Mi prima y yo pasamos unas muy buenas tardes 🌇
Con mi prima mayor supe lo que era masturbarse en pareja, aunque estuviéramos jugando a niveles….
Hola, espero que sus masturbaciones sean satisfactorias y sin remordimientos.
No me gusta autodescribirme, pero diré que soy un hombre de 48 años, casado desde hace una década, con una hija de 16 años de edad y trabajo como profesor universitario. He contado varias historias en esta plataforma y todas han sido vivencias personales que me han pasado a lo largo de mi vida.
En 1987 se estrenó una película que marcaría un antes y un después en mi vida sexual, se llama «Jane en busca de la ciudad perdida». Contaba las aventuras de la ayudante de un veterano coronel del ejército británico, Jane, combatiendo contra los nazis en la segunda guerra mundial. Lo interesante era que todo transcurría con ella en posiciones muy sugerentes y reveladores, con ropa interior de los años 40’s y sobre todo con vestidos que se desgarraban fácilmente y muy conveniente para el guion del largometraje.
La primera vez que la vi, me estrené en la masturbación, estimulado por el roce del pene con la cama mientras miraba la película. Tendría yo unos 11 o 12 años cuando sucedió. Y aunque no la repitieron mucho, cada vez que la ponían en TV, yo rememoraba esas masturbaciones en mi cama. Confieso que tengo descargada esta película, solo para revivir esos momentos.
Debo decir que la película no era mala, jugaba muy bien con las referencias del material original y el humor absurdo de los años 80’s. Pero pasó sin pena ni gloria. De hecho la actriz protagonista y la que personifica a Jane, no es muy bonita de cara y su cuerpo no destacaba mucho. Aunque debo decir que no era fea o ni tenía mal cuerpo, pero habían otras actrices que podrían haberla personificado mejor. Por cierto, esta era una versión audiovisual de un cómic muy famoso entre las tropas aliadas en la segunda guerra mundial.
Al año de haber pasado esto, sucede otra cosa en mi vida que también marcaría mi vida sexual. La protagonista no era una película o alguna otra pieza audiovisual, sino una persona. Mi prima mayor. Ella es la primera hija de la hermana de mi mamá. Además, es la mayor de todos los primos de la parte materna. En ese linaje le sigo yo, siendo el primer varón de nuestra familia ampliada. Por eso éramos muy unidos y siempre estábamos haciendo cosas juntos cuando había reuniones familiares.
Con ella supe lo era masturbarse en pareja. Y debo confesar que a pesar de mis años y una cantidad aceptable de parejas sexuales, jamás he podido volver a disfrutar de esas jornadas masturbatorias en conjunto con una mujer. La verdad es que no lo estoy buscando, pero recordando este episodio en mi vida, quisiera reeditar estos momentos nuevamente.
Mi prima es de tez blanca, bajita, buenas caderas, culona, cabello liso de color negro que le llegaba más abajo de los hombros, con unas tetas decentes y unas piernas torneadas que deleitaban la vista cuando estaba en pantalones cortos o minifaldas. Y una cara hermosa. Ahora, con el pasar de los años, engordó bastante dejando atrás la figura y el cuerpo que la caracterizaba.
Un día mi mamá iba a visitar a su hermana, yo fui con ella. Mi hermano y mi papá se quedaron en casa. Cuando llegamos solo estaban mi tía y mi prima. Mi tío estaba trabajando. Ella siempre andaba en camiseta, pantis y descalza cuando estaba en su casa. Y no se cambiaba cuando llegaba yo y su mamá no le decía nada, a pesar de la distancia de edad que había entre nosotros. Les comento que en ese momento ella ya era mayor de edad y yo apenas un chiquillo de 12 o 13 años. Por mi parte, estaba normalito para un niño de esa edad. Camiseta, bermudas, zapatillas y medias. Cuando llego con ella, me quito las zapatillas y las medias. Una costumbre cada vez que iba a su casa.
Es así como mi prima y yo comenzamos a jugar. La distancia del tiempo, me impide recordar exactamente cómo comenzamos el juego. Lo que si recuerdo muy bien es que al rato mi pene se comienza a erectar de una manera que jamás lo había sentido. Y nuestro juego ya estaba al nivel de que ese pene erecto estaba rozando la vagina de mi prima por encima de la ropa interior. Recuerdo muy bien el sonido que ella emitió en uno de esos roces sexuales, que en ese momento me parecía muy extraño, pero con el tiempo supe que era un gemido.
Al rato, ella detiene el juego de repente. Dice que necesita ponerse un pantalón corto, ya que si su mamá nos veía en eso la regañaría y no quería que eso pasara. Estábamos en su cuarto, se para de la cama y se dirige al closet, se agacha, dándome una vista de su culo en bragas, buscando una prenda que ponerse y después encuentra uno de jean. Se lo coloca alzando una pierna y posteriormente la otra, dándome igualmente una buena vista de sus pantis. Mi pene agarra más erección de la que tenía. Se abrocha el botón y sube el cierre. Y aunque seguimos el juego de la misma manera, no fue igual que antes. De hecho parte de la excitación cesó por esa prenda que se colocó.
Finalmente, la visita llega a su final, mi mamá me va a buscar al cuarto de mi prima. Estamos sentados viendo televisión, me indica que nos tenemos que ir. Me despido de mi prima, le pido la bendición a mi tía y nos vamos a casa. Esa noche recordé todo lo sucedido, me masturbé mil veces con esa imagen de mi prima en bragas y sobre todo con la sensación de nuestros sexos rozándose por encima de la tela.
Pasan los días y las semanas, hasta que volvemos a ir a casa de mi tía. Esta vez hubo una diferencia, mi mamá y mi tía saldrían y nos dejarían a mí y a mi prima solos en la casa. Recordando la anterior vez que fui, al irse nuestras progenitoras, comencé a jugar de nuevo en su cuarto. Fue de la misma manera, yo acostado boca arriba en su cama y ella encima de mí como si estuviera cabalgando. Esta vez los movimientos eran lentos, sentía que quería disfrutarlos plenamente. Yo también los disfrutaba.
Seguimos así por un buen rato, en silencio. Hasta que ella encima de mí, emite los mismos sonidos que escuche en el anterior encuentro. Esta vez los movimientos de ella eran más decididos y deliberados. Se mordía el labio inferior, en señal de que le gustaba. Yo en ese momento no lo sabía. Y por supuesto estaba encantado con lo que pasaba.
En eso se detiene y doy un ligero sobresalto, asustándome al mismo tiempo, creyendo que se iba a poner otra vez él alguna prenda. En cambio, me dice «Primo ¿Quieres subir el nivel del juego?», aunque no sé a qué se refería con eso, yo le respondo afirmando con la cabeza. «Entonces, quítate las bermudas. Pero déjate el calzoncillo». Seguía sin saber que estaba tramando, pero me gustaba como sonaba. Me la quito con mucha expectación, la dejo en una silla de su cuarto. Ella me pide que la tome de la cintura, lo hago y comenzamos el juego donde lo dejamos.
Describo la escena, por si no la han pillado: Yo estaba acostado en su cama, en calzoncillo y camiseta. Ella en camiseta y pantis encima de mí. Mi pene totalmente erecto y su vagina bien mojada rozándose descaradamente, por encima de nuestra ropa interior. Debo decir que para la edad y la nula experiencia sexual que tenía, eso era lo mejor que me había pasado en la vida. Así estuvimos, frotando nuestros sexos con libertad. De vez en cuando mis manos subían para agarrar sus tetas, por debajo de la camiseta, las sobaba por un rato hasta que ella misma las bajaba con delicadeza.
Después de unos minutos, siento que voy a eyacular. Se lo digo y ella me dice que lo suelte, que no hay problema. A lo que ambos comenzamos a movernos más agitadamente. Llega el clímax, ambos gemimos de placer. Yo acabo primero, ella después. Nuestra ropa interior están empapadas de fluidos corporales. Semen mío y jugos vaginales de ella. Mi prima se desploma encima de mí algo cansada. Nos abrazamos, solo eso. Cuando nos recuperamos, me dice «¿Te gustó primo?», yo le contesto «Muchísimo prima, vamos a hacerlo de nuevo». A lo que me replica «Ahora no, mami y tía deben venir en camino». Con algo de resignación, pero alegre por lo que pasó, me voy al baño a lavarme y ponerme las bermudas. Ella se cambia en su cuarto.
Igual que la anterior vez, mi mamá y mi tía nos encuentran viendo televisión en el cuarto de ella. Mi progenitora me anuncia que nos vamos, así que me despido de mi prima, mirándonos pícaramente y con una complicidad que siempre nos acompañaba en nuestras travesuras. Aunque esta vez había algo muy diferente. Finalmente, le pido la bendición a mi tía para irnos.
Esta vez la espera fue más que una tortura. Pasaron los días, las semanas y los meses como si fueran una eternidad. Yo me moría por ver de nuevo a mi prima, pero no teníamos la oportunidad. Las veces que nos vimos fue en las habituales reuniones familiares, donde había mucha gente y poco espacio para escondernos a repetir nuestro juego. Pasó mi cumpleaños, pasó el de ella (somos del mismo signo zodiacal, así que no fue mucho tiempo que pasó entre uno y otro), llegó la Nochebuena y el Fin de Año y nada que lográbamos hacerlo.
Por fin llega el momento de vernos, ya era marzo, antes de carnavales, que ese año tocaba en abril. Mi mamá va de nuevo a casa de mi tía. Yo me ofrezco a acompañarla y me mira algo extrañada, pero dice «Está bien, vamos». Llegamos a casa de mi tía y, aunque trataba de disimularlo, mi alegría no cabe en mi cuerpo al saber que hay una posibilidad de jugar de nuevo con mi prima. Todo sucede como ha venido pasando. Mi mamá y mi tía hablando y haciendo lo que tienen que hacer, mi prima y yo en su cuarto, igual de excitados, listos para jugar de nuevo.
«Primo, esta vez vamos a subir un nivel más el juego», yo le digo muy contento que sí, agitando la cabeza entusiasmado. «Esta vez nos vamos a quedar solo en pantis y calzoncillo, ¿Te parece?», mis ojos se abrieron como un plato y ella se dio cuenta. Me dice «Trata de calmarte, así lo gozaremos mejor», yo trato de hacerlo, pero la excitación me sobrepasa.
Yo me quito las bermudas y la camiseta, quedándome solo en calzoncillo. Ella se quita la suya despacio, dejando al descubierto ante mí sus senos. Estaba maravillado, era la primera vez que veía unos. Son un poco más grande que mis manos, su aureola era rosada y pequeña y ya estaban erectos sus pezones. Misma dinámica que las anteriores veces, yo acostado en su cama y ella encima de mí. En retrospectiva, creo que quería tener el control en todo momento, para evitar cualquier «accidente».
Pongo mis manos de nuevo en su cintura, esta vez no me dice donde colocarla. Comenzamos el juego. Despacio, muy despacio al principio. Mis manos iban y venían entre su cintura y sus nalgas. Ella no dice nada. Hasta me atreví a meter las manos por debajo de sus pantis, bajarlas hasta donde podía y agarrar directamente esas nalgotas que tenía. Nuestros roces eran una delicia, a pesar de estar por encima de la tela de la ropa interior. Para mejorar la dinámica, una de mis manos van a sus senos, ella se deja esta vez. La sobo descaradamente y aprieto sus duros pezones. Ella gime duro, tanto que me asusté por si mami y tía nos escuchaban. Pero no pasó nada.
Seguimos nuestro juego de tal manera parecía que tuviéramos sexo, la diferencia, que estábamos en ropa interior. «Primo, chúpame una teta», me dice de pronto mientras se la acariciaba. Ni corto, ni perezoso se lo comienzo a chupar. Ese sabor lo recordaré por siempre. No sabía como hacerlo, pero hice lo mejor que pude. Mis manos toman cada uno un seno, mi boca comienza a chupar la izquierda y después la derecha. Ella emite esos mismos sonidos de gemido. Me toma del cabello y lo aprieta hacia su pecho.
Ya nuestros cuerpos comenzaban a tensarse, anunciando el clímax de este nivel del juego. Acabamos, esta vez ella lo hace primero y yo al rato. Abrazados, jadeamos juntos y tratamos de recuperar el ritmo respiratorio al mismo tiempo. Nunca olvidaré la sensación del contacto de sus senos con mi tórax. Ya recuperados, me dice: «Vamos a vestirnos, mami y tía deben aparecer en cualquier momento». Nos vestimos como siempre, la diferencia es que ahora no tiene ningún pudor por cambiarse delante de mí.
Recoge la prenda que ella misma había tirado al suelo. Los movimientos que hace, más la inclinación que tiene su cuerpo al hacerlo me da las mejores vista de un cuerpo de una mujer en pantis. Veo su figura femenina empapada de sudor, su ropa interior llena de los fluidos de ambos. Se coloca la camiseta, pero se cambia las pantis delante de mí. Creí que me daría un infarto al ver su culo y vagina al desnudo. Nalgas grandes, pero sin exagerar. Su vagina, depilada y abultadita, una delicia a la vista de cualquier hombre. Finalmente, se coloca otra parecida a la que tenía puesta.
Por mi parte, trato de limpiar mi «desastre» con un pañuelo que llevaba conmigo. La humedad de los fluidos baja notablemente después de limpiarlo y al colocarme las bermudas no se nota mucho. Listos y vestidos, nos ponemos a ver televisión y a los minutos entra mi madre diciendo que ya nos vamos. Nos despedimos con miradas cómplices y ganas de repetir el juego. Antes de irme le pido la bendición a mi tía.
Yo pensaba que lo que hicimos, no se iba a repetir más. En las reuniones siguientes, mi prima anuncia que tiene novio y lo lleva para presentarlo a la familia. Es un chico de su misma edad, estudia en la universidad, como ella. Él periodismo y ella biología. De esa manera supuse haber cerrado un capítulo en mi vida sexual. Pero que equivocado estaba.
Varios meses después de eso, vuelvo a casa de mi prima. Esta vez voy solo, fui a visitar a un compañero de clases a una clínica, le había dado dengue hemorrágico, estaba cerca de su casa y después de salir de allí decido visitar a mis tíos y prima. Sorpresa para mí que solo estaba mi prima, mis tíos habían salido de la ciudad y regresaban al siguiente día.
Estamos conversando de cualquier cosa en la sala de estar y ella, cuando hubo un silencio incómodo, de pronto me dice: «Primo ¿Recuerda cuando jugábamos en ropa interior?», cuando lo dice pasaron mil cosas por mi cabeza. No sabía qué responder. A la final dije «Siii… ¿Por qué?», pero con mucha extrañeza. Ella se sonríe maliciosamente y me responde: «Hoy quiero jugar el último nivel», y su expresión era extraña para mí. Pero con el tiempo supe que su cara era de lujuria. Jamás la había visto así. «¿Y como vamos a terminar ese juego?», le pregunto. «Nada, vamos a hacer lo mismo, pero esta vez desnudos», me responde sin ningún tipo de pudor. Yo me quedo sorprendido, pero excitadísimo al mismo tiempo. De golpe, mi pene se para, tomando rápidamente una erección. ¿Va a ser igual que las otras veces? ¿Se lo voy a poder meter? ¿Vamos a tener sexo? ¿Qué pasará con su novio? Estas y mil preguntas más me llegaron a la cabeza. Su voz me sorprende.
«¡Entonces! ¿Vamos a terminar el juego o no?», ella dice sacándome de mis pensamientos. Yo respondo que sí, por la excitación que me provoca. Ella es la primera que se desviste. Se levanta del sofá y se quita rápidamente la camiseta, después se quita sus pantis. Yo mirando lo que hace, mientras trato de quitarme lentamente el pantalón de jean que llevaba puesto. Me quito la franela y después el calzoncillo. Al final estamos los dos desnudos en la sala de estar de su casa.
La miro de abajo a arriba, mi pene se para más. Ella se sonríe al ver como provoca mi erección. No hicimos más nada que mirarnos. Al rato, ella se mueve primero, toma con su mano mi pene y me guía al sofá. La sensación cálida de su mano, me excita mucho más. Me recuesto, el mueble es ancho y cabemos los dos fácilmente. Ella se coloca encima de mí, en la misma posición pero con mucho cuidado esta vez. Mi pene erecto pegado a mi vientre, ella posa su vagina encima de mi miembro. El contacto fue electrizante, cerré los ojos para disfrutarlo mejor. Ya estaba húmeda y yo con preseminal en el glande. Siento lo caliente de su entrepierna. Y comienzan los movimientos por su parte. Percibo las primeras sensaciones, sigo con los ojos cerrados.
Tomo firmemente su cintura, dirigiendo los movimientos de esas caderas que tantas veces inspiraron mis masturbaciones. Como la vez anterior, me tomaba el atrevimiento de agarrar sus nalgas a mis anchas y esta vez con la libertad de estar desnudos. Ella gemía y yo con ella. Nada hasta ese momento en mi vida era comparable con lo que estaba sintiendo. Era virgen y lo seguiría siendo por unos años más. Esta vez me envalentoné y comencé a chupar y besar sus senos, sin que ella me lo pidiera. Ella gritaba con cada lengüetazo que le daba a esos pezones.
Entre un movimiento y otro, sentí que la cabeza de mi pene entraba en su cavidad vaginal. Haciéndola gemir muy fuerte en cada oportunidad. Pero con agilidad y destreza, ella ponía de nuevo el pene donde quería, sin utilizar sus manos. Trate varias veces de repetir la hazaña, pero mi prima no lo permitía. Hasta llegó a susurrarme al oído: «Si sigues buscando cogerme, se acaba el juego», yo con cara de asombro, dije «OK» y dejé de buscar meterlo. Así seguimos por varios minutos, ella agitaba esas caderas que tenía y al rato su cadencia era mucho más suave. Siguiendo ese ritmo por un buen rato. Era una delicia esa tortura que me daba mi prima.
Como no me dejaba cogerla, hacía lo que quería con lo que podía. Chupaba sus senos, agarraba sus nalgas y acariciaba el resto su cuerpo. Jamás, hasta ese momento, pude tocar un cuerpo femenino al desnudo como el de mi prima. Ya estando por llegar el final, siento que voy a eyacular. Se lo anuncio, que me dice: «Dejé lo mejor para el final», con una sonrisa y esa mirada lujuriosa que en ese momento no logré descifrar.
Se frena en lo que está haciendo y se dirige a mi pene, se lo mete en la boca de un solo golpe. Yo sorprendido por la tibieza de su boca en mi miembro, gimo sonoramente e instintivamente sigo moviendo mis caderas. Al poquísimo rato eyaculo mucho semen, no sé si por la excitación de la mamada en el último momento o por la exquisita tortura de sus movimientos. La tomo del cabello para que no despegue su boca y se trague toda mi lechita. Ella lo toma todo y se lo traga.
Ya abrazados y acostados en ese sofá, me pregunta: «Primo ¿Te gustó el último nivel del juego?», a lo que pude solo contestar: «Mucho, muchísimo». Me besa la boca y siento mi propio semen, primera vez que lo pruebo y me parece muy extraño. Nos besamos como si no hubiera mañana, al mismo tiempo nos abrazamos muy muy fuerte. Sentí como algo en mi pecho se revolvía, no sabía lo que sentía. Creo que era amor carnal, ya que mi pene seguía erecto y se paraba mucho más. Además no me sentía enamorado de ella. A la final me dice: «Primera y última vez que jugamos así». Aunque ya estaba resignado, ahora lo estaba mucho más, pero muy satisfecho por la última etapa del juego.
Le pedí que ese día juguemos varias veces ese último nivel, poniendo ojitos de perrito pidiendo comida. Ella sonríe y me dice que si, pero me dice «¡Eso si! No busques cogerme, eso es para mi novio». Yo le contesto con un movimiento afirmativo con la cabeza. Lo hicimos unas tres veces más y hubo sus variantes. La primera fue igual, solo que esta vez no me dio la mamada y acabe en mi vientre y el de ella. La segunda me dijo que le acabara en las tetas, lo hice y además le regué el semen por todo su pecho. Y la última lo hice en sus nalgotas, a petición mía, y acabé en su culo y espalda.
Así terminamos esa jornada sexual masturbatoria de esa manera, ella con mi leche en su boca, culo, pecho, espalda y tetas y yo exprimido totalmente. Nos sentamos jadeantes en el sofá, nos besamos de nuevo y abrazamos fuertemente. Ella llena de semen y empapado de sudor, nada ha igualado esa escena en mi vida.
Ya cayendo la tarde, me tengo que retirar. No tenía previsto pasar la noche en la calle y mi mamá me esperaba en casa. Me baño, me visto y me voy. Antes de irme mi prima me da otro beso en la boca y reitera lo que dijo antes: «Primo, primera y última vez que jugamos así», lo dice con algo de tristeza. Le respondo «Tranquila, no volverá a pasar».
Después de eso no mencionamos nunca lo que pasó, no tocamos más el tema, ni siquiera hubo miradas traviesas de nuestra parte. Solo nos veíamos en reuniones, como antes de los juegos, y ella siempre estaba con su novio. Las veces que volví a su casa solo, siempre había alguien. Estoy seguro de que ella lo recuerda igual que yo, aunque visiones distintas por la diferencia de edad y de género. Y por supuesto, más nada pasó entre nosotros.
Espero que les haya gustado, trataré de estarles relatando otras de mis aventuras sexuales… ¡Larga vida y prosperidad! 🖖🏻

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