Mi mamá no lo hizo a propósito, pero…
Nos quedamos sólos en casa por viaje de mi padre. Mi madre llevaba una vida de trabajo en oficina y ama de casa. Fue su oportunidad de descansar, tomar unas copas, relajarse con su hijo en la tinaja jacuzzi…..
Por como las cosas se llevaban en casa, y aunque parezca feo decirlo, mi mamá no tenía nada de especial hasta ese momento. Era discretamente atractiva, buena figura, estatura promedio, y llevaba su edad bastante bien. Trabajaba en el área administrativa de una empresa grande en el centro de Santiago a unos 30 minutos de la casa. Normalmente llegaba durante la semana a las 6 de la tarde, y en casa su mayor preocupación era mantener la limpieza y llevar los temas de supermercado y alimentación. Más allá de eso, era la «mamá» en la casa. Mi papá era la personalidad dominante y quien dirigía la vida familiar. Parecía que se habían distanciado bastante en el plano sentimental. Pero bueno, así eran las cosas. Aburrido pero predecible.
Yo estaba por terminar cuarto medio y estaba considerando mis opciones. Mientras, había estado haciendo trabajos esporádicos en el barrio, como cortar el pasto a vecinos, limpiar canaletas antes de invierno, instalar lámparas o cortinas, reparar goteras en llaves, etc. Estas actividades me habían permitido intimar en algunas ocasiones con un par de vecinas solas, ya sea casadas o separadas, y por otro lado en el colegio tuve mis pololas o amigas con las que algunos fines de semana salíamos de carrete a la playa.
Ya había enviado varias solicitudes para trabajar ese verano, pero parecía que tendría que ir a la Universidad, si me daba el puntaje y sí quería trabajar sin delantal. Había un Instituto que me había aceptado para el semestre a partir de marzo, así que era mi plan B si no conseguía trabajo o ingresar a la Universidad. También tenía pensado preguntar a mi mamá si podía averiguar si su empresa estaba contratando, pero aún no había podido conversar con ella al respecto.
La llamada llegó temprano el viernes por la mañana. Los padres de mi papá, mis abuelos, habían tenido un accidente de auto. Nada grave, pero mi papá debió tomar un avión inmediatamente a Antofagasta para ver cómo estaban y qué se podía hacer. Mi mamá y yo nos ofrecimos a acompañarlo, pero dijo que sería más fácil solo. No discutimos, pues no tenía sentido. Podía trabajar a distancia, así que dijo que volvería en cuanto pudiera. Lo llevé al aeropuerto al mediodía, y cuando regresé, decidí sorprender a mi mamá con una pizza. Preparé la masa, le agregué algunos ingredientes especiales y tenía el horno bien caliente cuando entró a la casa con los hombros caídos.
«Mamá, bienvenida a casa. Tengo pizza lista en el horno para cenar, vino Cabernet Sauvignon y cerveza en el refrigerador por si quieres tomar algo antes o con la pizza.»
Abrió sus ojos y una gran sonrisa iluminó su rostro. Dejó de estar encorvada, se quitó sus zapatos taco alto y entró en la cocina.
¿Aceitunas, rúcula y algo de tomate? Ya no comemos eso porque a tu padre no le gusta.
Sabía qué ingredientes le gustaban a mi mamá en su pizza y le compré todo lo que quería para consentirla. Fue a cambiarse de ropa mientras yo preparaba el resto. Usaba la típica tenida de la empresa, tenía tres o cuatro tenidas formales que combinaba con sus zapatos. Y en la casa, casi todo lo que usaba era ropa vieja y cómoda. Aun así, me alegró verla sonreír. Eso era raro.
Con la confianza que le daba que mi papá no estuviera en casa, se sentó en la encimera de la cocina y le serví elegantemente una copa de vino. Normalmente no bebía mucho porque se le subía a la cabeza enseguida y decía que eso la ponía nerviosa. Pero esta tarde parecía que iba a disfrutarlo. Me vio poner la pizza en el horno y ambos observamos, mientras conversábamos y bebíamos, cómo ésta se doraba. Cuando estuvo lista, la saqué y la puse en la tabla para que se enfriara. Noté que su copa estaba vacía, así que la llené nuevamente, esta vez con un poco más. Sonrió y dio un buen trago, mientras me miraba sonriente a los ojos.
«Tengo preparada la mesa del patio para comer afuera, ¿te parece bien, mamá?»
«Me encanta comer ahí, pero a tu papá no le gusta…»
Era finales de primavera, principios de verano, así que la temperatura era muy agradable por las tardes y noches. No estaba mal, así que pudimos comer la pizza y disfrutar. Le había preparado la mesa del patio con un mantel, tal como a ella le gustaba. Nos sentamos uno al lado del otro para disfrutar del jardín. Volví y le traje la botella de vino, ya que su copa estaba vacía otra vez. Disfrutamos de la pizza, mientras las sombras se alargaban en el atardecer. Al llegar el anochecer, ya habíamos pasado unas horas sentados, conversando y relajándonos juntos. Recogí la mesa para que mi mamá siguiera relajada.
Cuando se puso de pie, mi mamá mostró los efectos del vino.
«Roberto, parece que, que tomé, tomé demasiado.»
Se balanceaba ligeramente y se reía mientras lo decía. Había llegado el momento de las risas.
«Pucha Roberto, nunca tengo tiempo para hacer nada divertido. Solo trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, trabajo…»
Mi mamá necesitaba divertirse. Estaba claro, que esta noche era una buena oportunidad para pasarlo bien.
«Mamá, ¿Quieres ir al jacuzzi?»
Mi papá tenía un jacuzzi en el salón de ejercicios, que sólo usaba él. Lo usaba para recuperarse de los ejercicios, pero rara vez para pasar un buen rato. El jacuzzi tenía una vista estupenda de nuestro jardín en el patio, era una parcela cerca de Santiago de 3 hectáreas, donde había que caminar bastante hasta el límite de ésta, por no hablar de la casa del vecino.
«¡El jacuzzi!»
Soltó unas carcajadas divertidas.
«Esa es la, la, la, TINAJA DE RECUPERACIÓN CORPORAL, ¿Voh cachaí?»
Mi mamá imitando la voz de mi papá a la perfección, tal como él la llamaba.
«Entonces me pondré en la tinaja de recuperación corporal. Ya cabrito, anda a buscar un traje de baño y…»
Ella se reía a carcajadas y se tambaleaba de un lado a otro.
«Mientras, yo voy a ponerme el traje de baño, Roberto.»
Entró en la casa y se dirigió a su dormitorio. Terminé de limpiar, dejé llenándose el jacuzzi con agua caliente y fui a mi dormitorio a ponerme el traje de baño, luego volví y tomé su botella de vino y saqué otra más, y salí a revisar el agua en la tinaja que ya estaba casi llena. Estaba a punto de entrar a la casa para ver si se había quedado dormida cuando la vi por el ventanal que da al patio. Nunca la había visto antes con el traje de baño que llevaba puesto. Era un bikini amarillo claro y pequeño. Antiguo pero bonito. Con lazos laterales, la parte inferior cubría sus nalgas. La verdad, es que estaba muy bien, o como dirían mis amigos “Está entera de rica la tía”.
«¡Mamá, ¡qué traje de baño tan bonito!»
«Gracias Robertito, nunca uso éste esto porque, porque, porque, porque no lo sé.»
No había visto a mi mamá con otra cosa que no fuese ropa vieja, formal algo desaliñada. Sé que era la ropa apropiada para su trabajo, pero, cresta, era horrible incluso para ella. Solo tenía 37 años, después de todo, me tuvo justo cuando terminó el Liceo. No hacía mucha actividad física y algo se le notaba. Pero podía imaginar cómo era su figura en su juventud, igual seguía en su mejor momento. No estaba mal, simplemente no era la típica Influencer de Instagram de 37 años. Fue un alivio verla sin el típico traje de baño negro de una pieza que solía usar. ¿Cómo se le ocurría que el traje de baño tuviera una pequeña falda incorporada…? Éste, sin embargo, la hacía parecer más joven y definitivamente no como mi mamá. Los triángulos de la parte superior sujetaban cada teta y en el triángulo de la parte inferior, y sí se ponía atención, dejaba ver un poquito de vello púbico asomando por los lados. Por atrás su traje de baños terminaba en su bonita espalda dejando insinuar un bonito trasero. Era de cobertura total, pero…rica como dirían mis amigos.
«Mamá, da una vuelta, para verte completa.»
Ella lo hizo.
Mi mamá, que yo creía que ya había perdido todo el entusiasmo, giró y me contorneó las caderas. Se veía bien. Muy bien. Féliz y risueña. Agarró su copa y se tomó el saldo que aún quedaba.
«¡Ya Robertito, rellena nomás!»
Vertí el resto de la botella en su copa y dio un buen trago.
«Estoy un poco inestable, Robertito, ayúdame…»
Tenía los brazos extendidos para comenzar a subir las escaleras hacia la plataforma de la tinaja del jacuzzi. Mientras caminaba, yo estaba admirando su cuerpo de una manera distinta. Tenía bonitas tetas, suaves, redondas. Algo mostraba por el escote y los costados de su bikini. Por detrás, una bonita espalda y un movimiento de trasero exquisito. Cuando le puse una mano en la parte baja de la espalda para estabilizarla, junto con la suavidad de su piel en la cintura, sentí un escalofrío que me corrió por la espalda produciéndome una erección instantánea y palpitante. En eso, ella giró más rápido de lo esperado tambaleándose un poco. Logré sujetarla firmemente por las axilas. El sostenerla así me permitió sentir su cuerpo con mayor intensidad, lo que claramente me puso más caliente y ya no podía dejar de mirar sus tetas y esos escasos vellitos que sobresalían del traje de baño.
«Uuuuuy, Robertito, buen agarre.»
Mientras se ponía de pie, y con el vino intacto en su copa, me besó en la mejilla derecha, acariciándome con la palma de su mano bajo mi pecho izquierdo, lo que hizo que se me erizaran los vellos y la tetilla. La acompañé subiendo las escaleras sin más problemas y retrocedí hasta la tinaja para ayudarla a entrar. Tomé su copa y la coloqué al borde de la tinaja, luego ingresé primero para tomarle de ambas manos mientras ella bajaba lentamente al asiento. Perdió nuevamente el equilibrio al soltarme las manos, cayendo hacia mí. Su pecho impactó contra el mío y ambos caímos dentro de la tinaja con un gran chapoteo, mientras pude sostenerme sentado y apoyando mis manos en el piso de la tinaja. Terminó arrodillada, a horcajadas sobre mí, se sostuvo abrazándome y apretada contra mi pecho. Toda la situación en una tinaja con rica agua tibia burbujeante.
Fue exquisito sentir el cuerpo de esta mujer mayor, y respirando tan cerca de mi boca. Era una sensación indescriptible sentir su cuerpo mojado contra el mío, sentada sobre mis muslos y abrazándome. No estaba seguro sí ella pudo sentir mi pichula absolutamente dura bajo su vagina.
«Ea, señor. ¡Despacito por las piedras, recién nos conocemos!….»
Ella soltó una carcajada al oír su propio chiste. Luego me dijo suavemente al oído, “Me estai rayando la pintura cabrito”, y volvió a reír maliciosamente mirándome a los ojos, pero ahora con una cara insinuante que fue la causa de tantas pajas posteriores.
No era broma, tenía una gran erección en ese momento.
Se deslizó hasta el otro asiento y se recostó, con la cabeza apoyada en el borde de la tinaja.
«Tito, ¿Dónde está mi vino?»
Le entregué la copa y me acomodé, para pensar e intentar comprender la situación: Era de noche, y estaba sólo con mi mamá en un jacuzzi con agua tibia. Mi mamá usaba un sexy bikini y ya estaba arriba de la pelota. Pensaba en lo caliente que me tenía, pensaba en acercarme y tocarla, abrazarla con cariño. Y en mi ardiente calentura por sentir su cuerpo junto al mío.
«Mi bikini está raro, como torcido, Robertito, arréglalo por favor.»
Se incorporó y una de sus tetas quedó prácticamente descubierta. Ahora, la tela mojada del traje de baño se veía fina y transparente, y los triángulos de tela se habían deslizado, dejando ver uno de sus pezones. Estaban duros como piedras y apuntaban directamente hacia mí.
«¿Qué?»
«Cachai Robertito que estoy un poco curaa, arréglame el bikini para que mis tetas queden tapadas.»
Se inclinó de rodillas en el piso de la tinaja hacia mí, poniendo sus tetas en frente. Agarré la tela de uno de los triángulos y la deslicé hacia arriba, luego hice lo mismo para ajustar la otra. La tela elasticada que rozó el pezón debió de provocarle placer, pues mi mamá dejó escapar un suave gemido.
«Ooooooohhhhh, mijito súbelos un poquito más, Robertito, por favor?»
Tiré un poco de ambos haciendo que sus tetas se movieran y rozaran en la tela fina, y ella echó la cabeza hacia atrás y jadeó.
«Chucha, eso fue muy rico, Robertito.»
Mientras no miraba, e intentando que no pareciese intencional, acaricié suavemente los costados de las tetas y le froté un poquito los pezones con los pulgares, sintiendo cómo se estremecía bajo mi tacto.
«Oooooohhhhh, chucha que rico, otro poquito Tito».
Cerró los ojos y se dejó caer hacia atrás en la tinaja.
Noté que ella ya no estaba consciente de la situación.
Bueno, por la cresta…que mala cueva. Me tenía super caliente. Mi pichula dura como palo ya se había asomado por el costado del traje de baño.
Salí y la saqué de la tinaja por la terraza. Era bastante ligera, pero aun así pesaba. La recosté a un lado en una silla playera para secarla un poco con una toalla y la tomé en brazos para llevarla al interior de la casa. Esa caminata con ella somnolienta la hice con la pichula totalmente erecta, y rozando mi paquete con su trasero. La acosté en su cama. No podía dejarla dormir con ropa mojada, así que debía sacarle el traje de baño. Deslicé, muy excitado por la situación, el calzón de su bikini, y la visión que tuve me volvió loco, pues me recordó a Desiree después del accidente, pues tenía hermosos y suaves vellos café en el pubis. Luego saqué el top del bikini, y no pude contenerme de tocar suavemente sus pezones con mi lengua. Sentía mi cuerpo tiritar con el corazón a full, y tenía la penca más dura que la cresta. Noté que dormía profundamente así que aproveché de chupar sus pezones suavemente, amasando una teta mientras me sobaba la pichula con la otra mano. Pensé que era una buena oportunidad para probar su zorrita, me bajé el traje de baño y mientras pensaba como acomodarme, mojé la cabeza de mi tula con mucha saliva. Me invadía el deseo de probar meter, sólo con la puntita….un poquito. Sentir su zorra envolviendo la cabeza…..no daba más de excitación…el corazón me latía a full….pero, me arrepentí, era mi mamá indefensa. Así que, finalmente la arropé bien y me aseguré de que la alarma de su celular estuviera apagada. Ni siquiera llegué a la puerta cuando sus suaves ronquidos llenaron el dormitorio. Esa noche, yo sólo en el jacuzzi me hice una de mis mejores pajas pensando que estaba con ella.
***
El sábado, no pude soportar hacerme otra paja al despertar con la pichula dura como palo. Ahora mi fantasía era el momento en que me dijo “Me estai rayando la pintura cabrito”. Más tarde, la oí levantarse alrededor de las 10:00 de la mañana. Normalmente se levantaba a las 6:30 a lo más, incluso los fines de semana, así que era bastante tarde para ella. Se movió por su dormitorio, se quedó un buen rato en el baño y finalmente salió, con los ojos legañosos. Mientras entraba en la cocina, evitaba mirarme.
«Mamá, siéntate y te prepararé un café.»
Sin protestar, tomó su lugar habitual en la mesa de la cocina. Preparé un café enseguida y se lo llevé. Puse también puse unas marraquetas en el tostador, y en la mesa mantequilla, palta molida, mermelada y un vaso de jugo de naranja.
«Roberto, dime que no hice el ridículo anoche, por favor.»
«Mamá, estuviste bien. Cenamos, tomaste unas copas, disfrutamos del jacuzzi y te quedaste dormida.»
«¡Oh, ¡qué bien! No quería tomar tanto vino, pero fue tan relajante no tener que cocinar y mi trabajo en la oficina ha sido tan duro últimamente. ¡También lo pasé muy bien contigo!»
«Sí, estuvo bien, mamá. Papá suele ser un poco intenso, así que es difícil relajarse del todo sabiendo que él no puede.»
Las tostadas estaban listas, unté una con palta y se la pasé a mi mamá.
«Gracias, mijito, lo necesito.»
Ella comió en silencio mientras yo revisaba mis redes sociales.
«¿Mijito?»
«¿Sí, mamá?»
«¿Pienso que ayer en el jacuzzi me mandé una cagada usando ese traje de baño amarillo?»
«No, mamá. Pienso que ayer te relajaste súper bien, te pusiste tu traje de baño y descansaste como corresponde en la tinaja del jacuzzi.»
«Bueno. Cuando desperté estaba bien tapada, y sin ese feo traje de baño. Así que me preocupé un poco por lo que hubiese hecho. No me lo había puesto en años. Ni siquiera estoy segura de que hubieras nacido cuando me lo puse por última vez.»
«Estuviste estupenda, mamá. Fue bueno que hayas decidido no ponerte ese traje de baño de señora mayor que sueles usar porque anoche te sentías bien. Fue una buena decisión. Te veías genial.»
«¿De verdad? Gracias, mijito, eso significa mucho para mí.»
«Claro, te veías mucho más joven. Fue agradable verte tan relajada y no tan encorsetada en ese traje de mujer mayor cuando aún eres una jovencita. Cuando te relajaste y disfrutaste, parecías de veintitantos años.»
Hacía mucho tiempo que mi papá no le dedicaba halagos a mi mamá, y se notaba. Ella se iluminó con mis palabras.
«Gracias, mijito, voy a relajarme y disfrutar de este fin de semana mientras tu padre esté fuera. Podemos pedir comida, ver una película y, si te parece bien, ¿disfrutar de otro baño en el jacuzzi esta noche?»
«Claro que sí, mamá. Mejor salgamos a almorzar. Papá nunca quiere nada divertido para comer, ¡así que salgamos a comer ceviche o salmón!»
«¡Sí!»
«Relájate esta mañana, arréglate, ponte algo bonito y salimos a comer. ¿Qué te parece? Yo cortaré el pasto y lavaré los autos mientras tú haces eso y después nos vamos.»
***
Me llevó un buen rato cortar el pasto, incluso con la cortadora motorizada, pero quedó fantástico. También me aseguré de limpiar el jacuzzi y la terraza para más tarde, por si acaso. Los autos los lavé y aspiré rápidamente, así que, al final, era mediodía cuando terminé. Mi mamá estaba relajándose y la encontré viendo la tele grande del living. Apagó la tele y se sonrojó mucho cuando entré. Me pregunté qué habría estado viendo, pero preferí ser discreto y no preguntar.
«¿Puedo contarte un secreto, mijito, que nunca podrás contarle a tu padre?»
«Claro mamita. No pude negarme.»
«Bueno, pero no puedes decir absolutamente nada al respecto. Tu padre me confesó una vez que me parecía muchísimo a Desiree Cousteau cuando nos conocimos. Y que ese parecido le había atraído mucho para conocerme.»
«¿Dessire…?.»
«Ella era una estrella porno muy conocida cuando tu padre era niño. Me contó cuando era niño, a pesar de que la película era para mayores de 21, pudo entrar al cine en la playa y que fue la primera película porno que vio y que quedó enamorado de la actriz hasta que me conoció.»
«No sé quién es. Déjame buscar en google. Y, por favor, deja de menospreciarte. Sigues luciendo bien.»
Por la cresta pensé, una actriz porno parecida a mi mamá. Subí rápidamente a mi dormitorio, encendí mi Laptop y busqué información sobre Desiree Cousteau. Efectivamente, si entrecerraba un poco los ojos, se parecía muchísimo a mi mamá. El rostro era idéntico. Busqué toda la información que pude encontrar sobre ella.
«¡Mamáa!”
Mi grito hizo que mamá subiera a la brevedad. Después me pareció raro, pero la llamé para que viera las imágenes de Desiree en el laptop. Previamente, tuve la precaución de poner la opción de búsqueda moderada activada, así que sólo aparecía vestida en las fotos. Yo, por supuesto, ya había echado un vistazo rápido a las imágenes para adultos, y también para «investigar».
«Mamá, eres idéntica a ella.»
Y así era. El pelo era un poco diferente, pero los rasgos faciales eran casi idénticos. ¡Mi mamá tenía una doble de otra generación que era una estrella porno!
«Sí, me parezco algo, sin duda. Tu padre incluso me compró un vestido parecido al que ella usó en ‘Piel de Melocotón’, su película más famosa. Es un vestido negro de un solo tirante al hombro… Claro que no deberías ver la película.»
«Claro que no, mamá. Esto es solo una investigación, y así sé de qué estás hablando.»
«Pero ahora, me he convertido en una mujer mayor.»
Lo decía completamente en serio.
«Mamá, deja de tirarte mierda, elige un conjunto bonito y vamos a comer.»
Eso pareció animarla un poco. Se fue a duchar, yo rápidamente fui a mi dormitorio a buscar la película ‘Piel de Melocotón’ y empecé a verla. Bueno, la película era genial y era como si mi mamá estuviera en una película porno. Era extraño y excitante a la vez pensar que la persona en la pantalla era casi idéntica a la mujer que se estaba duchando abajo. Tuve que detenerme después de la escena del accidente, ya que quedé muy caliente y debí entrar a la ducha con urgencia. No me avergüenza decir que entré con la tula dura como palo, y que me hice una buena paja usando acondicionador para el pelo con un dedo metido en la raja y con la otra mano en la tula.
Me vestí casual, como cuando visitaba a las señoras vecinas que de vez en cuando me llamaban para arreglar una gotera de la llave, o instalar una cortina en el dormitorio.
Mi mamá salió vestida con un traje de pantalón. Un traje de pantalón feo.
«No mamá, cámbiate eso.»
Se devolvió, y salió con unos jeans de tiro alto y una blusa extragrande.
«Ya poh, mamá. Eso es terrible. No vamos a limpiar el patio»
«Bueno, venga mijito y elige tú algo para mí. No tengo muchas cosas nuevas para vestirme.»
Se sentó en la cama mientras yo revisaba su closet. Tenía razón. La mayoría de sus cosas eran horribles y viejas. Supuse que cualquier cosa buena estaría al final o enterrada bajo otras cosas. Y acerté.
«Aquí tienes, mamá, ponte esto.»
Era un vestido de verano con escote de cintas al cuello, bonito, corto y que parecía perfecto para salir a almorzar.
«Roberto, me puse esto una vez en un resort y me dio tanta vergüenza porque mostraba mucho, así que nunca más me lo volví a poner. Creí que lo había tirado a la basura.»
«Pruébatelo y déjame verte.»
«¡Hay Roberto!»
«Ya pueh mamita, hazlo. ¿Si no, cuándo lo harás?»
Entré al living a esperar. Ella salió con el vestido, que sin duda era más corto que cualquier cosa con que la había visto anteriormente.
«No puedes usar sostén con eso, mamá, se ve ridículo.»
«¡Roberto!»
«Sácatelo y veamos.»
Regresó rápidamente luciendo el vestido como debía. Y le quedaba bien. La verdad es que se veía rica.
«Mamá, te ves genial. ¿Cómo te sientes?»
«¡Como si estuviera casi desnuda!»
«Se ve genial. Mírate al espejo. Buenamoza.»
«No puedo usar esto. ¿Qué pensará la gente?»
«Pensarán que voy con una MILF buenamoza del brazo.»
«¡Hay Roberto! ¡Soy tu madre!»
«Seas mi mamá o no, te sigues viendo estupenda. Vamos afuera para tomarte algunas fotos para que veas.»
«Roberto.»
«Ya poh mamita, salga ya.»
Le pedí que posara de diferentes maneras para lucir el vestido desde los lados, el frente y la espalda. Con unas treinta fotos, la llevé al living, conecté mi celular a la tele grande y le mostré cómo se veía. Después de verlas, estuvo de acuerdo en que le quedaba bien y que podía usarlo.
Eran pasada la una cuando finalmente salimos. Treinta minutos después, estábamos sentados en un elegante restaurant peruano. Ella se veía estupenda y atrajo muchas miradas de admiración cuando ingresamos. Después de una comida maravillosa, acompañada de pisco sauer y luego vino blanco la camarera trajo la cuenta. Después de pagar y dejar la propina, la camarera nos dijo.
«Disculpen, pero tengo que decirles que hacen una bonita pareja. Usted, se ve hermosa con su vestido y es muy agradable ver gente que sonríe con verdadera felicidad. Que tengan un día maravilloso.»
Con eso se marchó. Mi mamá no pudo responder y yo me quedé sentado mirándola con una sonrisa.
«Ya ves, te dije que sonreír ayudaba.»
«Ella pensó que somos pareja. Roberto, soy tu madre.»
«De acuerdo, ¿y?»
«¡No dijiste nada!»
«Bueno, ¿y qué? Estás guapísima y te ves genial con ese vestido. ¿Por qué voy a hacer que sea incómodo para los demás o arruinarte el momento?»
No se le ocurrió dar un buen argumento.
«¿Quieres un helado?”, Malintencionadamente pedí un helado de cono para ella, quería verla lamiéndolo y volviendo locos a los hombres en el restaurant». Me miraba sonriente y alegre mientras lo lamía, eso me tenía muy caliente.
«Roberto, ¿de qué te ríes?»
***
Llegamos a casa pasado las 6:00. Mi mamá lo pasó genial y yo también. Ninguno de los dos tenía mucha hambre, así que decidimos relajarnos en el sofá, ver tele y tomar un poco de vino. Vimos la tele durante una hora más o menos y luego me ofrecí a preparar nachos con guacamole. A mi mamá le encantó la idea. Ya se había bebido una copa y media cuando le traje los nachos.
«Tomemos esto y luego volvamos al jacuzzi. ¡Ayer lo pasé genial!»
No iba a discutir con esa sugerencia por la cual había estado pensando todo el día. Ella disfrutó más los nachos con guacamole y cerveza que con vino. Se tomó un par de botellas de Corona mientras comía. También se reía, así que supe que ya estaba un poco mareada. Terminamos y la tomé de la mano para ayudarle a ponerse de pie. Disfrutó de su cerveza y luego volvió al vino. Cuando terminé de retirar las cosas del living, le estaba rellenando la copa de nuevo.
«¿Te gustó mi traje de baño que usé anoche, Roberto?»
«Sí.»
«¿Quieres que me ponga ese o algún otro que tengo?»
«¿Puedo ver ambos?»
Mirándome, con sonrisa picarona y pensativa se mordió el labio y asintió.
Fue a su dormitorio y volvió con el bikini amarillo de la noche anterior. Ahora, en seco era un poco menos transparente, pero dejaba ver muy bien sus curvas.
«Ese está bien, mamá. Da una vuelta.»
Se giró lentamente y con suavidad para mostrarme el conjunto completo. Saqué mi teléfono y le tomé varias fotos mientras se movía y me miraba a los ojos.
«¡Roberto, júrame que después borrarás esas fotos!»
«Claro, mamá, disfruta y te muestro lo bien que te ves.»
Después de unas 50 fotos, le pedí que probara el otro traje de baño.
Tardó un poco más y luego entendí por qué. Era una tanga, tanguita más bien. Muy, muy pequeña. Calculo que, en la parte superior, los triángulos no eran más grandes que la tapa de un tarro de café Monterrey y la parte inferior parecía aún más pequeña con su montículo sobresaliendo. Este era de estampado de leopardo.
«¡Cresta, ¡qué bien, mamá! A ver, muéstrame por atrás.»
«Mejor que no Roberto, es muy chico.»
«Vamos, mamá, ya lo tienes puesto, veamos.»
Ya estaba sacando fotos cuando ella empezó a girarse y reveló que llevaba una tanga que no era “pequeña” por atrás, en realidad era casi un hilo y dejaba a la vista sus cachetes blanquitos. Eso que me puso duro de nuevo. Suavemente hice un silbido de piropo y mi mamá giró la cabeza de golpe.
«Robertito, qué horrible me veo, ¿verdad? Déjame cambiarme.»
«Mamá, estás buenísima. No seas tonta.»
No estoy seguro de cuántas fotos y videos tomé, pero ya me imaginaba pajeándome en mi dormitorio viendo esas fotos en opción presentación. Me tomó un tiempo conectarme nuevamente a la tele. Me acerqué y le toqué el hombro para que levantara la cabeza.
«Te veí genial. Ven a verte en la tele.»
La puse en primer plano y le mostré lo bien que se veía. También puse una foto de Desiree para que pudiera comparar. Estaban bastante parecidas, incluso teniendo en cuenta que mi mamá era mayor que Desiree en la foto.
«Ya basta, vamos a meternos en la tinaja. Toma tu copa, yo llevo la botella, y vamos a disfrutar de un baño relajante.»
Creo que mamá exageró el movimiento de sus caderas al pasar frente a mí. La tanga le quedaba perfecta y dejaban a distancia de mi mano sus preciosas las nalgas al caminar. Su contorneo casi me hizo tropezar con un macetero, pero logré mantenerme en pie. Le tomé la mano mientras la ayudaba a entrar en la tinaja. ¡Qué trasero tan espectacular! Nos acomodamos para disfrutar de la velada. Sus tetas, apenas cubiertas, estaban justo debajo de la superficie del agua, y cuando arqueó la espalda para estirarse, ambos pezones asomaron a través de la tela.
«Esto es simplemente encantador, Roberto.»
«Me alegro de que lo estés disfrutando, mamá.»
«Sabes, antes de conocer a tu padre, disfrutaba divirtiéndome de los hombres que se encontraban alrededor, ya sea en traje de baño en la piscina, la playa o también con ropa escolar en la sala, la micro o la calle»
No le entendí el mensaje, “Ah sí, ¿y por qué?»
«Porque me gustaba lucir mis piernas o mi trasero, Robertito.»
«¿Cómo era eso, mamá? ¡Ahora estás cubierta por el agua!»
«Como esto…»
Caminó hacia el extremo y se inclinó sobre el borde de la tinaja, lejos, como para tomar algo del banco. Con las piernas separadas y el traje de baño mojado, podía ver el contorno de sus labios apretados por la fina tela de leopardo. La otra mitad quedaba separada por la tela de la tanga.
«Más o menos así, Roberto…»
Dándome la espalda, y así agachada volvía la vista hacia atrás por encima del hombro para mirarme fijamente a los ojos. Quedé atónito mirando ese culo prácticamente desnudo y vagina sólo cubierta por un hilo de tela. Me puse rojo rápidamente porque en la posición en que estaba, no pude moverme para simular mi tula dura como palo.
¿Te diste cuenta de que me depilé el vello de ahí abajo? Cuando era lolita me gustaba usar tanguita, pero no tan chica como ésta, ya que mis pechugas crecieron y con este traje es difícil mantenerlas tapadas.
Sin dejar de mirar por encima del hombro, se pasó la mano por su trasero comenzando por el interior del muslo.
«Crees que es mejor que me acerque más, Robertito. ¿Te gustaría?»
Asentí con la cabeza mientras ella cruzaba la tinaja. Se puso de rodillas en horcajadas en el banco en que me encontraba sentando, quedando su monte de Venus frente a mí. Pone sus manos en mis hombres, «Robertito, ¿crees que deberíamos detenernos?»
«No, mamá, no nos detengamos.»
La sostuve con ambas manos en su trasero, y comencé a lamer y besar su ombligo, bajando lentamente por el vientre hasta el borde de su tanga, luego unos lamidos de gatito en su zorrita sobre la tela de la tanga. Su jadeo de sorpresa se convirtió en un jadeo de placer cuando empezó a sentir mi lengua con más intensidad. Usé un pulgar para apartar la tela y encontré su zorrita suave y afeitada. La exploré con la lengua para ver qué la excitaba más y parecía que era todo. Movió sus caderas hacia adelante para darme más acceso, y pude jugar mejor con mi lengua en su clitorís.
«Mamita, te voy a llevar dentro y así podremos jugar como corresponde.»
***
A mi edad, ya había estado con mujeres del barrio, a las que cortaba el pasto o arreglaba llaves del baño, así como algunas minas en el último año del colegio. Me había ido bien oralmente con ellas y mi mamá no parecía ser la excepción. No estoy seguro de cuándo, o si es que había recibido sexo oral como corresponde alguna vez, pero esta noche era su noche.
La llevé nuevamente en brazos, en esta ocasión ella me abrazaba y me besaba el cuello mientras avanzaba a la casa y luego su dormitorio.
La dejé de espaldas en la cama y sin dejar de mirarla a sus ojos picaros le retiré deslizando por las piernas su tanguita y el top por su cabeza. Me deslicé sobre ella apoyándome en los codos y bajé con besos y caricias hasta su zorrita lampiña y suave. Gemía, maullaba y jadeaba mientras yo trabajaba mi lengua. Me apretaba suavemente la cabeza con sus muslos. Dejé de estimular el clítoris, y le dije.
«Mamita, tengo muchas ganas de meterlo.»
Sentí que se tensaba cuando dije eso.
«Si no quieres, dímelo. Yo creo que sí quieres.»
No dijo ninguna palabra, pero sentí cómo se relajaba y abría las piernas mientras yo me movía sobre su cuerpo apoyado en mis codos sobre la cama. Mientras la miraba a los ojos y le besaba suavemente la boca, ella me abrazó sonriente y feliz. Comencé a moverme lentamente, deslizando mi tula que estaba dura como fierro, buscando la entrada caliente y húmeda, hasta que la encontré y comencé presionando con mi tula para introducirla un poco, sacar y meter de nuevo suavemente. Me apretó en un fuerte abrazo y deslicé mi tula completamente dentro, luego me detuve un instante para mirarla a los ojos.
«Ahora soy un weón conchesumadre que se culea a su mami, ¿cierto?»
Eso provocó que ella se tensara y gimiera.
«Robertito, culéame fuerte, ¿dale fuerte? Ya poh culéame y hasta que te vayas dentro.»
Comencé a moverme con calma y fui aumentando la intensidad hasta metérsela y sacarla con fuerza, y mayor velocidad. Mientras la culeaba, tenía sus piernas apretándome y yo la metía lo más profundo posible.
«Robertito, sigue así, sigue. Vente dentro de tu mami.»
Mi mamá y yo estábamos muy calientes, y si yo seguía culiando del mismo modo me iba a ir cortado en cualquier momento. Así que me aparté rápidamente, me arrodillé y la coloqué boca abajo, con el trasero en alto.
«Eso weón rico, culéame a lo perrito ahora, Robertito, culéame como a una puta.»
¿Eso dijo mi mamá? Yo ya tenía, mi tula parada y súper dura, lista para meterla.
Después de unas caricias suaves para prepararla, empecé a culiarla con fuerza. Quería que se viniera con mi tula dentro, así que le dí con fuerza hasta que comenzó a gritar. «Robertito, échalo dentro, dale nomás dentro mío.»
Pero aún no había terminado. Después de ver algunas fotografías y escenas porno de Desiree Cousteau, había estado pensando en este momento, así que iba a darle con todo nomás. Así que comencé a bombear con fuerza en ella, hasta que exploté eyaculando con unas ganas como nunca había experimentado.
«Cresta, mamá, me voy, me voy.»
«Ohhhhhhhhhhhhhhh, resoplando profundo, Robertito, Robertito, soplando profundo.»
Si me hubiera estado masturbando, habría eyaculado por todo el dormitorio, pero como lo tenía dentro de mi mamá, sentí cómo salían mis chorros en lo profundo de ella. Podía sentir cómo se tensaba a mi alrededor y el temblor de sus caderas.
«Ohhhhhhh chucha, te fuiste dentro, te fuiste dentro de tu madre, ooohhhhhhhhhhh.»
Así era, y me fui bien cortado, además.
Se dejó caer boca abajo y se quedó allí jadeando con las piernas abiertas. Me puse de pie para mirarla. Se veía excitante con mi semen goteando desde su zorrita desnuda.
«Roberto, culiai la raja.»
«Gracias, mamá.»
Tomé una toalla de su baño y la sequé. No hablamos mucho, pero fuimos juntos a la ducha y nos lavamos mutuamente. Después, ella volvió a su cama.
«Dame un beso y vete a la cama, Roberto. Mañana en la mañana hablaremos de esto.»
***
Me desperté con mi mamá hablando por teléfono con el papá. Por lo que oía, parecía que estaba regresando desde Antofagasta. Cuando salí, colgó la llamada y me miró con ojos serios.
«Tu padre llamó desde el aeropuerto de Antofagasta. Tengo que limpiar, ordenar la casa y preparar el almuerzo”
«Ok, yo lo paso a buscar al aeropuerto”
Dándome un suave beso en los labios, y sosteniéndome por la cabeza y la otra mano en mi culo me dijo, “Mijito, han sido los mejores días de mi vida. Pude relajarme, sonreír y disfrutar de la vida con quién más quiero”
“Para mí también fue así mamita, te quiero”
“Gracias mijito”
***
Hace unos años que vivo sólo en mi departamento, y confieso que las mejores pajas me las hago fantaseando con mi colección de videos y fotografías de mi mamá y Desiree Cousteau.

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