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Heterosexual, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

Mi mamá me sorprende desnudo en la cama

Tengo una necesidad que contar esta historia a alguien, ya que no puedo contarla a nadie que conozco, así es que lo haré a través de este portal en forma anónima. Me llamo Ricardo, y esta historia sucede en la comuna de San Miguel, cuando tengo 17 años y estoy en mi último año del colegio..
Vivo sólo con mi mamá desde muy niño en una casa de esquina, no muy grande, de dos dormitorios en la comuna de San Miguel, en Santiago. Mi papá, que era algo mayor que mi mamá, compró la casa de mis abuelos, que habían sido vecinos por décadas de este barrio, y que vendieron porque se fueron a vivir su vejez a su casa en Olmué.

Mi mamá se dedica a corte, peinado y tinturas para el pelo, tratamientos faciales y depilación, en un local cerca de nuestra casa que se encuentra en la misma comuna.

Todas las mañanas, y alrededor de las 6:00 AM, mi mamá entra en mi dormitorio con una taza de café despertándome para ir al colegio. Por lo cual siempre deja en mi velador un café, un sándwich, a veces también una naranja o manzana y luego se sienta al borde de la cama. «¡Vamos, cabrito, arriba y levántate! ¡Es hora de levantarse y salir a estudiar!». Y así, todas las mañanas, a la misma hora.

«Hola, mamita.» Mientras me revuelco bajo las sábanas y ella me sacude los hombros, me da palmaditas en el trasero y me besa en una mejilla o el cuello. «Porfa, ¿Unos minutitos más?» Lo mismo de siempre, todas las mañanas.

“Claro” dice. “No puedes llegar tarde al colegio. Y después, ¿En la universidad qué pasará si llegas tarde a clases?”

«Mierda.» Mientras bostezo, me levanto de la cama en calzoncillos, tomo el café y voy al baño. Lo mismo todas las mañanas.

Una noche, hace unas semanas, mi mamá fue a una reunión de exalumnas de su Liceo. Así que, en cuanto se fue, llamé a mi amiga Claudia y la pasé a buscar a unas cuadras de mi casa. Nos fumamos unos pitos de marihuana y tomamos cerveza en el patio, y luego nos besamos y manoseamos sin ir más allá por un rato en mi dormitorio. Se nos hizo tarde, así que la fui a dejar a su casa en buzo, y cuando volví me quedé dormido en mi cama.

Lo siguiente que supe fue: «¡Oye, cabrito, levántate y que se hace tarde!»

«¡Arrgh!» Tenía un poco de resaca.

«Vamos, Ricardo, levántate.» Como siempre, puso una mano en mi hombro y la otra en mi trasero, y comenzó a mecerme de un lado a otro.

«¡ok mami, ya estoy despierto, ya estoy despierto!» Mi mamá retrocedió cuando me quité las sábanas y me puse de pie. La oí jadear y la miré. Estaba mirando mi entrepierna. Bajé la mirada. ¡Mierda! Después de pasar a dejar a Claudia, me saqué el buzo algo mareado y me había quedado dormido desnudo. Ahora estaba de pie al lado de mi mamá con una buena erección mañanera: mi tula rígida y erecta, y apuntando hacia ella. Me quedé ahí paralizado un momento, mientras los ojos de mi mamá no se apartaban de mi pichula.

«¡Mierda, mamá, disculpa!», dije mientras volvía a meterme en la cama y me tapaba con la sábana.

«Chucha» Mamá no se movió. Pareció quedar en una especie de trance.

«Se me había olvidado de que estaba desnudo.»

«Oh. Eso.» Finalmente reaccionó y se sentó en la cama. Noté, que puso su mano sobre mi estómago, peligrosamente cerca de mi tula, que aún estaba dura como fierro. «Mijito, he visto todo de ti… aunque, la verdad, hacía tiempo que no te había visto sin ropa. Has… crecido. Bueno, eh, te has desarrollado muy bien, por lo que veo. Quiero que sepas de que no hay nada de qué tener vergüenza.»

«Pucha, mamá, me da vergüenza haber estado de pie frente a ti con una erección.»

«Mijito, eso es perfectamente normal, sobre todo en un niño de tu edad. Soy tu mamá y te quiero. Mi amor, nada de lo que hagas me dará vergüenza.» Se apoyó en mi hombro, para darme un pequeño abrazo. «Ahora, anda y métete en la ducha.» Se apartó de la cama y esperó.

Avergonzado, aparté la sábana y me levanté de la cama. Al ponerme de pie, vi que la mirada de mamá se dirigía de nuevo hacia mi tula dura como fierro. Antes de que pudiera ir al baño, mi mamá se acercó, me rodeó con sus brazos y ahora me dio un fuerte abrazo. Al devolverle el abrazo con un beso en la mejilla, sentí mi tula suelta al aire y presionando su pierna sobre el camisón. «Te quiero, Ricardito», dijo.

«Yo también, mamá.»

Me soltó, agarré la taza de café desde el velador y salí por la puerta del dormitorio, sintiendo la mirada de mi mamá clavada en mi trasero mientras me alejaba. Como de costumbre, me hice una paja en la ducha, pero esta vez, mientras lo hacía, pensé en los ojos de mi mami que estaban fijos en mi tula y en cuando me tocaba el estómago o los hombros mientras yo estaba desnudo frente a ella. Cuando eyaculé pensando en mi mamá, la relajación que sentí casi me hizo caer. Mmm, me gustó. Lo intentaré de este modo más adelante.

***

A la mañana siguiente, cuando mi mamá entró al dormitorio, yo estaba desnudo otra vez. Me senté y agarré la taza de café. «¿Vas a empezar a dormir desnudo?», me dijo.

«Sí, es que me gusta, y se siente bien», dije.

“A mí también” dijo. Cuando la miré. Estaba mirando mi tula dura como fierro. Luego sus ojos me miraron rápidamente a mis ojos y se sonrojó. “Quiero decir… Lo que quise decir es que yo también duermo desnuda.”

Miré su camisón.

«Claro, me pongo algo antes de preparar el desayuno y venir a despertarte.»

«¿Por qué, mamita? ¿Te da vergüenza mostrar tus partes o estar desnuda frente a mí? Te entendí de nuestra conversación de ayer que no había nada de qué tener vergüenza.» Y luego tomé un sorbo de mi café.

«Bueno… no, mijito, por supuesto que no, pero… bueno, soy tu madre.» Al decir esto, no pudo evitar volver a posar su mirada en mi entrepierna. Nunca había sido exhibicionista, pero yo estaba empezando a disfrutar el estar desnudo frente a mi mamá. Me excitaba esta conversación y que le gustara mirar mi tula.

“Ya poh, mamá” dije. La abracé, sintiendo de nuevo mi erección contra ella. Me devolvió el abrazo y me dio una palmadita en el trasero desnudo, y que se convirtió en una especie de suave caricia. Luego me fui a duchar, imaginando una vez más que podía sentir su mirada desde atrás mientras caminaba. Obviamente, repetí la paja en la ducha pensando en mi mamá tocándome.

***

A la mañana siguiente, cuando mi mamá entró a despertarme. Llevaba puesta una de mis camisas blancas del colegio con sólo un botón abrochado bajo el pecho y un pequeño calzón blanco. Me levanté de la cama y nos miramos. Me quedé boquiabierto. ¡Mi madre era una belleza! Piernas largas y tonificadas. Cintura delgada. La camisa abierta dejaba ver los pezones y bastante de sus hermosas y firmes tetas, así como el triangulito del diminuto calzón blanco. Sus pezones estaban erectos. Lo primero que pensé fue: «Tiene frío», pero luego percibí el leve aroma de su sexo en el aire. Mi mamá estaba excitada.

Mientras seguíamos mirándonos fijamente, mi tula, que había estado flácida y colgando sobre mis piernas, comenzó a endurecerse. Mi mamá se quedó observando como engrosaba y endurecía lentamente hasta alcanzar a apuntar directamente hacia ella.

—¿Te parece bien, Ricardo? —preguntó tímidamente, como si temiera que me escandalizara o que no me gustara su cuerpo—. Me gusta estar desnuda, y después de nuestra… eh… conversación de anteayer en la mañana, decidí que era una tontería esconder mi cuerpo a mi hijo.

«Claro, mamá, por supuesto que está bien. ¡Cresta, eres preciosa! No te había visto así. Podrías ser modelo.», “Pero, pucha, en realidad, no estás totalmente desnuda”

Se sonrojó y luego hizo una pequeña pirueta que me permitió ver su precioso y firme trasero. Luego desabrochó la camisa y se inclinó para sacarse el calzoncito que llevaba puesto. Terminó de sacarse la camisa cuando se giró del todo, me di cuenta de que su zorrita estaba completamente depilada, ya fuera afeitada o con cera. Además, aunque estaba bronceada, no tenía marcas de bronceado en ninguna parte del cuerpo. Sus tetas y trasero, impecables, estaban bronceados uniformemente, al igual que el resto de su cuerpo.

“Tienes una muy bonita figura”

Sonrojada dice «Gracias, mijito. Es que intento mantenerme en forma.»

«Te está funcionando súper bien, mamá. ¡Estay guapísima! ¿Puedo hacerte una pregunta? ¿Cómo consigues un bronceado tan parejo? ¿Vas a algún lugar con cama bronceadora?» Esperando prolongar la conversación lo máximo posible, temiendo no volver a tener la oportunidad de ver el hermoso cuerpo desnudo de mi mamá.

“No” dijo. “A veces, cuando estás en el colegio, me tumbo en el patio a tomar el sol.”

Se me hizo agua la boca al pensar en mi sexy mamá tumbada desnuda junto a la piscina. «¿En serio?», dije. «¿Y los vecinos?»

«Mijito, no pueden ver nada por encima de la muralla. Deberías probar alguna vez. Es bueno para el alma.»

«Tal vez lo haga, mamá.»

Aunque me hablaba, no dejaba de mirar mi tula. Bajé la mirada. Estaba tan excitado que mi erección apuntaba hacia arriba en un ángulo de 45 grados. Con cada latido, mi pene subía y bajaba un poco. Se sentía más duro que nunca. Mientras nos observábamos, una gotita de líquido preseminal se deslizó lentamente por el glande y cayó en el suelo. Cuando volví a mirar a mi madre, estaba lamiendo sus labios involuntariamente.

«¿Puedo hacerte otra pregunta, mamá? Veo que no tienes pelitos… ahí abajo. ¿Te depilas?»

Apartó la mirada de mi erección y me miró a los ojos. «Oh, no, mijito. Ya no me depilo más, es depilación laser que me hice hace un tiempo, dura para siempre. Antiguamente una amiga del trabajo me depilaba y yo la depilaba a ella.»

«¿Por qué te lo hiciste?», dije.

«Oh, bueno, me hace sentir muy limpia y sexy. Y hace que… eh, bueno, algunas cosas, eh, sean más entretenidas.» Mientras decía esto, mirándome con una sonrisa de picardía bajó la mano y, sin darse cuenta, se frotó el pubis. Con ese gesto y su mirada, pensé que me correría en ese instante, y un pequeño jadeo escapó de mis labios. Se dio cuenta de lo que estaba haciendo, retiró rápidamente la mano y se sonrojó nuevamente. El olor de su sexo era ahora más intenso en el aire.

«Ahh, ok. Ya te entiendo, mamá.» Bajando la mirada hacia mi pichula y bolas peludas. «Quizás yo también debería depilarme. ¿Podrías hacerlo tú o tu amiga?» No es que en realidad quisiera que me sacaran los pendejos de las bolas, pero me excitó a la cresta la idea de que mi mamá me tocara ahí abajo.

«Bueno… lo pensaré. Por ahora, será mejor que te des una ducha, mijito.»

—Ok, mamá —dije. Me acerqué a ella y la abracé. Soy un poco más alto que ella, y cuando nos abrazamos, mi tula erecta presionó contra su vulva desnuda. Sentí mi tula pulsar con los latidos de mi corazón. Ella se estremeció un poco y luego me devolvió el abrazo. Cuando movió la mano para darme una palmadita en el trasero, yo también bajé la mía y le acaricié el trasero. Ella se estremeció de nuevo y luego me apartó suavemente.

Tomé la taza de café y caminé hacia el baño, con mi erección apuntando el camino.

***

 

El resto de esa semana, mamá entraba desnuda con mi café, y yo me levantaba desnudo. Se suponía que estábamos en un proceso de acostumbramiento a la situación de andar desnudos por la casa, en realidad, cada día yo estaba más excitado, despertando temprano y anticipando su llegada. Siempre tenía la tula de fierro al levantarme, y mi mamá también parecía (y olía) excitada. Nuestro «abrazo en pelota» era el punto culminante del día, con esa sensación de sentir sus tetas en mi pecho y rozar su pubis, muslo o trasero con mi tula erecta danzando en el aire, además nos estábamos convirtiendo en auténticos exhibicionistas.

La semana siguiente subí la intensidad. El lunes me desperté temprano con una erección tremenda y decidí pajearme en la cama en vez de en la ducha. Me puse los auriculares, pero no encendí el Spotify en el celular. Bajé la sábana, dejando al descubierto mi cuerpo desnudo, cerré los ojos casi por completo y comencé a frotar lentamente mi tula erecta.

Cuando mi mamá entró, la oí jadear a través de mis auriculares. Yo estaba con los ojos cerrados, y podía oírla. Para ella yo estaba escuchando música mientras me pajeaba lentamente. Yo imaginaba que al entrar sus ojos estaban fijos en mi miembro mientras caminaba lentamente hacia mi cama y colocaba la taza de café en el velador. Pensé que se iría, pero se quedó allí de pie, a unos pasos de mí, mientras yo seguía pajeándome.

Con los ojos casi cerrados, bajé la otra mano hasta la base de mi pene y comencé a acariciar mis bolas. La oí gemir levemente y con un ojo entrecerrado pude notar cómo su mano izquierda bajaba y comenzaba a acariciar su zorrita depilada, mientras que su mano derecha subía y acariciaba las puntas de sus pezones erectos. Olí el aroma de su sexo, más intenso que nunca. ¡Estaba excitando a mi mamita!

Yo estaba súper excitado, haciéndome la paja delante de mi mamá, y eso la estaba poniendo caliente. Esperaba que siguiera mirando hasta que me fuese cortado, pero me decepcionó que repentinamente saliera del dormitorio. Supuse que tal vez la había avergonzado, o que el tabú de ver a su hijo teniendo sexo era demasiado para ella. Pero solo un minuto después, regresó con un pequeño envase, similar a los de pasta de diente. Se sentó en la cama junto a mí y puso cariñosamente su mano sobre mi hombro.

Abrí los ojos, fingiendo sorpresa. «¡Mamá! ¡Ay, Cresta, ¡lo siento!» Me quité los auriculares, pero mantuve una mano sobre mi tula erecta.

«Está bien, mijito.» Bajó la mirada hacia mi tula erecta y se lamió los labios. «Lo que estás haciendo es natural y saludable para un hombre de tu edad. Te traje algo que lo hará más… más rico.»

Ella levantó el envase y leí la etiqueta. «¿Bentley?»

“Sí” dijo, abriendo la tapa. “Lo uso cuando.eh…te deja todo resbaladizo.” Se puso una gotita en el dedo y la frotó para que la viera, luego me pasó el dedo mojado por el brazo. “¿Ves? ¿Quieres probarlo?” Me pasó el envase.

«Ehh, sí claro», dije. «Adelante.»

Me miró. «¿Quieres que te lo ponga mijito?», dijo.

“Claro, dale” dije. Imaginé que simplemente lo dejaría caer sobre mi tula o en mi mano. Pero en vez de eso, se echó un poco en la mano, dejó el envase a un lado y se frotó las manos. Solté mi tula y observé con expectación cómo sus manos se acercaban a mi miembro palpitante.

Cuando sus manos me tocaron, no pude evitar gemir. ¡Se sentía tan bien! Primero, ambas manos acariciaron mi erección, moviéndose arriba y abajo, girando suavemente, extendiendo el gel lubricante Bentley por toda mi tula. Luego bajó una mano para acariciar mis testículos, esparciendo el líquido por mis cocos mientras su otra mano seguía trabajando mi miembro.

La miré a la cara: miraba fijamente sus manos, que subían y bajaban por mi erección, y acariciaban suavemente mis testículos. Respiraba con dificultad, con jadeos cortos, y sus pezones estaban “paraítos” de duros. Entonces apartó las manos y se puso de pie.

“Listo” dijo, “eso debería hacerte sentir mucho más cómodo.”

«¡No pares, mamita! ¡Ay, por favor, es que se siente tan bien!»

Me miró fijamente sin decir palabra, y pensé que tal vez me había pasado de la raya. Pero entonces se sentó de nuevo en la cama y volvió a agarrar mi tula con su manito. De nuevo, no podía evitar gemir mientras empezaba a mover su mano arriba y abajo por mi tula.

Gemí: «Oh, así, que rico, mamá, sí», y ella empezó a pajearme más rápido. El Bentley hizo que se sintiera genial, mucho mejor y con mucha más sensación que pajearme en seco. Y también hizo que todo fuera más ruidoso: la mano de mi mamá hacía un sonido rítmico de palmada-palmada-palmada mientras seguía muy concentrada. Después de un rato, sentí el cosquilleo familiar. «¡Mamita, me voy, me voy!»

Su respuesta fue gemir un poco y pajearme más rápido que nunca. La sensación comenzó en mi ingle y se extendió por mi estómago y mis piernas. Observé cómo el primer disparo de semen brotaba desde la punta del pene y se elevaba quizás un metro en el aire, para luego caer sobre mis piernas y el brazo de mi madre.

«¡Ohh! ¡Aaaaah! ¡Aaaaah! ¡Dios! ¡Aaaaah!» Me retorcí y gemí mientras seguía eyaculando sobre mí, la mano y el brazo de mi mamá. Puse mi mano en su espalda y la apreté con fuerza mientras el orgasmo me invadía.

«Eso disfrútalo así, mi niñito», dijo ella.

El orgasmo fue tan intenso que vi estrellas, y por un momento temí desmayarme. Poco a poco, mi visión se aclaró y mi pene dejó de eyacular. La mano de mi mamá dejó de masturbarme y deslizó su pulgar por la punta de mi pene, esparciendo el semen por todo el glande. Fue increíble. Estaba en el paraíso.

“Así” dijo. ¿Mejor ahora?

Solté un suspiro tembloroso. «Mamita, eso fue la raja. Fue espectacular, y se siente mucho más rico que cuando lo hago sólo».

Me miró, mientras cariñosamente seguía frotando la punta de mi pene con el pulgar. «¿Haces esto solito, mijito?»

«Sí, todos los días y normalmente en la ducha.»

Apartó la mirada y guardó silencio un momento. «Yo te lo podría hacer todas las mañanas, Ricardo… si quieres.»

“¿Me estás webeando mami?” dije. “¿Sería la raja que me hicieras cariño todas las mañanas? ¿Por qué?”

Ella me miró. «Sí, mijito. Porque lo necesitas, y porque te quiero, y porque… yo también lo disfruté.»

«A veces me pajeo dos o tres veces al día», dije con la esperanza de que su oferta de cariño sea más seguida.

Se rio y se puso de pie. «Por ahora, que sea para despertarnos en la mañana». Mientras decía esto, notó que algunas gotas de semen le corrían por el brazo. «Voy a buscar algo para limpiarnos», dijo. No pude dejar de mirar cómo movía su trasero desnudo al salir, y luego cómo se balanceaban sus tetas cuando regresaba con una toallita. Se sentó y limpió cariñosamente mi tula, mis bolas y luego mis muslos, y luego se limpió el semen del brazo y la mano.

«La seguís teniendo dura», me dijo.

«Sí, weno, es que fue muy bacán.»

«Para mí también, mijito», dijo. «Ahora, anda a la ducha».

Me levanté y la abracé. Esta vez, le agarré el trasero con ambas manos y la atraje hacia mí. Gimió y empujó frotando su vulva contra mi erección, luego me puso las manos en los hombros, me dio un besito y me apartó. «Ándate ya», dijo.

Tomé el café, que ya estaba tibio, y me dirigí al baño.

 

***

 

Martes, miércoles y jueves fueron iguales: mi hermosa madre desnuda entró en mi habitación alrededor de las 6:00 AM, con una toalla y el gel lubricante Bentley. Bajó la sábana para dejarme en pelota y aplicar el líquido viscoso en mi tula y bolas. Si aún no estaba erecta, jugaba con ella hasta que se ponía completamente erecta, y luego me pajeaba con cariño y destreza hasta que eyaculaba con fuerza. ¡No podía creer mi buena suerte!

Deseaba con todas mis fuerzas acariciar sus tetas, jugar con su zorrita y mucho más, pero temía que, si lo hacía, la escandalizaría y acabaría con mi diversión.

El viernes en la mañana llegó a la hora de siempre, desnuda, pero sin la toalla ni el lubricante. ¡Mierda! ¿Había pensado que masturbar a su hijo estaba mal? Mi tula se puso más dura ansiando su contacto.

«¿Mamá?», dije.

Ella sonrió. «No te preocupes, mi niño, seguiré cuidándote. Estuve pensando, así que hoy lo haremos de una manera diferente, si no te importa.»

Apartó la sábana y se arrodilló entre mis piernas, tomando mi erección palpitante entre sus manos.

«¿Vas a hacerme cariño?», dije.

«No exactamente.» Y con eso, se inclinó y tomó la punta de mi tula en su boquita.

«¡Oh, mamá!», gemí. Observé cómo su cabeza se movía hacia abajo, engullendo quizás la mitad de mi pene, luego volvía a subir, y así sucesivamente varias veces. Me lamió por completo, humedeciendo todo mi miembro, luego lo volvió a meter en su boca y bajó la cabeza hasta tener toda mi tula erecta dentro, y sus labios rozaron mi hueso púbico. Mi mamá me estaba haciendo una chupada de pico profunda. No puedo describir lo bien que se sentía.

«¡Mamá, se siente tan rico, chúpala más!”, “Me gusta cómo me masajeas los cocos y rozas mi culo con tus dedos”

Su respuesta fue un gemido. Empezó a chupármela con ganas: mientras su cabeza subía y bajaba rápidamente, sus labios creaban un fuerte vacío que intensificaba la sensación. Luego, con una mano rodeó en círculo la base de mi tula dura como fierro y la usó para seguir sus labios de arriba abajo. Estaba trabajando cada parte de mi tula, mientras mantenía la otra mano envolviendo mis bolas, con un dedo ligeramente metido en el culo.

Y funcionó. Empecé a sentir el cosquilleo.

«¡Mamita, cuidado, me voy a ir, estoy que me voy!» Esperaba que apartara la cabeza, pero en vez de eso gimió de nuevo y empezó a chuparme con más fuerza y ​​rapidez. Me fui cortado en su boca.

«¡Aaaaaaah! ¡Chucha, mamá!» Mientras me movía con fuerza, ella puso una mano en mi estómago para sostenerme. Su boca no se separó de mi tula, y supe que se estaba tragando mi semen. Ninguna galla había hecho antes eso por mí, pero mi mamita lo estaba haciendo ahora. Mi orgasmo finalmente disminuyó y dejé de moverme con fuerza.

«Ohhh», dije.

Mamá apartó la boca de mi pene y me miró a los ojos. Pude ver un pequeño rastro de semen goteando por su labio inferior. Mientras nos mirábamos, sacó la lengua y atrapó la gota de semen. La movió en su boca un instante, saboreándola, y luego la tragó. Me estremecí un poco y ella me sonrió picaronamente.

«¿Te gustó?», dijo ella.

«¿Estás webeando, mamá?, fue la raja, ¿Podemos hacer esto todos los días?»

Ella se rio. «Podría ser», dijo. Luego se inclinó y lamió cariñosamente parte del semen que seguía goteando de la punta de mi pene. Me miró con el ceño fruncido. «Hey cabrito, seguís teniéndolo duro».

Me incliné y la agarré suavemente por debajo de los brazos, para levantarla de manera que se acostara sobre mí, cara a cara. «Chucha mamita qué hermosa eres», dije. Mi mano izquierda bajó para acariciar su trasero mientras mi mano derecha se movía detrás de su cabeza, y la atraje hacia mí para que me besara. Cerró los ojos cuando nuestros labios se encontraron, entreabrió sus labios cuando mi lengua encontró la suya. Gimió profundamente y comenzó a frotar rítmicamente su zorra contra mi erección mientras nos besábamos apasionadamente con lengua.

Entonces abrió los ojos de golpe y se apartó, como si acabara de despertar.

“Bueno, eh… ¡eso estuvo bien! Claro… ya cabrito, tienes que ir al colegio, je je.” Se puso de pie. “Se me olvidó hacer el café; te preparo el desayuno mientras te duchas.”

Yo también me puse de pie. «Mamá, ¿hice algo mal?»

«No, mi niño, solo que… debemos tener cuidado, eso es todo. ¿Cachay?»

“Claro, mamá, cierto” dije. Entendí que, aunque estaba dispuesta a complacerme, no quería que la cosa fuera más allá. Había puesto un límite, pero a la vez era notorio que le costaba mantenerse firme en el suyo.

Me acerqué a ella y la abracé con fuerza, asegurándome de que mi erección presionara su zorrita. La agarré del trasero y la atraje hacia mí, moviendo ligeramente las caderas para que mi pene rozara su vagina. «Te amo, mamá», dije mientras me inclinaba para besarla. Una vez más, cerró los ojos, entreabrió los labios y nos besamos apasionadamente.

Gimió y me agarró el trasero con ambas manos, atrayéndome hacia ella mientras movía sus caderas para aumentar el roce contra mi pene erecto. Ahora caché que me dejaría inclinarla sobre la cama para culiar, pensando en lo maravilloso que sería. Pero no quería ser yo quien cruzara su límite. Así que me aparté y ella abrió los ojos.

“¿Ricardo?” dijo ella.

“Voy a ducharme ahora, mamá” dije. “Te quiero.”

«Oh, yo también te quiero, mijito.» Me sonrió cariñosamente.

Pasé lentamente por la puerta y caminé por el pasillo, esperando que me llamara, pero no lo hizo.

***

 

El sábado, mi mamá me dejó dormir hasta tarde, pero de todas formas me desperté a alrededor de las 6:00; mi cuerpo necesitaba el contacto de mi mamá. Me levanté y estuve jugando en el celular hasta cerca las 9:00, luego fui a la cocina a prepararme un café. Mi mamá ya estaba ahí, vestida con pantalones cortos de lino y una blusa blanca de algodón sin mangas.

“Buenos días, mijito” dijo. Luego me sonrió. “Va a ser un día precioso y soleado, y pensé en broncearme un poco. ¿Me quieres acompañar?”

«Mmm… la verdad, mamá, no estoy muy seguro», dije.

«Vamos, mi niño, como te dije, hace bien tomar algo de sol. Tienes que probarlo al menos una vez.»

«Bueno… está bien.»

Así que fui a mi dormitorio, me desnudé, me envolví en una toalla de playa grande y salí por la ventana de corredera de la cocina para reunirme con mi mamá en el patio. Nuestra casa está en un pasaje sin salida y tiene un buen patio trasero con terraza, una pequeña piscina y varios árboles con arbustos y flores entre ellos. Debido a la curva de la calle, las casas vecinas están separadas y nuestro patio es muy privado.

Mi mamá colocó dos reposeras una al lado de la otra y luego se quitó la toalla, dejando al descubierto su hermoso cuerpo desnudo. Puso la toalla sobre la reposera y se tumbó boca abajo. “Ahhh”, exclamó. Luego me miró expectante.

¿Qué chucha?, pensé. Así que me quité la toalla y también me tumbé boca abajo.

“Ahí” dijo mamá. “¿Verdad que se siente bien el sol en el culo desnudo?”

«Sí, tengo que admitir que sí.»

Mamá metió la mano debajo de la reposera y sacó una botellita de bronceador Hawaiian Tropic. Se echó un poco en las manos y me lo frotó en la espalda, las piernas y el trasero. «Debes cuidar y broncear ese lindo culito», dijo.

«¿Crees que mi trasero es bonito?», pregunté.

Dejó de frotarme y me miró a los ojos. «Ricardo, tienes el cuerpo más bonito que he visto hasta ahora, y no lo digo solo porque sea tu madre. ¡Tienes un cuerpo precioso, eres un weón bien rico!». Me dio una palmada en el trasero para dejarlo claro y luego me entregó la loción.

«Ahora me toca a mí», dijo, volviendo a recostarse.

«¿Quieres que te ponga esto?» pregunté weonamente.

«Sí, tontito, yo tampoco quiero que se queme mi lindo culito.»

Temblé un poco al echarme bronceador en las manos y luego masajear en su espalda. Suspiró mientras le masajeaba los hombros y luego bajaba hasta la parte media de la espalda. Mis manos se detuvieron en sus tetas, que estaban aplastadas contra la toalla y ligeramente sobresalían a los lados. «Tampoco queremos que se quemen, ¿verdad?», dije.

«¡No, claro que no!», respondió. Pasé el tiempo que me atreví en acariciar sus tetas, y luego pasé a su espalda baja. Tomé más loción y comencé a aplicarla en sus cachetes, y ella suspiró de nuevo. Mientras bajaba, separó un poco las piernas y tuve una hermosa vista de su zorrita desnuda. ¿Se suponía que debía poner loción ahí también? No lo sabía, así que para ganar tiempo apliqué loción en una de sus piernas finas y tonificadas, y luego en la otra. Hacia abajo y hacia arriba, una mano a cada lado de la pierna. Mientras subía lentamente por cada pierna, la palma de mi mano rozaba su zorra, y ella se estremecía un poco, pero no decía nada.

Animado, me eché un poco más de loción en la mano, luego la coloqué suavemente sobre su zorrita lampiña y comencé a frotar.

«Uhhn», dijo, pero nada más. Su vagina estaba mojada, así que supe que estaba caliente. La froté con más fuerza, arriba y abajo de sus labios vaginales, y me detuve en su clítoris.

«Mmmmm», dijo, y levantó un poco el trasero para darme mejor acceso. Abandoné toda pretensión de aplicarle loción y comencé a frotar directamente el clítoris.

«Mmm, Ricardo», dijo ella. Mientras seguía acariciando su clítoris, me limpié la loción de la otra mano e introduje lentamente primero un dedo y luego dos, en su vagina.

«Siga así, mi niñito lindo», dijo, y comenzó a frotar su vagina contra mis manos moviendo sus caderas. «Mijito, dale más rápido y más adentro», dijo, y yo obedecí.

Para entonces, mi tula ya estaba dura como fierro sobre el trasero de mi mamá. De nuevo, supe instintivamente que podía montarla allí mismo, estaba muy caliente y tenía un deseo enorme, pero tenía miedo de cruzar esa línea.

«¡Ricardo! ¡Ohhh… OH! ¡Cresta, aaaaahhh!!» El cuerpo de mi mamá se tensó y su gemido se convirtió casi en un grito al llegar al clímax. «¡Ahhh, AHHH, oh Cresta, oh, oh, AHHHH!!» Un pequeño chorro de fluido salió disparado de su vagina y cayó sobre mis manos. ¡No sabía que las mujeres podían hacer eso!

Disminuí la velocidad, pero seguí acariciando suavemente su clítoris y sus labios vaginales. Primero, su cuerpo comenzó a relajarse al terminar su orgasmo, pero luego se tensó de nuevo y sentí cómo su vagina se contraía alrededor de mis dedos. ¡Mi mamita estaba teniendo otro orgasmo! Esta vez, se arqueó con fuerza y ​​gritó un poco. Mis manos estaban empapadas de sus fluidos y la toalla que tenía debajo estaba completamente mojada.

Cuando se recuperó, aparté mis manos de su vagina y le acaricié suavemente la espalda. Ella me miró y me sorprendió ver lágrimas en su rostro.

«¿Mamá? ¿Estás bien?»

“¡Maravilloso!” dijo. “Oye, Ricardo, esa fue… sin duda la mejor aplicación de protector solar que he recibido. Siento mucho… el ruido y demás.”

«Lo disfruté mucho, mamá.» Volví a tocar su vagina y ella se estremeció. Luego acerqué mi mano, cubierta de sus fluidos, a mi nariz. Mamá me observó mientras inhalaba su maravilloso aroma, y ​​luego, uno por uno, me llevé cada dedo a la boca y lamí su deliciosa humedad.

Volvió a estremecerse al mirarme, y luego me empujó de espaldas sobre mi reposera.

«Mijito», dijo con una sonrisa, «Ahora te toca a ti un cariño de tu mami».

 

***

Me quedé dormido de relajado poco después de que mamá terminara de hacerme un exquisito sexo oral. Me desperté con un jadeo femenino de sorpresa. ¿Había alguien conmigo? Temeroso de moverme, abrí un poco los ojos y miré a través de mis anteojos de sol del tipo espejo. La Andrea Espinoza, una compañera de curso, me miraba fijamente a través de la ventana de corredera, con la boca abierta de sorpresa.

“¿Qué pasa, Andrea?” oí que le decía mi mamá desde el living. Andrea no contestó; simplemente siguió mirando mi trasero. Mi mamá se unió a ella en la ventana y sonrió.

«Oh, disculpa, Andrea. Se me había olvidado que Ricardo está afuera tomando sol. ¿Quieres que lo despierte, para que se ponga algo?»

Andrea no apartó la mirada de mi cuerpo. «Eh… no, está bien», dijo.

Mi mamá la miró, luego me miró a mí. «¿Estás segura, mijita? ¿Qué puedes ayudarme a limpiar esto con un niño desnudo durmiendo en el patio?»

«Eh… ¡No hay problema! Es que me sorprendió un poco, pero de verdad, no hay problema, señora Verónica.»

«Muy bien, Andrea. ¿Por qué no empiezas con la ventana grande mientras voy al cajero automático a sacar unas lucas? Vuelvo luego.»

«¡Vaya nomás, señora Vero!» La Andrea estaba recuperando la compostura.

Después de que mi mamá se fue, observé cómo Andrea limpiaba lentamente el interior de los ventanales. Caché que debía estar haciendo ese trabajo más o menos nomás, porque no apartaba la vista de mi trasero. Todo esto me tenía súper caliente, así que decidí darle un buen espectáculo. Mientras ella me miraba, fingí moverme un poco dormido, luego giré para tumbarme de espaldas, con la cabeza lo suficientemente ladeada como para poder seguir observando a Andrea disimuladamente con mis anteojos de sol.

Andrea jadeó. Mi erección se alzaba imponente, apuntando hacia arriba sobre mi estómago. Con el sol directamente sobre mí y la Andrea a solo tres metros al otro lado del ventanal, sabía que tenía una vista excelente. Quise agarrarme y empezar a pajearme, pero pensé que sería una exageración.

Mientras la observaba, Andrea abrió lentamente la puerta mosquitera y salió al patio. Caminó hasta un lado de mi reposera y se arrodilló junto a mí. Su rostro estaba a unos quince centímetros de mi tula, que se movía ligeramente al ritmo de mis latidos. Andrea se lamió los labios nerviosamente y miró a su alrededor.

“¿Ricardo?” susurró. “Ricardo, ¿estás despierto?” Puso su mano en mi muslo, muy cerca de mi tula y mis bolas. “¿Ricardo?”

Me moví un poco e intenté hacer sonidos de respiración como si estuviera dormido. Animada, Andrea movió lentamente su otra mano hacia mi pene erecto. No pude evitar gemir un poco, lo que sobresaltó a Andrea. Así que me moví un poco más y luego me acomodé de nuevo, tratando de convencerla de que seguía dormido.

Tras permanecer inmóvil durante un minuto, Andrea comenzó a examinar mi cuerpo con detenimiento. Primero, agarró delicadamente la tula con sus dedos pulgar e índice como pinzas. Luego la agarró con su mano y comenzó a jugar con la tula erecta, moviéndola arriba, abajo y alrededor, acariciando la piel. Luego se fascinó con mis bolas, jugando con la piel suelta y moviendo ligeramente cada testículo. Después, volvió a la tula. Pensaba si yo sería el primer hombre que veía en pelota, o tal vez solo el primero con una erección.

Finalmente, tomó el pene con ambas manos y, torpemente, comenzó a pajearme. Estaba claro que no tenía experiencia. No quería que se detuviera, pero supuse que sospecharía si no despertaba. Gemí: “Qué bien se siente”, y puse mi mano en su espalda. «¿Andrea? ¿Qué estás haciendo?». Me quité los anteojos de sol y la miré.

Se quedó paralizada y me miró con repentino miedo. «Disculpa, Ricardo. Es que yo… yo quería ver cómo hacerle salir leche.»

«¿Leche? ¿Disparar semen, querrás decir?»

«Sí, Ricardo. Quería ver tu semen.»

Fue tan sexy oírla decir esas palabras de su boquita de niña. «¿Has visto a un hombre irse cortado?», pregunté.

“No.” Miró al suelo. “Nunca he estado con un gallo así, y de verdad que quiero verlo… saber cómo es.” Volvió a mirarme a los ojos y sus manos empezaron a moverse en mis muslos deslizándose a la pichula, y gemí de nuevo. “Ricardo, porfa, ¿Déjame hacerte la paja?”

“Ok, Andrea” dije. Me incliné y le mostré cómo sostenerme la tula para lograr el máximo efecto y qué ritmo usar mientras me pajeaba. Cuando empezó a hacerlo bien, sus manos comenzaron a producir un sonido familiar de palmada-palmada-palmada.

“¿Está bien así, Ricardo?” preguntó ella.

«Está perfecto, Andrea. Se siente rico así. Ya eres una experta. Me voy a ir luego.»

Ella sonrió ante el cumplido, luego bajó la mirada hacia mi tula. «¿Qué es eso?»

Miré abajo y vi que había una gotita que había caído desde de la punta de mi tula sobre mi estómago. «Se llama líquido preseminal, y siempre sale un poco cuando un hombre se excita. Puedes deslizar tu pulgar para masajear un poco el glande con ese líquido».

Masajeo suavemente el glande por un instante. Se sintió tan bien que gemí de nuevo. Luego continuó pajeándome con una mano mientras se llevaba la otra a la nariz para oler mi líquido, y luego a la boca. Sacó la lengua y probó mi líquido preseminal. ¡Pensé que iba a eyacular en ese momento!

“Salado” dijo. “Pero bueno.” Empezó a pajearme con fuerza de nuevo, usando una mano y con la otra masajeaba las bolas. Sentí que empezaba a sentir un cosquilleo.

«Andrea, lo estay haciendo bien. Cresta, estoy a punto de irme.»

Rápidamente movió su cabeza hacia la punta de mi tula para no perderse el espectáculo. En parte quería advertirle sobre lo lejos que saldría el semen, pero por otra parte quería ver ese disparo.

«¡Andreita, cresta, me voy, me voy! ¡Ahora mismo! ¡Aaaagh!» Mi cuerpo empezó a sacudirse y vi cómo el primer chorro de semen salía disparado directamente a la cara de Andrea. Ella jadeó sorprendida y echó la cabeza hacia atrás, pero no lo suficiente: ¡el segundo chorro le cayó justo en su boquita abierta!

Lo hizo como una experta; nunca dejó de pajearme. ¡Qué suerte tenía de ver este espectáculo!: una galla estupenda, dándole con sus dos manitas arriba y abajo a mi tula que eyaculaba, y un buen chorro de semen goteando lentamente en su frente y mejilla.

«¡Me saltó en la boca, Ricardo!» Mi cuerpo aún se sacudía y me esforzaba por obtener el máximo placer de mi orgasmo, y sin dejar de mantener mis ojos fijos en su cara y verla tragar un buen poco de semen.

Finalmente, mi clímax terminó y tuve que agarrar las manos de Andrea para que no siguiera pajeándome. «Se pone sensible después de eyacular», dije.

“Chuta, disculpa, Ricardo” dijo Andrea. Se sentó sobre sus talones.

«Ea… tienes algo en la cara», dije.

«Oh.» Mientras la observaba, Andrea usó un dedo para limpiarse el semen de la mejilla y la frente, ¡luego se chupó el dedo!

«¿Qué tal está, Andrea?»

«¡Me gusta!», dijo ella. «¿Nunca lo has probado?»

“No” dije, sorprendido. “Pienso que eso sería medio gay.”

“¿Quién va a saber?”, dijo. Luego recogió un poco de semen de mi estómago y puso su dedo frente a mi boca. “Pruébalo”, dijo.

Así lo hice. Agarré su dedo con mi boca y eché la cabeza hacia atrás. Su dedo hizo un pequeño chasquido al separarse de mis labios.

“¿Qué sabor tiene?” preguntó ella.

Lo hice rodar en mi boca y tragué. «Salado y un poco viscoso, pero bueno, supongo.»

“A mí me gustó” repitió, y luego se inclinó y empezó a lamer el resto de semen de mi estómago, mis bolas y mi tula. Cuando terminó, tenía nuevamente parada la tula.

“¿Quieres hacerlo de nuevo?” preguntó ella.

Miré y, por encima de su hombro, vi a mi mamá mirándonos desde la ventana. Por la cresta, ¿cuánto tiempo llevaba allí?

“Mmm… mejor que ahora no” dije. “Mejor que limpies un poco antes de que mi mamá vuelva a la casa.” Al oír eso, mi mamá se apresuró a regresar al living y salió por la puerta principal.

«Ok, Ricardo, ¡pero quiero hacerte la paja de nuevo!» Andrea volvió corriendo adentro, justo cuando mi mamá dijo «llegué».

«¡Me demoré porque me costó estacionar!», dijo mi mamá. «¿Cómo va la limpieza?»

«¡Muy bien, señora Vero!»

«Chuta, Ricardito despertó y ahora está acostado de espaldas. Sigue ahí desnudo»

«Sí, pero no hay problema por mi lado», dijo Andrea.

Mi mamá le sonrió y le señaló su mejilla. «Tienes algo en la cara, mijita. Deja que te lo quite». Mi mamá limpió el último rastro de semen de la mejilla de Andrea, quien se puso roja de vergüenza. «Debe ser algunos de los productos de limpieza», dijo mi mamá, sonriendo.

“Sí, yo creo” murmuró Andrea, mirando al suelo.

Mi mamá me miró y, mientras yo la observaba, lamió sensualmente el semen de su dedo. Me quedé boquiabierto y mi erección se intensificó.

Mamá sonrió. “Bueno” dijo, “Voy a despertar a mi hijo. No quiero que se asolee.” Salió y fingió sacudirme para despertarme. “Voh la cagai, soi un weón bien caliente” me susurró al oído.

«Es que pasó nomás, mamá», susurré, sintiéndome culpable.

“Lo entiendo, de verdad. Yo también fui joven” dijo mi mamá. “Levántate y entra; te vas a quemar si te quedas aquí mucho más tiempo.” Me levantó de la reposera y me empujó hacia la casa.

“¿Debería taparme?” dije, señalando la toalla.

“¿Por qué?” preguntó mamá. “Andrea ya visto casi todo, ¿no?” Al oír su nombre, Andrea levantó la vista y me miró fijamente, y yo completamente desnudo.

“Sí, obvio que sí” dije, y entré en la casa pasando junto a Andrea, con mi erección balanceándose frente a mí. Mientras caminaba por el pasillo, oí a mi madre decir: “Entonces, Andrea, ¿quieres ayudarme a limpiar la casa todos los fines de semana?”

«¡Claro que sí, señora Vero!»

Eso me pareció bien a mí también.

***

Más tarde, estaba leyendo acostado en mi cama cuando mi mamá entró, se sentó en la cama y comenzó a desabrocharme los pantalones cortos. «¿Mamá?», dije.

Me sonrió mientras me bajaba los pantalones cortos, dejando al descubierto mi pichula. «Mijito, después de lo que vi esta mañana, me di cuenta de que necesitas algo más que nuestro ‘tratamiento’ habitual de una vez al día.» Inmediatamente se inclinó y se metió la pichula flácida en la boca.

Se me puso dura rápidamente mientras ella la chupaba, y en un abrir y cerrar de ojos me tenía gimiendo y arqueándome en la cama, eyaculando en su suave y cálida boca. Me miró y abrió sólo un poco su boca, y pude ver que movía el semen con la lengua. Cerró los ojos y tragó, luego se lamió los labios, me miró y sonrió.

«¡Chuta, mamá, gracias!», dije. «Pero…»

«Pero ¿qué?, mijito»

«No es tan divertido cuando estás tan vestida. Me gusta mirar tu cuerpo.»

“Chuta. Bueno, ya lo arreglamos.” Se levantó, se quitó la ropa sin dejar de mirarme a los ojos y lanzándome besos, luego se volvió a acostar a mi lado dándome la espalda. Giré para abrazarla y ella se ajustó apretando su trasero contra mí.

«Ricardito, quiero que sepas que cuando quieras, estoy para ti. Una pajita, o una chupadita… lo que quieras. Y todas veces al día que quieras», “¿Le queda claro mijito?”

La rodeé con mis brazos y puse mis manos en sus hermosas tetas. Mi tula comenzó a ponerse como fierro.

«¡Mmm, ¡qué rico mijito!», dijo. Se acurrucó aún más contra mí, presionando mi tula contra la raja del culo. Jugué con sus pechos, prestando especial atención a sus duros pezones. Una de mis manos bajó y comenzó a acariciar suavemente sus labios vaginales. Gimió y frotó su culo contra mi pichula que estaba más dura que la cresta.

«Mamá, está bien que te toque así, ¿verdad?»

Suspiró y luego se giró en la cama para mirarme. «No, mijito. Nada de lo que hemos estado haciendo últimamente está bien.»

«Pero yo solo quería decir…»

«Lo sé, pero déjame explicarte. Lo que hemos estado haciendo se llama ‘incesto’. ¿Conoces esa palabra?»

«Sí», dije.

«En nuestra sociedad el incesto está mal, principalmente porque pueden ocurrir cosas malas cuando parientes muy cercanos tienen hijos.»

“Lo sé mamita” dije. “Eso lo aprendimos en el colegio.”

«Además, la gente piensa que, si los padres y sus hijos tienen relaciones sexuales, el adulto está abusando sexualmente del niño”

«No estás abusando sexualmente de mí, mamá. Me estás enseñando cariñosamente, y me haces sentir muy bien”

«Lo sé, Ricardo. Te pareces mucho a mí.»

Nos quedamos en silencio mirándonos a los ojos, la boca.

«No siempre he sido una weona cartucha, Mi niño.»

«¡Mamá, no lo eres!»

«Escúchame. Empecé a tener sexo cuando tenía la edad de Andrea. Me encantaba y no me cansaba. Mijito, tu madre es un poco calentona. Me gustaba culiar seguido.» Mamá frunció el ceño. «Después de que tu papá falleció, reprimí mi deseo sexual en lo más profundo de mi ser, y es una parte de mí que había mantenido olvidada durante años. Pero ver tu hermoso cuerpo desnudo y la media tula que te gastas despertó esa parte de mí, Ricardo.»

Todo esto me dejó un poco impactado. Además, nunca había oído a mi mamá decir «culiar» ni nada más fuerte que un ocasional «¡Mierda!» cuando ocurría algo realmente malo.

«Me fui dando cuenta de a poco. Primero, me mostrabas tu precioso cuerpo cada mañana, y me decía a mí misma que estaba bien y que era sano. Luego quisiste verme desnuda, y me di cuenta de que eso también estaba bien. Después, cuando te pillé pajeándote, me dieron muchas ganas de hacerlo por ti y me lo hiciste fácil. Solo soy una madre que ama a su hijo y que quiere darle algo alivio y placer; no hay nada de malo en eso, ¿verdad?»

«¡Claro que no, mamá!, yo estoy feliz, y pienso que tú también”

«Siempre me encantó chupar pichulas, así que tenía muchas ganas de sentir la tuya en mi boca. Fue fácil pasar de pajearte a chupártela: ambos conseguimos lo que queríamos, ¿cachai?»

«Claro, mamá.» Su lenguaje subido de tono me estaba poniendo muy caliente.

Se dio vuelta y quedó mirando al techo. “Hoy, cuando me fui cortada en el patio, me quedó claro que quiero que me culees. Quiero que me la metas, y quiero ahora. ¿Puedes, mijito? ¿Puedes culiar a tu mamá sin que pienses que abusa sexualmente de ti?”

«Pucha, mamita…»Giré sobre ella y la besé profunda y apasionadamente. «¡He estado desesperado por culiarte desde hace tiempo, pero tenía miedo hasta incluso de tocarte!»

Me besó y me abrazó cariñosamente. «No tengas miedo, Ricardo. Puedes tocarme donde quieras y hacerme lo que quieras. Pero ahora, te necesito dentro mío.» Extendió la mano, agarró mi tula erecta y colocó la punta contra sus labios vaginales, que ya estaban muy húmedos. «¿Has hecho el amor antes, mijito?»

Temblaba mientras sentía cómo se lubricaba la punta de mi pene con sus fluidos. «Si poh, mamá, unas cuantas veces, pero… a lo mejor no le hecho muy bien.»

Ella soltó una risita. «Ok, confía en mí, lo harás bien. Ambos mejoraremos con la práctica. Y, creo que practicaremos bastante. Pero ojo, que te tengo que advertir: grito un poco, y puede que te muerda y arañe un poco. Me vuelvo un loquita cuando culeo. ¿Estai listo?» Mientras decía esto, levantó un poco sus caderas, y la punta de mi pene pasó a través de los suaves y húmedos pliegues de sus labios vaginales. Ambos gemimos al mismo tiempo.

«¡Chucha, sí!», dije. Y grité. «¡Por la cresta, mamá, la tenis rica… más rica que la de Claudia!»

«Eso no es nada», dijo. «Espera…» Me agarró el trasero con ambas manos y me tiró hacia abajo, metiendo la pichula completa en su zorra.

La sensación era indescriptible. Estaba tan apretada que sentía mi pene completamente atrapado en una prensa caliente y resbaladiza. Emitió un gemido bajo que rápidamente subió de volumen y tono. Podía sentir sus músculos vaginales ondulando alrededor de mi tula pulsante y sensible. Empezó a arquearse y su cabeza se movía de un lado a otro. ¡Parecía que mi mamá se estuviera yendo cortada, y yo ni siquiera había empezado a moverme todavía!

«Mamá, ¿estás bien?», le pregunté.

Ella me miró. Sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, y su respiración era entrecortada y superficial. «Sí», jadeó, «Estoy bien». Me agarró el trasero con más fuerza. «¡Ahora, Culéame! ¡Culéame fuerte, mijito!» Comencé a mover mis caderas, poco a poco hasta encontrar un buen ritmo. «¡Sigue así, por la chucha! ¡CULEAME!» Empezó a arquear sus caderas el doble de rápido que yo, para empujarlas hacia las mías.

Entendí la idea. Empecé a moverme más rápido, embistiendo con fuerza, metiendo y sacando la pichula, frotando mi hueso púbico contra el suyo mientras llegaba al fondo de su cuello uterino. Mientras tanto, podía sentir cómo su vagina se contraía alrededor de mi tula y sus fluidos brotaban, cubriéndolo. La sensación de presión aumentó y no sabía cuánto tiempo podría aguantar, pero seguí embistiéndola. El sudor en mi frente empezó a gotear sobre su rostro.

«¡Sí, SÍ!» gritó. «¡CRESTA, POR LA CHUCHA RICARDO! ¡CULEAME, MIJITO, MÉTELO ASÍ, ¡SOY TU PUTITA! ¡CRESTA, CONCHETUMADRE WEON, ¡QUE RICO, AAAAAAGH!» Su vocalización era constante ahora, una mezcla de gemidos, gritos y obscenidades, y sus uñas se clavaban en mi espalda. ¡No podía creer que esta mujer fuera mi mamita! «¡CHÚPAME LAS TETAS, MIJITO, POR FAVOR, ¡MUÉRDEME LOS PEZONES!»

Le chupé y mordisqueé ambos pezones mientras seguía metiéndola con fuerza, y finalmente sentí que se acercaba mi propio orgasmo.

«Mamá, estoy que me voy.» Empecé a sacarla, pero me agarró el culo con las dos manos y me atrajo hacia ella.

«¡¡NO!! ¡No weón, ni se te ocurra sacarlo, NI SE TE OCURRA! ¡Quiero sentirte cuando te vayas dentro, Ricardo, lo necesito!» Me sentí atrapado cuando me rodeó con fuerza con sus piernas y ​​comenzó a moverse contra mí aún más rápido, sentía que estaba ordeñando mi pichula, deseando que me fuese cortado con todo. Mi mamá me estaba culiando con todo.

«Bueno, mamá, ya estoy que me voy…me voy… Unngh. ¡Ahhh! ¡AHHH! ¡Oh, Por la chucha, ¡mamá! ¡OHHHH! ¡ME VOY!» Cerré los ojos y me dejé llevar por las olas de mi orgasmo. Sé que en realidad hay un poco de líquido en una eyaculación, pero sentí como si estuviera disparando, disparando y disparando semen dentro de mi mamita. La sensación fue increíble; casi me desmayo del placer.

«¡SÍ, MI GUAGÜITA, ¡SÍ!» gritó. «¡VENGASE NOMÁS! ¡VENTE CONMIGO, GUAGÜITA! ¡CRESTA, PUEDO SENTIR QUE TE FUISTE DENTRO!»

Finalmente, ambos estábamos exhaustos. Ella dejó de forcejearme y yo me desplomé sobre ella. Respirábamos con dificultad y, con mi pecho pegado a sus tetas sudorosas, podía sentir nuestros corazones latiendo a mil por hora. Mi mamá recuperó lentamente la compostura y sus ojos se fijaron en los míos.

«Oh, Ricardo, mijito, discúlpame. No quería volverme así de loquita. ¿Te hice daño?»

«No, mamá.»

«Sé que estuve gritando un buen rato. ¿Dije algo fuerte o impactante para ti?»

«Fue… diferente. Pero me gustó. Me gustó hacerlo, mamá. Mmm… ¿Te fuiste?»

Ella soltó una carcajada. Pensé que se reía porque yo sería capaz de llevarla al orgasmo. Sentí que me ardía la cara de vergüenza por la pregunta y comencé a retirarme, pero ella me agarró y me obligó a permanecer dentro de ella.

«Mijito, disculpa, no me río de ti. ¡Fuiste, en una palabra, espectacular! Eres muy bueno en el catre. Me río porque me empecé a correr apenas me metiste la tula, y no paré hasta que tú también te fuiste y dejaste de moverte. Así soy yo. Cuando hago el amor, no puedo dejar de irme cortada varias veces hasta que siento el semen de mi amante dentro mío. ¿Rara la wea, ¿verdad?»

La besé. «No es raro, mamá. Es genial. Es excelente que puedas llegar al orgasmo así. Me encantó sentirlo, oírlo y saber que te lo estaba provocando.»

«¿No te importan los gritos, mijito?»

«No, mamá, me excita muchísimo. Solo de pensarlo me dan ganas de volver a hacerlo.»

«¡Genial, mi niñito!» Su mano se movió entre nosotros y rodeó la base de mi pene, y comenzó a mover las caderas. «¿Qué tal ahora mismo?»

«¡Chucha, mamá! ¡Y tú me llamaste insaciable a mí!»

«Oh, eso me recuerda, mijito que hoy conversé con Andrea. Ella entendió que no puede contarles a sus padres lo que vio y obviamente lo que hicieron esta mañana. A cambio, la dejo traer a su amiga mañana para una pequeña, eh, sesión de instrucción contigo. ¿De acuerdo?» Me sonrió dulcemente, pero su sonrisa se transformó en un jadeo y un gemido cuando mi tula se recuperó y endureció dentro de ella y comencé nuevamente a moverla rítmicamente entrando y saliendo.

«Claro que sí, mamá», dije mientras comenzaba a darle con fuerza.

Mamá empezó a correrse y a agitarse de nuevo. «Sí, oh, SÍ RICARDO, ¡DALE! ¡MUEVETE MÁS RÁPIDO! ¡Eyacula dentro de tu mamá como le diste en la boca a la Andrea, por la chucha, mijito, ¡Culéame fuerte!»

 

¡Por la cresta que es bueno vivir la vida así!

 

3 Lecturas/20 agosto, 2026/0 Comentarios/por Cincuenton59
Etiquetas: colegio, gay, hijo, incesto, madre, mayor, playa, sexo
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