La putita de la colonia. 2/3
Ahora les voy a platicar cómo estuvo el show….
Yo estaba bien atento, pero tratando de que no se dieran cuenta de mi presencia.
Esa zorrita mamaba como toda una actriz porno, moviendo la cabeza adelante y atrás, cabeceando bien rico.
Se la metía hasta la mitad, la sacaba toda babosa y brillando de saliva, hacía una pausa y la volvía a chupar con las mismas ganas, haciendo ruidos húmedos y obscenos que se escuchaban hasta donde yo estaba.
Don Fermín estaba encantado, con la cara roja y sudando como cerdo.
—Así, mija… qué boca tan caliente tienes —gruñía con la voz ronca de gusto.
En un momento el viejo intentó agarrarla de la cabeza, pero ella ni siquiera lo dejó tocarla. Le aventó las manos hacia atrás con fuerza.
—¡Ya te dije que te estés quieto, viejo! No voy a hacer lo que quieres. Y si sigues con eso, ahora mismo me voy y les cuento a todos que eres un viejo pervertido y asqueroso —le advirtió en tono serio.
Jajaja, pobre de Don Fermín, se la quería empujar hasta el fondo y la chamaca no se dejaba ni madres.
—¡Manos atrás de la espalda! —le ordenó ella.
El viejo dudó un segundo, pero obedeció como perro y esa putita retomó el ritmo.
Mientras ella seguía, Don Fermín le preguntó:
—Ya, chamaca… dime, ¿cuánto quieres para que te la tragues toda?
La chica se sacó la verga de la boca un segundo y lo miró con cara de asco.
—¡No! Ya te dije que no me la voy a tragar.
—¡Ándale! Te pago el doble.
¿El doble? No podía creer lo que estaba escuchando.
¿¡La morra en verdad le estaba cobrando!?
¡Vaya que si era toda una putita!
—¿El doble? ¿¡Cómo crees!? Eso es muy poco para tragarme algo tan feo —contestó ella antes de volver a metérsela a la boca.
—Entonces dime, ¿cuánto quieres?
—¡No viejo! Ya te dije que no. Y si sigues jodiendo me largo ahora mismo y te quedas con las ganas.
—Está bien, nena… ya no digo más. Pero no te detengas, por favor.
La putita siguió mamando con el mismo ritmo, sin quitarle la mirada de encima y Don Fermín tampoco apartaba los ojos de ella.
Poco a poco empezó a acelerar.
El viejo comenzó a respirar más pesado.
—Sigue… sigue… —soltó entre jadeos.
Ella estaba atenta.
Ya no parecía tan relajada como antes.
Tenía los ojos bien abiertos y por momentos se veía que estaba esperando, calculando.
—Así… no pares —dijo él con esfuerzo.
Sus piernas empezaron a ponerse tensas.
Ella hizo un pequeño movimiento, como preparándose.
El viejo tragó saliva.
Los gemidos cambiaron.
Ya no sonaban igual. Se escuchaban cortados, desesperados.
La morrita pareció darse cuenta también.
Vi como el Don movió los brazos ligeramente a los costados…
Un gemido fuerte se escuchó.
Ella intentó quitarse. Pero fue tarde.
Don Fermín le agarró la cabeza rápidamente con las dos manos.
Ella no alcanzó a reaccionar a tiempo. Lo único que pudo hacer fue tratar de hacer espacio empujando los muslos del viejo con sus manos para evitar que se la empujara toda, pero el viejo ya estaba casi totalmente dentro, perdido, corriéndose a chorros dentro de su boca. Gruñía como marrano mientras se la llenaba de leche espesa, sin dejarla escapar.
Parecía completamente concentrado en terminar.
Ella le golpeaba las piernas, forcejeó haciendo ruidos ahogados “¡Mmmgh! ¡Mmmgh!”, intentando apartarse mientras él seguía inmóvil, jadeando y aferrado, descargando hasta la última gota.


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