las cuatas de la secundaria
las putas de 14.
Ese día en clase estaba a punto de dormirme del aburrimiento. Fátima, la chica que me traía loco, llevaba una blusa tan delgada que se le notaban los pezones. Cada vez que se inclinaba, mi verga se endurecía más debajo del pupitre.
Le pasé una nota: «Quiero que me la chupes». Me miró, sonrió y escribió: «Ahora mismo aquí». La profesora estaba de espaldas, explicando en el pizarrón, así que Fátima se agachó como si buscara algo en su mochila, pero en realidad se deslizó hasta debajo de mi pupitre.
Me abrió la cremallera, sacó mi verga que ya estaba durísima y empezó a chupármela. Su lengua recorría toda mi cabeza mientras me hacía una mamada lenta pero profunda. Después me la masturbó con su mano, y luego se quitó un zapato y me la frotó con su pie calcetado. El contraste del tejido áspero en mi glande me estaba volviendo loco.
Me levanté y me senté en su silla, ella se arrodilló y siguió chupándome. Luego me eché en el suelo y se subió encima de mi cara, dejándome su coño bien cerca de mi boca. Se lo lamí con ganas, notando cómo se mojaba más y más. Le metí dos dedos mientras seguía lamiéndola hasta que tembló toda.
Después la puse en posición misional y me la follé allí en el salón, mientras seguía la clase. Su coño estaba caliente y apretado, y cada embestida la hacía gemir bajito. Luego me la eché en perrito, agarrándola de la cadera para meterla más fuerte. Para terminar, se montó encima de mí en vaquera, moviendo las caderas como una experta.
Cuando estaba por correrme, me dijo «adentro». Me vine dentro de su coño, sintiendo cómo toda mi leche llenaba su interior. Quedó desnuda, solo con sus calcetas blancas puestas, mientras se limpiaba con sus dedos.
Después de clase, fui a su casa. En cuanto entramos, nos encerramos en su cuarto y empezamos a desvestirnos. Ella se tiró en la cama y se abrió de piernas. Me la follé de nuevo, esta vez sin prisa. De repente, se abrió la puerta y apareció su hermana Emilia, que nos miró sorprendida.
Estaba a punto de gritar para delatarnos, pero le dije: «¿Quieres unirte?». Se quedó pensando un momento y luego sonrió, cerró la puerta y empezó a desvestirse.
Me la follé a Fátima de nuevo mientras Emilia me besaba y pasaba sus manos por mi cuerpo. Después me cambié a Emilia, que era más delgadita pero tenía un coño igual de rico. Me vine dentro de ella, sintiendo cómo se apretaba cuando eyaculaba.
Nos bañamos juntos los tres, y bajo el agua caliente empezamos una segunda ronda. Fátima me la chupaba mientras Emilia me lamía los huevos. Después nos fuimos a la cama, donde terminé viniéndome en las caras de las dos. Nos dormimos así, con mis cuerpos entrelazados.
A la mañana siguiente, desperté con las dos chupándome la verga otra vez. Tuvieron 14 años las dos, con cuerpos deliciosos y ganas de follar. Me las follé en todas las posiciones otra vez, hasta que me vine en sus tetas y sus caras. Salí de ahí justo antes de que volviera su madre, con el cuerpo agotado pero satisfecho. Fue el mejor polvo de mi vida.


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