La hermana de mi vecino finalmente accedió
Nazaret tiene 17 años, es la hermana de Jorge, vecino y amigo de mi familia. Está físicamente muy fuerte pero siempre fue algo mojigata. Hasta esa primera vez..
Yo me la cruzo todos los días en el colegio, y también en la cuadra. Vive con su familia en la casa de al lado de la nuestra. Es una morocha de infarto, Alta, de piernas largas, con un hermoso culo, bien redondito y paradito. Sus pechos son medianos pero se le notan muy firmes. Yo a mis 18 años gracias a dios he tenido bastante sexo, la primer concha que tuve ocasión de probar fue la de mi prima Angela, que es dos años mayor que yo. A mis trece años ella de quince descubrió que la naturaleza me dotó de una muy buena herramienta, al menos en palabras de ella, aunque al ser tan putita todas las vergas le vienen bien. Pero mi desvirgue fue genial, y hasta el día de hoy, al menos una vez por semana disfruto de sus favores.
Reconozco que mi vecina me traía bastante caliente pero no me daba corte, siempre tímida, algo retraída, simpática pero parecía temerosa. Hasta este fin de semana en que las cosas se precipitaron de una manera que rondó el descontrol. Todo se inició con un incidente con el perro del otro vecino, que al pasar Nazaret por su vereda el perro a través de la reja del jardín le mordió una mano. En ese mismo momento yo volvía del supermercado de hacer las compras que mi madre me había pedido. Pude observar el incidente. Corrí a ayudarla. Ella lloraba y su mano sangraba donde el perro había hundido sus colmillos. La acompañé a su casa, me hizo pasar y pude ver que estaba sola, le pregunté si tenía algún antiséptico. Me dijo que en el botiquín del baño había. Fui a buscarlo y traje también unas gasas, le desinfecté la mano y se la vendé. Ella no dejaba de mirarme, yo la observaba de reojo y así pude notar el cambio en ella, de repente sus pezones se hicieron notorios en su remera, pensé esta nena no tiene corpiño. Eso hizo que mi verga comenzara a despertar. Le pregunté por su familia, y me dice que su padre trabaja hasta muy tarde en un taller, y yo sabía que su madre que es enfermera suele trabajar en turnos de noche. Le pregunté si quería que le haga compañía. Bajó la mirada y afirma con la cabeza. Me senté a su lado en el sillón y la abracé. Nazaret no se resistió, apoyó su cabeza en mi hombro y me agradeció que la curara y que me quede a acompañarla. Al sentir su aliento casi en mi cuello me excité mucho por lo que mi tripa hizo una carpa en mi jogging. Eso lo apreció mi vecina, y sentí como que el aliento se le cortaba, y suspiró fuerte. Giré mi cabeza hacia ella y suavemente posé mis labios en los suyos. Ella no se retiró, es más sacó su lengüita y con la punta acarició mis labios, entonces la prendí en un beso furioso, y ya lanzado posé mi mano sobre sus tetas. La sentí estremecerse, pero no me rechazó. La calentura de ambos fue subiendo de tono, nos acomodamos mejor en el sillón y la hice sentarse a piernas abiertas sobre mi falda, dejando así su pubis en contacto con mi verga. Al sentir mi pija sobre su vagina gimió, y se acomodó mejor,, la tomé de las caderas y la movía arriba y abajo masturbándola con el lomo de mi cipote, al estar vestida con una pollera tableada, facilitó que pudiera meter mis manos por debajo de la misma y acariciar sus glúteos, ella se dejaba hacer, y para mi sorpresa comenzó a moverse más animada, me di cuenta que estaba buscando su orgasmo, aprovechándome de ese momento y de su debilidad producto de la excitación metí mis manos por dentro del elástico de su bombacha, y dirigí mi dedo medio hacia el agujerito de su ano. Estrecho y apretadito. Comencé a masajearle el esfínter y se fue dilatando de a poquito, al fin pude meter medio dedo, ella seguía cabalgando mi verga, luego ya fue el dedo entero, yo tenía la tripa a punto de estallar, entonces la detuve en medio del paroxismo de la pasión, desaté el cordón de mi jogging, ella estaba con los ojos cerrados respirando fuerte, me dejaba hacer, la hice levantarse un poquito lo suficiente como para bajarme el pantalón y el sleep, liberando así mi pedazo de carne. La volví a acomodar a ella bien centrada sobre la pija, le subí la falda y corrí el elástico de la bombacha hacia un costado. Al tocar su conchita pude apreciar dos cosas, primero que no se depila y segundo tenía la concha inundada de jugos, tomé mi badajo por el tronco y se lo posicioné en medio de sus labios vaginales, medio se resistió, pero creo que tenía más ganas que yo. Finalmente abrió bien las piernas y me permitió colocar la punta de mi palo en medio de sus labios mojados de sus fluidos y con un pequeño empujón comencé a entrar en su virginal cuevita. De a poco se la fui metiendo, ella se quejaba suavecito, pero al estar tan excitada su vagina lubricaba al por mayor, lo que facilitó mucho el llegar a su himen, al enfrentar su virgo simplemente la tomé fuerte por las caderas y de un empellón perforé y destruí su virginidad, ella emitió un pequeño grito y me mordió el hombro, pero ya la verga estaba toda adentro. La dejé quieta por un ratito hasta que sus paredes vaginales se amoldaron al grosor de mi palo, luego comencé a moverla y ella acompañaba. Pronto tomó ritmo y descubrió bien como era la cosa, y se inició una cabalgata a todo vapor. Se desesperó por lograr el orgasmo, cuando llegó el primero me arañó todo, yo le enterré la verga hasta el fondo y le llené la concha de semen. Luego quedamos los dos sumidos en el sopor posterior al sexo bien disfrutado. Nazaret no se movía, todavía con la tripa adentro. Finalmente nos desacoplamos y nos dirigimos ambos al baño a lavarnos. Sin mediar palabra alguna volvimos al living, luego de un rato me abraza y me dice que le gustó lo que hicimos y que estaba agradecida conmigo por haberla desvirgado. Se imaginan mi sorpresa. Haber avisado antes niña. jajaja. Ahora estoy programando otra visita a mi vecinita.


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