necesito una manada que me exija, que me use, que me llene hasta no poder más. No quiero ser solo su mami. Quiero ser su puta. Su hembra, su territorio. Quiero complacerlos cada vez que me lo pidan, sin excepción. Quiero darles mi atención, mi amor… y mi cuerpo, siempre, de todas las maneras que ellos necesiten. Es la única manera en que voy a sentirme completa.» Yo estaba sorprendido nuevamente de lo hermoso que sonaba lo que estaba escuchando… entonces le pregunte… “De cuantos integrantes más estamos hablando? Cuantos crees que te gustaría que tengamos…? Adoptar 4 te parece mucho…?” A lo que ella respondió… “creo que cuatro seria lo ideal, necesito esa demanda y la sueño… necesito que tengan porte, carácter y virilidad… yo me voy a ocupar de todo, no te preocupes…” pude observar un brillo hermoso en sus ojos… y le dije “vamos a necesitar una casa, no muy grande pero si que tenga un patio amplio…

Sus palabras no eran una fantasía; eran un plan. Un destino. Y en ese momento, supe que nuestra vida ya había cambiado. Yo asentí. No con miedo, sino con una excitación oscura y profunda. Porque en sus ojos vi la promesa de un abismo, y supe que me arrojaría con ella.

Luego de varias búsquedas encontramos una casa un tanto retirada del casco de la ciudad, con 2 habitaciones y ambientes amplios. Pero el punto más alto era el patio, era amplio, con césped suave, plantas hermosas y una pileta pequeña pero hermosa para los días de verano.

Al mes de nuestra charla estábamos haciendo la mudanza con todo lo que eso demanda y aun no habíamos podido iniciar la búsqueda de nuestra ansiada familia. Una vez que finalizamos con la mudando continuamos con nuestros planes.

La Llegada de los Otros…

Así empezó la búsqueda. Belu no quería cualquier perro. Quería machos. De buen porte. Con una virilidad que fuera una afirmación, una conquista física. Cada uno fue elegido con la precisión de una arquitecta que diseña un hogar perfectamente equilibrado… con el cariño y la calidez de una esposa, amante y madre protectora…

Bruno, el mastín español, fue el primero. Lo vimos en un campo. Era ancho como un barril, con una cabeza enorme y una mirada pesada, lenta, que se posó en Belu y no se movió. Ella se le acercó, y él olfateó su entrepierna a través del jean hasta que la tela se oscureció de humedad. No retrocedió. Lo miró a los ojos y le dijo, en un tono que no admitía discusión: «Vos vas a ser mío». Bruno emitió un gruñido bajo, de aprobación. Lo trajimos a casa. Esa misma noche, en el patio con una luz suave y cálida, Belu se arrodilló frente a él. Bruno se levantó sobre sus patas traseras, su sombra enorme… Ella en ropa interior, como acostumbra a estar en la intimidad del hogar, le pidió a bruno que bajara… “basta grandote, me vas a tirar…” Bruno obedeció y como si supiera dirigió su hocico a la intimidad de Belu, yo observaba desde la ventana apenas corriendo la cortina, el mastín inquieto olfateaba como ansioso entre las piernas de su mami… evidentemente algo activaba en el ese aroma ya que su pene, grueso y rojizo, ya estaba con la puntita fuera de su vaina… era muy grueso. Belu acaricio su pecho suave mientras el enajenado continuaba en el mismo lugar pero ahora intentando saborear con su lengua, ya no era suficiente para el tu olfato… necesitaba saborear eso que tanto lo movilizaba. Belu continuo acariciándolo mientras con delicadeza se acercaba a su vaina donde asomaba ya esa punta enorme y roja… solo la punta tenía el grosor de mi pija cuando estaba erecta y no es una pija pequeña… ella apoyo su mano en la vaina, con esa punta húmeda fuera, y con firmeza pero suavidad comenzó a hacer un movimiento de vaivén acompasado hermoso que un pocos segundos permitió poder ver casi la totalidad del tronco de esa verga canina roja, petando y despidiendo finos chorritos de líquido pre seminal, Belu estupefacta con su tamaño pero entendiendo que cuando lo vimos en aquel campo lo que más le gusto amén de su porte fue el tamaño de su vaina, ya no podía volver atrás, ella quería sentir lo que no podía con Roco… De repente Bruno se impaciento gracias a esas caricias intensas, Belu se veía extasiada y sorprendida con el tamaño que portaba bruno, se paró en sus patas traseras intentando montarla pero ella estaba de frente a él por lo que, con el peso de su cuerpo logro vencer esa fingida resistencia y Belu se fue agachando como pudo hasta apoyar sus manos en suelo. No hubo preámbulos, la montó ahí mismo, un poco bruto y sin saber cómo acertar con sus movimientos para lograr penetrar a su hembra que estaba en posición esperándolo, Belu sabía que el necesitaría de su ayuda para lograr objetivo y así lo hizo. Paso su mano por debajo de su vientre soportando él peso de Bruno a un brazo, tomo con delicadeza él pedazo de carne que no dejaba de dar estocadas intentando atinar… lo coloco en la entrada apoyándolo contra sus labios y fue ahí cuando de un solo golpe ocurrió lo que ella tanto deseo durante este tiempo, la verga de Bruno se enterró completa en su interior un quejido de dolor y placer que resonó en el aire quieto. Belu gritó, un sonido desgarrado de dolor y éxtasis, sus uñas clavándose en el verde césped. Bruno la cogió con embestidas largas y profundas, hasta que sus piernas dejaron de moverse y se tensionaron, Belu estaba disfrutando tanto de esa bestia en estado natural que no se dio cuenta de que su macho estaba listo para intentar anudarse… ella no estaba preparada para eso y temerosa se acomodo evitando que el enorme nudo de bruno logre entrar. Era el momento que ella tantas veces había imaginado él se corrió dentro de ella, el chorro parecía interminable, caliente, llenándola de una manera que Roco nunca podría. Belu lloró conmovida por el placer y entrega, con su pecho pegado al césped, el semen chorreando por sus muslos y la enorme verga de Bruno latiendo aún dentro de su vagina… lo sostuvo dentro suyo todo lo que pudo logrando varios orgasmos mientras su interior se inundaba de placer… En un movimiento repentino el nuevo integrante de nuestro hogar se bajo dejando ver la inmensidad de su atributo, no podía creer lo que estaba viendo y entendí porque tantos quejidos placerosos y la negativa de Belu a permitir que él se anude a ella, (no pude evitar acabarme chorreando abundante leche en el piso del living junto a la ventana)  bruno tenía una verga enorme y su nudo era más grande que una pelota de tenis… Belu se reincorporo como pudo y chorreando semen por sus piernas se dirigió a la casa donde pudo observar que yo estaba desde la ventana viendo ese espectáculo que acababa de protagonizar… En sus ojos lo vi, lo eligió por su potencia, su porte, por la certeza animal de su dominio. Paso a mi lado con una mirada de satisfacción en su rostro y susurro… Quiero quedar pegada… quiero sabes que se siente no poder separarte de tu macho hasta que derrame la última gota de su leche caliente en mi interior… eso es lo que sigue… continuo su camino a la ducha con una cadencia relajada y su cara de satisfacción. Yo decidí prepararle unos mates para relajar y distender este momento tan intenso…

Dos semanas después llego Iván, un hermoso pastor alemán de buen porte, atlético de líneas perfectas con mirada fría y calculadora. Ex militar, dijeron quienes lo rescataron. Belu lo quiso por su control instintivo. Su primer encuentro ocurrió en el baño, era media mañana del domingo, me levante para ir al baño antes de preparar el desayuno y Belu ya no estaba en la cama… yo con una brutal erección mañanera pensaba “me va a costar hacer pis en este estado… tengo que relajar un poco para que baje…” hermosa sorpresa me lleve al entrar al ante baño… escuchaba algunos quejidos y la respiración ahogada de Bruno… atravesé el ante baño y cuando me asome al baño vi una escena increíble… Belu estaba en cuatro patas en el suelo, apoyando su pecho en el inodoro y mirando hacia la puerta y Bruno detrás de ella… Si, entendí que habían tenido una mañana activa, su cara mostraba una expresión de dolor y goce que jamás había observado en ella… me miro con ojos dulces y me dijo “estoy bien… acércate, sentate acá, no vas a poder hacer pis con eso así déjame ayudarte un poquito” y señalo el inodoro, separo el pecho del asiento con cuidado y lentamente… Bruno permanecía inmóvil, como si estuviese agotado por lo que había pasado antes de que yo entre. Me acomode en el lugar que mi pequeña me indico, abrí mis piernas y Belu se acomodó suave delante de mí, agarro mi pija con dulzura mientras se movía suave con todo ese pedazo de carne de bruno completo en su interior. Esta vez, y como me lo había anticipado, iba a ser completo completo, al verla moverse le dije “pequeña, se va a salir…” ella me respondio con una sonrisa de lado “no amor… no se va a salir por ahora, no te das una idea de lo grande que es y la fuerza que hace dentro mío… como late… lleva 15 minutos y no para de acabar dentro mío… yo me voy a dar cuenta en el momento en que él vaya a salirse de mi interior pero aún no” y mientras me hablaba chupaba mi pija que parecía que iba a explotar de dura y ella se retorcía de placer hasta llegar a un orgasmo tremendo con Bruno a sus espaldas. Yo disfrutaba de mamada que mi pequeña me estaba dando y de la escena cuando de repente me mira con ojos vidriosos y una expresión tensa… “ahora si… va a salir…” tomo una de mis manos y con la otra sujetó a Bruno para que no sea tan brusco y fue cuando ocurrió… el desabotono… seguido de un quejido de mi bella mujer y el sonido del semen cayendo al piso. Belu chupaba mi pija con mucha devoción y fue cuando Bruno salió en dirección al ante baño y pude ver la enorme verga colgando de nuestro amigo, estaba mucho más grande que las veces anteriores, esta era la primera vez que Belu le permitía tanto y se notaba su cara de satisfacción. Bruno luego de salir limpio su semen de la vagina de ella y limpio su tremenda verga. Belu lo observaba de reojo mientras me masturbaba y me la chupaba con suavidad. Yo necesitaba estar dentro suyo, era difícil poder sostenerme sin acabar con el acto de amor y placer que acababa de presenciar… En el momento que en mi cabeza estaba pensando que poseer a mi mujer luego de que nuestro el gran Bruno sacio su necesidad con la hembra de la casa apareció Iván en la puerta del baño con sus sentidos un poco alterados y en alerta, imagine que su olfato lo había traído hasta esta parte de la casa… entro imponente al baño donde aún mi pequeña se encontraba arrodillada e inclinada recuperándose y con restos de semen de Bruno… Iván fue directo a oler esa zona sin preámbulos, saboreo como antes lo hizo nuestro querido mastín y pude observar que mientras lo hacía su bulto crecía de tamaño. Claramente los olores y sabores activaron a nuestro Iván… yo atine a quitarlo del baño pero nuestra hembra me miro con ojitos tiernos y me dijo “dejalo cielo… hace días que esta inquieto y entiendo que él ya comprende quien soy y para que estoy… sabia y esperaba que en algún momento me demande y lo está haciendo… lo necesita…” ella giro su cabeza y el se movía en torno a su cuerpo hasta que lo vío… “mira… está asomando su verga… me quiere…” “Iván” dijo ella… y se dio una palmadita suave en la cola… El atino a montarse y en la primera no lo logro, ella repitió esas palabras y el chirlito… cuando el intento ella lo ayudo a acomodarse… me miro a los ojos nuevamente y me dijo… “ahora si… bienvenido a casa Iván…” con una carita de éxtasis y morbo increíble. El hizo dos o tres intentos hasta que Belu pudo acomodar su cuerpo para que él logre acertar. Cuando lo logro ella relajo su cuerpo  y se entregó a esas embestidas que eran un poco más veloces que las de Bruno pero igual de potentes y profundas, él tenía otra energía era más vigoroso y creo que Belu lo eligió, entre otras cosas, por eso. Iván se movió a ese ritmo durante unos minutos mientras la hembra disfrutaba de un hermoso orgasmo besando, acariciando y chupando mi pene con ternura e intensidad. Iván detuvo su marcha de repente… ella levanto la vista y sacándose mi pija de la boca dijo… “aquí viene… me va acabar quiero que se abotone a mi como Bruno…” y en la última envestida Belu abrió los ojos grandes y emitió un quejido sentido… “Ahhhuuu!  ayúdame a sostenerlo para que no me la saque… quiero que se acostumbre a dejarme hasta la última gota dentro… ya la base se calzó toda… no se va a zafar fácil…“ y volvió a ocuparse de mi con esa boca hermosa y grande…  yo sostuve a Ivan firme mientras jadeaba… lo acaricie al tiempo que le decía “buen chico… tranquilo…” se sostuvo varios minutos disfrutando mientras Belu emitía quejidos de dolor y place… “es grande…” susurro… mientras llegaba a un orgasmo muy intenso que finalizo con su macho saliendo de su interior… un suspiro profundo salió de ella y me dijo… “Necesito que mi macho también este satisfecho… vení… quiero sentir esa pija hermosa… ya no aguantas más, la siento palpitar y necesitas descargarte en mi…” ella volvió a apoyar el pecho en el inodoro, mientras acariciaba la verga de Iván que estaba recostado al lado de ella, yo me acomode detrás y la penetre, estaba super dilatada y literalmente empapada por la leche de nuestros muchachos y eso me calentó mucho más aún. Aún chorreaba semen por sus muslos mientras yo entraba y salía disfrutando cada vaivén, la tome del pelo y aumente el ritmo mientras mi pequeña se retorcía de placer… pude notar que se acercaba uno de esos orgasmos profundos que ella acostumbraba a tener cuando yo estaba por explotar dentro y me deje ganar por la lujuria diciendo… “faltaba yo puta… ahora si… el hombre de la casa te va a completar… querías tener toda la leche para vos…? Acá la tenes…” y acabe en una terrible explosión… como nunca antes había experimentado, en esa acabada sentí que se me fue media vida… mientras mi bella se reponía de su hermoso orgasmo simultaneo al mío, se giró, me miro a los ojos y me dijo… “todos satisfechos y complacidos… como una buena hembra debe tener a sus machos cada vez que la necesiten… Solo falta Roco, si me necesita seguramente me buscara…”. Estuvimos un buen rato recostados en el suelo junto a Bruno que estaba en la puerta e Iván pegado a su hembra, nos levantamos directo a la ducha a recomponernos. Nos jabonamos mutuamente, nos abrazamos por un lago rato mientras el agua corría por nuestros cuerpos para luego salir del baño y acostarnos a descansar un poco luego de tanto desgaste y place.

Por la noche quien demando su parte fue Roco… cuando nos disponíamos a acostarnos , el pequeño consentido, salto a la cama moviendo su cola y con suaves gruñidos que parecían suplicas, miro a Belu con ojos tiernos… ella lo acaricio y lo hizo acostar a su lado… continuo con los mimos como siempre lo hace hasta que llego a su pancita… en ese momento llega el relax para él, y lo sabe, automáticamente se queda muy quieto y sin que su mami llegue a tocarlo asoma su puntita afuera… él ya esta disfrutando el momento esperando… el contacto que al fin llaga, Belu se dispone a sacar suavemente la verga de Roco de su funda con suavidad…. La toma con sus dedos, me mira y sonríe “ ayer no se descargo el pequeño y se ve que hoy tiene ganas”, se acostó boca arriba en la cama y coloco a Roco en la posición en que por lo general el disfrutaba de su momento… lo acerco y lo ayudo a que  introduzca su miembro en ella… lo acompaño con sus movimientos durante un rato hasta que roco se tesó… “ahora si… mi chiquito esta dejando toda la leche dentro de mami… así me gusta mi rey… tu perrita también se va a acabar toda mientras terminas…. Mmmmm… sos el amor de mami… siii… ahhhh….” Ella luego de ese hermoso orgasmo de amor sostuvo a Roco dentro suyo hasta que descargo su ultima gota, como suele ocurrir. “Ahora si…”, dijo mi hermosa mujer, es hora de descansar y caímos rendidos en la cama los tres.

Lautaro, el boyero de Berna, era la antítesis. Una montaña de pelo y babas que llegó derramando afecto. Belu se hundía en su pelaje y sollozaba a veces, de una felicidad abrumadora. Lo quiso por su calor, por la forma en que su deseo era tan evidente y tan tierno. Luego de transcurrido varios días de su llegada y de observar calmo cada vez que el resto de los integrantes de la casa montaban a su hembra su primera vez al fin llegó, fue en el living, sobre una manta gruesa. Belu tenia pensado ya su inicio… lo llamó “Lauti, vení con mami”, se arrodillo y comenzó a caminar en cuatro patas con su nuevo mimado jugando a darse empujones amistosos en los que se revolcaban, yo estaba frente a una verdadera danza de apareamiento, hasta que en un momento el boyero levanto sus patas delanteras y tomo a Belu de la cintura como si supiera exactamente que hacer… ella lo guió para que se colocara entre sus piernas de manera más precisa. Se acomodó sobre ella con una lentitud casi ceremonial, como si temiera aplastarla. Su pene, grueso y de un rosa oscuro, buscó a tientas. Su hembra lo ayudo hasta lograr que se deslice en su interior, él emitió un gemido profundo de alivio y placer. Su ritmo fue un balanceo constante, un vaivén que era más un abrazo que una cópula. Él lamió su cuello, su cara y hasta sus lágrimas… su verga era gruesa y mientras se movía dentro de ella con una ternura devastadora también expandía la vagina de su hembra generando una sensación de dolor y placer que ella no podía contener. Cuando llegó, fue con una serie de sacudidas profundas y un chorro que llenó su vientre de un calor que parecía expandirse con una presión intensa. Belu lo abrazó, hundiendo los dedos en su pelaje para que no se moviera en exceso y que su bola se desprenda. Lo sostuvo mientras le decía suave “quieto corazón… no bajes… no te salgas, déjame sentir que tan grande sos…” entre quejidos de dolor y gemidos de placer… “Dios… Así bebé… déjame adentro todo lo que tengas… ahhh… por favor… duele amor pero me va a hacer acabar…” me observo con una mirada que mezclaba ese dolor y placer desmedido… Mientras entre lágrimas y gemidos alcanzaba un orgasmo tremendamente intenso, sintiéndose amada de una manera pura, animal, que no exigía nada más… Lo sostuvo abotonado a ella unos 15 minutos más, gimiendo y quejándose hasta que él hizo algunos movimientos para desprenderse haciendo que mi hembra se desvanezca en un orgasmo mientras él tiraba hasta lograr desprenderse. Su verga hinchada se veía enorme en su diámetro, tenía el tamaño de una pelota de tenis. Yo estaba parado delante de ellos sin poder dejar de masturbarme y observando cada detalle… ella me dijo “déjame a mi amor…” y comenzó a pajearme arrodillada delante de mí y me susurró “creo que elegí bien otra vez… es por instinto, los veo y lo se…” Lo eligió por su capacidad de convertir lo suabe y dulce en intensidad extrema.

Tomás, el dóberman, fue el último. Lo encontro en un refugio, encerrado solo, su cuerpo una línea de tensión eléctrica. Belu lo miró a través de los barrotes y él la miró fijo, sin parpadear. Lo quiso por el peligro, por el filo que prometía, por el reflejo de su propia hambre reprimida. La primera noche que estuvo en casa, observó desde las sombras mientras Bruno e Iván se turnaban con Belu en el patio. Solo cuando ella quedó exhausta, tirada en la tierra, cubierta de sudor y semen, Tomás se acercó. No la montó. La olfateó de pies a cabeza, su nariz fría tocando cada centímetro de su piel sucia. Luego, con un movimiento rápido, la tomó del brazo con su boca, sin apretar, pero con una presión que no admitía resistencia. La guió unos metros, lejos de los otros, hacia un rincón oscuro. Allí, la acomodo con autoridad hasta lograr ponerla a cuatro patas. Su monta fue silenciosa, violenta en su eficiencia. Cada embestida era corta, profunda, y la mantenía inmóvil con su cuerpo rígido. No hubo gemidos, solo el sonido de su respiración entrecortada y el roce de sus cuerpos. Entonces se acabó, fue en silencio, con un último empujón que clavó a Belu en el suelo. Luego, la soltó de golpe sin que ella tenga la posibilidad de pegarsele y volvió a las sombras. Lo eligió por el recordatorio de que, en el fondo de todo esto, había una jerarquía, un riesgo, y que ella estaba dispuesta a someterse incluso a lo más frío.

Así se formó, lo que llega llamo, su manada y familia. Raco, el primero y consentido, seguía siendo su niño, su secreto dulce. Pero ahora, cuando él se le subía, tembloroso y exigente, Belu lo complacía con una sonrisa nueva. Ya no era el acto principal. Era el aperitivo, el recordatorio de lo que la esperaba. Lo masturbaba, se lo chupaba, lo dejaba montarla en su misionero tierno y rápido, sintiendo su pequeña eyaculación dentro de ella como un susurro. Y luego, levantaba la vista hacia la puerta del patio, donde las siluetas de Bruno, Iván, Lautaro y Tomás esperaban, cada uno con su propia demanda de posesión. Y ella, Belu, se levantaba, limpiaba la leche de Yako de sus muslos con la mano y se la llevaba a la boca, saboreando su inocencia, antes de abrir la puerta y entregarse a la realidad intensa de su nuevo mundo.

Cada macho tenía su lugar, su momento, su forma de tomarla. Bruno en las mañanas, contra la pared del galpón, cuando su energía bruta necesitaba una salida. Iván en las tardes, después de que los otros la habían usado, para limpiarla y reclamarla con su lengua meticulosa. Lautaro en las noches, en la cama grande que ahora compartíamos todos, su calor envolviéndola en una cópula que era casi un arrullo. Y Tomás… Tomás aparecía en cualquier momento, sin aviso, arrastrándola a un rincón para una posesión rápida, silenciosa y dominante que le recordaba su lugar en el fondo de la jerarquía.

Yo observaba. A veces participaba, guiando a uno hacia ella, sujetándola para Bruno, acariciando su pelo mientras Lautaro la penetraba. Mi rol era el de cuidador, el de testigo, el de facilitador de su plenitud. Y en sus ojos, después de ser montada por el cuarto perro en una sola tarde, viendo cómo su vientre se abultaba levemente con tanto semen acumulado, vi la paz. La paz de una necesidad finalmente saciada. La paz de una hembra que ha encontrado su manada. Claro que siempre yo esperaba ese momento en que ellos saciaban su necesidad para saciar la mi… a veces se presentaban mas de una escena al día y yo terminaba cogiendo a mi hembra más de una vez..

La semana…

La semana se convirtió en un ciclo de demandas y entrega. Belu ya no llevaba ropa interior en casa. Su entrepierna siempre estaba húmeda, ya fuera del lamido constante de Iván, de la saliva de Raco que disfruta mucho de lamer a su mami, o del goteo persistente del semen de los más grandes. Su piel por momentos olía a ellos, a sexo, a tierra del patio. Era un aroma que la marcaba, que la hacía sonreír con una satisfacción profunda y animal.

Los rituales se establecieron. Por las mañanas, Bruno la despertaba montándola en la cama, sus gruñidos roncos y sus embestidas potentes sacudiendo el colchón. Ella se aferraba a las sábanas, ahogando sus gritos en la almohada, recibiendo su carga matutina que la dejaba jadeante y llena. Después, mientras ella intentaba levantarse para hacer el desayuno, Iván la interceptaba en el pasillo. La empujaba suavemente contra la pared y procedía a su limpieza ritual. Su lengua, fría y experta, recorría cada centímetro de su sexo hinchado y usado, bebiendo los restos de Bruno, estimulándola hasta hacerla temblar con pequeños espasmos de placer residual.

Raco esperaba su turno en la cocina. Mientras ella freía huevos, él se frotaba contra su pierna, su pequeño pene erecto rozando su pantorrilla. Belu, con una sonrisa cansada pero amorosa, bajaba la mano para acariciarlo, a veces se agachaba para chuparlo un momento, sintiendo su pequeño miembro palpitar en su boca antes de que él acabe con un gemido agudo. Era su dosis de dulzura, y pensar que no le daba impresión chupársela hasta que lo hicimos juntos y descubrió que también era lindo hacerlo… nos gustaba chupársela juntos al mimado…eso la llevaba a lo tierno y al comienzo, que ahora mezclada sin problemas con la rudeza y lo carnal del nuevo.

Las tardes a menudo pertenecían a Lautaro. En el living, sobre la alfombra gruesa, Belu se recostaba sobre él, hundiéndose en su pelaje. Su cópula era lenta, profunda, un balanceo constante terminando relajada, exhausta, mientras él seguía moviéndose dentro de ella, lamiendo su pelo suavemente. Era un refugio, una posesión que no lastimaba, que solo llenaba y reconfortaba.

Y luego estaba Tomás. Su llegada nunca era anunciada. Podía ser mientras Belu doblaba la ropa en el cuarto, o cuando salía a tender las sábanas al sol. Una sombra que se movía rápido, la tomaba de alguna prenda (si tenía puesta) o su brazo, y era guiada al lavadero, detrás del tanque de agua, a un rincón del jardín donde la enredadera crecía espesa. Allí, la sometía. Su monta era una afirmación de poder pura. La penetraba por detrás en algunos casos… la primera vez intento sacárselo de encima para evitarlo pero el agarrándola de las caderas con una fuerza que le dejaba marcas la inmovilizó… me conto que se asusto pensando en que podía pasar si en sus embestidas finales él lograba introducirle su bola en la cola, porque si bien yo jugaba con mis dedos en ella cuando teníamos sexo no es lo mismo que la verga de uno de ellos, pero cuando el comenzó a penetrarle la cola con tanto semen la lubricación logro dilatarlo bien y cuando llego el momento las embestidas rápidas y tan profundas le hacían ver estrellas. El momento temido llego pero fue muy rápido como para cualquier reacción, solo entro en su cola sin mucha dificultad, los primeros segundos creyó que se desgarraba y un dolor inmenso la invadió pero entre el morbo, la calentura y lo dilatada que estaba teniendo solo respiro profundo y comenzó a masajear su clítoris… según me dijo fue inexplicablemente doloroso y placentero tenerlo amarrado a ella así, tanto que tuvo dos orgasmos tremendos hasta que la verga de tomas se desprendió dejando su ano con una sensación de vacío inexplicable. Al salirse no había lamidos, ni gemidos de él, solo el sonido de su respiración entrecortada cuando terminaba y se retiraba con la misma brusquedad, dejándola en el suelo con su semen espeso chorreando por sus muslos, una marca de su dominio. Belu se quedaba allí, jadeando, sintiendo el dolor agudo y placentero de su uso, sabiendo que ese era el precio de tenerlo a él en la manada. Era el recordatorio necesario, la sal en la herida que mantenía viva la intensidad de todo.

Los fines de semana, cuando el tiempo lo permitía, ocurrían las sesiones grupales. No era un caos, sino una coreografía que yo dirigía. Belu, desnuda y sumisa, en el centro del patio. Bruno comenzaba, montándola por delante, sus patas delanteras alrededor de su torso. Mientras él la penetraba con embestidas largas, Iván se acercaba por detrás, su hocico buscando el lugar donde los cuerpos de Bruno y Belu se unían, lamiendo la base del pene de Bruno y los labios hinchados de Belu, limpiando y estimulando al mismo tiempo. Lautaro esperaba su turno, acariciando el costado de Belu con su pata, lamiendo su hombro. Y Tomás observaba desde la sombra, hasta que la excitación lo vencía y se abalanzaba, no para montarla, sino para marcar, orinando cerca, o para morder el aire cerca de su cuello en una amenaza que era también una promesa.

Belu, en medio de todo, perdía la noción de sí misma. Se convertía en un receptáculo, en un nudo de sensaciones. El peso de Bruno sobre ella, el empuje rítmico de su pelvis; la lengua fría e incansable de Iván en su clítoris y alrededor de la penetración; el calor y el lamido constante de Lautaro; y la mirada cargada de Tomás, fija en ella como un depredador. Los sonidos se mezclaban: los gruñidos de Bruno, la respiración agitada de Iván, los jadeos húmedos de Lautaro, y sus propios gemidos, que ya no sabía de qué placer o sumisión provenían.

Cuando Bruno llegaba al clímax, su cuerpo se tensaba y un chorro caliente llenaba su interior. Él se retiraba luego del amarre, jadeando, y en ese instante de vacío, antes de que el semen empezara a gotear, Iván aprovechaba para hundir su hocico más profundamente, lamiendo dentro de ella con una dedicación obscena, bebiendo lo que podía. Luego, Lautaro tomaba su lugar. Su transición era suave; Belu apenas tenía que moverse. Él se acomodaba sobre ella, su pene más grueso encontrando el camino ya lubricado y lleno. Su penetración era una sensación de plenitud diferente, un relleno que la hacía arquearse y gemir de una manera más desesperada. Mientras Lautaro comenzaba su balanceo constante, Tomás, incapaz de contenerse por más tiempo, se acercaba. No intentaba montarla, no había espacio. En su lugar, se colocaba a su lado y con un movimiento rápido de su cabeza, tomaba uno de sus pechos en su boca, no para mamar, sino para morder con una presión controlada pero firme que hacía que Belu gritara, un sonido que se mezclaba con el placer del coito y el dolor agudo del mordisco. Sus dientes no rompían la piel, pero la marcaban, dejando una media luna roja y profunda en la carne pálida de sus enormes senos. Era una posesión simultánea, por dentro y por fuera. Lautaro dentro de ella, llenándola con su ritmo pausado pero implacable; Tomás reclamando una parte de su exterior con su boca feroz.

Yo observaba desde el umbral de la puerta, mi propio cuerpo respondiendo a la escena. A veces, me acercaba y acariciaba el pelo de Belu, empapado de sudor, o le ofrecía agua en un tazón, que ella bebía a sorbos entre jadeos. Mi papel era asegurarme de que la dinámica no se rompiera, de que ningún macho se volviera demasiado agresivo, de que Belu, en su éxtasis, no se lastimara gravemente. Pero también era un participante silencioso. Mi excitación crecía al verla tan completamente usada, tan entregada a la naturaleza cruda que habíamos creado. Con mi pija tan dura como una piedra fuera del short, por momentos masturbándome y por momentos acercándola a la boca de mi hembra para que degustase, aguardando que ellos estén complacidos para descargar mi leche también. Cuando Lautaro finalmente acababa, con un temblor profundo y un gemido suave, su semen se mezclaba con el de Bruno dentro de ella.

Entonces, en el silencio pesado que seguía, solo roto por los jadeos, Tomás soltaba su pecho. Belu quedaba tirada en el cesped, su cuerpo un mapa de saliva, semen y marcas de dientes. Sus ojos, vidriosos, me busca a mí. En ellos no había arrepentimiento, ni miedo. Solo una fatiga profunda, saturada de satisfacción, y una pregunta muda. Yo me acercaba y me arrodillaba a su lado. Con un paño húmedo, comenzaba a limpiarla suavemente, primero su rostro, luego sus pechos, el vientre, y finalmente su entrepierna, donde los fluidos de dos machos se mezclaban en un desorden pegajoso. Ella gemía débilmente con el tacto, su cuerpo aún sensible, aún vibrante.

«Estás completa», le susurraba, y ella cerraba los ojos, una sonrisa tenue tocando sus labios. Los perros, satisfechos, se dispersaban. Bruno se echaba a dormir al sol, Iván se acicalaba, Lautaro buscaba agua. Solo Tomás permanecía cerca, observando mi cuidado con una intensidad que no cedía.

Las noches después de esas sesiones eran las más intensas. Belu, bañada y envuelta en una bata, se acurrucaba contra mí en la cama. Su cuerpo olía a jabón exquisito. Ella me contaba las sensaciones, con un lenguaje crudo y directo. «Cuando Bruno acaba, es como una ola caliente que me inunda por dentro», decía, su mano buscando la mía para guiarla bajo la bata, hacia su vientre bajo, que aún se sentía cálido y ligeramente abultado. «Y Lautaro… llena cada espacio, hasta que siento que voy a reventar.» Su respiración se aceleraba al recordarlo. Yo la escuchaba, mi propia excitación creciendo, y mientras hablaba, mis dedos bajaban más, encontrando su sexo hinchado y sensible. Ella abría las piernas con un suspiro, invitándome.

Pero no era yo quien la penetraba entonces. No inmediatamente. En esas noches, a menudo llamaba a Roco. El pequeño, alerta a cualquier señal, saltaba a la cama. Belu se giraba de espaldas a mí, y yo la abrazaba por detrás, mis manos en sus pechos, mientras ella animaba a Raco a subir sobre sus muslos. Su pequeño cuerpo temblaba de excitación mientras su pene buscaba la entrada. Yo ayudaba, guiándolo, y Belu contenía la respiración cuando la punta entraba. No era una penetración profunda, pero era íntima, dulce, y la hacía gemir de una manera diferente, más suave. Mientras Raco se movía con movimientos cortos y rápidos, yo la besaba en el cuello, le acariciaba los pechos, y le susurraba al oído cómo la veía, cómo su entrega la hacía más bella, más real.

Después de que Roco terminaba, dejando un hilo de semen claro en sus muslos, era mi turno. Yo la penetraba desde atrás, agarrándola de las caderas pero mis movimientos eran más lentos, más deliberados. Mientras me hundía en ella, aún caliente y relajada por las atenciones de Raco, le hablaba. «Esto es lo que querías, ¿verdad?», le preguntaba, cada palabra sincronizada con una embestida. «Ser nuestra…»

Ella respondía con gemidos entrecortados, su cuerpo empujándose contra el mío. «Sí… soy propiedad de todos…» Sus palabras se convertían en un grito ahogado cuando mi ritmo se aceleraba. Yo podía sentir las calor en su piel bajo mis dedos,  y eso me llevaba al borde más rápido. Cuando llegaba al clímax, no me retiraba. Me quedaba dentro de ella, temblando, dejando mi propia marca en el caos que ya habitaba su cuerpo.

Así pasaban los días y las semanas. Belu se sentía a gusto, amada y cuidada. Aceptaba a cada perro según su naturaleza: a Bruno con sumisión expectante, a Iván con gratitud relajada, a Lautaro con afecto cansado, a Raco con ternura maternal, y a Tomás con un miedo excitado que la hacía mojarse solo con verlo acercarse….

Continuara…

4 Lecturas/12 mayo, 2026/0 Comentarios/por martinmc6
Etiquetas: baño, cogiendo, madre, militar, montaña, orgasmo, semen, sexo
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