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Heterosexual, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

Me enamoré del padre de mi amiga

La ropa cayó de la cama y pronto estaba acostada desnuda bocarriba en el colchon, con las piernas abiertas y con el cuerpo de un hombre negro encima mio. Mis manos arañando su espalda mientras sentía sus besos mimosos en mi piel. —Tan tierna. Llena de vida. Mi dulce flor..

El señor Mickerson era un hombre alto y músculoso de piel negra.

Su semblante apacible con ese encanto adulto me atrapó desde el primer momento que lo ví.

Mi amiga incluso bromeaba de que me había enamorado a primera vista.

Si no estuviera anonada por su belleza, habría dicho que talvez había pasado.

A mis doce años era muy precoz, disfrutaba masturbarme con mis dedos y gemir en la noche.

Mi cuerpo de niña era blanco y regordete, con mejillas hinchadas y cabello liso de color azabache. Mis ojos cafés eran claros y mis labios rosas eran mi mayor orgullo. Era considerada alta entre mis amigas y ligeramente voluptuosa, lo suficiente para ser atractiva para algunos chicos de mi edad.

Nunca conocí a mi padre. Solo a mi mamá.

Mi madre trabaja de turno de noche, dejándome sola, lo que me permitía disfrutar de mis veladas sexualmente estimulantes.

Al inicio me masturbaba pensando en chicos de mi edad. Atleticos y guapos. Pero desde que visité a mi amica Sugar y conocí a su padre Rich. Mis fantasias sexuales pasaron a ser de ese hombre.

Era un adulto de 29 años, viudo. La madre de Sugar murió al dar a luz a su hija. Sugar tiene mi misma edad y sus padres la tuvieron a los 17 años.

Rich cuidó de ella todo ese tiempo y no volvió a casarse.

Me parecía raro que siendo un hombre joven, no tuviera interés en el matrimonio de nuevo, pero al ver cono era él con su hija, lo entendí.

El señor Mickerson era el padre más amoroso y atento que habia conocido nunca.

Sus ojos negros brillaban al ver a su hija y la colmaba de besos en la cara cuando entramos a su casa la primera vez que llegué.

Su semblante varonil era encantador. Midiendo 1,80 y de figura corpulenta. Sus músculos se acentuaban bien en su ropa y su vello facial estaba bien recortado en una barba y bigote negros.

Su cabello estaba sujeto en rastas y llevaba un piercing en el labio.

Sin embargo, su vestimenta siempre era formal. Usando pantalones de vestir, camisetas de salir, zapatos negros y con su cinturon con hebilla en forma de toro.

Bajo aquel semblante de hombre formado, se escondía un padre profundamente cariñoso.

Mi amiga estaba acostumbrada a sus mimos y solo me miró con una sonrisa apenada.

—Papá. Ella es mi amiga, Gaby. Gaby, mi padre, Rich.

El hombre me observó y me sentí embriagada en su mirada.

Aquellos ojos negros parecían absorberme en una oscuridad reconfortante.

Como la caricia que mi cuerpo deseaba tener.

El contacto íntimo con un hombre.

Rich frunció sus cejas y me sonrió. Sus ojos negros brillando en una luz que había notado algo raro en mí.

Sonreí por reflejo y mi amiga me codeó.

—Si sigues mirandolo así pensaré que te has enamorado a primera vista de mi padre.

Desvíe la mirada apenada y escuché la risa ronca de su papá.

—Vayan al cuarto y pasenla bien. Les traeré comida en un rato.

—Gracia, Papi —Sugar se puso de puntillas y besó la mejilla de su padre.

El hombre sonrió encantado y tomó el rostro de su hija para besar su mejilla también.

Al ver esos labios tocar la piel de Sugar, sentí un hormigueo en la misma zona del beso.

«Yo tambien quiero que me bese», pensé.

Una vez en el cuarto, dejé de estar tan distraída y empecé a charlar con Sugar sobre la escuela y nuestros compañeros de clase.

A los minutos llegó su padre con una bandeja de galletas y jugo.

La dejó en la mesa de dormir al lado de la cama y nos miró a ambas antes de despedirse.

Sintiendo sus ojos observarme, el deseo en mi cuerpo se hizo más grande.

Ese día solo estuve una hora con Sugar y luego me fui.

Mientras salía del cuarto de mi amiga y me iba sola a la puerta de entrada, el señor Mickerson se topó conmigo en la sala de estar.

—¿Ya te vas, Gaby?

Sonreí y asentí.

—Sí, señor.

Sus ojos negros me observaron con atención.

—Puedes llamarme Rich, tengo 29 años. No soy tan viejo para que me llamen señor.

Hice caso y hablé de nuevo.

—De acuerdo. Nos vemos, Rich.

Una sonrisa sincera surgió en los labios del hombre y le vi acariciar mi cabeza con ternura.

Me sonrojé por el tacto y no me aparté.

Acariciando mi cabello por varios minutos, la mirada brillante del señor Mickerson se acentuo en una bruma luminosa.

—Eres una buena chica, Gaby.

Asentí con la cabeza y el señor Mickerson me dejó ir.

Senti su mirada en mi espalda, mientras salia por la puerta, y al darme la vuelta para cerrar la puerta, le vi entrecerrar la mirada.

En ese momento, ignoré la silueta desnuda de mi amiga Sugar pasando de su cuarto al de su padre.

Los siguientes días, me la pasé soñando con el señor Rich, deseando entre mis placeres, que me llenará con su cuerpo varonil.

Además, cuando mi amiga me invitaba a su casa, me daba el lujo de charlar con su padre y conocerlo más.

Poco a poco, me sentía más enamorada de él.

Y no podía evitarlo, al inicio me saludaba con unas cuantas palabras de bienvenida.

Pero luego empezó a acariciar mi cabeza al verme.

Sugar no decía nada y parecía feliz de que su padre me tomara cariño.

Con el tiempo sus caricias en la cabeza pasaron a mis hombros e incluso empezó a abrazarme al verme.

Sus ojos negros se llenaban de ternura con mi llegada y por un momento me llegué a sentir como si fuera su hija.

Un creciente anhelo de que el señor Mickerson fuera mi padre surgió en mi corazón.

Una semana después, volví a casa de mi amiga, esta vez el señor Rich estaba con otro hombre, uno más joven que él.

Ambos adultos nos miraron al entrar y saludaron.

Mi amiga recibió los mimos de su padre y luego saltó a los brazos del otro hombre.

—Pasa, Gaby. El es Dylan, mi sobrino.

Saludé con un gesto de mi brazo.

El señor Rich me tomó de las manos y me llevó a sentarme a su regazo.

Me sonroje mientras sentía sus brazos rodearme y besar mi cabello con cariño.

—No seas tímida, Gaby. Llevas tiempo viniendo a la casa. Ya te considero de la familia.

Sonreí feliz y le miré con ilusión.

El señor Rich me devolvió la mirada con aquel encanto que tenía en sus ojos negros.

Su mano gruesa y grande, acariciando mis brazos .

—Papá. ¿Por qué no le das a Gaby el regalo que le compramos ayer? Yo me quedaré con mi primo mientras van.

El señor Mickerson se rió y se levantó conmigo en brazos.

Me agarré a sus hombros con mi cara cerca de su cuello grueso.

Su aroma a colonia inundó mis fosas nasales en un encanto reconfortante.

—Gracias por acordarme, hija. ¿Quieres ver el regalo que te compramos, Gaby? Espero que no te niegues.

Tímida y con la cara roja, asentí mirando al hombre que me llevaba en sus brazos.

No pude evitar arrecostar mi cabeza en su hombro con nerviosismo.

Sentí una de sus manos acariciar mi cara y sus ojos me miraron con cariño un instante antes de fijarse en el camino.

Entramos al cuarto del señor Mickerson y me llevó a su cama, donde suavemente me depositó en el colchón.

Con un beso en la frente se separó de mí.

—Espera aqui. El regalo lo tengo guardado.

Vi al hombre del que me habia enamorado hurgar en su armario con parsimonia.

Me deleité al ver su cuerpo macizo y las venas gruesas marcarse en sus brazos negros.

Era tan fuerte y masculino.

Su espalda ancha era reconfortante. Su cintura estrecha y piernas músculosas le daban una firmeza encantadora. Sus gluteos repingones realzandose por sobre la tela del pantalon.

—Lo encontré.

El señor Mickerson sacó una cajita de regalo del armario y me la puso en las manos.

Me miró feliz esperando que la abriera.

Nerviosa, lo hice, mirando una diadema con una flor de amapola como decoración.

Las manos del señor Mickerson tomaron la diadema.

Acercándose a mi, se subió a la cama, poniendome nerviosa.

Con sus dedos arregló mi cabello y me puso la diadema en la cabeza.

Sus manos acariciaron mi cabello con dulzura y sus ojos reflejaban un cariño genuino.

—Te ves tan hermosa, Gaby.

Sonreí apenada.

—Gracias, Rich.

—Lo digo enserio. Pareces una dulce flor.

Sus palabras me hicieron estremecer y le miré a los ojos.

Aquel brillo dulce me hipnotizaba, incapaz de entender porque aquellos ojos negros se acercaban a mi.

Una nariz rozó la mia y cuando me di cuenta, los labios del señor Mickerson estaban unidos a los mios.

Senti sus labios morder los mios y como hundía su boca para dejar entrar la punta de su lengua.

Sus ojos negros no dejaban de observarme. Esta vez con un brillo peligroso y sexual.

Nos separamos por falta de aire y miré anónada al hombre de mis sueños.

Él me sonrió y acarició mi rostro con ternura.

—Dulce flor. Sabia que no me habia equivocado contigo.

Después de esas palabras, el señor Mickerson volvió a besarme.

Esta vez más duro, posesivo y dominante.

Movía sus labios con maestria, imponiendo su estatus y doblegandome a su voluntad.

Mi corazón revoloteaba de felicidad. Mi mayor fantasía se estaba haciendo realidad.

El padre de mi amiga me estaba besando como un hombre lo haría con una mujer.

Mis manos temblaban tocando el cuerpo de mi hombre por sobre la tela, su beso todavía robándome el aliento y haciéndome gemir.

La lengua adulta hizo una suave entrada, aplastando mi paladar y haciéndome tragar su saliva.

Una vez nos separamos, un hilo de saliva conectó nuestras lenguas.

Sus ojos vivaces me devoraban con locura.

—Dulce flor. Quiero abrir tus petalos y penetrar tu capullo. ¿Me dejarías?

Incapaz de resistir a su voz grave llena de deseo, asentí con la cabeza.

La ropa cayó de la cama y pronto estaba acostada desnuda bocarriba en el colchon, con las piernas abiertas y con el cuerpo de un hombre negro encima mio. Mis manos arañando su espalda mientras sentía sus besos mimosos en mi piel.

—Tan tierna. Llena de vida. Mi dulce flor.

Gemí por sus palabras, mi vagina era estimulada por sus dedos y podía sentir su pene adulto presionar mis gluteos.

Le escuche jadear al morder una de mis tetillas.

—Saben bien. Como nectar.

Su voz ronca era cautivadora y le vi disfrutar mis pechos en desarrollo mientras estimulaba los labios de mi vagina.

Cuando sus dedos rozaban el clítoris, mi cuerpo se estremecía de gusto.

—Buena chica.

Su tono tan complaciente me llenaba de felicidad. Me hacia sentir que me quería de la misma manera en la que yo lo quería.

—Rich.

—Ten paciencia, dulce flor. Pronto tu capullo será inseminado por mí.

Gemí al sentir sus dientes raspar mi pezón derecho. Sus labios chuparon durante varios minutos.

Sus dedos abrieron y exploraron el interior de mi aparato reproductor hasta que estuvo satisfecho.

Le dio un vistazo a mi vagina, una sonrisa encantadora adornó sus labios.

—Tu capullo es tan rosado y tierno. Voy a disfrutar llenarlo con mi polla negra.

El señor Mickerson me tomó en sus brazos y me dio la vuelta.

En cuatro, sentí su cuerpo aplastarme contra la cama.

Sus dedos acariciaron y amasaron los labios vaginales, abriéndolos suavemente.

La punta de su pene rozó mi clítoris antes de sentir su aliento soplar en mi oreja.

Un escalofrío pasó por mi espalda.

—Buena chica. Se fuerte.

Con esas palabras, lo sentí.

Como mi vagina era abierta por el glande de Rich y el tronco se introducía lentamente.

Lloré y gemí en la cama, sentía la carne entrar como un pedazo caliente que derretía mis entrañas.

Era tan raro y mortificante, pero al mismo tiempo tan placentero que no sabía hablar.

Mis balbuceos hicieron reír al señor Mickerson.

Besó mi cabello repetidamente sin dejar de penetrarme.

—Son 26 centímetros. Tomará unos segundos que entre todo.

—Es demasiado grande.

—Lo es. Pero puedes aguantar.

Gemí al sentir otro pinchazo en mi vientre. Las venas en el pene del señor Mickerson eran gruesas. Rozaban mi clítoris mientras entraban y me hacian gemir de gusto.

Tal placer y deseo deberian ser un pecado.

—Dulce flor. Ya entró la mitad.

Gemí a sus palabras y seguí sintiendo como la carne continuaba su recorrido.

Mi vagina abierta la recibía y mis entrañas le daban cabida como si fuera su nuevo hogar.

Cerré los párpados mientras los besos del señor Mickerson me consolaban.

—Ya terminó, dulce flor. Todo esta dentro.

Con esas palabras pude respirar más tranquila y sentir el calor en mi bajo vientre.

Me sentía rara. Abierta y caliente.

El pene de Rich estaba en mi interior y mi vagina cosquilleaba al sentir la carne adulta.

Como si mi cuerpo aceptara al intruso y celebrará su bienvenida.

—Me gusta.

—Lo sé, dulce flor.

El señor Mickerson besó mi mejilla e inició las embestidas.

Los vaivenes iniciaron lentos.

Sacando la mitad y volviendo a entrar sin inmutarse.

El proceso se volvió sistemático y mis gemidos constantes.

Rich fue acelerando sus embestidas al agarrar confianza y mis gimoteos fueron su señal para soltar sus jadeos roncos.

El sonido de un hombre y una niña apareandose resonando en la casa.

Por la puerta abierta del cuarto, podía escuchar el mismo sonido provenir de la sala de estar.

—Sugar y su primo se estan divirtiendo como nosotros.

Las palabras del señor Mickerson me hicieron darme cuenta de la verdad.

Mi amiga probablemente ya habia sido desvirgada por un hombre.

Y una parte de mi mente me decia que el hombre que lo hizo me estaba montando.

Cerré los párpados ante esa verdad y me dejé llevar.

Estaba bocabajo, en cuatro, siendo presionada por el cuerpo del señor Mickerson.

Su polla negra se hundía en mi vagina con fuerza, en largas y duras penetraciones. Su bolsa de testículos colgaba y golpeaba mi piel entre embestidas, haciendo un sonido seco y manchando de sudor las sabanas.

El hombre negro de gran tamaño me tenía bajo su cuerpo, siendo abrazada por sus fuertes brazos, con sus piernas apresando mis caderas y su pelos raspandose contra mi espalda entre sacudidas.

Estabamos tan pegados que el sudor de ambos se mezclaba y el calor se compartía al instante.

Los jadeos roncos soplaban en mi oído y mis gemidos agudos, casi felinos se ahogaban en la almohada.

El señor Mickerson me montaba en posición de perrito, muy pegados, casi como si quisiera aplastarme. Su cuerpo negro abarcando casi todo de mí y yo siendo una mancha blanca de tonos rosados, recibiendo su polla negra con facilidad.

Mi vagina llevaba tanto tiempo abierta que me temblaban las piernas.

La carne negra y las venas hacían estremecer mi clítoris en cada sacudida, no podia evitar llorar de placer.

En mi mente estaba eufórica, mi mayor deseo se había hecho realidad.

Tenía al hombre que amaba haciéndome el amor como solo el sabía hacerlo.

Varonil, tosco y lujurioso.

Desatando su lado animal como macho alfa de mi especie y reclamandome como su hembra.

Una parte de mí incluso ansiaba ser llenada por su semen. Recibir a sus espermatozoides y quedar embarazada.

Tener el hijo de mi semental negro. Sentía que era el mejor regalo que podia darle como mujer.

Le había dado mi virginidad y ahora quería darle a su segundo hijo.

Quería que fuera mi esposo, mi amor.

—Rich.

—Dulce flor. Papi esta aquí.

—Se siente bien.

—Te haré el amor hasta el anochecer, dulce flor. ¿Lo quieres?

—Sí, hazlo.

—Buena chica.

Sus embestidas siguieron y mis gemidos le hicieron jadear más alto a mi hombre.

Ambos estabamos sumidos en el placer del otro mientras mi amiga Sugar seguro la estaba pasando bien con su primo Dylan en la sala de estar.

La noche se sintió larga mientras era penetrada una y otra vez por mi semental negro.

Lloré su nombre hasta quedarme sin voz y mi vagina fue llenada de su semen hasta cuatro veces.

Dos en la cama y dos en el suelo.

Cansados y jadeantes, dormí en los brazos de mi hombre escuchando su voz arrulladora.

—Mi dulce flor. Ahora eres mi hija. Te mimaré y cuidaré como mi carne y sangre. Porqué ahora con mi semen en tu interior, es seguro que mis hijos nazcan en un futuro.

Sonreí ante eso y me quedé dormida hasta tarde.

Al despertar, estaba sola.

Me puse la ropa, vi a Sugar comiendo en el comedor como si nada y me despedí de ella.

Su padre habia ido a dejar a su sobrino a casa.

En ese momento mientras me iba me di cuenta.

El señor Mickerson ya no era solo el padre de mi amiga.

Ahora también era mi padre.

Fin.

Gracias por leer. Deseo les haya gustado el relato. Si quieren charlar estoy en telegram.

@Remaster64TL28.

Nos leemos luego.

7 Lecturas/27 marzo, 2026/0 Comentarios/por Remaster64
Etiquetas: amiga, hija, hijo, madre, mayor, padre, semen, vagina
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