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Heterosexual, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

Los astros se alinean, – Primera parte.

¡Me voy a correr, mamá! … ¡Maaamááá!.
No se cómo ni porqué pasó todo esto, solo sé que hay veces en que todas las señales astrológicas se concentran, todas las estrellas se ordenan, los planetas de alinean, las galaxias irradian toda su energía para comprometer tu vida diaria y suceden cosas que tu jamás pensaste que fuera posible que sucedieran en tu vida.

 

 

Loredana, mi hija se había marchado a la universidad en una ciudad del sur, muy lejos de nosotros.          Este había sido un año muy negativo, mi esposo estaba desempleado desde hace más de un año y su signo zodiacal no le pronosticaba nada muy positivo en el futuro.     Entonces llegó a casa con la noticia:

—¡Negrita … Encontré trabajo! …

Me dijo abrazándome muy estrecha en sus brazos.     No pude dejar de notar que estaba duro como hacía tiempo que no lo sentía.

—¡Uy, amor! … ¡Que bueno! … ¿Y cuando comienzas? …

—Debo preparar mi documentación porque es en el extranjero …

—¿Aaah? …

—¡Sí! … Necesitan un ingeniero electrónico para unas plataformas petrolíferas en el Golfo de Mexico …

—¿En Mexico? …

—¡En el Golfo de Mexico, amor! … ¡En el mar! …

—¿Y no es peligroso eso? …

—Amor … Aquí en la ciudad, un loco al volante te atropella y te mata … ¡En todas partes hay peligro! …

—¡Sí, eso es verdad! …

—¡Pero tan lejos! …

—¡Amor … El sueldo es más de cuatro veces lo que puedo ganar aquí … Puedo trabajar un periodo para salir de las deudas y … Bueno … Después veremos si hay alguna oportunidad mejor … ¿Te parece? …

—¡Pero me vas a dejar sola! …

—¡Eso no es cierto! … ¡Luca te hará compañía, él tiene la edad suficiente para ser el hombre de la casa! … Además, es obediente y respetuoso … Es nuestro hijo y es un buen chico … También puedes apoyarte en Loredana, aunque por ahora esté un poco lejos …

—Sí, lo sé … Ellos lo son todo para mí … ¿Y por cuanto tiempo te irás? …

—No tengo todo eso muy claro … Pero me dijeron que en principio el contrato es de cuatro meses … Ya me informaré de la organización de todo el sistema y te lo haré saber, ¿vale? …

—Pero te voy a echar de menos, ¿sabes? … ¿Cómo lo hago sin ti? … Ya sabes … En la cama …

—Amor, cuatro meses pasan volando … Puedes arreglártelas con tus juguetes por este poco de tiempo y también lo haré yo pensando en ti mientras esté lejos … Es un pequeño sacrificio para poder respirar y salir de todas nuestras deudas … Ya vendrán tiempos mejores, ¿vale? …

—Bueno, amor … Sí tu lo dices … Te esperaré ansiosa … Pero noto que todo esto te ha excitado, ¿o me equivoco? …

—No tesoro, no te equivocas … Pensar en que solucionaremos todas nuestras estrecheces económicas, eleva mi espíritu y esa tranquilidad me devuelve el apetito sexual … ¡Ven! … ¡Vamos a nuestro dormitorio! …

*****

 

 

Esa fue una serie de días que Marco no me dejó tranquila ni un solo día, parecía rejuvenecido, divertido, había vuelto a ser el marido con el cual me había casado.     Yo estaba feliz y mi coño mucho más.     Ahora lo había acompañado al aeropuerto para que él se fuera a trabajar en medio al mar.     Me sentía orgullosa, feliz y muy triste por verlo partir.     Todavía mis bragas estaban húmedas por su semen que escurría de mi panocha todos estos días, pienso que si no estuviera tomando la píldora, muy bien podría haberme dejado embarazada.     Ahora entraba en abstinencia hasta su regreso, bueno, de algún modo me las arreglaré.     Sabía que esta noche iba a tener una sesión a solas con mi consolador pensando a la última vez con mi marido.

 

 

Marco se había ido, la oferta de trabajo era demasiado tentadora como para rechazarla y teníamos la posibilidad cierta de mejorar nuestra situación económica.     Sí él se sacrificaba, yo como esposa tenía el deber de apoyarlo y soportar esta inconveniencia circunstancial.     Sí, debía ser fuerte tal como lo era mi marido.

 

 

Seguí con mi trabajo habitual de venta de seguros, incluso pude aumentar mi producción ahora que Marco no estaba en casa.     Mi única preocupación era Luca, nuestro hijo, que estaba asistiendo a un preuniversitario para postular a la carrera de su padre; pretendía ser ingeniero electrónico automotriz o maquinaria pesada.     Yo trataba de tener todo siempre listo para él, para que pudiera concentrarse por completo en sus estudios.     Loredana de tanto en tanto se comunicaba conmigo para hacerme saber sobre ella y algunas veces pidiéndome alguna ayuda financiera.

 

 

La primera semana pasó bastante de prisa, pero las noches se hacía largas.     Los primeros días el consolador apagaba mi necesidad de sexo, pero como al quinto día lo encontré monótono y no me divirtió mucho, me costó un mundo lograr un orgasmo satisfactorio.     Siempre mi pensamiento estaba dedicado a mi marido.     El tiempo más extenso separada de él después de nuestra boda hace veinte años, fue una semana toda extraña por un accidente que él sufrió y tuvo que estar hospitalizado, pero apenas la ambulancia lo trajo a nuestro domicilio, sin pérdida de tiempo le hice una mamada genial y con los cuidados necesarios, lo monté y él me folló con ganas.     Por dos décadas seguimos siendo aventureros e imaginativos en nuestra vida sexual, nunca nos cansábamos el uno del otro.

 

 

El problema es que ahora se trataba de estar cuatro meses sin él y su maravillosa polla.    ¡Cuatro malditos meses!     Por supuesto que no iba a pensar en un amante, amaba demasiado a Marco y él no se merecía algo así.     Las únicas veces que tuve sexo con algún extraño, fue cuando a mi marido se le ocurrió inscribirse a un club de cambio de parejas.     Después de probar un par de veces, de común acuerdo desistimos de esa aventura, porque yo no quería a nadie más que a él y él sentía lo mismo hacia mí.      Fue divertido mientras duró, pero no era para nosotros compartir nuestra felicidad con otras parejas que ni siquiera se conocían, discutían y peleaban incluso en nuestra presencia.

 

 

Hacía días que mi mente andaba más cerca del Golfo de Mexico que de mi alrededor.     Incluso lo había Googleado para ver donde estaba y cual era la ciudad más cercana.     Me dio un miedo atroz cuando vi un video de un incendio en una plataforma y todo lo que pasaron los tripulantes para ser rescatados con medios marítimos y helicópteros, afortunadamente no hubo muertos, solo dos personas heridas, eso me tranquilizó un poco.     Cuando me levanté de mi silla frente al computador, me percaté de una caja sobre mi armario que no había visto antes.

 

 

Busqué mi piso con escaleras para alcanzar la cajita que asomaba apenas.     La bajé y la abrí, sonreí al ver un grueso y largo consolador, con vibración, empuje, control remoto y calefacción.     Había una nota adherida a la bolsa que lo contenía:

“Querida Luisa, por favor, úsame tan a menudo como tú quieras y,

            mientras me empujas lo más profundo dentro de ti, recuerda al amor

            de Marco, tu marido, que se hunde profundamente en el amor de tu alma”

 

No podía esperar menos de un Libra, él es un eterno enamorado, valora la belleza y la estética, sin perder la armonía y el equilibrio.      Una vez con la caja en mi mano, examiné con máxima atención el consolador, era diferente al mío y mucho más grande.     El folleto decía veinticinco centímetros con veinte centímetros insertables.     Era grueso y bastante rígido, pero de una textura suave al tacto y muy parecida a la piel real.     Giré el control a la base y comenzó a vibrar en mi mano.     Cuando lo puse en la segunda posición, me sorprendió que la bulbosa cabezota comenzó a empujar hacia arriba y hacia abajo y giraba un poco hacia los costados.     Volví a sonreír, pero sentí que mi coño comenzaba a humedecerse.

 

 

Me quedé mesmerizada con este artilugio que vibraba y se movía, inmediatamente me vino a la mente de llamarlo “Marco 2.0” en honor a mi marido.     Casi inconscientemente levanté el culo de la cama y deslicé mis bragas hacia mis muslos, haciéndolas descender hasta mi tobillos, para luego patearlas hacia un lado y abrí mis piernas, levanté mi falda hasta mi ombligo.     Volví el consolador a la primera posición de solo vibrador y lo paseé por mis pezones cubiertos con mi blusa y sentí el cosquilleo y la fuerza con que se endurecían.     Desabroché algunos botones y deslicé los tirantes de mi sujetador hacia mis brazos, levanté las copas y mis pesadas tetas 36D cayeron hacia adelante, puse el consolador entre mis tetas y las apreté imaginando fuera el pene de mi marido.     Apreté mis tetas hacia arriba y lamí mi pezón izquierdo, succionando y mordisqueando ligeramente mi mamelón tal como le gustaba hacer a mi consorte.     El consolador se deslizó entre mis muslos haciéndome sentir su vibración en mi vientre; abrí mis piernas y lo metí entre mi labia humedecida, encima de mi clítoris.      Luego penetré mi coño unos cinco centímetros.      Dejé caer mis tetas y moví el control a la segunda posición, ahora el juguetico comenzó a moverse dentro y fuera de mí.     ¡Oh, Dios!     ¡Oh, Dios!    ¡Qué cosa más rica!

 

 

¡Santo demonio!   ¡Esta cosa se siente demasiado bien!    Hundiéndose, vibrando, empujando y girando, podía sentirlo estirando las paredes mojadas de mi coño.     Me perdí en maravillosas sensaciones y perdí totalmente la conciencia y el control de mí misma.      Lo empujé hacia adentro y hacia afuera, cada vez más profundo.     Ahora con mi mano libre frotando mi clítoris a toda velocidad.     Mi orgasmo estaba creciendo, desde un principio la sensación fue increíble y abrumadora:

—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Hmmmmmm! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ooohhhhhh! … ¡Ooohhhhhh! … ¡Qué rico! … ¡Aaahhhhhh! …

 

 

Estuve un buen rato con los ojos cerrados disfrutando de las sensaciones post orgásmicas.     ¡Guau!   ¡Que sensación más maravillosa!     No podía recordar cuándo fue la última vez que tuve un orgasmo esplendido como este.     Todavía me sentía cachonda y con toda la carga de continuar y saciar mi hambre de polla.     Sí mi marido estuviera aquí, ¡Uummmmmm!, lo habría estrujado hasta calmar mi lujuria, pero ahora debía reprimir mis deseos, así que decidí irme a la ducha antes de que Luca regrese a casa.     Encendí la lampara de la mesita de noche porque se estaba oscureciendo y me desnudé.     Me puse mi bata blanca y entré al baño, pero al mirar hacia mi cama, me di cuenta de que el consolador estaba encima de mi cama a la vista de cualquiera que entrara a mi habitación y Luca estaba por volver.     Regresé sobre mis pasos y estaba a punto de esconderlo bajo la almohada, cuando me di cuenta de que estaba unto con mis fluidos.     Sin pensarlo me lo llevé a la boca y comencé a chupar y a lamer los jugos de mi propio coño.     Le di una buena mamada por algún tiempo, después lo guardé en su cajita y me di cuenta de que la puerta de mi dormitorio estaba entreabierta, me dirigí hacia allí para cerrarla.

 

 

Estaba por cerrar la puerta de mi dormitorio, cuando noté algo en la puerta.      Había una gota brillante que llamó mi atención; la recogí con un dedo y la examiné a la tenue luz del pasillo.     Parecía que… ¡Oh, no! … no podía ser… lo olfateé y …  ¡Santo cielo! … esto es … esto es ¡semen!   ¿Cómo y de adonde llego este semen a mi puerta?   Todavía estaba fresco.     No suelo decir palabrotas, pero mi primer pensamiento fue: ¿Qué carajo está sucediendo?     No tenía ninguna explicación para ello.     Sentí miedo y un escalofrío recorrió mi espina dorsal.     ¿Había un intruso en casa?    Y si no había un intruso, entonces, ¡Carajo! Debe ser Luca.     Inmediatamente grité por el pasillo con cierta ira y pánico:

—¡Luca! … ¡Luca! … ¿Estás en casa? …

—¡Sí, mami! …  Estoy en la cocina preparando una taza de té … ¿Quieres una? …

—¡Ehm, no ahora, tesoro! … Me voy a duchar …

 

 

¡Oh, Dios mío!, era él, lo pude leer en sus ojos.     Además, él es Géminis, el signo zodiacal más mentiroso del zodiaco.      Lo sé que no lo hace por malignidad, la influencia de los astros que dominan su signo lo compelen a mentir en modo automático, a veces hasta exageradamente.      ¡Santo cielo!, ¿Qué demonios he hecho?     Mi propio hijo se había masturbado mientras yo hacía otro tanto en mi cama desnuda y con un tremendo consolador.     La gota de semen se había pegoteado en mi dedo y ahora parecía que quemaba mi piel.

 

 

Me fui a la ducha, cerré la puerta con llave, me metí bajo el chorro de agua tibia y me quedé ahí parada inmóvil mientras el agua escurría desde mi cabeza a mis pies.     Puse mi dedo bajo el agua, quería cancelar esa gota de esperma de mi hijo.     Muchas y confusas emociones giraban en mi cabeza como un torbellino.     Mi vientre hundido parecía haber tomado una especie de calorcillo, apreté mis muslos estrechamente y me afirmé a los azulejos con mis manos temblando.     Me sentí exasperada, culpable, avergonzada y profundamente abrumada por toda la situación.     ¿Cómo mierda iba a volver a mirar a mi hijo a los ojos?   ¿Y cómo y por qué, él se atrevió a violar mi privacidad?     Por otro lado, fui yo quien dejó la puerta abierta a sabiendas que él estaba por volver a casa.     Fue mi culpa dejar la puerta abierta, dejándome llevar por mis instintos, mi egoísmo y necesidades lujuriosas.     Jamás consideré la posibilidad de que mi hijo volviera un poco más temprano a casa.

 

 

Pasé el jabón en medio a mis muslos y me estremecí al sentir mi sensible labia vaginal todavía enrojecida por mi orgasmo anterior, así que me concentré en lavar mis cabellos.     Me gusta mucho cuidar de mi pelo liso, largo y de color rojo cobrizo que cubre hasta la mitad de mi espalda y es capaz de ocultar mis pesados pechos cuando lo echo todo hacia adelante.     A mi marido le encanta cuando me hago trenzas y él me coge a lo perrito.     Disfruta cuando le hago una mamada y utilizo mis cabellos para estimular su pene que entra y sale de mi boca.     Más de una vez me ha dejado todo mi cabello pegoteado con su abundante esperma, funciona excelente como shampo balsámico cuando luego me ducho.

 

 

Eran muchas las cosas que giraban por mi mente, pero sabía que sólo estaba posponiendo la inevitable confrontación con Luca.     También consideré en dejar todo tal como estaba y no tomar ninguna acción.     Tanto él no sabe que yo sé.     Él no sabe que descubrí que él me había estado espiando.     Tendría que actuar cautelosamente y me dije a mí misma que después de todo no debía exagerar mi reacción.

 

 

El agua tibia todavía escurría sobre mi sensible piel y mis pensamientos se reconfiguraron a todo otro aspecto de la situación.     Imaginé el hecho en sí.     Un muchacho adolescente que descubre a su madre de treinta y siete años follándose el coño con una tremenda verga falsa.     Mi habitación estaba tenuemente iluminada y sabía que él me había visto muy bien.     También sé que mi cuerpo en forma atrae a los hombres, pero jamás pensé en ser la fantasía de un muchachito como Luca.     Él es tan cariñoso; es tan decentito, es tan inocente.     Además, él ha tenido ya más de una novia, de seguro tiene una incipiente experiencia amorosa y amatoria, probablemente ya nos es virgen.     Pero yo todavía lo pensaba como mí bebé caminando con su osito y esperando que yo le cambiara sus pañales.     Este hecho me perturbó un poco, ahora todo esto tenía características de índole incestuoso, pero él no sabía que yo tenía pruebas de que él se había masturbado fuera de mi puerta.     Él es solo un adolescente que comienza a desarrollar su conciencia sexual.     Es normal que se haya masturbado y debo confesar que esto tampoco me tranquilizó porque sentí un hormigueo inquietante entre mis piernas.

 

 

¿Qué demonios estás pensando desvergonzada?   Me reprendí, pero para mi sorpresa, no sentía ningún arrepentimiento, por el contrario, sonreí mientras salía de la ducha y comenzaba a secarme.     Un pensamiento me hizo mirar al cesto de la ropa sucia y había unos calcetines de Luca.     Los recogí y en uno de ellos había una pegajosa humedad, semen impregnado entre el tejido de la prenda.     Me quedé asombrada ante la cantidad, prácticamente todo el calcetín estaba humedecido, parecía cómo si le hubieran derramado una jarra de esperma encima.

—¡Mami! … ¿Te va una taza de té o café? … —Gritó mi hijo desde abajo.

—¿Eh? … Bueno … Pero preferiría que me mezcles un Martini on the rock … En el frigo hay aceitunas …

—¿Puedo preparar uno para mí también? …

Me respondió el pequeño descarado, que de “pequeño” no tiene nada, él es alto casi un metro noventa, pertenece al equipo de natación del colegio y juega basquetbol, por lo que su cuerpo es atlético y fornido.

—¡Está bien! … Pero que sea la mitad del mío … Y no te acostumbres a esto, es solo por esta vez, ¿vale? …

—¡Sí, mamá … Vale! …

Me puse mi bata blanca y volví al dormitorio a secarme el cabello.     Me senté en la esquina de la cama mirándome en el espejo de la cómoda y casi había terminado de secarme el cabello cuando Luca entró con una bandeja con las bebidas.      Me quedé un poco desconcertada porque supuse que él me esperaría abajo en la cocina, me recriminé por haber abierto la puerta sin reflexionar; no pude evitar de sonrojarme y agradecí que la luz era tenue.     Apagué el secador de pelo y lo miré.     Se veía increíblemente natural, estaba allí en shorts y una remera fresca con su carita inocente.     Comencé a dudar de mi integridad mental, ¿Me había imaginado el todo?     ¿Nunca había habido una gota de semen en mi puerta?     Pero luego recordé los calcetines en el cesto de la ropa sucia y supe que todo había sido real.     Esta era una situación realmente complicada, pero pensé que no debía hacerle saber que sabía lo que había sucedido, así que hice un tremendo esfuerzo para mantenerme serena y tranquila.

—Mami … ¿Puedo cepillarte el cabello? …

Otra vez suspire profundamente y me sentí abrumada.     ¿A que carajo estaba jugando?    Hacía mucho tiempo que no me pedía hacer eso, ahora de pronto le fascinaba mi cabello otra vez.     Su hermana, Loredana, se había burlado de él por lo mismo y finalmente dejó de querer cepillarme el cabello.      Personalmente me gustaba que lo hiciera, era cómo una especie de contacto que nos unía a Luca y a mí, pero ahora no me parecía que fuera una buena idea.

—Loredana me deja cepillarle el pelo a veces, ¿sabes? …

Eso me tomó por sorpresa, por lo que yo sabía, ella era contraria a eso.

—¡Oh!, ahora prefieres a tu hermana y no a tu anciana madre, ¿eh? …

Inmediatamente me di cuenta de que había dicho algo injusto e inapropiado, esto parecía instarlo y animarlo, pero no tenía ninguna intención de coquetear con él.      Sólo estaba tratando de ganar algo de tiempo en una forma para negarme sin herir sus sentimientos.

—¡Oh, no, mamá! … Pero pensé que sería divertido y me gusta acariciar tu hermoso cabello … 

—¡Ah! … Entonces, está bien … Puedes hacerlo …

Estaba tan nerviosa que no sabía ni que decir.      Me pregunté si Luca sospechaba que yo sabía que él me había estado espiando.     Entonces pensé que lo mejor era hacer como si nada, tal vez de ese modo sería un percance pasajero que no se volvería a repetir.     Tomé mi bebida y le entregué a él el cepillo para el cabello; me senté en el ángulo de la cama y él se subió a la cama y se puso detrás de mí con las piernas abiertas que me rodeaban a lado y lado.     Esto se sentía demasiado íntimo, pero podía soportarlo.     Entonces me di cuenta de que el vaso de mi bebida era bastante grande, estaba casi lleno y al beber noté que estaba muy fuerte.     ¡Maldita sea!

—¿Acaso estás tratando de emborracharme, hijo? …

—¡Oh, mamá, no! … ¡De ninguna manera! … Pero pensé que te ayudaría a dormir mejor …

—¿Estás seguro de que es sólo eso? …

—¡Por supuesto que sí! … Es fin de semana y mereces un reposo aliviado y extenso … Dormirás mejor, créeme … Ahora deja de decir boberías y déjame cepillar tu hermoso cabello …

Comenzó a cepillarme y debo admitir que me hizo sentir bien.     Pasó el cepillo desde mi sien por la parte superior de mi cabeza, hasta descender lentamente por mi espalda; suavizando lentamente los enredos.     Me cepillaba con una mano y acariciaba mis cabellos con la otra.     Esto se sentía como un masaje de relajación, se sentía muy cercano, lindo e íntimo.     Murmuré mis agradecimientos mientras disfrutaba de su esmerado y metódico sistema de cepillar mi cabello, pero de pronto se encendieron todas las alarmas.     Él se había deslizado con sus piernas alrededor de mí y ahora su ingle estaba casi tocando mi trasero y su pecho casi a contacto con mi espalda.

—¿Cómo vas a cepillarme bien si estás demasiado apegado a mí? …

Le reclamé.     Pero él no respondió, sólo pasó su mano libre por mi nuca y atrapó mis cabellos, dejándolos caer sobre mi hombro y mi seno izquierdo.      Extendió su brazo derecho alrededor de mi hombro opuesto y continuó cepillándome el cabello desde el hombro hacia abajo.     El cepillo recorrió la parte superior de mi pecho y mi pezón, mi boca se abrió como para dejar escapar un gemido, pero logré acallarlo.     Esto era algo inadecuado.     ¿Qué pretendía hacer este jovencito?, me pregunté algo alarmada y ligeramente excitada.     Mi marido me hacía algo parecido, porque sabía que eso me excitaba al máximo, pero ahora él no está.

 

 

Mí hijo bajó su mano libre mientras el cepillo se movía hacia arriba para el siguiente barrido.     La mano de él estaba sobre mi pecho y estaba segura de que podía palpar mi pezón y sentirlo como se endurecía, pero no daba señales de rendirse cuenta de ello.     El cepillo volvió a levantarse y comenzó todo de nuevo.     Su cálido aliento lo sentía en mi oreja y en el lado expuesto de mi cuello, cuando me fijé en el espejo, vi su mirada vidriosa de pura lujuria en su rostro.     También mis ojos estaban vidriosos y mi aliento agitado.     ¡Santo cielo!   ¿Qué está pasando?

 

 

Mi marido estaba ausente desde hace solo algunos días y ahora mi hijo me está acariciando.     Esta vez la mano libre de él permaneció sobre mi pecho izquierdo y sentí la exquisita presión de su mano contra mí pezón antes de atraparlo entre sus dedos e intentar de deslizarlo hacia abajo.     Pero esta vez no se detuvo al final de mis cabellos.     Su mano continuó bajando hasta tocar mi muslo, mientras el cepillo tiraba de mis cabellos a una posición entre el surco de mis senos.

 

 

Con su mano izquierda apoyada en la parte superior de mi muslo, dejó caer el cepillo sobre la alfombra y uso su mano derecha para alisar mis cabellos por el centro de mi pecho, pero esta vez sus dedos se enfilaron bajo la abertura de mi bata, enredados en mi cabello, posicionándose completamente sobre mi seno izquierdo.     Me quedé casi sin respiración, todavía tenía mi vaso medio lleno en mi mano, no sabía si botarlo sobre la alfombra o beberlo, terminé sorbetéando un poco y extendí mi mano para sacar la mano de Luca de mi pecho.     No me sentía ni siquiera con la fuerza necesaria como para reprenderlo.     Terminé haciendo lo contrario de mis deseos, o tal vez cumpliendo con mis deseos.     No pude empujar su mano, solo la sostuve allí y gemí cuando sus dedos pellizcaron mi pezón endurecido como roca.

 

 

Esto era increíble, lo estaba haciendo tal cual lo hacia mi marido, su padre y, me encantó.     Me sentí vulnerable y sin voluntad, totalmente incapacitada de proferir palabras o lo suficientemente inteligente para tomar una decisión.     Estaba completamente a merced de él y de las espléndidas sensaciones que me estaba haciendo sentir, así que lo dejé hacer.     Pero en mi cabeza seguía rondando el pensamiento de que si no reaccionaba, esto iba a terminar en un incesto total.     ¡Iba a dejar que mi propio hijo me follara hasta los sesos!

 

 

No encontré las fuerzas necesarias para detener todo esto.     Estaba abrumada por la calentura, ni siquiera el pánico que sentía dentro de mí, me dio la determinación necesaria para detener a Luca.     Y ahora su mano izquierda estaba desatando el nudo de mi bata, abriéndola para exponer mis gordas tetas al aire.     Comenzó a aplastar mis senos y a tironear delicadamente de mis pezones, luego me acariciaba hacia abajo, animando a mis piernas a separarse.     Me besaba y lamía mi sensible cuello y mordisqueaba mi oreja.     Y sin ninguna decisión consciente de mi parte, mis piernas se abrieron, el muro entre él y yo se había desmoronado.     Ahora sus dedos recorrían la abertura de mis piernas y pronto sentí sus dedos apartando mi labia vaginal, comenzando a sobajear ligeramente mi botoncito del placer.

—¡Oh, mami! … ¡Estás muy mojadita! … ¿Quieres que te folle? …

De mi boca salieron solo gemidos cuando él se deslizó detrás de mí y me hizo recostar sobre mi espalda con los pies sobre la alfombra.      De pronto su cabeza desapareció entre mis piernas, lo siguiente que supe, es que su lengua estaba empujando los hinchados y húmedos labios de mi coño, alcanzando a lamer mi clítoris en llamas.     Lo chupó ávidamente mientras deslizaba tres de sus dedos en mi vagina resbaladiza, moviéndolos dentro y fuera de mí.     ¡Santo cielo!     ¡Lo estaba haciendo igual que su padre!      ¿Es posible que mi marido le haya transmitido eso en sus genes?     Su otra mano estaba bajo mis nalgas levantándome mientras el se comía mi coño vorazmente, haciéndome gemir y empujar mi panocha contra su deliciosa boca.     Su obra de arte fue cuando separó mis glúteos y sus dedos se enfilaron en la estrechez de mi culo.     Ahora me follaba con ambas manos mis dos agujeros mientras su boca succionaba mi labia vaginal y su lengua azotaba mi clítoris.

—¡Umpf! … ¡Oh, Dios, Luca! … ¡Me voy a correr! … ¡Oh, cielo santo! … ¡Ahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Hmmmmmm! … ¡Aaahhhhh! … ¡Ooohh, Luuucaaa! …

Grite cuando me golpeo un poderoso orgasmo, apreté sus orejas entre mis muslos temblorosos y trate de escapar de su lengua bífida que se movía como un reptil en busca de mi clítoris entumecido de loco placer.

 

 

Me quedé extenuada y sin respiración.      Su cabeza estaba inmovilizada entre mis piernas y mis dedos enredados agarrando sus cabellos, no podía parar de refregar mí coño contra sus labios.     Pero todo no era felicidad porque una angustiosa sensación de vergüenza comenzó a colmar mi mente.     Ahora sentía culpa y vergüenza, ¿Qué carajo había hecho?     ¡Mi propio hijo me acababa de llevar al orgasmo más grandioso de mi vida!     ¿Cómo diablos había sucedido todo esto?     Pero no tuve el tiempo necesario para pensar ni recapacitar, porque Luca se deslizó sobre mi cuerpo presionando mis hinchados pezones, los pellizcaba y succionaba.     Cuando me beso pude sentir la fragancia y el aroma de mi coño en su boca.     Su lengua empujó y separó mis labios y pronto estábamos perdidos en la lujuria de un apasionado beso.     Era tan fuerte y delicioso lo que ahora estaba sintiendo con mi hijo que no tuve fuerzas para detener todo esto.     No sería justo para él y además, habíamos dado un primer paso, ¿Por qué no dar dos?     Sólo que en mi mente se hizo a la idea de no dejarlo que me follara.     Le iba a chupar la polla y hacerlo terminar en mi boca, pero mi coño no, nada de eso.     Cuando nos calmáramos del todo, nos íbamos a reír de la bizarra situación e íbamos a acordar que no lo volveríamos a hacer.     No habría nada más entre él y yo.     Al final soy su madre y él es mi hijo, ¿no?

 

 

Lo empujé sobre su espalda y bese su cuerpo de dios griego, dándome cuenta de que de alguna manera se había despojado de sus shorts y su remera.     Me agaché con la mano para agarrar ese trozo de masculinidad que se erguía fiero ante mis ojos, ¡Santo cielo!    ¡Qué maravilla!    ¡Qué grandeza!    ¿Qué pene más exquisito!    Mí marido tiene uno hermoso y grande de verdad, pero esto era mucho más que eso, esto era la perfección más maravillosa de la fiereza y magnificencia que un órgano masculino podía tener.     Largo cuanto basta, poco más veinte centímetros calculé; una cabezota a forma de hongo y un anillo que rodeaba toda la corona; la cabeza era lo suficiente ancha como para ser introducida en cualquier coño, pero luego se ensanchaba más y más, como una lata de cerveza.     Esa cosa iba a entrar fácilmente en mi panocha, pero luego la iba a ensanchar a su exquisita forma gruesa y venosa.     Su pene era un prodigio de la naturaleza y yo ya moría por sentirlo en mi boca.

 

 

La parte superior de su cabezota enorme comenzó a empaparse de líquido nacarado e inicié a lamerlo para luego deslizar mi boca completamente sobre su glande.     Mientras chupaba su hermosa polla, hice girar mi lengua alrededor del anillo de su corona y mi hijo inició a bombear su polla portentosa dentro y fuera de mi boca.

—¡Mami! … ¡Envuelve mi polla con tu hermoso cabello y luego chúpalo! …

Eso fue justamente lo que hice.     Me parecía algo surrealista, como en un sueño.     Lo mismo que amaba hacerle a mi marido y ahora mi hijo me pedía que le hiciera todas esas cosas.     Era como estar con su padre, me pareció una cosa un poco extraña, puesto que su padre estaba a miles de kilómetros de casa.     Pero lo único extraño era que le estaba haciendo una estupenda mamada a mi propio hijo.     Ahora mis cabellos envolvían el grueso tronco de su polla y lo masturbé con ellos, sin dejar escapar su cabezota de mi boca.     Estaba tan cachonda ahora que no habría podido decirle que no si él me giraba y me empalaba en su ariete de carne, pero me había hecho el propósito de no dejarlo follarme, así que postergué el todo para cuando estuviera a solas con mi consolador.

—¡Mami! … ¡Recuéstate! …

Él estaba al comando ahora y yo obedecía, tal como su padre, me dominaba en el lecho matrimonial.     Pasivamente me recosté y él se montó a horcajadas sobre mi vientre, poniendo su gruesa polla entre mis pesados senos.     Su padre solía hacer lo mismo, así que apreté mis tetas alrededor de su polla y él comenzó a follarlas.     Levanté ligeramente mi cuello hasta alcanzar la punta de su polla con mi boca y él me penetró, inmediatamente cerré mis labios alrededor de su polla que ahora era toda mía y para mi placer.      Su respiración se agitó y comenzó a gruñir cada vez que empujaba su polla hasta mi garganta.     Masturbé su tronco con una mano y con la otra acaricie sus pesadas bolas, Luca comenzó a aumentar la velocidad de sus movimientos y folló mi boca cada vez más rápido.

 

 

Sentí que sus piernas se entiesaban y hubo un estremecimiento en él, luego su polla explotó y comenzó a llenar mi boca con su natilla caliente y pegajosa.     Tragué saliva junto a su néctar, pero la carga era demasiada que se derramó un poco por la juntura de mis labios.     Él continuó empujando su polla dentro de mi boca mientras sus chorros se debilitaban, luego su pene comenzó a ablandarse y se deslizó fuera de mi boca.     Luca se dejó caer a mi lado y me atrajo hacia él, entonces me pregunté cuántos de los deseos sexuales de mi marido habían sido transmitidos en los genes de mi hijo y decidí comprobarlo.      Cuando el me besó, forcé mi lengua en su boca y le traspasé un poco de su semen que aún tenía en mi boca.

 

 

¡Santo demonio!, Luca me beso ardientemente y devoró su propio semen, igual como lo hace su padre y esto me pareció demasiada coincidencia, después me sorprendió aún más cuando lamió los restos de su esperma que había en mi barbilla, lamió mi garganta y continuó a lengüetear lo que había entre mis senos.     Estar en la cama con mi hijo era como estar con su padre, después de lamiscar entre mis tetas, se puso de cabeza a succionar mis pezones.     No podía creerlo.     ¡Él quería más!     Su mano izquierda estaba otra vez sobre mi panocha y sus dedos separaban mi labia y restregaban mi botoncito del placer.

—¡Oh, no, Luca! … ¡Detente! … No podemos hacer nada más …

—No digas nada mamá … Tú lo quieres y yo también … Y va a suceder …

Me dio miedo y traté de apartarlo de mí, pero él cogió uno de mis pezones y lo mordió delicadamente haciéndome jadear en una mezcla de dolor y placer.

—¡No, Luca, por favor! … ¡No me hagas esto! … ¡No a tu madre! …

Él me ignoró y comenzó a subirse encima de mí.     Usando una de sus rodillas separó mis piernas, sostuvo mis brazos sobre mi cabeza.     Sus ojos estaban vidriosos de lujuria.     Intenté con todas mis fuerzas de quitármelo de encima, luchando por liberar mis brazos y tratando de volver a juntar mis piernas para alejar su polla de mi ingle, pero él era demasiado fuerte para mí.     Miré hacia abajo y horrorizada vi que su polla estaba otra vez dura como palo.     Había tenido dos orgasmos en las última hora y ahí estaba otra vez listo para volver a descargarse.      Era increíble su resistencia, pero yo no iba a cejar de resistir.

—¡Mami! … Te daré una follada mejor que la de cualquier consolador …

¡Oh!, ahora estaba cierta de que me había estado fisgoneando.     Él me forzaba con las piernas abiertas e intentaba empujar su polla hacia mi coño, y me la estaba ganando.     Mis piernas poco a poco comenzaban a separarse cansadas de tanto esfuerzo y su polla casi se apoyaba encima de mi labios hinchados, empujando más allá.      Hasta cuando lo sentí penetrándome.     ¡Guau!    ¡Tamaña sorpresa!      Casi dejo de respirar y se me escapó un suspiro no sé si de angustia o sorpresa, al parecer Luca pretendió que este era un estimulo para que el prosiguiera y empujó con vehemencia su polla que comenzó a colmar todos mis espacios y recovecos.      ¡Santo cielo!    ¡Esto era el paraíso!    Su aerodinámica cabezota se incrustó en mí y su tronco venoso acarició cada unos de mis pliegues resbaladizos.      La polla de mi hijo no se detuvo hasta llegar a mi matriz, entonces mi rendición fue total e inescrupulosamente abrí ampliamente mis piernas para envolver su torso con mis muslos.     Luca soltó mis brazos y yo los pasé por debajo de sus axilas para aferrarme firmemente a sus hombros.     Él inició un lento mete y saca para hacer que mi panocha se adecuara a su robusto arnés que me tenía empalada totalmente y respirando cortito, pero nunca abandonó el fondo de mi vagina.     Estaba profundamente enterrado en mí.     Cuando sus fornidos pectorales aplastaron mis tetas duras y ganosas, supe que esto era lo que yo quería y él tenía razón al decirlo.

 

 

Ahora estábamos fusionados el uno en el otro, su gruesa polla se deslizaba fácilmente en mi túnel del placer estirando cada doblez de mi fruncido coño, el roce de su pelvis contra mi clítoris me tenía a punto de explotar.     Podía sentir la carnosidad de su pene en mi delicadas carnes, su textura venosa, su tibieza, sus pulsaciones.      Ya mi coño no ofrecía ninguna resistencia a su hombría y nos transformamos solo en un hombre y una mujer sedientos de lujuria y placer.      Luego sorpresivamente se detuvo retirando su pene casi por completo de mi vagina, solo su cabezota se mantenía en la húmeda y resbaladiza entrada de mi panocha.      Mi corazón también casi se paralizó.     Estaba abrazada a su musculoso cuerpo, amarrándolo con mis piernas y de repente él dejo de moverse.

—¡Oh, Luca, por favor! … ¿Por qué te detienes ahora? …

Gemí desesperada tratando de que él volviera a penetrarme y colmara el vacío que me hacía sentir, pero el muy bastardo lo sacó del todo y se alejó.

—¿Qué? …

Preguntó calmadamente y con una mirada inocente en su sudado rostro enrojecido por la lujuria.

—¿Qué quieres, mamá? …

Sin poder retenerme, espeté:

—¡Cielo santo! … ¡Quiero tu polla! … ¡Quiero que me folles rico! … ¡Hazme gozar, Luca! …

Dije todo de corrido perdida en un universo de excitación y lujuria.     Tabú, incesto, sexo prohibido; todas esas palabras giraron por mi mente, pero ya nada me importaba, todo lo que quería era su polla y que él me follara hasta los sesos.

 

 

El infame zagal no me penetró de inmediato.     Restregó su gruesa polla sobre mi labia vaginal, como si no supiera o no pudiera encontrar la entrada de mi vagina.     Su grueso tronco se restregó encima de mis labios enrojecidos e hinchados, obligándome a mover mi ingle y abrir más mis piernas para que su polla encontrara mi agujero.

—¡Aaaaaaaaahhhh! …

Grité de alegría cuando se enfiló en mi humedal.     Mis dientes rechinaron y me apreté a su cuerpo, esta vez no iba a dejar que su polla escapara de mi ganosa y ansiosa abertura.     Me folló rico por un tiempo sin tiempo.     Estaba profundamente enterrado en mí haciendo vibrar mi clítoris con cada empellón.     Y luego… ¡Oh, no!  Volvió a sacarlo, pero antes de que pudiera protestar, Luca me hizo girar sobre mi lado izquierdo, aferró mi pierna derecha y la levantó hasta su hombro, montó mi pierna izquierda con sus rodillas bien separadas, entonces su polla se hundió profundamente en mi panocha, su embestida me hizo arquear mi espalda y meter mi agujero en un ángulo donde su polla pareció atravesar todo mi vientre.     Sus dedos se posicionaron sobre mi clítoris y comenzó a frotarme justo ahí.      ¡Dios mío!     ¡Esto era el paraíso!     La sensación fue increíble.     Cada vez más profundo, casi rozando mi útero.     Luca embestía mi coño con rápidos golpes y yo enterraba mis uñas en la almohada, casi cubriendo mi boca para acallar mis chillidos lujuriosos.     Su polla me estaba llevando al cielo.

 

 

De pronto volvió a retirarse, ¿Pero que le pasa a este muchacho?, pensé.     ¿Acaso me quiere hacer enloquecer?     Gemí en señal de protesta cuando me hizo girar sobre mi vientre y tirando de mi caderas, empujó dos almohadas bajo mi estómago.     Le supliqué que volviera a meterme su polla, pero se ubicó entre mis piernas y las abrió, sus manos apartaron mis nalgas y su lengua lamió la estrecha estrellita de mi ano.     Esto es lo que hacía mi marido para prepararme al sexo anal y casi no podía creer que mi hijo repitiera los movimientos de su padre casi calcados.     Pensando a su gruesa polla, volví a suplicarle:

—¡Oh, no, Luca! … ¡Te quiero en mi coño! … ¡Folla mi coño otra vez, por favor! …

—Si no te callas, madre querida … Me iré y no haré nada más … ¿Quieres mi polla en tu coño otra vez? …

—¡Oh, sí! … ¡Dámela toda, por favor! …

—Entonces sé una buena chica y pronto llenaré tu coño otra vez … Pero ahora déjame hacer, ¿vale? …

Y con eso volvió a lamer mi estrecho agujero estriado, ahora sentía su lengua empujando mi agujero diminuto y lo único que se me ocurrió hacer, fue poner mis manos en mis nalgas y abrir mi trasero para que él tuviera un mejor acceso.     Usó su lengua como una pequeña polla y ensalivó mi trasero lo más que pudo.     Me sentí tan jodidamente cachonda que empujé contra su lengua haciendo círculos con mí pequeño culo.     Repentinamente se detuvo y se encaramó por el costado de mi cuerpo, hizo de aparte un puñado de mis cabellos y me metió su polla en mi boca.

—Más te conviene que lo mojes bien, mamá …

Ordenó y yo obedecí de buena gana.     Regresó a mi trasero e inmediatamente sentí la enorme cabezota entre mis glúteos empujando mi anillo anal.     Sabía que me iba a doler, su polla era demasiado gruesa, así que mordí la almohada.     Hubo un momento que creí morir, luego venció mi esfínter y entró.     Comenzando un lento descenso en mi profundidad anal, sentí como mi ano apretaba su polla intrusa y grité, pero no fue de dolor, sino de alegría por sentir a mi bebé follando mi estrecho culo, al principio pensé que iba a ser una tortura, pero su saliva y la mía habían hecho que mi orificio estuviera bien lubricado.     Se movía dentro y fuera de mi culo, su polla ahora no tenía ninguna oposición de mi parte, solo abrí mis piernas para recibirlo cómodamente y disfruté de su follada.

—¡Joder, mami! … ¡Eres la mejor! … ¡Que hermoso y apretado que es tu culo! … ¡Puedo ver mi verga deslizándose dentro y fuera de tu ano, ¿sabes? …

—¡Oh, sí, bebé! … ¡Fóllame más fuerte! … ¡Vamos, Luca! … ¡Haz que me corra con tu polla en mi culo! … ¡Fóllame rico, cariño! …

Sus embestidas se hicieron más intensas y rápidas, escuché su jadear y gemidos cada vez más fuertes a medida que se avecinaba a su clímax.     Se apartó de mí un poco bruscamente, me hizo rodar sobre mi espalda y se sentó a horcajadas sobre mi pecho.     ¡Oh, no!    No creo que vaya a hacer que le chupe la polla apenas salida de mi culo, ¿no?      Pero eso fue exactamente lo que hizo y no hice ninguna protesta cuando recibí su gorda polla en mi boca; solo la abrí bien para recibirla toda enterita, inclinándome para favorecer la introducción de su verga entre mis labios.     Lo vi agarrarse su pene con una mano y masturbarse con fuerza; su mano libre aferró mi nuca y la empujó en sentido contrario haciendo llegar su polla en lo profundo de mi garganta.     Sentí que sus piernas se ponían tiesas y supe que estaba a punto de correrse.     Sacó abruptamente su polla de mi boca al tiempo que me decía:

—No cierres la boca y saca tu lengua … Quiero ver esto …

Hice tal como me ordenó y vi la grietecita de su cabezota inflarse y disparar el primer chorro de denso semen dentro de mi boca y en parte sobre mi lengua.     Una vez más me sorprendió la copiosa cantidad de su potente flujo seminal, logré mantener el ritmo y tragué casi todo.     Luca no se cansaba de disparar los densos filamentos de esperma en mi lengua y pude saborear solo algo de eso antes de tragarlo todo.     Esto era nuevo para mí, mi marido nunca me metió su polla en la boca después del sexo anal, me pareció cachondo y mi curiosidad por la diferencia desapareció y me aboqué a chuparlo y a lamerlo.

 

 

Su pene un poco blandengue, todavía llenaba mi boca.     Finalmente, lo sacó y se deslizó a mi costado para besarme.     Metió su lengua en mi boca como buscando los restos de semen adheridos a mis encías.      Hurgueteo en mi boca cuanto quiso, luego me atrajo hacia él y yo apoyé mi cabeza en su pecho.     Acarició mi cabeza alisando mi cabello sobre sus pectorales.     Mi mano voló a aferrar su pene mientras él masajeaba mi cabeza, mi marido hacía exactamente lo mismo.     Sólo que la polla de Luca pronto comenzó a endurecerse otra vez, ¡Este chico es increíble e insaciable!     Tal vez eso es un poquito de mis propios genes.      Me enderecé un poco y apoyé mi cabeza sobre la almohada, quedamos frente a frente mirándonos a los ojos.

—Eso fue algo muy hermoso, mamá … —Susurró.

—Sí, lo fue … Pero estuvo muy mal … ¡No puedo creer que te haya dejado hacer todo eso! …

—Lo siento por haberte espiado, mamá … No fue intencional, pero cuándo regresé pude escucharte y me alegré pensando en que después de todo papá no se había ido … Pero cuando me asome a la rendija de tu puerta no cerrada del todo … Me quedé cautivado y alucinado … Te veías tan sexy usando ese grande consolador, mami … O habrías preferido mi polla, di la verdad …

—Por supuesto que no, Luca … Disfrutaba pensando en tu padre … No olvides que soy tu madre … Esto que hemos hecho es un delito … Es incesto, por si no lo sabes …

—¿Y que más da? … Papá estará fuera por un largo tiempo y tu necesitas sexo … ¿No es mejor que lo hagas conmigo en vez de encontrar a algún idiota quien sabe dónde? …

—¡¡Pero, Luca!! … ¿Cómo te atreves a decir eso? … ¡Jamás traicionaría a tu padre! …

—¡Ah!, ¿no? … ¡Pero si acabas de hacerlo! …

En cierto modo él tenía razón, pero yo estaba demasiado confundida como para discutir.     Para cambiar de tema, le hice una pregunta que rondaba por mi cabeza:

—Luca … Me hiciste todo lo que me hace tu papá … Me pediste que te hiciera todas las coas que tu padre ama que yo le haga … Esto no puede ser una mera coincidencia, ¿verdad? …

Me dio una mirada enigmática y sonrió, pero no dijo nada.     Esto me puso nerviosa y me hizo intrigar aún más.

—¡No sonrías cómo un idiota! … ¿Tienes algo que decirme? …

No podía pensar ni siquiera remotamente que mi marido lo haya puesto al tanto de nuestras relaciones sexuales.     No, él nunca hubiera hecho algo así.     Luca estaba siendo arrogante y fingía de saber y entender cosas que se habían dado solo por casualidad.     Pero me resultaba muy difícil aceptar que todo esto fuera algo incidental y curiosamente circunstancial.

—¡Ehm! … Deberías preguntarle eso a Loredana …

Dijo con una sonrisa que me hizo ponerme más nerviosa.

—¿Y que carajo tiene que ver Loredana con esto? …

Me estaba enojando, ya que no veía ningún nexo entre mi hija y lo que acabábamos de cometer.

—Si te comportas como una buena chica, tal vez te lo diga, mamá …

Luca se estaba volviendo demasiado presumido para mi gusto.     Bueno, tal vez no sea solo culpa suya.     Acababa de follar a su madre, me había hecho el coño y el culo.    Había hecho que se lo mamara dos veces; me había hecho tocar el cielo otras tantas.      ¡Pero debía haber límites!     Mientras todo esto giraba por mi mente, me di cuenta de que estaba siendo hipócrita.     ¿Cómo podría criticarlo después de lo que acabábamos de hacer?     La enormidad de mi comportamiento me cayó encima y me di cuenta de que la relación entre mi hijo y yo había cambiado para siempre.     Nunca más él volvería a ser mi dulce e inocente niño.      Nunca más yo sería su dulce y protectora madre.     Ahora éramos un hombre y una mujer.     Yo era una conquista y él era mi amante.     No sé si era la primera en su vida, pero estaba segura de que no iba a ser la última.     ¿Podría rechazarlo la próxima vez que viniera a mí?     ¿Podría persuadirlo de lo imposible que podía ser nuestra relación?     ¿Podía seguir follando con él por otros cuatro meses mientras su papá no esté?     En mi mente tenía la respuesta y no estaba ni sorprendida ni impresionada cuando la única forma de desarrollar esto, mi cuerpo me lo estaba dictando y me impelía a ello, mi cuerpo quería su formidable polla.     ¡Dios, santísimo!    ¡Qué demonios están saliendo desde esta caja de Pandora que acabo de abrir!

 

 

Me sentí en culpa y bastante desesperada.     La momentánea confusión me hizo alejarme de él y mientras escondía mi rostro en medio a mis mechas despeinadas, enterré mi cara en la almohada y algunas lágrimas brotaron espontáneamente de mis ojos.     Mi cuerpo entero se estremeció en un sollozo turbador y convulsivo.

—¿Qué pasa, mamá? … ¡Pensé que estabas disfrutando! …

Pobre niño mío, no se daba cuenta de que precisamente por lo que habíamos hecho, que era una cosa abominable y aborrecible, es por lo que sentía mi alma destrozada y perdida en el pecado.     Sí hubiera demostrado ser del tipo inocente y de probada ineptitud sexual, lo normal en un chico adolescente a sus primeras armas; nunca lo habría dejado llegar tan lejos.      Pero la mayor de edad era yo, por ende la responsabilidad caía toda sobre mí.     La culpa, la vergüenza y las consecuencias eran todas mías.

—¡Lo siento, Luca! … ¡Nunca podré perdonarme lo que te acabo de hacer! …

—¿Qué me hiciste, mami? … ¿Qué hay con lo que yo te hice? … Yo te seduje, mamá y no al revés …

—Tal vez … Pero yo debí detenerte y no dejar que eso sucediera …

Luca se acurrucó detrás de mí a cucharitas, tal como le gustaba hacer a mi marido.     Podía sentir su polla tiesa y dura en la hendidura de mis nalgas.     Estaba increíblemente dura, ¡Por Dios, qué energía la de este muchachito!

—¡Luca! … ¿Me puedes decir qué carajo estas haciendo? … —Lo dije en un tono de enojo.

—¡Mami! … ¿Cómo es que dices palabrotas delante de mí? …

—¡Ehm! … ¡Bueno! … ¡Sí! … ¡Han sucedido muchas coas esta noche! … ¡Ahora déjame en paz! … ¡Vete a tu habitación! … ¡Ya hablaremos mañana por la mañana! …

—¡Oh! … Pensé que querías saber cómo es que yo sabía lo que te gustaba y lo que te pedía que me hicieras … ¿No es eso lo que querías? …

—¡Vete a la mierda, Luca! … ¡Estás mintiendo! … ¡Sé que te estás inventando todo! …

—¿En serio? … ¿Cómo crees que me enteré de que te gusta tanto estar a cucharitas? … ¡Tal como estamos tú y yo ahora! …

Me quedé estupefacta.     Estas eran demasiadas coincidencias.     Mi marido debe haberle dicho todo a nuestro hijo Luca.     No lo podía creer.     El muy bastardo de mi esposo.     Solo para impresionar a nuestro hijo, le había dicho todo sobre nuestra intimidad.     Estaba furiosa.

—¿Y bien, mami? … —Insistió Luca.

—¡Está bien, sabiondo! … ¡Dímelo todo! …

Le dije un tanto displicente, para hacerle ver que no daba importancia a lo que tuviera que decirme.

—¡Ehm! … Puede que te lo diga, ¿sabes? … Pero tendrás que darme algo a cambio … Quiero volver a follarte, mamá …

Eran ya varios los minutos que él me estaba haciendo sentir su gordota y dura polla en medio a mis nalgas y, aunque estaba decidida a no ceder ante su chantaje.     Sabía que incluso sí podía resistirme a su falo rígido, él era mucho más fuerte que yo y podría violarme con cierta facilidad, y sí me hacia sentir su polla dentro otra vez, mi coño se iba a rendir y derretir en la exquisita sensación.     Pero debía intentarlo.

—¡Sí me lo dices, podrás follarme! … ¡Vamos, dímelo ya! …

Me rodeó el cuerpo e intentó tocar mi conchita, pero lo frustré levantando las rodillas.

—¡Gracias, mami! …

No me di cuenta de que al levantar mis rodillas, la hendedura de mi mojada panocha venía expuesta a la punta de su dura polla.     Sentí escalofríos cuando la punta de su pene se introdujo entre los labios de mi vagina, mi cuerpo me traicionó y mis jugos comenzaron a fluir, facilitándole la penetración.     Una vez más me sorprendió lo hinchada y dura que estaba su polla, estiró las paredes de mi coño mientras entraba contra mi exigua voluntad.

—¿Estás segura de que quieres saberlo, mami? … ¿De verdad quieres que te lo diga? …

—¡Ay! … ¡Pequeño idiota! … Me estás violando, ¿sabes? …

Le reclamé tratando de ocultar mi gemido.

—¡Oh, bueno! …

Dijo apartándose de mí.     Luché contra la tentación de rogarle que volviera a metérmelo, cuando lo sentí empujar violentamente contra mi culo, penetrándome profundamente.

—¡Ayayay! … ¡Estúpido! … ¡Eso duele! … ¡Por favor, Luca! …

—¡Por qué no me dices donde lo quieres, mamá! …

—¡Lo prefiero en mi coño, cabrón! … ¡Fóllame el coño! …

Y eso fue lo que hizo.     Me dolió, pero no dije nada porque me sorprendió y me asustó la intensidad con que empezó a follarme.     Muy pronto estaba gimiendo enloquecida de placer.     Miré por encima de mi hombro y estiré mi lengua, entonces él me besó apasionadamente y compartimos nuestro desenfreno y lujuria.     Tenía que admitirlo, él muy cabrón sabía muy bien cómo follarme.     Cuando nos apartamos del beso, me miró a los ojos y me dijo:

—Sabía como follarte porque Loredana me lo dijo …

—Y, ¿cómo mierda Loredana supo eso? … Y, ¿cómo es que te lo dijo? …

Logre decir entre cachondos gemidos de lujuria.     Su polla otra vez estaba enterrada estimulando mi matriz y me parecía mucho más grande que antes.

—Me lo dijo porque hace más de un año que ella y yo follamos …

—¿¿Queee?? …

Exclamé atónita, pero mi cuerpo no dejó de experimentar las ricas sensaciones que la polla de él me hacía sentir y sentí también que estaba a punto de explotar en otro delicioso orgasmo.     Él pareció darse cuenta, porque bajó su mano entre mis piernas y comenzó a frotar mi clítoris juguetonamente.

—¡Chúpate tu pezón, mami! … ¡Chúpatelo como cuando te follabas con el consolador! …

Sin poder resistir, obedecí descontroladamente y me llevé mi teta a mi boca para chupar ávidamente mi duro pezón, mordiéndolo entre mis dientes y estimulándolo con mi lengua.     ¡Juro que vi estrellitas multicolores!     Sabía que jamás iba a poder renunciar a esto, era demasiado intenso.      Siempre iba a querer más de estas formidables sensaciones.     Y ahora sabía que mi hijo había aprendido sus habilidades amatorias al tener relaciones sexuales con su propia hermana, mi hija, esto me hizo sentir todavía más cachonda.     Pero todavía había dudas e interrogantes al respecto.

—¡Ahhhhhh! … ¿Y cómo es que Loredana sabía de eso? … ¡Umpf! … ¡Uhhhhhh! …

Pregunté jadeando y respirando irregularmente.     Lo sentí que apresó mis senos en sus manos y me tiró enérgicamente contra él, respirando en forma entrecortada y muy agitada, él estaba a punto de correrse en mi coño.     ¡Oh, Dios!

—¡Oh, mami! … ¡Oh, mami! … ¡Me voy a correr, mamá! … ¡Maaamááá! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaaahhhhhh! …

Y verdaderamente pude sentir sus densos chorros llenándome con su crema candente.     Nunca me había sentido tan completa, sin embargo, al mismo tiempo estaba en un estado de confusión absoluta.      Todavía no tomaba el peso de lo que me había dicho sobre él y Loredana.     Todavía él se estaba moviendo con su polla caliente dentro de mi coño, cuando le pregunté:

—¿Me puedes decir como es que Loredana se habría enterado de todo esto? …

Tenía que saberlo de su boca, no me podía quedar con esta incógnita clavada como una espina en mi alma.      Dejé de respirar cuando entre bufidos y resoplidos y gruñidos, me dijo:

—Porqué papá lleva unos dos años follando a Loredana y él le ha enseñado lo que le gusta hacer contigo … Eso …

—¡¡Gulp!! …

 

(Continuará …)

 

 

 

***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****

 

 

 

El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias.  Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!

 

 

 

[email protected]

 

5 Lecturas/27 junio, 2026/0 Comentarios/por Juan Alberto
Etiquetas: anal, colegio, hermana, incesto, madre, mayor, padre, sexo
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