MI ESPOSA DESEABA UNA EXPERIENCIA CON UN NEGRO
Quiero compartirles lo que pasó en reciente viaje de vacaciones a la isla de Jamaica en enero pasado. Lo primero mi esposa tiene treinta y nueve años, es bastante atractiva y por supuesto llevo sus mejores trajes de baño porque como la conozco deseará que los hombres la observen.
Quiero compartirles lo que pasó en reciente viaje de vacaciones a la isla de Jamaica en enero pasado.
Lo primero mi esposa tiene treinta y nueve años, es bastante atractiva y por supuesto llevo sus mejores trajes de baño porque como la conozco deseará que los hombres la observen. De eso ya me acostumbré y dejé de sufrir de los primeros años de casados. Tomamos dos semanas de vacaciones en el caribe para disfrutar la playa, el sol, la gente del lugar y creo que esto último precipito lo que les voy a compartir
Cuando estás en la playa del hotel, no sé porque, siendo privada, frente a ti no dejan de pasar esos negrotes nativos. No lo digo con carácter racista. Lo digo, porque algunos son como unos super atletas. Después de unos días en la playa llegas a conocer a algunos que son asiduos y uno de ellos en particular fue Wilson, desde el primer día que se paseó por delante de nosotros me di cuenta que atrajo las miradas de mi esposa, no le quitaba los ojos de encima. Pasados dos o tres días empecé a imaginarme como sería y que sentiría si viera a mi esposa en sus brazos y hasta follando con ese personaje.
Les aseguro, que, en mis doce años de matrimonio, esta fue la primera vez que se me ocurrió semejante cosa, pero la idea empezó a tomar forma y debo reconocer que me apetecería verla follándo con ese negrazo. Pero en ningún momento le comenté a mi esposa nada de esto.
Días después, decidimos ir a uno de esos locales al aire libre en los que los nativos y los turistas en la noche escuchan y bailan reggae y nos encontramos con Wilson, sentado en la barra, supongo observando el horizonte en busca de alguna turista deseosa de disfrutar de sus encantos. Mi mujer, se puso muy nerviosa y tratando de disimular le lanzaba unas miradas que se lo comía, pero intentaba que yo no me diera cuenta. Pasados unos minutos, él se dio cuenta que mi esposa lo observaba con intensidad y con total naturalidad se acercó a nuestra mesa.
Se presento… Hola. Me llamo Wilson. Los he visto en el hotel donde se hospedan, ¿están de vacaciones?
Si. Le contestó mi esposa.
En ese momento me di perfectamente cuenta que mis pervertidos deseos podían hacerse realidad, con el pasar los minutos que estuvimos conversando con él sobre la Isla, sus playas, la gastronomía, la música y todas esas cosas que comentas cuando estas de vacaciones.
Mientras compartíamos, noté a mi esposa muy inquieta y nerviosa. No dejaba de moverse y hacia todas las cosas que evidencian atracción de una mujer por un hombre como, arreglarse el cabello, mirada directa poniendo mucha atención a su conversación y de vez en cuando ver que bajaba la mirada hacia la entrepierna de Wilson, que vestía un bañador ceñido que no lograba disimular lo que estaba detrás.
De repente Wilson me dijo… le molestaría si invito a bailar a su esposa para que disfrute del reggae.
Noooo, desde luego si ella quiere, de mi parte no hay problema.
Dicho y hecho. La tomó de la mano y caminaron a la concurrida pista de baile. Comenzaron a bailar en el medio de la gente, y como no los veía, subí al segundo piso y desde allí los ubiqué. Estaban bailando de una forma muy normal, como se supone que debe hacerse con una señora casada y delante de su esposo. Pero a medida que fue pasando el tiempo, Wilson empezó a acercarse al cuerpo de ella. Tomándola por las caderas, para guiarla en el baile, la ponía de espalda y le apretaba su paquete en el culito a mi esposa mientras acariciaba su torso de arriba abajo. El manoseo que le estaba dando no era normal y lo más inquietante de todo, es que ella lo aceptaba.
Al cabo de tres o cuatro canciones y después de acariciar a mi mujer todo lo que quiso con el consentimiento de ella, volvieron a la mesa y me dijo…su esposa baila de maravilla.
Y tú tampoco lo haces nada mal, le comenté
Pedí una ronda de cubatas y seguimos conversando como si nada hubiese pasado.
A pesar que ya era la una de la mañana, aún hacía calor y en ese momento yo dije… No sé ustedes, pero yo si tengo mucho calor. Que les parece si vamos al aire acondicionado de nuestra habitación en el hotel y compartimos otras copas sin necesidad de estar aquí sudando.
Mi esposa al instante dijo… Excelente idea. Por mi perfecto.
Pagué la cuenta y nos fuimos caminando al magnifico hotel de cinco estrellas, subimos a la habitación y al entrar, mi mujer se fue al baño y al estar solo con Wilson, de forma muy normal me dijo… Mire. No lo creerá, pero esto no es la primera vez que me pasa, ni espero que sea la última. Y me preguntó… ¿Qué quiere que haga?
Yo. Sin pensar en las consecuencias le contesté… Quiero que te folles a mi esposa, creo que ella lo está deseando desde la primera vez que le vio en la playa y aunque no lo crea, me excitaría verlos hacerlo.
Que ella este deseando que la folle, me di cuenta mientras bailábamos. Lo que quiero es comprobar, si usted está de acuerdo.
Se lo digo, porque las cosas que le puedo hacer a su mujer y lo que ella va a sentir, quiero hacerlas sabiendo que tengo su consentimiento.
En ese momento, al escuchar lo que me decía, empecé a pensar en el lio que me había metido, gracias al licor y a mis calenturientos pensamientos.
Me pregunté, que cosas le haría a mi mujer. Evidentemente sexo mas más fuerte del normal, supuse. Pero a lo hecho pecho.
Haz lo que quieras, siempre y cuando ella esté de acuerdo. Es decir, si ves que en algún momento ella no quiere que le hagas algo de las cosas que dices, paras de inmediato.
De acuerdo me respondió así siempre lo hago y mis clientas siempre regresan con sus esposos.
Otra cosa dijo él. Quiero saber si no le importa que me corra dentro de ella. ¿Ella toma anticonceptivos para no quedar embarazada? No me gustaría que dentro de nueve meses tengan una sorpresa.
De acuerdo, no hay problema ella toma anticonceptivos por eso no la va a dejar embarazada.
Otra cosa… Hay algo que de verdad no quiera que le haga.
Me quedé pensando que podía decirle y sí que la había.
Le dije. No quiero que le haga sexo anal. Ella es analmente virgen.
De acuerdo. Me contestó. Si no quiere. Perfecto, pero le aseguro que de pronto a ella le gustaría probar. Y si es así ¿lo aceptaría?
Bueno si ella quiere, entonces adelante.
En ese momento no imaginaba como se iban a desarrollar los acontecimientos y lo de su virginidad anal.
Estábamos hablando, cuando mi esposa salió del baño. Al verla, quedé sorprendido. Se había puesto un mini bikini verde que había comprado en una tienda de la isla, que apenas le cubría lo mínimo y estaba para comérsela.
Mirándola, me di cuenta de una cosa. Que ella era totalmente consciente de lo que en aquella habitación de hotel estaba a punto de suceder. Es más, era lo que ella deseaba, además debía suponer que yo estaba de acuerdo. Me di cuenta, que mi esposa estaba muy caliente y decidida a dejar que Wilson se la follase delante de mí sin remordimientos, porque fui yo el que propuso subir a la habitación, además después ella me conto, que había escuchado mi conversación con Wilson, mientras ella se ponía su bikini en el baño.
Me levante. Le di un beso y le dije… Aquí falta un poco de música, por lo que encendí la tele y sintonicé un canal donde ponían todo el día reggae.
Al momento ella se puso a bailar sola. Lentamente. Meneándose como había visto que lo hacían las nativas y estuvimos un momento observando cómo lo hacía , hasta que Wilson se levantó y se puso a bailar con ella.
La tomó entre sus brazos y apretándola contra él, empezaron a moverse sensualmente. Me senté a distancia en un sillón y me dispuse a ver hasta donde era capaz de llegar mi fiel esposa.
El la abrazaba por la cintura y ella tenía los brazos levantados alrededor del cuello de él. Bailaban moviéndose lentamente y cuando la cara de mi mujer quedaba hacia mí, podía ver que estaba concentrada con los ojos cerrados, la boca un poco abierta y respirando agitadamente. No llevaban bailando ni un minuto, cuando Wilson empezó a acariciar la espalda de mi mujer, desde la cintura hasta su cuello. Lo hacía despacio con suavidad. Mientras una mano subía por su espalda, la otra bajaba. Al mismo tiempo, le hablaba al oído. Yo no podía escuchar lo que le decía, pero sí veía a mi mujer que a veces con su cabeza asentía sobre lo que él le estaba diciendo.
El seguía acariciando a mi mujer y ella volteo a mirarme y levantado su dedo pulgar me hizo señal preguntándome si estaba bien y yo le respondí que sí, que continuara.
Termino la canción y mi mujer ni se enteró. Estaba abandonada a las caricias y a lo que Wilson le decía al oído. Cuando empezó la siguiente, él bajó sus manos y empezó a apretarle las nalgas descubiertas, gracias a que el bikini atrás solo tenía una tira que se acomodaba en medio de ellas. Mientras tanto, el seguía hablándole al oído y mi mujer lo escuchaba, solo movía un poco la cabeza diciendo a veces sí y otras veces no. En un momento determinado, mi mujer levantó su cabeza y mirándole a los ojos, se separó un poco de él y se quitó la parte superior del bikini. A continuación, él puso sus manos sobre las teticas de ella y empezó a acariciárselas suavemente, apretándole los pezones. Ella echó la cabeza hacia atrás. Cerró los ojos y se abandonó al placer, se dejó sobar sus pechos sin la más mínima oposición. Luego, mientras con una mano le sobaba los pechos, con la otra, le quitó la parte de abajo del bikini, quedando ella completamente desnuda.
Ya estando desnuda, él empezó a acariciarle la concha. Yo lo veía perfectamente. Usaba tres dedos. dos que los metía dentro de ella y el otro le acariciaba el clítoris. Cada vez que lo hacía, ella soltaba un gemido e iba abriendo más y más sus piernas para darle libertad a Wilson.
Ella no tardó en disfrutar su primer orgasmo. Vi cómo se le tensaban las piernas y se agarraba del cuello de Wilson temblando.
Fue un orgasmo de esos que siempre uno se imagina y desea ver. Pero lo que nunca llegue a imaginar, es que lo vería más adelante provocado por mi esposa delante de mí con otro hombre.
Cuando ella dejo de correrse y sin que dejara de acariciarle la concha Wilson, él me hizo indicación que me acercase. Y aunque yo estaba deseando participar en la fiesta, me gustaba más ver a mi mujer caliente como una gata en celo, dejándose tocar sin decir nada y disfrutando el momento. Entonces le hice señal a Wilson que continuaran sin mí.
Por su parte ella llorando y caliente como estaba me dijo… Lo siento mi amor. Ya sabes que eres lo que más amo en este mundo, pero desde el día que vi a Wilson en la playa deseaba este momento. Lo deseo. Quiero que me folle. Quiero sentir y tener dentro de mí la verga de un negro como él. Pero haga lo que haga recuerda que te adoro.
Mirándola a los ojos le dije… Ya lo se. Por eso él está aquí. Para que sientas lo que es ser follada por un negro como él.
Dicho esto, me acomodé en el sofá y me dispuse a ver como Wilson se beneficiaba de la calentura de mi mujer.
Siguió durante unos segundos sobando sus pechos y la concha, hasta que bajándolas cogió a mi esposa por las caderas y la puso de cara a él y le dijo… Ahora vas a bajarme el bañador y verás lo que has estado deseando.
Ella tomó el bañador con ambas manos y muy despacio se lo fue bajando. Lo hizo lento, disfrutando de ese momento hasta que apareció lo que yo temía. una verga de esas que solo crees que existen en las pelis porno. No les miento estando flácida, era tan grande como la mía en todo su esplendor. Así flácida, podía medir unos trece centímetros. Negra y totalmente depilada.
Mi mujer al verla se quedó paralizada. Durante al menos medio minuto no hizo otra cosa que observarla embobada ante aquel tamaño estando inactiva.
Wilson al ver que mi mujer no se movía le dijo… Pónmela dura. Seguro que sabes cómo hacerlo y te va a gustar más.
Con su mano ella le agarró la verga y empezó a acariciársela viendo como fue creciendo y engordando en su mano. Al cabo de unos minutos, se había convertido en un aparato enorme. No me gusta exagerar, pero era muy grande y tan gorda como la muñeca de mi mujer
Ella estuvo trabajándole durante unos minutos y luego él colocó sus manos a los lados de la cabeza de mi mujer y sujetándosela delicadamente empezó a acercar su verga a la altura de su boca y ella empezó a chuparle el glande sin poder dejar que entrara como él deseaba, solo le pasaba la lengua por todas partes, porque intentó meterla, pero fue imposible.
Ella estuvo trabajando el miembro de Wilson durante más de quince minutos hasta que él le pidió que se acostara con las piernas separadas y él se acomodo en medio. Noté que se aproximaba el momento crucial. No sabia si la verga de Wilson la iba a poder recibir en su concha y si ella estaba dispuesta a aceptarla.
Él empezó a besar y a pasar su lengua por el interior de sus muslos. Subía y bajaba, besándola desde las rodillas hasta justo antes de su concha. Así estuvo varios minutos, hasta que, acercando su boca a la concha de mi esposa, acabó lamiendo y chupando sus labios vaginales. Mi mujer estaba absolutamente entregada a lo que hiciera Wilson, quizás apoyada por la excitación dejaba seguir adelante.
La imagen era muy erótica. Ver a mi mujer, totalmente abierta de piernas delante de Wilson, acariciándose las tetas y gimiendo cada vez que sentía que su clítoris era atrapado por los labios del negrazo, llegó un momento, que note que ella ya no podía aguantar más y necesitaba disfrutar su orgasmo.
Wilson le levantó las piernas poniéndolas sobre sus hombros y se fue acercando hasta que su enorme verga estuvo a unos centímetros y empezó a restregársela de arriba abajo lubricándola bien.
Entre tanto observaba que mi mujer tenía los pezones erectos y duros producto del momento que estaba viviendo.
Ella intentó levantarse para observar la verga de Wilson, pero debido a la postura que tenía, acostada y con las piernas sobre los hombros de él no podía hacerlo. Solamente podía levantar la cabeza. Él se dio cuenta y le dijo… Quieres conocer mi verga, verdad.
Ella le contestó. Si por favor. Necesito verla. Quiero verla.
Entonces le bajó las piernas de los hombros. Ella se levantó y no sé si la cara que puso era imaginando dolor o placer.
Uyyyyyy, es enorme. Es tres veces la verga de mi marido. Pero es preciosa. Por favor fóllame ya. Quiero sentirla dentro. Quiero que se mueva dentro de mi concha.
Wilson mirándola a los ojos le dijo… Esta verga que te va a follar la vas a recordar por mucho tiempo. Después que la tengas dentro, durante el resto de tu vida no vas a querer pensar en otra que no sea la mía. Voy a hacer que te corras como nunca lo has hecho. Hoy te voy a enseñar como follamos los negros. Como nos follamos a las mujeres como tú.
Ella ya no podía más y suplicándole le dijo…
Por favor fóllame ya. No puedo más. Métela ya. Pero no me hagas daño. Nunca tuve dentro de mí una verga tan grande como la tuya. Quiero sentirla dentro, pero no me hagas daño. Quiero recordarla por el placer, no por el dolor.
Wilson colocó la punta de su verga en la entrada de la concha de mi mujer y empezó lentamente a introducirla poco a poco. Primero un poco el glande. Lo introducía y sacaba y volvía a introducirlo otro poquito. Cuando ya paso el glande continuó introduciendo un poco más. Y así de esta forma, entrando y saliendo lentamente de la concha de mi mujer logro la penetración total. Estaba claro que Wilson sabía cómo meter su verga en una concha como la de mi mujer.
Con esos movimientos logró que ella fuese dilatando y aceptando ese enorme miembro.
Cuando alcanzo la penetración total empezó a bombearla. Primero despacio hasta que el ritmo fue frenético. Mi mujer acompañaba las embestidas moviendo las caderas al ritmo que marcaba Wilson. Gemía, gritaba, lloraba, resoplaba, se acariciaba los pechos y no paraba de decir… Siii, siii. Sigue, sigue por lo que más quieras sigue follándome no pares. La siento muy adentro de mí, la siento toda, que delicia, esto es lo máximo.
Y de repente su cuerpo se contorsiono abrió los ojos, agarró con fuerza sus pezones y dando un grito como nunca en mí vida le había oído, comenzó a disfrutar su orgasmo. Su cuerpo se arqueaba. Y mientras temblaba de pies a cabeza, entre gritos, llanto y gemidos decía… Me estoy corriendo. Me estoy corriendo, que no pare. Por favor no pare. Me corro. Me corro.
Mientras tanto. Wilson seguía follándola sin disminuir el ritmo del mete y saca ni la fuerza de las embestidas. Mi mujer estaba disfrutando el orgasmo más largo y salvaje de toda su vida. Yo nunca había logrado llevarla hasta donde ese negro lo logró.
Se estuvo corriendo sin parar al menos un minuto y en cada embestida se oía un chapoteo producto de los flujos que salían de su concha.
Wilson estuvo follándosela sin cambiar de postura durante unos minutos mas hasta cuando le propuso cambiar de posición y ella ubicada sobre él comenzó a cabalgar ensartada en su verga.
Ella empezó metiéndosela muy despacio. Subiendo y bajando como antes había hecho Wilson. En ese momento él la agarró de los pezones y tirando de ellos de arriba abajo le marcaba el ritmo de bombeo diciéndole.
Cabalga, cabalga. Así, así. Métetela entera. Hasta la raíz.
Ella empezó a gemir de placer, se retorcía al sentir la enorme verga dentro. No respiraba. Eran bocanadas de aire las que entraban y salían de sus pulmones y a cada penetración echaba la cabeza hacia atrás y no paraba de decir.
Otro más. Tengo que disfrutar otro más.
Eso es preciosa, córrete, córrete, le decía él.
Ella estuvo en esa postura como media hora metiendo y sacando la verga de Wilson durante ese tiempo que ella tenía toda la verga adentro.
De pronto Wilson la cogió por las caderas y sin sacársela cambio de posición poniéndola debajo de él y le dijo…
Ahora te voy a follar yo hasta que me corra dentro de tu concha, te la voy a llenar con mi semen muy adentro.
Ella fuera de sí le contestó… Si. Por favor. Córrete ya. Quiero sentir como te corres dentro de mí.
Y así como estaba, con las piernas rodeando la cintura de Wilson y agarrada a su cuello él empezó a bombearla. A los cinco minutos y rugiendo como un toro él se corrió dentro de mi mujer. Ahora fue ella la que le dijo…
Sigue. Sigue. Así. así córrete. Córrete, llena mi concha con tu semen.
Cuando él termino de vaciarse dentro de ella, se quedaron pegados hasta que la verga de Wilson se retrajo y salió de la concha de mi esposa.
Cuando terminó de correrse y hasta que la verga le quedó flácida no se la sacó y ella dijo… No puedo más. Estoy agotada.
Wilson se levantó. Le dio un beso en cada nalga y se puso el bañador. La camiseta y dijo, muchas gracias fue maravilloso, y dirigiéndose a mi dijo… tienes una mujer extraordinaria, nos vemos en la playa. Abrió la puerta de la habitación y se marchó.
Mi mujer durmió toda la mañana. Se despertó al medio día, se bañó, se alistó y salimos a cenar y al volver a la habitación me dijo… Cariño. Quiero darte las gracias por permitir que disfrutara el mejor polvo de mi vida. Lo que me has dejado sentir permitiendo a Wilson hacer de mi una gata en celo es algo que no te lo puedo decir con palabras porque no las hay.
Yo sé que tú nunca me harás sentir lo que él ha hecho conmigo, pues para eso necesitarías tener lo que él tiene. Pero quiero que sepas que tú tienes otras muchas cosas que compensan sobradamente eso. Solo te pido algo. Que una vez al año en adelante me traigas a disfrutar lo que he sentido hoy.
Prometido. Le conteste. Pero solo por curiosidad cuéntame, cuando estabas próxima a que Wilson penetrara tu concha tu dijiste… Nunca tuve dentro de mí una verga tan grande como la tuya.
Ahora que no tenemos secretos quiero que me cuentes ¿cuántas vergas han entrado en tu concha?
Ella dijo… me da pena, pero antes de casarnos disfruté mucho del sexo y conocí al menos unas siete u ocho vergas, unas grandes otras no tanto, pero ninguna como la de Wilson. Pero eso sí, que quedé muy claro, desde que nos casamos nunca te ha traicionado. Dos días antes de regresar le pregunte a mi esposa si deseaba que invitara otra vez a Wilson, pero ella me respondió que era mejor no abusar y que ella se enviciara a esa clase de vergas. Hasta aquí mi relato.


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