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Fantasías / Parodias, Heterosexual, Sexo con Madur@s

La pequeña Andrea: una historia de la selva amazónica

Acomodaba sus nalgas sobre la extensión de mi pene y este reaccionaba de forma natural y palpitaba como queriendo salirse del secreto. Ella lo sentía, claro que sí. Sabía que era a lo que se estaba enfrentando, pues sus movimientos descarados, ya fueran circulares o verticales y horizontales..

Esta historia sucede en el lugar menos esperado por mí, sin embargo, cuando las ganas de intimar se presentan, lo demás deja de importar. En el departamento amazónico de Colombia, donde la población es mayoritariamente indígena encuentras de todo, y ante lo que podría pensar la mayoría, en esos lugares puedes encontrar atractivos que no te dejan entender como las emociones y sentimientos se presentan de formas que no entiendes.

Voy a contar mi historia con una niña indígena llamada Andrea, una niña de 7 años y medio que conocí por esos lados, siendo docente tuve acercamientos con ella. La descripción que daré de ella espero que le haga justicia a como en realidad es, una niña con rasgos indígenas cien por ciento, baja de estatura para su edad, piel quemada, cabello liso y muy largo, su cuerpecito era tonificado y aunque pareciera mentira, tenía curvas de mujer adulta y su manera de vestir hacia que se notaran más su atributos, su forma de caminar parecía también que era una mujer de quien se trataba, siempre olía a limpio nunca a sudor, tenía una especie de madurez que no encajaba con su edad y eso la hacía más atractiva para mí.

Soy sincero, nunca llegué con intenciones de hacerle daño a nadie. Soy docente y eso de una u otra forma me hace susceptible al cariño de los niños y niñas de cualquier edad pues es mi trabajo. Sin embargo, todo se dio de forma muy fácil por así decirlo. Dicen que los menores no provocan a los adultos y que siempre fueron obligados para facilitar el abuso, pero en el caso de Andrea fue distinto. Los acercamientos de esta niña no eran como lo que cualquier niños a esa edad, su conducta iba dirigida a obtener algo a cambio y eso era muy evidente, además, mi debilidad son los niños desde el punto de vista de que ellos necesitan protección y nunca puedo decirles no a sus exigencias. Con Andrea era más marcada esa relación. El objetivo de ella era de obtener algo a cambio, era de tener más beneficios de mi parte. Quería toda mi atención y mis miradas, era celosa para con los demás estudiantes sin importar las edades que para ella representaban. Quería tenerme para ella sola y eso con el tiempo me empezó a agradar.

Pasado el tiempo decidí seguir el juego, pues en realidad era eso lo que representaba. Andar todo el tiempo de la mano, sentarnos juntos en lugares alejados, comprar dulces para comer los dos, disfrutar mirando el celular y sobre todo viendo películas. Para ese entonces, ya no podía mirarla con otros ojos, algo había pasado y no se en que momento había sucedido. Lu único que sé es que quería oler sus cabellos y su cuerpo a cada instante que pudiera, tocar y  acariciar cada centímetro de sus piernas y sus nalgas,que la verdad estaban bien formadas.

Su vagina se marcaba a veces en sus leggins y eso ese era un espectáculo visual, ella era un espectáculo en verdad.Empezamos a ser pareja, suena ridículo pero así fue, y lo más bizarro del asunto, es que fue ella quien tomó la iniciativa y quien aceptó por ambas partes, yo no pude opinar nada al respecto. Sin embargo, mi silencio demostró mi acuerdo con el hecho. Aunque en realidad no se que en que momento preciso pasó todo eso para decir verdad. ¿Cómo pasó entonces? Pues que cuando vine a reaccionar a la realidad, ella y yo ya estábamos aprovechando cualquier momento de privacidad para consumar los actos. Cuando no había nadie procedía a subirse en mis piernas, ya sea para ver el teléfono o simplemente pasar el rato.

Acomodaba sus nalgas sobre la extensión de mi pene y este reaccionaba de forma natural y palpitaba como queriendo salirse del secreto. Ella lo sentía, claro que sí. Sabía que era a lo que se estaba enfrentando, pues sus movimientos descarados, ya fueran circulares o verticales y horizontales, me decía que esta niña ya había tenido encuentros cercanos de este tipo. Como dije, todo esto ocurría a escondidas de las demás personas del lugar, nadie podía ver algo así, seguramente hubieran enloquecido al ver algo así.La primera vez que nos besamos fue un beso fugaz, yo fui quien dio el paso y sentí en ella una fuerte pena, pues retrocedió de golpe y su mirada se fue de lado esquivando la mía. Acto seguido se llevó sus brazos y manos a su pecho y cayó apoyada en mi pecho buscando protección en mí y en el espacio de mi cuello. Me sentí querido en ese momento y la abracé con suavidad, una mano en la espalda y otra casi en una de sus nalgas.

Tiempo después, los besos ya eran diferentes; más descarados y con una fuerte carga de morbosidad, tanto así que mi entrepierna terminaba adolorida y mojada de las erecciones continuas que experimentaba a causa de la pequeñaAndrea. Besos mojados donde nuestros dientes chocaban, nuestras lenguas se tocaban e intercambiaban sensaciones, mi lengua al ser más larga que la de ella llegaba bien profundo y saboreaba sus mejillas internas, su paladar y más al fondo.

Me bebía sus babas y hasta le pedía que escupiera en mi boca, cosas demasiado cochinas para cualquiera, pero las mejores cosas que me pasaron y que nunca me volverán a pasar y eso lo sabía muy bien, por eso disfrutaba y experimentaba de todo mientras pudiera. Al final de esas sesiones de besos, terminábamos embarrados de babas y demasiado excitados, ella, cansada y sucia, de manera que le limpiaba con cuidado su hermosa cara, lo hacía con cautela no por miedo a hacerle daño, sino porque disfrutaba hacerlo y eso me enamoraba más de esta niña, la amé, era toda mía.

Tuvimos mucho tiempo para hacer más cosas, a ella la conocí cuando apenas tenia 7 años casi 8 y la ultima vez que nos vimos tenía 9. De manera que los besos no fueron lo único que llegamos a hacer. Recuerdo que había una bodega a donde los docentes tenían acceso, esta solo tenía una entrada y era muy alejada. Fue el lugar perfecto para llevar a cabo nuestras cercanías.

Ahí ocurrieron otros momentos inolvidables de mi vida. Por encima de sus ropas la toqué de cuanta manera se podía. Si alguien se pregunta si una niña de esa edad pudiera llegar a sentir sensaciones de excitación como una mujer adulta, les digo con total honestidad que sí, sus gemidos eran combustible para mi motor, mis ganas. Su manera que pegarse más a mí buscando más contacto, su manera de llevar mis manos hacia donde quería que la tocara me dejaba sin habla y llevaba mis emociones a lo más alto, de verdad agradecía a la vida por lo que me estaba pasando, llegué a odiar el resto del universo sobrante por fuera de ese pequeño cuarto, odié a cada persona que había conocido que no fuera esa pequeña, me imaginaba matando con mis propias manos a cualquiera que quisiera hacerle daño a Andrea, a esa pequeña niña, a esa mujercita, a mi mujer.

De otras visitas que concretamos en nuestro mundo de cuatro paredes y una entrada y misma salida, disfrute de cada centímetro de piel desnuda, que niña más coqueta en su versión más frágil, como dios la trajo al mundo. Se le daba natural sus movimientos, como calculados y armonizados con el entorno secreto. Sentado yo una banco tenía en mi poder a esa pequeña diosa desnuda, nuestros besos eran la antesala a lo que venía después, mis manos no dejaban lugar intacto por recorrer, a ojos cerrados conocía cada parte de su cuerpo, su temperatura, su textura, sus imperfecciones y sus perfecciones.

Cuando puse mi atención en su vagina, sentí que era lo que ella había estado esperando. Le dediqué especial atención y cariño a esa parte suya. Ese día supe que no había una sola niña, sino dos. Su comportamiento, a medida que yo disfrutaba de esa pequeña fruta exótica, se asemejaba al de un personaje de mitología antigua, y en su apariencia física étnica me hacía creer que en realidad estaba siendo victima de una criatura mágica que se aprovechaba de  mí. Hoy pienso en ella como una criatura hibrida que se ha llevado la mitad de mi alma hacia el interior de su selva y me ha dejado incompleto.

Su vagina era pequeña de acuerdo con su edad, de cerca pude apreciar sus hermosos pliegues regordetes, me acerqué a oler y era inevitable no sentir el leve aroma del río con la sutil fragancia del lodo, un olor que me remueve el alma y que haberlo encontrado en esa parte de su cuerpo me hace pensar que ese era mi propósito de haber llegado a ese lugar tan lejos.

Pasé mi lengua por toda la extensión de su vagina, lo hice presionado suave y turnaba cada labio, ella estaba acostada y no veía su cara, pero el movimiento de su vientre me decía que estaba bien, Le pregunté si estaba bien lo que le estaba haciendo, levantó su parte superior buscando mi cara, no dijo palabra alguna pero su cara estaba desencajada de place, como si la estuviera invadiendo el sueño, se mordió el labio inferior y movió su cabeza indicándome que sí.

Un calor me invadió desde la base de mi cabeza hasta la base de la columna y sintiendo un ligero placer en el perineo y solo acerté a lanzarme a darle un beso de esos que nos gustaban tener, mucha baba, justo lo que necesitaba para seguir mi trabajo en su parte intima.

Llevé mi atención nuevamente a ella y ya mi lengua quería encontrar cabida en su interior, de manera que su primera penetración fue por medio de mi lengua y su calor interior era todo lo bueno que necesitaba. Los sonidos de chupeteos sonaban fuertes, con mis labios succionaba cada labio y procuraba estirarlo sin hacer daño alguno, se estremecía y sus dedos se los llevaba a la boca como queriendo sacar algo de dentro de ella, cualquiera diría que estaba loca, en sí lo estaba, pero era de placer. Sin embargo yo diría que atravesaba momentos de shock y que su pequeña mente no le daba para asimilar lo que estaba sintiendo y llegó incluso a experimentar un poco de despersonalización.

Orino dos veces, me desconcentró un poco, pero en una tercera no me importó y me quedé a recibirlo en mi boca, la calidad de ese liquido era diferente al de las primera dos ocasiones. Este era viscoso y transparente, su sabor era terroso y me resultó un poco a las flemas cuando tengo resfriados, el olor me llegaba de las comisuras de mis labios, combinados con el calor de mi respiración agitada y con su pequeña humanidad me resultaba el mejor afrodisiaco y me impulsaba a seguir dándole placer.

Miré su cara un rato después que me despegué y tenía lagrimas que le corrían hacia su cabello y orejas, ya no se llevaba los dedos a su boca, sus brazos estaban por sobre su cabeza, creo que ya estaba un poco más centrada en las sensaciones y en lo que le estaba pasando y aún lo disfrutaba.

Al igual que siempre, le limpiaba muy bien todo su cuerpo y se vestía nuevamente y trataba quedar igual a como antes de entrar a la bodega. Ella salía siempre primero que yo puesto que tenía que dejar limpia y ordenado el lugar. Me di cuenta al finalizar ese encuentro el desastre que habíamos causado había mucho liquido en el piso, orines y ese fluido que disfruté, dimensioné lo que había hecho y una especie de culpa y de orgullo me invadió.  Era una niña apenas, de entre 7 y 9 años de edad a la cual había hecho experimentar sensaciones de una mujer adulta y que en el mejor de los casos, esta se había portado como una a su escasa etapa.

Confieso que nunca llegué a penetrarla, no me atreví ya que conocía todo su extensión vaginal y mi pene era superior a lo que hubiera podido soportar su entrada, seré un villano para el que llegue a leer esta historia pero no un monstruo. Me costó explicarle porque no lo hacía, se mostraba terca y a veces se molestaba, y como casi no me niego a sus peticiones, la convencí y le enseñé a practicarme sexo oral. Su respuesta no me sorprendió, pues no dudó en esa nueva oferta y así se completó el circulo de placer entre ella y yo.

Las primeras veces de sesiones orales eran incomodas, para llegar a realizar la felación sin lastimar le llevó un buen rato. Yo sentía incomodidad pero mi cara le mostraba otra sensación, no quería incomodar. Sus pequeños dientes raspaban un poco, de manera que le expliqué que con la lengua era mejor, no se negaba a nada y sin más explicaciones se desenvolvió de forma casi natural.

Desde la base de mi pene pasaba su lengua hasta llegar a la punta, le parecía gracioso intentar meter su lengua en mi uretra, que aunque pequeña obviamente con cabía pero al verla hacer eso me elevaba la excitación, volvía y bajaba por los costados del tronco y volvía a subir y en cuando llegaba nuevamente a la cima liberaba gran cantidad de babas acumuladas, mismas que ella regaba por la toda la extensión de mi pene con ayuda de sus manitas. Le enseñé como debía hacer para introducir todo mi pene en su boca y solo bastó con una sola explicación porque se volvió buena en esa técnica. Mirar a esa niña en esa escena podría llevar a cualquier hombre a la locura, tuve mucho temple para mantenerme sereno. Sus arcadas no ayudaban y me hacían desvariar.

Su vagina no estaba lista para ser sometida a un vejamen así pero su boca reemplazó esa necesidad y se volvió parte fundamental en nuestro rito secreto, porque eso era, un ritual de intercambio de almas y no solo de fluidos.

Un pedazo de mi alma se iba con ella, ese era su plan y yo terminé de acuerdo. Las gargantas profundas que esa pequeña me hacía era la recompensa al final del día, agarrar su cabello desde la parte de atrás e introducir toda mi carne me hacía recuperar el control en un terreno que desde el principio estaba siendo dominado por ella, ahora yo mandaba y tenia el control de su vida, manejaba su respiración controlado únicamente por mi miembro. Nunca se quejó, esa niña era oro puro. ¿Su recompensa? El semen se volvió parte de su

dieta. El ultimo bocadillo para ella y lo que sellaba el final de nuestros encuentros en el cuarto.

Hoy en día me persigue de vez cuando la culpa de no haber accedido desde antes a las pretensiones de ella, si hubiera descubierto las intenciones de ella no habría perdido el tiempo y desde el primer instante la hubiera hecho mía. Es una criatura mitológica, de las que enamoran, nublan y engañan a los hombres de eso no tengo duda, eso es ella.

No volví a verla, ya no estoy en esos lugares desde hace tiempos, ahora me encuentro escribiendo de ella para que los síntomas de la demencia no me ganen sus recuerdos en la soledad de mi casa.

Todo hoy parece haber pasado demasiado rápido, la vida es un soplo, es injusta a veces, ya a estas altura las lagunas mentales han sido más evidentes. Sin embargo, estoy agradecido y satisfecho con que este recuerdo siga intacto, o por lo menos en su totalidad, la naturaleza es implacable cuando de este tipo de enfermedades como el Alzheimer se trata. Ya logré sacarlo de mi mente donde había estado por muchos años, plasmarlo para la eternidad y salvarlo del demonio que me degenera lentamente.

  • Recuerdos de Andrea. Guainía, Colombia 1995, 1996 y 1997

5 Lecturas/23 julio, 2026/0 Comentarios/por ManuelAlvarez
Etiquetas: culo, mayor, metro, oral, recuerdos, semen, sexo, vagina
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