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Heterosexual, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

La cortina del baño.

El coño de Fiorella explotó como un geiser, tal cual le sucedía a su madre. .
Era un sábado de inicios de verano con una jornada calurosa, parcialmente nublada y sin una brizna de viento.     Mi esposa estaba de turno en el hospital local y no volvería hasta tardas horas de la tarde.     Me había duchado y estaba sentado a la isla de vidrio de la cocina con una taza de café, viendo el noticiero en la Tv y hojeando el periódico de la mañana, cuando escuché el ruido del piso superior, nuestra hija Fiorella se había levantado de la cama.

 

 

A continuación sus pasos descendiendo las escaleras se hicieron audibles, dirigiéndose a la cocina para su desayuno matutino antes de ducharse.     Llevaba la habitual ropa de dormir y nunca se ponía una bata antes de bajar.     Era la rutina habitual en este último año, vestía unos ajustados leggings blancos, al parecer sin nada debajo y una remera musculosa que mi esposa le había regalado para su cumpleaños.     Ninguna de esas prendas podía ocultar a la mujer en desarrollo que estaba debajo de ellas.     Los holgados agujeros en sus brazos con solo dos tirantes sobre sus hombros flacuchos podían ser muy cómodos, pero con los movimientos de ella, era muy fácil ver las tentadoras tetas adolescentes duras y firmes temblando mientras se inclinaba a sacar el pan del mueble.

 

 

Desde los cinco años que le había estado pagando clases de danza clásica y gimnasia.     Los entrenamientos y disciplinados ejercicios, junto a los regímenes dietéticos, habían creado en ella un cuerpo escultural, algo admirado por hombres y mujeres que la conocían.     Poseía unos hechiceros ojos de un azul intenso.     Tez clara y casi rosada con cabellos claros como su madre.     Altura prestante de un metro ochenta.     Parecía una típica belleza teutona como su abuela y su abuelo.     Sus senos no eran grandes como los de su madre, probablemente 34B, pero lo más maravilloso en ella era su estrecha cinturita y sus caderas amplias que daban lugar a un trasero majestuoso, desde donde se alargaban unas piernas cinceladas por algún artista helénico; estatuarias y que cualquier chico querría tener alrededor de él al menos una vez antes de morir.

 

 

Cuando metió la mano en el refrigerador para sacar su jugo de frutas tropicales, se plegó de tal forma que la remera se descolgó de su frente, brindándome una tremenda visión de sus deliciosas tetas desnudas oscilando y a forma de cono.     Se inclinó un poco más para alcanzar la mantequilla y la mermelada, entonces pude visualizar los regordetes labios de su pequeña panocha hinchada, partida a mitad por la delgada tela de sus leggings.

 

 

Contemplar la exhibición de esa dulce carne joven mientras se asomaba furtivamente entre sus prendas de vestir, tenía toda mi atención y mi polla había alcanzado una dureza descomunal y estaba levantando visiblemente mis shorts.      Esto podría no haber significado un problema excepto porque mi situación era claramente visible a través del vidrio de la isla y yo había finalizado mi café, debía ponerme de pie y no había forma de que Fiorella no se diera cuenta cuando viera la tienda de circo en mis pantaloncitos cortos.     Estaba indeciso entre quedarme quieto o levantarme e irme a la sala de estar, o mejor aún, retirarme a mi dormitorio.     No quería salir de la cocina y perderme la exhibición de tetas adolescentes y culos respingados, pero no sabía que pensaría ella si viera mi dureza en esplendorosa muestra bajo mis shorts.      No quiero que ella piense que es debido a su proximidad y su ligero vestuario, aun cuando eso era verdad.     Así que me quedé quieto esperando que mi pene se reblandeciera.

 

 

Fiorella se sentó frente a mí en la mesa trasparente y esto fue para peor.      Colocó un pie a cada lado del taburete y la musculosa se levantó, dejando al descubierto su entrepierna, sus piernas abiertas mostraban todo lo que había allí, sus leggings blancos eran casi trasparentes y se podía ver claramente su pequeña tanga embutida entre los gorditos labios de su hermoso coño.     Mí pene pareció enloquecer ante esta visión impúdica y cargada de erotismo.      La gruesa cabezota de mi polla sobresalía de mi bata y ella fijó sus ojos en ella.     Seguí como si nada fingiendo de leer el periódico, pero mis ojos trataban de descubrir más de lo que había bajo la diminuta tela de sus bragas.     Por el rabillo del ojo la vi abrir mucho sus ojos y parpadear en forma continua ante la presencia de mi amoratada e hinchada cabezota violácea, pero no hizo ningún movimiento y continuó desayunando sin quitar los ojos de mi furiosa erección.      Mi cachondez extrema hizo que mi polla pulsara autónomamente y una gotita de mi pre-semen aflorara en el orificio al ápice de mí pene.

 

 

Mientras mis ojos intentaban encuadrar los nombres de la lista de decesos en la últimas veinticuatro horas, vi a mi hija que paseaba suavemente la lengua sobre sus carnosos labios y tragaba forzadamente un pedazo de la hogaza de pan.     Esto me provocó otra pulsación intensa en mi polla y una segunda gotita empujó a la primera que cayó en los pliegues de mi bata.     Esto me inquietó sobremanera, si seguíamos así esto se iba a complicar más, o tendría que masturbarme, o me iba a correr sin tocarme ante los ávidos ojos de mi hija.

 

 

No sé cómo, pero logré controlarme y no saltarle encima y violarla.     Ella tardó muchísimo en desayunar esa mañana.     Cuando terminó su colación se acercó a mi taburete y se inclinó para besar mi mejilla, su holgada remera se plegó hacia adelante y me dio una vista esplendorosa de sus adolescentes y duras tetas; luego se levantó y se estiró levantando ambos brazos sobre su cabeza, haciendo que la camiseta se estrechara sobre sus tetas y se alzara dejándome ver parte de su vientre liso y la juntura de sus piernas con sus ajustados leggings trasparentes y su tanga perdida en su cuevita caliente y mojada, con un teatral bostezo me dijo:

—Papi, voy a ducharme … ¿Me puedes dar una tracción? …

Como kinesiólogo, habitualmente desde pequeñita que aplico en ella un poco de terapia manual ortopédica para alinear y equilibrar su cuerpo.      Fiorella se dio media vuelta poniéndose de espalda a mí mostrándome sus preciosas y redondas nalgas bien formadas.     Me levanté de mi taburete un poco titubeante.

—¿No podemos hacerlo después que te duches? …

Le pregunté a sabiendas que si la tomaba para aplicarle una tracción como a ella le gustaba, no habría forma de que no sintiera la dureza de mi polla presionando en medio a sus firmes y duros glúteos.

—Hay algo tenso y rígido, papi …

Me respondió instantáneamente, no sabía si se estaba refiriendo a su espalda o a mi pene a punto de estallar, especialmente si su delicada y suave piel hacía contacto con mi cabezota.

 

 

Fiorella se puso de espalda frente a mi con sus brazos cruzados bajo sus tetas y esperaba que yo le hiciera una tracción.     Suspiré profundamente y la rodeé con mis brazos, luego la levanté del suelo y escuché el crujir de sus vertebras un par de veces mientras le hacía la tracción.     Cuando la baje ella se giró abruptamente y mi mano se metió en su musculosa y quedó apretando una de sus tetas.      No pude evitar de presionarla suavemente y ver su pezón hincharse.

—¡Ay, papi! …

—¡Ehm! … Lo siento creí que era tu brazo …

—¡Pues no lo es, tonto! … ¡Uy! … Parece que tengo algo mojado en mi trasero …

Dijo volviendo su rostro para mirar hacia su nalga donde había un filamento de mi pre-semen.      No sé si me puse rojo o no, pero no supe nada más que decirle:

—¡Oh, bueno! … Dijiste que irías a ducharte, ¿no? …

—¡Sí, es verdad! …

Dijo Fiorella alzándose en punta de pies y dándome otro rápido beso en la mejilla, luego subió las escaleras de carreritas.

 

 

Puse la vajilla que habíamos usado en el fregadero y subí las escaleras para vestirme.     Cuando llegué a la cabecera de las escaleras me encontré de frente con Fiorella, ella estaba desnuda excepto por sus diminutas bragas:

—¡Ups! … Lo siento, papi …

Dijo mientras levaba su brazo izquierdo encima de sus tetas, con la prisa cubrió solo su pecho derecho, mientras su seno izquierdo se levantó desafiante sobre su antebrazo.

—Me olvidé de llevar mi toalla …

Dijo estirando su toalla para cubrirse, luego se giró y se fue al baño.     Me quedé sin palabras.     Supongo que tuve un repentino bloqueo de mi cerebro ante tanta escultural y joven belleza.     Antes de que pudiera reaccionar, ella ya había desaparecido en el baño y pronto escuché el ruido del agua de la ducha.

 

 

Entré a mi dormitorio para aliviar la tensión de mi polla y vestirme.     Abrí mi bata y me sentí cómodo extendido sobre mi cama, puse mi mano alrededor de mi polla todavía dura y comencé a acariciarme lentamente imaginando todo lo que me hija acababa de regalarme en forma pura e inocente.     El líquido preseminal empezó a fluir abundantemente y yo comencé a acelerar los movimientos de mi mano.     Me sobresalté cuando escuché un alboroto estruendoso en el baño.     Rápidamente salté de la cama y me dirigí al baño.     Cerré mi bata sobre mi furiosa y goteante erección acercándome a la puerta del baño.

—¿Fiorella … estás bien? …

Giré el pomo de la puerta y esta se abrió, no estaba cerrada como yo esperaba.     Allí estaba mi escultural hija con la cabeza llena de espuma y los brazos levantados.     La causa del accidente era evidente, la cortina de la ducha se había salido de sus zócalos y estaba media caída sobre el embaldosado del baño haciendo que el agua escurriera y mojara el piso.     Sin embargo, mis ojos casi no notaron la cortina, estaban disfrutando de mi primera vista completa de mi hija toda desnuda y era la primera vez que la veía después que dejé de bañarla a los seis años.     No tenía la menor idea en cómo habían aumentado sus carnes y esos vellos recortados sobre su montículo.

 

 

El aire frío que entro del pasillo cuando abrí la puerta y mi llamado sobresaltó a Fiorella parada bajo el flujo constante del agua caliente.      Sus ojos parpadearon sorprendidos, se abrían y se cerraban rápidamente tratando de evitar que la jabonosa espuma entrara en ellos.     Se enjuagó el cabello y se giró, había obtenido una vista completa del esbelto y estatuario cuerpo adolescente de mi hija.

 

 

Mientras cruzaba el baño hacia la bañera y la cortina caída, recorrí con la mirada el sexy vientre liso, los vellitos recortados sobre su panocha, hasta los ojos de ella.

—¡Hay que volver a colocar la cortina en su sitio antes que se inunde todo el baño! …

Le dije agarrando la cortina y levantarla para colocarla en su lugar, pero un demoniaco bichito entró en mi mente y me dije: “Jamás vas a tener otra oportunidad como esta… Inventa algo”.

—Necesito meterme a la ducha para arreglar esto …

Dije sin titubear.     Fiorella me miró interrogativamente, dio un paso a la parte trasera de la vasca y dijo:

—¡Pero si corto el agua me voy a enfriar, papi! …

—¡Está bien! … No la cortes, pero no voy a mojarme con la bata … Iré a buscar unos shorts …

—¡No! … Simplemente quítatela … Nunca se lo diré a nadie, papá … Te lo prometo … Date prisa que tengo frio, papi …

No se podía negar que esa afirmación era verdad, sus areolas se estaban oscureciendo y sus pezones de color rosado, ahora se erguían duros, firmes y orgullosamente erguidos como sabrosas aceitunas mientras el agua salpicaba sobre ellos.     ¡Oh, Dios!    Cómo me gustaría darles una mascadita y chupar sus cremosas tetas duras, para luego lamer esos vellitos mojados y después follarla hasta que se me derrita la polla.

 

 

Entregué la barra metálica de la cortina a Fiorella y me giré para quitarme la bata.     Mi erección se mantenía firme y dura gracias a la exhibición de las suaves curvas jóvenes de mi hija.

—¡Por favor! … ¡Date prisa, papi! …

Me quité la bata y la colgué en el perchero de la pared.     No estaba seguro de cómo iba a reaccionar ella.     Cuando me di la vuelta, ella tuvo una visión completa de mi polla furiosamente dura.     Respiré hondo y me dirigí para meterme a la ducha con mi hija desnuda.     No soy uno de esos tipos con esas enormes pollas de veinticinco centímetros o más, nunca me he medido, pero supongo que son más de dieciocho centímetros de largo por unos quince de grosor.

 

 

Tomé la barra de la cortina y me metí a la ducha moviéndome para colocarla en su lugar.     Las tetas de Fiorella punzaron en mi espalda, sus pezones duros casi quemaban mi piel.     Créanme, lo que debía haber tomado solo un par de minutos se convirtió en un trabajo de más de diez minutos.     No era fácil maniobrar esa barra sintiendo la proximidad del cuerpo de mi hija desnuda

 

 

Terminé de colocar el extremo más cercano al cabezal de la ducha y le dije que siguiera duchándose mientras yo colocaba el extremo opuesto.     Mientras me esforzaba por colocarlo, lo dejaba deslizarse hacia abajo donde volvía a salirse, entonces debía volver a intentarlo otra vez, solo para volver a fallar.     Fiorella estaba bajo el chorro de agua tibia enjabonándose y frotándose con un guante de toalla.      Sólo podía imaginar lo exquisito que sería ser ese guante de toalla, observando atentamente cómo lo deslizaba sobre sus suaves y duros pechos, hacia abajo entre sus fuertes muslos, frotando la hendedura de su coño y dentro de su vulva pequeñita de labios rosados y apretados, adornados con ese casi invisible velo de vellos oscuros que coronaban su hermosa rajita.

 

 

Cuando se aprontó para cortar el agua, mi polla estaba más dura que antes.      Cuando finalmente tomó la toalla para secarse, finalmente logré fijar la barra de la cortina en su lugar.      Salimos de la bañera al mismo tiempo.     Fiorella se secaba suavemente y cubrió su cuerpo con la toalla.     Yo no tenía nada con que sacarme, así que estaba parado allí con mi polla tiesa como pata de pirata, balanceándose ante los ojos de mi hija.     A este punto mi polla ya había estado durante mucho tiempo, solo a ratos se encogía y al mirar el cuerpo de Fiorella, volvía a ponerse tiesa.     Además, toda la humedad de mi polla no provenía solamente del agua, mi pene continuaba a exudar liquido preseminal.      Rápidamente entré al pasillo en busca de una toalla y regresé al baño.

 

 

El tamaño del baño es igual a todos estos nuevos departamentos, una orilla ocupa la vasca, el inodoro y el lavamanos, la otra orilla es el pasillo; no teníamos mucho espacio para maniobrar mientras ambos tratábamos de secarnos.     Fiorella levantó una pierna y la colocó sobre la tapa del inodoro y se inclinó ligeramente hacia adelante secándose el interior de sus muslos.     Me giré y mi polla semidura le dio un latigazo en su nalga derecha.

—Lo siento … No creí que estuviésemos tan cerca —Le dije.

—¡Oh, está bien! … —Respondió y enseguida preguntó:

—Papi … ¿Puedo preguntarte una cosa? …

—Todo lo que quieras, tesoro …

—Papi … ¿Por qué tu pene has estado tan duro por tanto tiempo? …

La quedé mirando embelesado y le pregunté:

—¿Por qué crees tú?  …

—¿No me vas a decir que es mi culpa ahora? …

—¡Oh, nooo! … ¡Mí pene está las veinticuatro horas del día así! …

Le dije sonriendo socarronamente, y luego le espeté:

—¡Por supuesto que es por culpa tuya! … ¡Vas caminando por allí con esa musculosa que muestra más de lo que cubre! … ¡Tus bragas son tan pequeñas que apenas cubren tu coño peludo y por detrás, nada! … ¡Cada vez que te inclinas hacia uno u otro lado, esas deliciosas tetas tuyas quedan expuestas a quien quiera mirarlas! … ¡Y tu todo el tiempo andas así! … ¿Qué quieres? … ¡Pero no creas que me estoy quejando! … ¡Por el contrario, me gustas demasiado! …

Se lo dije casi todo de golpe mientras sonreía y casualmente dejaba que mi mano pasara entre sus piernas, recorriendo suavemente sus muslos, hasta tocar su vello púbico.     Sentí un corrientazo eléctrico al rozar sus vellos alrededor de su panocha.      Imperceptiblemente tiré mi mano hacia atrás, pero seguí en contacto con su joven coño.

—¡Papi! … No deberías hacer eso … Me haces sentir un cosquilleo ahí abajo …

—¡Acaso es desagradable? …

Mi mano había pasado alrededor de su cintura y ahuecaba delicadamente su teta, deslizando su pezón entre mi pulgar e índice frotándolo para endurecerlo.     Mi otra mano se deslizaba sobre su monte de venus apenas cubierto de vellos ralos.

—¡No! … ¡Es decir! … ¡Bueno! … ¡Haces que me moje! …

Dijo lanzando un acallado gemido y suspiro cuando mi dedo le separó los labios regordetes y penetró sus delicados pliegues.     Sentí el hermoso calor y humedad de esta preciosa panocha adolescente.

—¡Sí te molesta me detendré! …

—¡No! … ¡No lo hagas! … ¡Se siente bien! …

Ahora mi dedo entraba y salía de su pequeño y apretado coño mientras mi palma sobajeaba su sensible clítoris.     Mi otra mano estaba ocupada en tironear de sus pezones y aplastar sus tetas sobajeándolas suave y tiernamente.

 

 

De pie detrás de ella, mi polla empujaba su nalga y goteaba pre-semen dejando un rastro sobre su piel de alabastro.      Sabía que la tenía en mis manos y ella no iba a hacer nada para detenerme ahora.

—Será mejor que paremos …

Dije mientras deslizaba mi dedo entre sus labios cubiertos de su jugoso néctar.

—Tu mamá podría atraparnos … Y de todos modos, esta no es una posición muy cómoda para ninguno de los dos …

Saqué mi dedo de su agujero chorreante y lo pasé por sus delicados labios, luego me lo llevé a mi boca para saborear la sapidez de su apretado y joven coño.     Ella lamió la humedad de sus labios y me miró por encima del hombro.

—¡Por favor, papi! … ¡Hazlo sólo un poco más! … ¡Por favor! … Todavía podemos ir a mi dormitorio o al tuyo … Pero por favor no te detengas ahora …

Por primera vez extendió su mano detrás de ella y entró en contacto con mi polla candente.     Si osaba tocar la cabezota, de seguro iba a explotar.     Sabía que no había manera de poder controlar el semen que ebullía bajo presión en mis bolas.     Sus dedos se enrollaron alrededor de mi polla y comenzó a moverla hacia arriba y hacia abajo, me miró casi suplicando.

—¡Por favor, papi! … Mamá nunca regresa antes de las tres … Eso nos da más de una hora antes de que ella esté en casa … Bueno … Quiero decir … Sí tu quieres, papi …

Dijo bombeando mi pene y apretándolo, cosa que hizo que una gran cantidad de semen escapara por el orificio del glande.     Luego pasó delante de mí y me tiró por mi verga fuera del baño para guiarnos hacia su dormitorio.

 

 

Sabía que no podía follarla, no había condones en casa, mi esposa estaba operada y Fiorella aún no estaba en régimen de anticonceptivos.     Pero eso no significaba que no pudiera saborear su dulce coño y enseñarle a chupármelo.     Los hermosos labios de ella están hechos para chupar pollas; rellenos, naturalmente rojos; buenos para besar y óptimos para el sexo oral.

 

 

La giré para que su espalda estuviera hacia la cama, la empujé hasta que sus gemelos tocaron el borde del colchón, ella sola se sentó hacia atrás.     En esa posición, su rostro estaba a centímetros de mi furiosa erección goteante.     Extendió su mano y envolvió el tronco de mi pene, su otra mano bajó entre mis piernas y levantó mis bolas como sopesándolas, las apretó delicadamente, haciendo que un mayor flujo de líquido blanquecino escapara de la punta de mi polla.

—¡Justo así, cariño! … ¡Apriétalo suavemente y deja que tu mano se deslice hacia arriba y hacia abajo! …

—¡Papi! … ¡Sé como hacerlo! …

—¿Ah? … ¿Qué ya sabes cómo hacerlo? … ¿Y qué más sabes hacer? … ¿Has hecho correrse a un chico antes? … ¿Cuántos dedos has tenido en tu coño? …

—¡Tres! … ¡Oh, papi! … ¡Estás perdiendo mucho de esta cosa! … ¿Te vas a correr, papi? … Realmente nunca he visto a nadie correrse …

Ella hablaba tan cerquita de mi cabezota que sentí un calorcillo insoportable, una mezcla de placer y exquisita tortura.

—¡Así es, cariño! … Especialmente si sigues así …

Fiorella comenzó a apretar un poco más firmemente mi polla y la velocidad de su mano se aceleró ligeramente.

—Esparce un poco de mi lechita sobre la cabeza para que se deslice mejor tu mano …

Los delgados dedos de mi hija se deslizaron sobre mi glande lustroso y enrojecido para recoger las gotitas que afloraban del agujero en la cúspide de mi pene y las diseminó sobre mi prepucio, acariciándolo lenta y suavemente.     Sus dedos volvieron más de una vez a recoger las gotitas de líquido preseminal.

—¿Por qué no pruebas un poco de mi lechita, puede que te guste? …

—¿Qué? … ¿Quieres que me lleve a mi boca tus cosas? … ¿No es eso sucio? …

—¿Qué es lo que te parece sucio? …

—¡Por ahí es por donde orinas, papi! …

—No tiene nada de sucio, cariño … Ya me he duchado dos veces esta mañana … Además, son conductos diferentes, así que mi orina no sale junto a mi semen …

Fiorella se quedó mirando mi pene enigmáticamente, sus manos siguieron acariciándome delicadamente.     Las gotitas seguían aflorando y cayeron sobre su muslo.      Solté su teta y me incliné para recoger en mi dedo una de esas gotitas:

—¡Mira! … ¡Así, pruébalo! …

Mi dedo se metió entre sus labios; vi su lengua deslizarse por mi dedo para saborear la sapidez que ella misma estaba ordeñando de mi polla.

—¿Te parece algo malo? … ¿Tiene mal sabor? …

Tomó mi mano y chupó mi dedo para probar un poco más.

—¡Chupa, nenita! … ¡Pruébalo bien! … ¡Es mejor si lo chupas directamente a medida que salga! … ¡Es más fresco! …

Dubitativamente, Fiorella se inclinó sobre mi polla y metió en su boca un par de centímetros.

—¡Así, cariño! … ¡Sólo un poquito más! … ¡Pasa tu lengua por el orificio! …

Puse mi mano detrás de su cabeza y presioné ligeramente.     Ahora podía sentir la suavidad, humedad y calidez de su boca sobre mi pene y su lengua alrededor de mi cabezota hinchada.      Empujé mis caderas hacia adelante y mi polla se hundió en su boca, ella se hizo hacia atrás, sacó mi pene de su boca, pero quedamos unidos por un filamento de semen que colgaba de mi polla a sus labios.     Esa era mi Fiorella.

 

 

Ella volvió a chupar y recogió los restos de semen con su lengua, entonces me miró a los ojos y me dijo.

—¡Es un poquito salado, papi! … ¡Pero no tiene mal sabor! …

Enseguida empujé mi pene entre sus labios y ella comenzó a chupar decididamente.

—¡Abre un poquito más tu boca, tesoro! …

Ella se tragó la mitad de mi polla y siguió chupando a un ritmo constante.

—¿Ves? … ¡Es simple y no es malo! … ¡Mueve tu lengua como si fuera un cono de helado! …

La deliciosa boquita de mi hija se deslizó hacia adelante y hacia atrás sobre mi verga, deteniéndose con frecuencia a escarbar más líquido desde mi agujerito, todo esto sin dejar de masturbar mi polla con su mano.

—¡Eres increíble, cariño! … ¿Nunca antes habías chupado una polla? …

—¡Nn-nn! …

Dijo mi hija negando vehementemente con su cabeza.      Le saqué la polla de su boca y le dije:

—¡Acuéstate, cariño! … ¡Súbete completamente a tu cama! …

Rápidamente se deslizó sobre su espalda, hasta acomodar su cabeza en una almohada y abriendo ligeramente las piernas.     Los ralos vellitos de su conchita estaban mojados y brillaban a la tenue luz de la habitación, hasta sus muslos estaban humedecidos.     Ella se había mojado mucho mientras chupaba mi verga.

 

 

Me senté a horcajadas sobre el pecho de Fiorella, frotando de u lado a otro sus hermosas y firmes tetas y luego en su cara.      Ella se inclinó hacia adelante y atrapó mi polla entre sus labios.      Puse mi mano sobre su cabeza:

—¡Quédate quietecita, cariño! …

Me deslicé hacia adelante y metí el resto de mi pene en su boca, entonces comencé a moverme suavemente hacia atrás y hacia adelante unas cuantas veces.      Luego mis caderas se encargaron de mantener el movimiento de meter y sacar mi pija de la acogedora boca de ella.     En muy poco tiempo, Fiorella comenzó a acompañar mis movimientos haciendo oscilar su cabeza hacia arriba y hacia abajo, comiéndose casi totalmente mi polla.

 

 

Esto me tenía a punto de explotar.      Mis bolas estaban hirviendo y se contraían, preparándose para la erupción:

—¡Oh, cariño! … ¡Estoy a punto de correrme! … ¡Sigue así un poquito más! …

Fiorella se sacó mi polla de su boca y dijo:

—¡Quiero verlo, papi! …

Sus manos comenzaron a masturbarme más y más rápido, hacia arriba y hacia abajo.     La lengua de ella serpenteó y se enrolló en mi glande, bailando por toda mi cabezota, deteniéndose solo para recoger cualquier nueva gotita aflorando en la punta de mi polla.     Ahuecó mis bolas calientes en su mano y chupó.     Lengüeteó y me masturbó.

—¡Oh, cielos, nenita! … ¡Ahora viene! … ¡Uuugghhh! …

Fiorella se enderezó un poco sobre la almohada y fijó su mirada intensamente en el agujero en la punta de mi pene.      Todo esto sin dejar de bombear mi polla con su mano.     En eso, sin poder aguantar más, exploté como un volcán:

—¡Uuuoooggghhhh! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhhh! … ¡Ooohhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhh! …

Mi polla pulsaba y disparaba espesos filamentos nacarados y cremosos.     El primer chorro cayó en la barbilla de Fiorella, desparramándose hacia arriba sobre sus labios y mejilla.     Su mano me apretó y volvió a soltarme, un segundo borbotón cayó sobre su teta izquierda, derramándose como glaseado sobre su durito pezón.      Fiorella no pestañeaba, miraba fijamente mis ráfagas de semen caliente que la golpeaban por todo su pecho y su rostro.     Luego apretó firmemente mi polla y la volvió a engullir, para luego bombear toda mi crema directamente en su boquita, con sus labios apretados alrededor de mi polla.     Esto me estimuló tanto que solté otros varios potentes chorros más que llenaron la boca de mi hermosa niña con mi semen fresco y tibio:

—¡Umpf! … ¡Qué rico, cariño! … ¡Exprime! … ¡Sácalo todo! … ¡Haz que papi se corra bien! …

Ella siguió chupando, tragándose todo lo que era posible ordeñar de mi polla.      Sentí que mi pene iniciaba a reblandecerse, pero ella con su lengua y chupadas le dieron nueva vida y comencé a ponerme duro de nuevo.     Hacía mucho tiempo que no podía mantener mi pene rígido después de un clímax; sin duda alguna esto debe ser el efecto y la excitación que me provoca mi hija.     Con ella todo parecía natural, era tan buena como mi esposa, o tal vez mejor.

 

 

Saqué mi polla de su boca y bese sus labios rellenos y delicados.     Empujé mi lengua dentro de su boca y saboreé la sapidez de mi propio semen directamente de su lengua.     Luego me deslicé hacia abajo, sobre sus pechos.     Tome su teta izquierda embadurnada con mi semen y la lamí, enroscando mi lengua en su pezón para limpiar mi corrida; lamí su areola rosada, brillante y pegajosa.     Siempre había soñado con comerme sus tetas y esta me pareció una oportunidad de no desperdiciar.      Chupé y lamí hasta que no quedo traza alguna de mi semen, continué con los restos entre sus tetas; después volví hacia arriba donde había caído mi primer chorro; lamí su mejilla, su barbilla y lo que había escurrido por su cuello.

—¡Oh, papi! … ¡Te estás comiendo tus cosas! … ¡Santo cielo, papa, te viniste mucho! …

Me arrodillé al lado de ella y le dije.

—¡Ahora es tu turno, cariño! … ¡Abre un poco más tus piernas! …

Cuando lo hizo, me acomodé entre sus piernas y le pregunté:

—Me dijiste que ya te habían tocado aquí abajo … ¿Pero alguno de los chicos te ha comido el coño, nenita? …

Los ojos de Fiorella se abrieron a desmesura y negó rápidamente con su cabeza diciendo:

—¡Nn-nn! … ¡Pero alguna de las chicas ha hablado de ello! …

—¡Está bien! … ¡Ahora solo relájate! … ¡De seguro vas a disfrutar esto! …

La hice deslizarse hacia arriba y apoyarse en las almohadas en la cabecera de la cama, de ese modo tendría una vista exclusiva sobre lo que le iba a hacer.     Primero que nada acaricié sus piernas, subiendo suavemente a sus muslos, ahí en la convergencia de sus muslos estaba mi objetivo, unos labiecitos ligeramente más oscuro del blanco de su piel.     Unos labios coronados con vellos incipientes de su joven vulva.     Me acerqué besando su tersa piel y percibí la fragancia almizclada y mojada de su tierno y joven coño, mi nariz casi rozando sus pelitos y el surco formado por sus labios mayores.

 

 

Respiré el halo de frescura que emanaba de su caldero ardiente.     No me pude contener y mi lengua salió rápidamente, penetrando su canal vaginal con mis labios en contacto estrecho con su labia empapada.     Barrí con mi lengua todo el entorno de su vulva, recogiendo el rocío divino de los fluidos de Fiorella.     Deslicé delicadamente mi lengua hacia arriba y hacia abajo dibujando el surco entre los apretados labios; después apuñalé con la puntita de mi lengua el agujero empapado de su néctar paradisiaco.     Los jugos de mi hija fluían libremente y yo trataba de saciar mi polidipsia en ese licor de dioses.     Los gemidos y chillidos de Fiorella aumentaron y sentí sus manos aferrando mis cabellos y tirando mi cabeza contra su coño.

—¡Uhhhmmmmmm, papi! … ¡Eso se siente tan rico! … ¡Por favor no pares! … ¡Nunca pares, papá! …

 

 

Al parecer mis esfuerzos orales estaban dando placer a Fiorella.     Pasé mis brazos por debajo de sus piernas y alcancé su coño desde arriba y con mis dos manos separé sus pequeños labios vaginales.     Expuse su clítoris y con mi lengua escribí el nombre de ella sobre su botoncito del placer, todo eso causo un verdadero revuelo en su joven panocha, ella me miraba con grandes ojos y boca entreabierta mientras jadeaba y gemía ignara de lo que escribía con mi lengua.     Sin dejar de estimular su clítoris, la penetré con mi dedo medio encorvado hacia arriba, tanteando su punto G.     La respiración de ella se hacía más pesada y afanosa.     Los gemidos ahora eran mucho más fuertes y me estaba tirando mi cabello.

 

 

Metí dos dedos más en su estrecho coño, comencé a follarla con mis dedos, mientras chupaba y azotaba su clítoris con mi lengua.

—¡Oh, Dios! … ¡Oh, Dios, papi! … ¡Papá, papá, oh, papá! … ¡No pares, papi! … ¡Por favor, no te detengas, papi! … ¡Ooohhh, papá! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Me estoy corriendo, paaapiii! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Umpf! … ¡Ooooh, papááá! …

El coño de Fiorella explotó como un geiser, tal cual le sucedía a su madre.     Mojó mi rostro con varios chorros de su femineidad y fluidos, hasta las sábanas de su cama se empaparon.     Seguí chupando y mordisqueando suavemente sus mojadas carnes jugosas, mientras ella saltaba en la cama tratando de alejar su coño de mi boca.

 

 

Mientras sus convulsiones espasmódicas se aplacaban poco a poco, la sostuve en mi brazos acariciándola y besándola.     Me incliné a mordisquear sus duros pezones.     Luego volví hacia arriba y la besé con mi rostro bañado de su esencia y compartí el sabor de sus jugos con ella.     Sentí que se había recuperado bien cuando su mano aferró mi polla y comenzó a jugar con ella.     Nos quedamos abrazados por varios minutos disfrutando del hechizo de nuestros orgasmos, pero debíamos separarnos:

—¡Hija! … ¡Tu madre llegará pronto! … ¡Hay que arreglar el desastre de tu cama y ambos necesitamos limpiarnos …

No sé si ella me escuchó o no, pero me preguntó:

—Papi … ¿Podemos volver a hacer esto otra vez? …

—Seguro que sí, amor … Seguro que sí …

 

Fin

 

 

***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****

 

 

 

El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias.  Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!

 

 

 

[email protected]

 

20 Lecturas/20 julio, 2026/0 Comentarios/por Juan Alberto
Etiquetas: baño, cumpleaños, hija, madre, mayor, mayores, papa, sexo
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