Lo buenos de tener buenos amigos
Leí un relato de un buen amigo y se me antojó que me hiciera lo mismo, así que le hablé….
Acababa de leer un relato que Ber_el escribió hace casi tres años. Durante la lectura, mi mano estuvo acariciando mi monte y clítoris hasta que me vine precisamente cuando el personaje eyaculó en la dama que atendía.
No conozco al personaje llamado Cornelio, pero sí a Ber y fue a él a quien imaginé. Así que, simplemente lo llamé…
–Hola, Ver. Habla Gloria, buenos días –dije–. ¿No te interrumpo algo importante? –pregunté temiendo que quizá él sí estuviera trabajando.
–No interrumpes, Vaquita (Nick con el que me conoció). Estoy haciendo me paseo matinal como ejercicio. ¿Qué se te ofrece? –contestó muy atento y yo callé mi deseo: “Que me cojas”.
–Estaba leyendo un relato tuyo donde tu amigo Cornelio le arregla una licuadora a su vecina y termina enchufándosela a ella. ¿Hubo embarazo? –pregunté.
–¡Ja, ja, ja…! No. Pero siguió dándole mantenimiento a ella, quien se decantó por los anticonceptivos orales –contestó sacándome de la duda.
¡Qué bien! Lo que pasa es que me pajeé leyéndolo, pero como no conozco a Cornelio, te imaginé a ti…
–¿No estaba Miguel a tu lado para que te atendiera? –preguntó.
–No, mi esposo salió temprano a Cuautla para ver a un pariente. Él regresa a la noche. ¿Puedes venir a mi casa para enchufarme a mí? –pregunté con total desfachatez, dado que él y yo hemos tenido tres encuentros ya.
–Con gusto, mándame la geolocalización y llego al rato –dijo y me despedí con “Te espero tal como estoy”.
Me tomé una foto acostada en la cual se ve mi cuerpo desnudo, desde la coronilla hasta mis pies, y se la envié junto con mi ubicación. También le envié la misma foto a mi marido con el mensaje “Te fuiste muy temprano sin atender a tu esposa caliente. No te preocupes, ya viene un amigo mío a hacer el trabajo”.
Al poco rato recibí la respuesta de Ber “¡Voy por esos montes, Vaquita linda!”, refiriéndose a mis tetas, donde los pezones enmarcaban al pelo de mi panocha.
Después, también llegó la respuesta de Miguel: “Atiéndelo bien y ordéñalo debidamente, regreso a las seis a tomar atole, mi putita”.
A la media hora llegó Ber. Lo recibí con bata solamente y con un vaso de jugo de naranja que acababa de exprimir.
–Bienvenido. Por si vienes sediento, aquí está esto. Voy a hacer el desayuno, ponte cómodo, así como yo –le dije abriéndome la bata, casi se atraganta con el jugo–. Primero desayunamos, desvístete –insistí cuando el lujurioso pasó los ojos por todo el frente de mi cuerpo, y trató de agarrarme el tetamen.
Cuando terminé de servir el desayuno, Ber ya estaba sin ropa. Después de besarme, me quitó la bata, me chupó las tetas, el ombligo, la vagina y las nalgas, poniéndome tan arrecha que me puse a manosearle todo el cuerpo, pero me detuve.
–Gracias, pero primero desayunamos, ya te dije –expresé separándome de él.
Desayunamos platicando sobre lo que estuvimos haciendo. Yo enfaticé que me dieron ganas de él al leerlo. Incluso le mostré el comentario que escribí en ese relato: “¡Uf, me corrí leyéndote! Bueno, mi mano también me ayudó, pero yo pensé en ti, no conozco a Cornelio. Pero tú quedaste enchufado a mi (o yo a ti)… ¿Está claro?”
–Sí, está claro. Estas tetas atrapan a cualquiera, yo encantado de mamarlas mientras “te enchufo” –dijo y nos fuimos a la recámara, donde me advirtió que se iría a las dos de la tarde para comer con la familia.
Frente al espejo de cuerpo completo, tomé una fotografía de cuerpo completo para enviársela a mi marido con el texto: “Ya desayunamos y ahora nos vamos a a comer. Te presento a Ber, más conocido como ‘El huevos lindos’, los cuales se antojan para estimularlos a lamidas y cariños”. Luego la marqué a Miguel y solté el teléfono en la cama.
Nos besamos, me metí el falo donde se debe y me colgué de su cuello para que me cogiera cargada de las nalgas. Tuve varios orgasmos donde grité “¡Qué rico coges, eres muy puto!”. “¡Cógete a tu vaquita, tienes varias horas para que te atragantes de mis pezones!, y otras guarradas más hasta que me sentí agotada de lo intensa de mis orgasmos. Jadeante, me tiré al colchón y expresé en dirección al teléfono: “¡Qué aguante tiene este puto! Me zangoloteó por más de dos minutos haciéndome venir mucho”. “Te estoy preparando el atole” y colgué. (Miguel me contó después que tuvo que meterse al baño para chaqueteársela mientras escuchaba lo que yo gritaba mientras Ber hacía pesas conmigo.)
–¡Qué mentirosa soy!, aún no le he puesto la leche al atole y ya le dije a Miguel que se lo estoy preparando –dije viendo a Ber, quien tenía la verga llena de mi flujo, incluso escurriéndole por el escroto, pero aún muy estirada–. Ven para ordeñarte como es debido, putito– le ordené, abriendo las piernas e invitándolo a acostarse.
Ber, agarrándome las chiches, me chupó la vagina y yo seguí orgasmeando hasta que perdí el conocimiento. Al volver en mí, Ber, sonriente, me acarició con ternura y me besó. “Mis venidas saben muy ricas”, pensé al saborear su boca.
Con mis tetas en sus manos y su boca en la mía, Ber me penetró. Yo le enredé mis piernas en la cintura y lo dejé hacer con mi cuerpo lo que a él se le antojara. Se vino con tres chorros y se quedó quieto sobre mi cuerpo, jadeando para tomar aire.
–¿Estuvo rico, Ber? ¿Valió la pena venir hasta acá para darme mantenimiento? ¿Cuánto me pondrías de calificación, del 0 al 10? –pregunté mientras él se reponía.
–Sabes que estás muy buena y que es fácil venirse cuando te maman las tetas mientras te cogen. Aún no puedo darte una calificación, faltan otras pruebas –contestó y durmió un rato.
Aproveché para chuparle el pito y los hermosos huevos. Jugué con sus bolas metiéndoselas en el conducto inguinal simultáneamente y sorbiendo en mi boca el escroto por completo, paseando mi lengua para sentir las estrías. Luego, quité un dedo para que bajara sólo uno de los huevos y lo metí por completo a la boca moviendo mi cara de un lado a otro. Después le tocó a la otra bola. Con su pene reposando en mi cara, cariñosamente me puse a besar sus bolas. Otra foto de close up y un envío más para mi marido. “¿Verdad que se antojan?”, escribí al pie. “Te amo puta, mi amor”, fue la respuesta que recibí.
–¿Te repondrás pronto? –pregunté antes de lamerle el tronco y chuparle el glande cono si lamiera un helado.
–Así será más fácil, Vaquita… –contestó y soltó una gota con sabor a semen y presemen.
–Me falta tomar un poco de leche, y luego una enculada en la regadera –le advertí.
–¡¿Miguel hace todo eso en la mañana?! –preguntó asombrado.
–Los sábados sí, y tú estás para suplirlo hoy. ¿Necesitas una pastillita? Aquí tengo las que usa mi marido cuando exijo demasiado, o cuando viene Laura con su marido para no quedar mal con ellos –contesté mostrando la cajita de Viagra.
–Pues sí voy a necesitar una, porque anoche y hoy me exprimieron en casa –contestó extrayendo una pastilla azul. Le di un vaso con agua y se la tomó.
Antes de una hora, pude tomar mi biberón en un delicioso 69. Yo lamía de vez en cuando sus huevos, que era la visión que buscaba pues son una verdadera atracción, aunado con el olor que salía de esa zona, me enajenaba para seguir mamando. Asimismo, sentía las lengüetadas en mi panocha y el trenecito de orgasmos que yo tenía, un orgasmo tras otro mantenía un flujo constante de miel que Ber tragaba alegremente. Además, movía y presionaba mi pelambre en su cara para sentir su nariz, su barba y cejas en mis cuatro labios y en el clítoris. ¡Qué paja tan rica! Obviamente le dejé la cara llena de mi pasión.
Descansamos besándonos y acariciándonos todo el cuerpo. Le la mí la cara para limpiarle mis excreciones de amor, En cada lamida le convidaba mi sabor, llevando mi lengua hacia el interior de su boca. Media hora después, el pito estaba erecto nuevamente y lo tomé de allí para llevarlo a la ducha.
Bajo las copiosas gotas de agua, nos enjabonamos cariñosamente. Me puse jabón entre las nalgas; le enjaboné el pene; me di la vuelta y me incliné.
–Aquí está tu perra, ¡abotónala! –le exigí.
Ber me cogió de perrito por el culo, agarrándose firmemente de mis tetas. Los embates que me daba, llegaban hasta el fondo, claro que yo también cooperaba lanzando mis nalgas hacia su pene para que me perforara salvajemente. Nuestros gritos y bufidos resonaban en todo el cuarto de baño. Tardamos como quince minutos antes de poder sentir en mis tripas el calor de su eyaculación. Como dos perritos, quedamos pegados un rato más en esa posición hasta que por fin, yerto, salió su pene. Nos abrazamos y besamos bajo el chorro de la regadera antes de cerrar la llave.
Nos secamos totalmente uno al otro y lo vestí por completo agradeciéndole su camaradería por atenderme cuando se lo pedí.
–Quizá no siempre pueda acudir con tanta prontitud como hoy, pero estoy a tus órdenes cuando lo necesites –dijo antes de darme un último beso y retirarse.
¡Qué señor! ¡Tan guapo, tan puto y tan servicial! Siempre dispuesto a atender a las amigas, y a las exesposas de los amigos…
Descansé encuerada un poco de tiempo antes de levantarme a hacer la comida. Luego, me senté a escuchar música tomando una copa de vino.
Poco antes de las seis de la tarde, llegó mi marido. Me encontró en bata y acostada sobre la cama con las sábanas revueltas mirando una serie en la pantalla.
–¿Ya comiste? –le pregunté a mi marido tratando de levantarme.
–No, pero comenzaré con el atole –dijo, volviéndome a acostar.
Me abrió las piernas para limpiarme a lengüetazos el escurrimiento del atole en el interior de mis muslos, mismo que se había salido con el trajín al preparar la comida. ¡Delicioso! A los diez minutos, yo estaba chorreando mi flujo y Miguel lo tragaba saboreando todo lo que soltaba, seguramente arrastrando los residuos del líquido que Ber me dejó con su ardiente visita. Tomé a mi marido de la cabeza para pajearme con su cara. Me vine abundantemente. No aguanté más y, quitándome la bata, le pedí que se encuerara para ponernos en 69. Mi marido me llenó pronto la boca y tragué su delicioso semen, en tanto que Miguel gritaba “¡Te amo, mi esposa, está muy rico tu sabor a puta!” Nos quedamos quietos durante varios minutos para reponernos de ese agasajo que nos dimos con nuestros cuerpos.
–Vamos a comer… –le sugerí poniéndome de pie y ayudé a Miguel para que se levantara.
Durante la comida platiqué lo que me hizo Ber en esta tercera vez que cogíamos.
–¿Ya van tres? Sólo me has contado de dos, incluso me mandaste fotos –señaló.
–Bueno, también con Chicles han sido tres y, seguramente tú sólo tienes registro de dos. ¿Recuerdas cuando te recomendé el motel Ho-la? –le dije–. Esa vez fui con ellos dos y Mario. Tuve tres para mi solita, quería sentirme puta y dejé que hicieran de mí lo que quisieran –confesé–, estuvo muy rico.
–¡Qué puta eres, mi amor! Me hubieras llevado también… –externó Miguel con tristeza.
–Sí, me gustaría ir otra vez, pero añadiendo a Jesús y a ti, para que me hagan un bukake –dije cerrando los ojos para imaginarlo–, y ya que esté con las chiches y la panza llena de leche, pedirte que te acuestes sobre mi para besarnos y batir nuestros cuerpos mientras me penetras.
–¡Órale, que imaginación de puta tienes! Se me hace que lo viste en un video XXX y se te antojó –exclamó con fervor.
–¿No se te antojaría que cinco machos me llenaran el frente y tú y yo cogiéramos así? –pregunté y Miguel sólo contestó afirmando con la cabeza manteniendo una gran sonrisa–. Tienes razón, no es idea mía. Eso lo contó Ber, de una amiga de él y su exesposo.
Al terminar de comer, nos fuimos a la sala a tomar el café, una copita de anís y terminamos emborrachándonos con Brandy, entre besos, chupadas, jaladas y dedeadas nos lanzábamos cariñosamente epítetos de puta, puto, cornudo y cornuda para calentarnos tiernamente.
Después… ¡Cama otra vez! Me tocaron múltiples estocadas en los tres orificios usuales, todas ellas con gran vehemencia por mostrarme su amor. La totalidad fueron recibidas con sumo y hondo placer.
–¿Así te cogió también tu amigo puto? –preguntó mientras me enculaba en la cama.
–No, fue en la ducha y me entró hasta donde tú me lo estás metiendo. Pero él me sujetó de las chiches, por eso aún tengo las marcas de sus dedos en ellas.
–Entonces te las jalaré yo también, puta –dijo al cambiar sus manos desde mis caderas a mis tetas, para lo cual se tuvo que inclinar más y sentí su piel caliente y sudorosa sobre la mía–. ¡Toma, perra, toma verga! –exclamo en alusión a lo que le conté que le dije a Ber: “Aquí está tu perra, ¡abotónala!”–. ¡Qué linda mi perrita que le gusta la verga de otros! –dijo al eyacular.
Miguel también tardó mucho en soltarme el semen en el interior de mi recto. Al venirse, quedamos acostados y pegados un tiempo hasta que se salió de mí.
–Sí, no niego que me gusta coger con otros, pero contigo es mejor porque te amo –le expliqué ya calmados.
–Yo también te amo, esposa, y me gusta que goces con otros para que satisfagas completamente tus ganas, Me gustas puta.
–Tú también eres muy puto. Te coges a otras, ahí están Laura y Sonia –le hice notar mencionando a las esposas de mis amantes–. ¿Hay alguna otra que no sé? ¿Quién te gustaría? –pregunté para sacar hebra.
–Además de ellas, todo mi semen ha sido para ti. Sabes que sí hay alguien con quien me gustaría coger: mi hermana. Manuel me confesó que él coge con la suya desde que eran jóvenes y me dio envidia –aceptó triste.
–¿Crees que Rosalía no quiere contigo? A mí me parece que sí, pero no te lo va a decir –dejé esa posibilidad sembrada.
–Yo tampoco se lo diré, ¿qué tal si se enoja cuando yo se lo proponga? –preguntó y yo sólo me encogí de hombros.
–Cambiando de tema, ¿cómo viste los huevos de Ber? ¿Qué pensaste al ver la foto con ellos en mi boca? –pregunté sonriendo.
–Pues me da gusto que te entusiasmes chupándolos –externó sin más.
–A todas mis amigas les gustan, y dos de ellas también han tenido la satisfacción de mamarlos. Yo vi cómo se los mamó Chicles mientras Ber me metió la verga cuando estábamos haciendo el 69 Chicles y yo en el motel de la alberca. También, otra amiga me contó que su amante se los chupó cuando hicieron un trío con ella. ¿Tú se los chuparías? –pregunté.
–Me has hecho mamársela a tu amante Mario en un trío. No veo por qué no hacerlo si tú estás cogiendo en trío con nosotros –precisó.


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