madres descubiertas y chantajeada 1
un chico descubre a su madre y a la madre de su mejor amigo haciendo cosas inapropiadas con un repartidor, toma fotos y las chantajea para cumplir sus más pervertidos deseos .
Capitulo 1.
Carlos un chico de trece años, caminaba con el corazón palpitante, sintiendo la adrenalina de la excitación que sentía por lo que estaba a punto de hacer. Había decidido faltar a clase para cumplir su misión: espiar a su madre y a la madre de su mejor amigo. Él sabía perfectamente que, a esa hora, ambas compartían una sesión de ejercicio en la sala de su casa, y que siempre lo hacían en un estado de desnudez total.
Al llegar, se deslizó casi sin hacer ruido hacia la ventana principal. Al asomarse, el paisaje era perfecto. Allí estaban ellas. Su madre, una mujer latina de piel morena clara y ojos oscuros, se movía con gracia; sus tetas medianas y firmes, con pezones grandes, oscuros y prominentes, subían y bajaban con cada estiramiento. Sus piernas gruesas y torneadas sostenían un hermoso culo grande, redondo y perfectamente esculpido. A su lado, la madre de su mejor amigo resaltaba por su piel blanca y su melena rubia. Sus pechos eran enormes, con pezones rosados que sobresalían saltones como chupones de biberón, y poseía un culo monumental y delicioso, redondo y firme que parecía desafiar la gravedad.
De pronto, un fuerte *¡Toc, toc!* interrumpió el momento. Un repartidor estaba en la puerta.
Carlos contuvo el aliento mientras veía cómo ambas mujeres riendo con complicidad entre ellas, abrían la puerta sin la menor vergüenza, dejando que sus cuerpos desnudos quedaran expuestos de inmediato. El repartidor se quedó impresionado por lo que veían sus ojos, una mirada pervertida se reflejaba en su rostro, las mujeres lo invitaron a pasar, él entró, y en lugar de entregar el paquete y simplemente retirarse, las mujeres lo invitaron a participar.
—¡Pasa, aprovecha y siente el calor! —parecieron decir con la mirada.
El hombre, cautivado, no pudo detener sus manos que parecían moverse por voluntad propia, comenzó a recorrer sus cuerpos. Sus manos recorrieron las curvas de los pechos de ambas mujeres, recorrieron la firmeza de sus glúteos y subieron por sus piernas torneadas. Carlos, con los ojos bien abiertos, sacaba su celular rápidamente, capturando cada segundo de la escena: el repartidor acariciando la piel de su madre y el contraste de la piel blanca de la otra mujer bajo sus dedos.
Tras unos minutos de caricias intensas y el roce de las pieles, las mujeres le dijeron que ya era suficiente y debía irse, el repartidor con una clara mirada de desceipcion dio las gracias a las mujeres y se retiró, dejando a las dos mujeres aún en su estado natural.
—Voy a darme un largo baño —anunció su madre a su amiga, estirando sus brazos.
Antes de irse, la madre de su amigo se acercó y le dio un beso en los labios. La madre de Carlos se dirigió hacia la escalera, dejando que su culo redondo se balanceara con cada paso.
Mientras la madre de Carlos subía y se encerraba en el baño, la madre de su amigo se quedó en la sala. En lugar de buscar una toalla o vestirse, se recostó en el sofá, dejando que su cuerpo desnudo se relajara, mientras se concentraba en revisar las notificaciones de su celular, manteniendo la mirada fija en la pantalla mientras el brillo de la pantalla resaltaba sus pechos y su abdomen.
Carlos, desde afuera, seguía observando, disfrutando la vista, sabiendo que el espectáculo apenas estaba comenzando porque una idea perversa había llegado a su mente.
Él, su amigo Juan hijo de aquella mujer y otros dos amigos, habían hablado por meses sobre cuanto deseaban a sus madres, esos cuerpos espectaculares y también a las hermanas de los otros dos amigos, habían hablado de fantasías perversas donde ellos las violaban, y ahora parecía tener la mejor oportunidad que podría tener en su vida para poder hacer realidad sus más perversos deseos.

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