La pequeña Danna y el señor de la tienda 3
Danna seguía siendo ultrajada por don Celso, pero al parecer la pequeña disfrutaba de las embestidas que le daba su novio el sr. Celso.
La pequeña Danna y el señor de la tienda 3
Ya habían pasado algunos meses después de que don Celso había cogido a la chiquilla y ya él deseaba nuevamente tener ese diminuto cuerpo a su disposición, pero no llegaba el día, ni la hora en que Danna se presentará sola en el negocio, pues siempre iba acompañada de su madre. Cada vez que ese hombre veía a su pequeña víctima el miembro se le hinchaba descomunalmente y se le marcaba sobre el pantalón, don Celso siempre muy atento con doña Erika, pero hacía más énfasis con la pequeña, obsequiando dulces y otras pequeñas cosas a Danna.
Después de varios días llegó la Erika la madre de la niña a pedir cosas fiadas, pero está vez le comentó al dueño que le pagaría un poco después, debido a que su esposo había perdido el empleo y aún no encontraba un nuevo trabajo, don Celso accedió de buena gana. El día sábado aproximadamente al mediodía los ojos de Celso se iluminaron, su rostro radiante de felicidad y su corazón se llenó de regocijo al ver a la pequeña Danna parada frente al mostrador, vestida con una pequeña falda y una camisa de licra.
(Don Celso)… Pero qué es lo que veo un hermoso ángel!
(Danna)… Buenos días, le pedí permiso a mi mamá de venir a ayudar en la tienda.
(Don Celso)… ¿Cómo es eso? Le dijiste a tu madre que vendrías.
(Danna)… Si!
(Don Celso)… Y tus papás, ¿dónde están?
(Danna)… Mamá se fue a trabajar y mi papá fue a buscar trabajo.
Esas palabras reconfortaron al hombre y le dijo a la pequeña que ella ya sabía que es lo que debería hacer en la bodega, la niña obediente entró a la bodega y comenzó a barrer.
Celso sabía perfectamente que se le presentaba otra magnífica oportunidad de estar con su pequeña enamorada y que el poco tiempo que tenía para comer era muy poco, para todo lo que él traía en mente. El reloj y el tiempo parecía que se burlaban del hombre, pues los minutos y las horas transcurrían con una lentitud que desesperaba a don Celso, pero por fin llegó la hora de cerrar el negocio.
(Danna)… Mi cumpleaños va a ser el lunes, don Celso.
(Don Celso)… Ya te había dicho hermosa princesa que no me dijeras don Celso.
(Danna)… Perdón papito, se me había olvidado.
(Don Celso)… Entonces el lunes vas a estar de fiesta?, hermosa!
(Danna)… No me van a festejar, porqué mi papá todavía no tiene trabajo y con el dinero de mi mamá dice que no le alcanza.
(Don Celso)… Por eso no te preocupes princesa, hoy nosotros vamos a festejar tu cumpleaños a lo grande, pero antes te quiero preguntar algo.
(Don Celso)… De verdad papito.
(Don Celso)… A ver mi querida Danna, cuéntame ¿ya tienes novio?
(Danna)… No, papito, no tengo.
(Don Celso)… Y te gustaría tener uno?
(Danna)… No lo sé.
(Don Celso)… Si quieres tú y yo podríamos ser novios, eso a mí me haría muy feliz, además de que así yo podría ayudar a tus papás con cosas de la tienda, a ti te daría dinero y te compraría muchas cosas.
(Danna)… De veras me comprarías muchas cosas?
(Don Celso)… Claro que sí y tú serías casi la dueña de la tienda, pero para eso debemos ser novios.
(Danna)… Y mis papás, ¿crees que se enojen?
(Don Celso)… No creo, pero sería mejor que fuéramos novios a escondidas, a lo que me refiero es que no les digas a tus padres. Entonces te ánimas porqué sino lo haces yo ya no les podría prestar nada y no tendrían ni para comer.
(Danna)… Entonces si quiero, papito.
Don Celso se hincó frente a la niña y le preguntó.
(Don Celso)… Hermosa princesa, ¿quieres ser mi novia?
(Danna)… Sí quiero.
El hombre abrazó a la niña y la comenzó a besar, pero en ese momento escuchó que tocaban a su puerta con gran insistencia, cada vez era más fuerte la forma de tocar la puerta y el timbre de la casa, fue entonces que muy molesto salió y abrió la puerta.
Era la madre de Danna que buscaba a su hija, pues ese día había salido un poco antes, pero don Celso le dijo que no la había visto a la pequeña.
Entonces se llenó de rabia y frustración, pues sabía que ese día no podría tener sexo con la pequeña, así que don Celso entró a su casa y platico con su pequeña novia.
(Don Celso)… Hermosa, tú mamá te vino a buscar, pero le dije que aquí no estabas.
(Danna)… Entonces que le voy a decir.
(Don Celso)… Ve a la casa de una de tus amigas y dile a tu madre que estabas en casa de tu compañera. Pero recuerda no les vayas a decir que nosotros somos novios y tampoco que estabas conmigo.
(Danna)… No les voy a decir nada, papito.
La niña salió de la casa de ese hombre y se dirigió con una amiguita, pasó un día y otro día y su pequeña novia no iba al negocio, eso le preocupó un poco, pero sabía que no era tan grave. Por fin llegó el día anhelado la pequeña Danna llegó sola a la tienda y como siempre lo hacía entró a la bodega a limpiar, pero está vez era muy temprano y don Celso no podía cerrar el negocio, así que ideó su plan perfectamente para que ocurriera según sus planes.
Cómo anteriormente se había mencionado don Celso tenía mucha clientela y a cada rato llegaban a comprar productos, así que le ordenó a su pequeña novia que cada que él se acercará a la bodega la pequeña Danna se debería acercar a él.
El hombre cuándo terminaba de despachar se acercaba rápido a la bodega, sacaba su verga y hacía que su pequeña novia le diera unas cuantas mamadas. A la siguiente vuelta la niña debía de darle besos a su polla, después darle lamidas por toda la verga de don Celso y jugar y chupar las bolas peludas de su macho.
Así transcurrieron unas dos horas aproximadamente antes de que llegara la hora de cerrar la tienda que cómo de costumbre era a las tres de la tarde.
El reloj marcaba 5 minutos para las tres y ya él local estaba cerrado.
(Don Celso)… Ahora sí, mamacita ya llegó la hora de festejar tu cumpleaños.
(Danna)… De veras, papito, ¿me vas a festejar?
(Don Celso)… Por su puesto amor mío, ahora que ya somos novios vamos a festejar al doble.
(Danna)… Yo sí quiero festejar, pero …
(Don Celso)… Pero nada, hermosa princesa, vamos a festejar primero haciendo el amor como la vez pasada y por ser tu cumpleaños te lo voy a hacer por todos tus hoyitos.
(Danna)… Por todos mis hoyitos?
(Don Celso)… Así es amor mío, por todos tus hoyitos.
La pequeña Danna no entendió a qué se refería con la palabra hoyitos, pero en unos momentos se daría cuenta.
(Don Celso)… Anda princesa quítate toda tu ropa y yo haré lo mismo. Y apúrate porqué después tengo que abrir el negocio.
(Danna)… Y que me vas a regalar después?
(Don Celso)… Lo que tú me pidas, princesa.
En unos segundos ambos se encontraban desnudos, la pequeña Danna ya se había acostumbrado a ver el cuerpo desnudo de Celso, para ella era como un juego, pues así se lo había hecho cree el dueño del negocio.
El hombre tomó a su pequeña novia y la llevó a su habitación, ahí comenzó a besar con mucha pasión el cuerpo completo de Danna, la pequeña recostada en la cama, con sus piernas abiertas de par en par, dejaba que su novio pasará sus manos recorriendo cada centímetro del cuerpo.
Don Celso lamía los diminutos pechos y los mordisqueaba suavemente para después ir descendiendo poco a poco hasta llegar a su conchita de la niña, allí Celso lamía con afán y esmero e introducía la lengua lo más profundo que se podía.
Danna sentía un placer indescriptible, la respiración era cada vez más rápida, los ojos casi desorbitados y en blanco, ella quería seguir sintiendo ese placer que solo y únicamente don Celso su novio le hacía sentir. En unos segundos la pequeña comenzó a tener una tipo convulsión debido a que por primera vez estaba teniendo su primer orgasmo y eso lo notó Celso, pues la vagina de la pequeña comenzaba a emanar demasiado fluido,
(Don Celso)… Ya veo que lo estás disfrutando hermosa. Dime si te gusta lo que te hago?
(Danna)… Siiiiiii , creo que voy a hacer pipi.
(Don Celso)… Házlo! No te preocupes, eso no es malo, eso significa que quieres más.
Después de unos momentos Celso se colocó en posición de misionero y empezó a disfrutar de una rica y deliciosa follada a su pequeña novia, al parecer la conchita de la niña no había puesto ninguna objeción a la entrada de la verga de Celso, pues gracias al sexo oral que le había hecho ya se encontraba dilatada y lubricada, lo que ayudó a que la polla se deslizara hasta topar con su vientre.
El hombre dejaba ir su gran verga de un solo movimiento en la entrada vaginal de su pequeña novia, aunque la pequeña ya había sido follada con anterioridad su diminuta vagina en ocasiones se resistía a recibir ese intruso, por ello gemía de dolor.
(Danna)… Ayyyy! Me está doliendo mucho, papito.
(Don Celso)… Mi hermosa princesa entre más te duela es mejor, pues eso significa que me quieres y que lo estás disfrutando mucho. ¿Quieres que te siga dando?
(Danna)… Sí, pero más despacito.
Celso entre más veía el cuerpo desnudo y pequeño de Danna se sentía al máximo, no quería que ese dulce momento terminará, él quería disfrutar de su pequeña novia por siempre.
Ya habían transcurrido unos 15 o 20 minutos y aún seguía firme y dura la polla del hombre. La pequeña ya no podía, ya no aguantaba las embestidas salvajes de su novio, pero no retrocedía, pues ella creía que lo hacía por ayudar a sus padres y por el supuesto amor que le tenía a don Celso, aunque las penetradas la lastimaban, haciéndola llorar, ella le pedía más y más a ese hombre.
Poco faltaba para terminar la hora de comida, Celso sacó su enhiesta verga de la vagina de la niña, hizo que está se pusiera en cuatro, abrió con sus palmas el par de nalgas e insertó la punta de su polla en el culito de su novia, eso hizo que Danna moviera su cadera al contrario del cuerpo de don Celso, pero éste con su gran fuerza jaló de la cintura a la niña y gracias a ese movimiento la verga del violador se incrusta por completo dentro del ano semi dilatado de la chiquita, que hasta el par de bolas del hombre chocaron contra las nalgas de la pequeña Danna.
(Danna)… Ayyyy me duele mi colita, sácalo por favor!
(Don Celso)… Lo siento mucho pequeña, pero ya no puedo dar marcha atrás.
(Danna)… Por favor, papito, me duele mucho.
(Don Celso)… Amor mío, te dije que íbamos a disfrutar y a festejar mucho tu cumpleaños.
(Danna)… Ya no quiero hacerlo, me duele.
(Don Celso)… Ya casi terminamos, mi pequeña novia.
Don Celso a pesar de su edad debido a la gran calentura su fuerza vital estaba al máximo el cansancio pasaba a segundo plano al igual que las quejas de la niña, en esa posición de perrito que se encontraban Celso podía ver perfectamente como su verga se hundía por completo dentro del cuerpo de Danna, él disfrutaba de ese magnífico espectáculo de ver entrar y salir su miembro viril del pequeño culo de la inocente chiquita.
La pequeña solo gemía y su cuerpo se movía al compás de los movimientos de cadera de su macho, por momento don Celso hacía unos movimientos suaves, delicados y lentos, para después realizar un vaivén fuerte, rudo y rápido, Celso quería empujar y empujar más su miembro dentro de la niña, pero ya no se podía más, su pelvis chocaba con las nalgas de la niña y por más que intentara su verga ya no podía penetrar más.
Lo único que hacía la pequeña Danna era gemir y dejarse hacer todo lo que don Celso su nuevo novio le hacía, pues sabía perfectamente que si ella se dejaba coger por don Celso las veces que él deseara, él podría ayudar a sus padres.
Los minutos pasaron, aunque para Celso fueron como segundos, mientras que para la pequeña fueron horas interminables.
(Don Celso)… Ay cariño, creo que ahora sí voy a acabar y me voy a venir en tu culito.
Celso en ese momento agarro a la niña por la cintura, sacó su miembro y de un sólo golpe se la enterró fuertemente y se corrió dentro del esfínter anal de la pequeña Danna, ella solo gemía y se quejaba, pero aguantaba la verguiza que le daba el hombre. Al sacar la verga del culito de la niña, Celso aún la tenía rígida y dura, mientras que el culo de la niña estaba rojizo y dilatado al máximo.
Celso llevó a la niña al baño y le lavó tanto la vagina como el fundillo de su pequeña novia, los secó con una toalla y le aplicó un ungüento para desinflamar y anestesiar. Después ordenó a Danna que se vistiera.
Desde ese momento ya la pequeña Danna pertenecía en cuerpo y alma a su único y primer novio.


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