Mi hermana me enseñó a coger
Lo cierto es que ya tengo una buena edad, y he pasado por un centenar de mujeres (sin exagerar), pero todo esto se lo debo a mi hermana mayor. Aquella que me enseñó no solo sus mejores movimientos si no a saber cuándo una oportunidad aparecía..
La verdad es que mi familia siempre fue disfuncional y el incesto era un rumor bastante fuerte entre mi padre, mis tíos y sus primas. No obstante, mi madre siempre intentó que eso no nos alcanzara del todo. Falló, por algo este relato.
Además, deben saber que todo en este relato es totalmente real.
Mi hermana es 8 años mayor que yo y desde los 15 ya era una puta a la que le encantaba estar en 4. Más de una vez nuestra madre o yo la encontramos con un pene adentro en la sala o en su cuarto.
Cuando cumplió 18, se casó y se fue de la casa, 3 meses después ya tuvo un embarazo que perdió por ser precisamente una puta. Pero esa historia da igual.
A los 20, tuvo a su primer hijo.
A los 22, quedó embarazada nuevamente, y aquí es donde empieza la historia.
Resulta que con su esposo, a cada rato terminaban, luego volvían y esa fue la temática siempre, ella en más de una ocasión regresó a la casa para un mes después irse. Pero cuando nació su segunda hija, se quedó más tiempo.
Era una noche de julio, de esas calurosas y ella estaba en short y blusa de tirantes, mientras yo llevaba un short deportivo y una camisa cualquiera. Esa noche nuestros padres salieron y ella dejó durmiendo a los niños en el cuarto de al lado.
En ese entonces, ella era de muy buen ver. 1.50 de altura, algo gruesa, pero eso le daba unas tetas y un culo de infarto. Era una gordibuena en toda regla.
A eso de las 12, estábamos viendo películas, cuando de repente aparece una soft porn en el tele. Ella me miró de reojo y yo aparté la mirada. No era virgen ya para ese momento, pero era cuestión de segundos para que me apareciera la erección.
-No me digas que te da pena -me dijo burlona.
-No es pena.
En la televisión, una rubia delgada estaba de perrito, disfrutando como nunca, aunque era una lástima que solo las tetas se le vieran.
Mi hermana se mordía los labios y una mano sospechosa desapareció debajo de la cobija. Yo por mi parte, tenía una erección que hasta me dolía tenerla guardada, pero me controlaba lo mejor que podía.
-Sácala -me ordenó, mientras me quitaba la cobija. Estaba paralizado, y solo atiné a mirarla. De un solo movimiento bajó mi short y mi aparato salió disparado.
La verdad, no tengo un equipamiento gigante, pero son 15 cms con un muy buen grosor que siempre ha dado buenos resultados.
-No está mal…
Me empezó a masturbar, primero lento y luego rápido, como si quisiera acabar con todo aquello antes de hacer algo peor. Yo, que por aquel entonces estaba en mi etapa rebelde y fumaba hierba, resistía, soltando leves gemidos. Ella me sentó en el borde de la cama y se hincó en el suelo.
-¿Qué…?
No alcancé a preguntar cuando lo desapareció de un bocado, empezó a chupármela como si la vida se le fuera en ello. Su otra mano estaba dentro de su propio short. Yo eché la cabeza atrás y la tomé del pelo para empujarla como hacía con mi compañera. Ella hacía mucho ruido, entre gemidos y arcadas, yo le rozaba la garganta y estaba en el paraíso.
De pronto se la sacó, dejando mis huevos chorreando su saliva y su boca llena de mi preseminal.
-Mi turno.
Se quitó el short, me dio la espalda y se sentó en mi pene, haciéndolo desaparecer al instante. Ese día descubrí que la vagina de una mujer parida sí que vuelve a apretar. Ella me empezó a dar sentones, rápidos, fuertes, sin piedad. Luché por no venirme, pero en menos de 5 minutos estaba llenando su vagina de semen. Ella también se vino, no sé si por el morbo del incesto o porque mi aparato le servía de consolador, pero empezó a temblar sin control y mi pene quedó empapado.
-Si prometes no decir ni una palabra de esto -me advirtió luego de un rato. Yo estaba tirado en la cama, viendo estrellas de lo fuerte que me había venido. El cuarto olía a sudor y sexo. Abrí los ojos y la vi, estaba muy seria-. Si lo prometes, te enseñaré a saber cuando quieren coger contigo.
Creo que la mejor decisión que he tomado en mi vida, fue asentir aquel día.
Gracias a ella, cogí con novias, amigas de mis novias, familiares de ellas e incluso me llevé algún regalito o revolcón con mis primas.
Pero, esas historias quedarán para otra ocasión.

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