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Fantasías / Parodias, Heterosexual, Incestos en Familia

La nena de la plaza

Relato necesario para la segunda parte 😉.

Volviendo del baile el sábado, con los pibes decidimos que era buena idea parar en un kiosquito y comernos unos panchos. Yo no daba más del sueño, hambre y las ganas de mear.

Estábamos por la zona de Rodri, mi amigo, que vive en zona norte. Lugar tranquilo y cheto para salir. O por lo menos las minas que encarábamos eran así. Y todas entregaban fácil. Eso era bueno.

-Che wacho, me estoy re meando. Vamos a tu casa y después volvemos.

-No pelotudo, pará. Compremos el pancho, si esta de camino. Para qué vamos a ir y volver. Espera.

-Si, yo tengo hambre. -acota Fran.

-Fua, loco. Me meo en serio.

-Fíjate de mear por allá, no jodas.

– ¿A dónde, mogólico? ¿Hay un baño allá?

-Anda a la plaza. No te ve nadie. -me dice Rodri. Él conoce más esta zona que Fran y yo así que le hago caso.

La plaza a la que se refiere mi amigo es bastante grande y verde, llena de árboles, juegos para niños y máquinas para hacer ejercicios.

Voy porque no aguanto en serio.

Me meto lo más que puedo dentro de la plaza para alejarme de mis amigos y de las personas que caminan por ahí. Me cercioro de que realmente no haya nadie y así, detrás de un árbol en un rincón medio oscuro, me saco la pija del jean y empiezo a mear. Cierro los ojos, aliviado.

Por Dios, explotaba en cualquier momento.

– ¡Ay, que asco!

La voz chillona me asusta y me corta el chorro. Rápido, abro los ojos y veo enfrente mío a una nena rubia de nomas de siete años, con un vestido azul y montando una bici rosa.

-Uh, la puta madre.

-Dijiste una mala palabra.

La nena no saca los ojos de mi verga que ahora vuelve a chorrear pis, y yo no hago nada por guardármela en los pantalones tampoco.

Y menos de esta forma, que sigo meando.

-Uh pendeja, salí. No me mires.

– ¿Por qué estás haciendo pis en el árbol? Le voy a decir a la policía.

-Sh, ¡ándate nena!

-No soy nena, soy Jazmín… wow, haces mucho pis.

Lamentablemente con lo en pedo que estoy, ese comentario de la nena me hace reír y sacudir la pija en su dirección, mojándole un poco la pierna y la bici con pis.

– ¡No, que asco! Le voy a decir a mi mamá.

-Si le decís, te lleno de pis. Ándate de acá pendeja fea.

-Y vos sos boludo. -me mira mal, pero sus ojos siempre vuelven a mirarme la verga.

Eso también me hace reír. Es el alcohol.

– ¿Por qué me miras tanto la verga?

– ¿Verga?

-Esto. -la muevo en su dirección, pero sin salir de mi escondite. -Se llama verga.

-Mi mamá dice que se llama pito.

-Y pija, y chota, y poronga. Como le quieras decir.

-Mmm… verga. -repite la palabra como saboreándola en su lengua y por alguna razón, siento como los huevos se me endurecen y me empieza a correr sangre a la verga.

¿Jodeme que se me va a poner dura por una nena?

– ¿Te gusta?

– ¿El que?

-La verga.

Se encoge de hombros. -No sé, nunca probé.

Esa respuesta, la carita inocente, el puchero en sus labios gorditos de nena, el alcohol en mi cuerpo y lo prohibido, hace que se me ponga dura y un deseo de hacer que esta pendejita se atragante con mi verga me recorre el cuerpo.

– ¿Y te gustaría probar?

-Mm, ¿cómo?

-Vení, acércate.

Ella me mira curiosa, me mira la verga y después mira a nuestro alrededor.

– ¿Y si viene mi mamá? -se muerde el labio, con carita preocupada.

-No creo que nos vea, por este árbol estamos escondidos. Y si la probás rápido te podés ir y no se va a dar cuenta.

-Bueno.

Dios, que fácil. Eso me volvió loco.

La nena deja la bici, se acerca a mí y todo el tiempo sus ojos puestos en mi verga endurecida, venosa y con la cabeza brillante por mi reciente orina.

La nena debo admitir que es hermosa. Flaquita de pelo rubio con rulos, mejillas rosas, ojos oscuros y un vestido que marca un culito chiquito.

– ¿Cómo pruebo? -me dice, mirándome con esos ojos grandes.

-Vení, tocala primero.

Con timidez, ella acerca su mano hasta mi verga. Y yo la ayudo guiándola a como lo debe hacer. Su manita chiquita en comparación con mi poronga hace que esta salte en excitación. Por dios, que morboso todo esto.

Nunca me fije ni me gustaron las nenas. No soy un raro. Pero esta situación, supongo que es normal que un hombre la viva al menos una vez en su vida.

La nena se deja guiar por mi mano. Con la palma abierta, acaricia mi verga de arriba abajo. Cuando me toca la cabeza y siente la humedad, pone cara de asco, pero no se aleja. Eso me hace reír.

Le hago cerrar la manito y que me pajee así. Gimo, encantado. Es tan suave su mano, de una niña delicada.

– ¿Te duele? -pregunta al escuchar mi gemido.

-Al contrario, me encanta.

– ¿Por qué?

-Porque me gusta cómo me pajeas. Que pendejita hermosa, haciéndole una paja a un tipo en una plaza. Empiezan desde nenas a ser unas putas.

Ella no entiende mis palabras o tal vez no me presta atención porque no dice nada, y sus ojos siguen fijos en lo que está haciendo. Le suelto la mano para ver como continúa, y ella sola la sube y la baja. Aprende rápido.

– ¿La querés probar?

– ¿En la boca?

-Sí.

– ¿Se puede? Hiciste pis, está sucio. Guacala.

-No está sucio, probala.

-No quiero.

Se aleja lista para darse la vuelta e irse, pero yo soy más rápido y la agarro del brazo con fuerza, deteniéndola. La acerco y le agarro el pelo, apretándoselo. Le duele porque se queja y me mira con miedo.

-Me vas a chupar la verga pendeja, abrí la boca.

– ¡No quiero!

-Deja de gritar o te pego.

Cierra la boca y me mira entre enojada con los ojos llorosos. Me excitaba más verla así.

-Ahora, abrí la boca. Hoy vas a aprender a chupar una buena verga.

Agarrada de los pelos, la pongo a la altura de mi verga y le paso la chota por los labios, mojándole la boquita con líquido pre seminal y restos de meo. Ella cierra la boca con fuerza, pero no intenta alejarse. Eso me hace reír.

Se hace la difícil, pero sigue pegada a mi verga.

-Abrí la boca.

-No voy… ¡ah!

No la dejo terminar de hablar que le inserto la verga en la garganta. La cara inmediatamente se le pone roja, intenta alejarse y los ojos se ponen más llorosos, pero yo no dejo de ahogarla con mi verga.

Sus dientes me raspaban al no abrir la boca como se debe, pero eso me calienta más.

-Abrí la boca, nena. -ella me mira directo a los ojos y para mi sorpresa, los abre. Su mirada nunca deja la mía mientras mi verga entra y sale de su boca. La baba cae por sus labios, manchando su vestido y llegando al pasto. -Por Dios, que nenita puta que sos.

– ¡No soy nena, soy Jazmín!

Es lo que dice cuando le saco la verga de la boca y la dejo respirar. Toma aire con fuerza, eso me hace reír. Sus ojitos llorosos se desbordan dejando que lágrimas le caigan por los cachetes.

-Que hermosa que sos, Jazmín. -se pone rojita y ahora me da ternura. Pero mi poronga quiere más. Estoy muy caliente. Venía con ganas de coger desde el boliche y no pude conseguir con ninguna, esta nena iba a tener que sacarme la leche. -¿Me das un beso?

Niega primero, pero después dice que sí. Se acerca, me agarra la verga y me da besos en la punta. Eso me sorprende.

Me rio. -No, no. En la boca, no en la verga.

-No puedo darle besos en la boca a extraños.

-Yo no soy un extraño, soy tu amigo, ¿sí?

– ¿Mi amigo?

Asiento. – ¿No querés ser mi amiga? -me agacho un poco a su altura, quedando nuestras caras cerca. -Yo sí quiero ser tu amigo.

-Bueno… pero no me pegues, ¿sí?

-Nunca te pegaría.

– ¡Pero me tiraste del pelo!

Me rio. Esta nena va a ser una histérica de grande.

-Cuando seas grande te va a gustar, vas a ver.

-Mi mami es grande y no le gusta.

– ¿Sí? No creo.

Iba a decir algo más, pero le agarre la carita y la bese en los labios tiernos e infantiles. Ella solo se quedaba quieta y me dejaba hacer. Abrió su boquita y yo le lamí los dientitos y la lengua. Ella la saca y yo se la chupo.

Dios, que caliente estoy.

-Que ganas de cogerte la conchita de nena que tenés. Debe ser riquísima chupártela.

No me prohibí bajar la mano y meterla por su vestidito. Tenía una bombachita la cual corrí, pasándole los dedos por la cocha. Tan suave, los labios chiquitos. Es muy chiquita, frágil. Está húmeda y eso me pone loco. La nena está caliente al igual que yo.

-Ay… no me tenés que tocar.

– ¿No te gusta?

-No sé… tengo mojado, ¿es pis?

-No. -saco los dedos de su concha y me los chupo. No le encuentro sabor, pero la sola idea de saber que son los juguitos de una nena de su edad me pone loco.

Me escupo los dedos y vuelvo a metérselos en la conchita. No hago más que acariciarla superficialmente porque no me quiero mandar una cagada. Pero lo tentado que estoy de meterle los dedos en el hoyito virgen y romperla toda.

Jazmín recuesta su cabeza en mi hombro y suspira varias veces, se mueve sobre sus pies, inquieta. Le encanta lo que le hago por Dios.

Con mi otra mano, me toco la verga. Me voy a venir rápido, más de lo que nunca lo hice.

-Dios, me vas a hacer acabar solo por tocarte la conchita, nena.

-Soy Jazmín, no nena.

-Jazmín, Jazmín, que ganas de cogerte, ¿me dejas? ¿Me dejas meterte la verga en esa conchita tan chiquita? -ella asiente. -Decime que sí, pedímela.

– ¿El que?

-La verga. Pedime que te la meta.

-Quiero la verga. -susurra y se ríe, tímida.

Eso es suficiente para mí. Siento cerca el orgasmo y me incorporo, lo suficiente para quedar a la altura de la bombachita de Jazmín, y dejarle mi leche ahí dentro. Son dos chorros calientes directos a su concha hermosa.

Ella mira sorprendida entre lo que hago y mi cara de placer. Gruño como un puto oso, y no puedo parar de temblar.

Por Dios, de los putos mejores orgasmos de mi vida.

– ¿Jazmín? Vámonos.

La voz viene de enfrente mío, es una persona parada detrás de Jazmín, le pertenece a una mujer joven.

Cuando levanto la vista a una mujer rubia de ojos celestes, alta y cuerpo esbelto, que me mira con los ojos entrecerrados. Está vestida con ropa deportiva, el top muestra unas tetas enormes claramente hechas porque ella es muy flaca. Es lo único que miro para luego volver a mirarla a los ojos.

MIERDA.

– ¡Mami! -la nena, asustada, se pone a llorar y se va corriendo a los brazos de su mamá.

Yo sigo parado como un imbécil con la verga afuera ahora flácida y sin una pizca del placer que sentía antes.

Voy a ir a la puta cárcel por abusador. Estoy totalmente jodido.

La mujer, que se ve muy joven para ser madre de una nena de siete años, me mira mientras le hace upa a la nena que no deja de llorar.

-Yo… – ¿yo que? ¿Qué mierda digo?

-Quédate tranquilo y no digas nada, ya lo vamos a arreglar.

Tiene segunda parte: spoiler, mami entregadora 💋

4 Lecturas/22 mayo, 2026/0 Comentarios/por queenxdoll
Etiquetas: amiga, amigos, baño, culito, madre, orgasmo, puta, virgen
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