• Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Registrate
  • Entrar
ATENCION: Contenido para adultos (+18), si eres menor de edad abandona este sitio.   Siguenos en X/Twitter    Grupo de Telegram
Sexo Sin Tabues 3.0
  • Inicio
  • Últimos Relatos
  • Publicar Relatos
  • Relatos Eróticos
    • Categorías de relatos
    • Buscar relatos
    • Relatos mas leidos
    • Relatos mas votados
    • Relatos favoritos
    • Mis relatos
    • Cómo escribir un relato erótico
  • Menú Menú
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos)
Cargando...
Heterosexual, Incestos en Familia, Sexo con Madur@s

Mi tía y mi mamá son gemelas

Mi tía separada de Puerto Varas nos visitaba frecuentemente en Santiago. Cuando llegué a la pubertad noté algo más en mi mamá y luego en mi tía. Ese verano, a los 13 años, mi tía me invita a su casa viajando en el tren al sur. Desde ahí, pasan muchas cosas, convirtiendome en hombre..
Mi mamá y mi tía son gemelas

Autor: Anónimo

Esta historia me sucedió hace muchos años, cuando no existían redes sociales, ni TV cable, ni celular, etc. En esa época el tren al sur llegaba hasta Puerto Montt, una ciudad al de Santiago de Chile, a unos 1080 kilómetros de distancia.

Mi tía Mónica es la hermana gemela de mi mamá. Desde niño, veíamos a mi tía Mónica unas dos o tres veces al año, en vacaciones de verano o de invierno, ya fuera cuando íbamos a visitarla en el Peugeot 404 al sur o cuando ella venía en tren para pasar un tiempo en nuestra casa. A mi tía Mónica le encantaban los viajes en tren, y recuerdo que siempre pasaba las primeras horas de sus visitas contándonos sobre el viaje, mientras tomábamos té. Me encantaba escuchar las historias y siempre le preguntaba si podía ir en tren a su casa con ella. Desde que tenía cinco años, siempre me decía «para la próxima vez, cuando seas mayor.»

Mi mamá y mi tía no me parecieran gemelas, pues nunca vestían igual, sus peinados siempre eran diferentes y mi tía Mónica tenía el pelo rubio, se vestía muy sexy, en cambio mi mamá que pasaba el día en la casa, vestía de manera diferente. Cuando le pregunté por el pelo de mi tía, mi padre me dijo: «Solo mira las raíces, hijo. Su pelo no es realmente rubio.» En esos años no entendí a qué se refería con mirar las raíces.

En el verano de mi decimotercer cumpleaños, mi tía Mónica vino de visita. No la habíamos visto en casi dos años porque había estado viajando al extranjero con su segundo o tercer marido. Cuando pasamos a recogerla en la estación del tren, venía con una maleta que traía un señor de la estación en un carrito con ruedas, y me pareció muy buena moza. No puedo hasta ahora dejar de recordarla, pues vestía sexy, con vestido floreado de verano, carterita, tacos altos y anteojos de sol. En verdad, vestía muy diferente a mi mamá. Cuando nos encontramos abrazó a mi mamá y a mi padre y luego me miró fijamente. «Dios mío, cómo has crecido», comentó mientras extendía los brazos para que la abrazara. Cuando lo hizo, me besó en la mejilla y me abrazó afectuosamente quedando una mejilla por sobre sus pechos con mi nariz firmemente apoyada en su hombro. Olía muy bien y sentí su piel muy suave contra mi cara.

Durante esas semanas, mi tía Mónica paseaba por la casa con bata corta en las mañanas o después de la ducha o en el día andaba por la casa o el patio con vestidos holgados de algodón y calzando hawaianas. Recuerdo bien que tenía unas bonitas piernas. Me gustaba cuando podía mirarla sentada en su cama secándose el pelo y cepillándoselo. Mi padre pasaba fuera la mayor parte del tiempo, así que era común que mi mamá y mi tía Mónica se quedaran en el living tomando té y se contaban historias la una de la otra. Yo disfrutaba escuchar, y a mi tía Mónica le gustaba hablar de lo mal que se portaba mi mamá cuando era niña, y de como engañaban a sus amistades del barrio cambíandose entre ellas. Mi mamá contaba que mi tía Mónica era más audaz que ella en esos juegos. Pasábamos mucho tiempo en el living, y cada vez que mi tía Mónica se levantaba, la luz que ingresaba por el ventanal desde el jardín hacía que su vestido pareciera casi transparente.

Noté que nunca llevaba algo debajo del vestido, y mi mamá le decía constantemente que se pusiera ropa interior. Al cabo de un tiempo, empecé a sentarme detrás de ella mirando el ventanal para intentar ver más. Creo que tanto ella como mi mamá se habían dado cuenta de que hacía eso. Una vez, cuando mi tía Mónica fue al baño, se agachó y me susurró al oído, mientras acariciaba mi cabeza con sus dedos entre mi cabello: «¿Estás deleitando la vista sobrinito?» Me sonrojé y balbuceé algo incoherente mientras ella se alejaba riendo.

El asunto se intensificó porque acababa de aprender a masturbarme, comenzando con las revistas Vanidades o Paula de mi mamá. Además, había visto un par de veces a mi mamá salir del baño solo con una toalla alrededor, y desde ahí comencé a hacer todo lo posible por ver el cuerpo de mi mamá. Siempre que tenía la oportunidad, aprovechaba de echar un vistazo entre su escote, sus piernas o debajo de su blusa, y después de eso partía directo y silenciosamente al baño a masturbarme. Mientras lo hacía, pensaba en las vistas que había tenido y tenía especial encanto cuando imaginaba sus piernas y trasero. A veces, mientras me masturbaba en mi pieza mirando la página de una revista, imaginaba que la señora de la fotografía era mi mamá, y eso me hacía hasta tiritar cuando me corría. En un par de ocasiones, encontré sus calzones mojados colgados en la llave de la ducha y me pajeaba bajo el agua caliente con mucho jabón y con ellos puestos.

Una noche de ese verano, desperté sediento y con ganas de mear. Después de usar el baño, caminé por el pasillo a la cocina para servirme un vaso de bebida helada.

Ya era tarde, y mi mamá y la tía Mónica seguían sentadas en el living bebiendo piscola con hielo y conversando muy alegres y entretenidas, de la forma en que buenas amigas conversan confiándose detalles íntimos. Creo que ya habían bebido varios copetes desde la tarde. Repentinamente, oí mi nombre y puse atención desde el pasillo sin que me vieran. Mi tía Mónica hablaba de cómo había notado que yo le miraba sus piernas y escote, y de cómo yo intentaba ver debajo de su vestido, entonces mi mamá le dijo que me había visto masturbándome varias veces, sin que yo me diera cuenta. “Weona, lo caché por reflejo de la ventana de su pieza, se estaba pajeando con una de mis revistas”, “Tiene varias de ellas en su closet”, le dijo. En ese momento pensé que ya no era válido ser un niño con miedo a dormir con la puerta cerrada.

Mamá le contaba que también había notado que yo intentaba mirar debajo de su vestido, sus piernas o abertura de la blusa con bastante frecuencia. Le contaba que había notado que iba al baño cada vez que la veía medio desnuda o sentada mostrando las piernas algo más. «Apuesto a que lo hací a propósito», comentó mi tía Mónica, y mamá se río un poco y admitió que varias veces me había dado la oportunidad para le mirara las piernas o los pechos a propósito, solo para ver cómo reaccionaba. «Directo al baño a pajearse, el weon caliente”, “Seguro», dijo mi tía Mónica. «Sí», dijo mi mamá. «Definitivamente está en plena pubertad.» “Me entretiene y me gusta hacer ese jueguito de provocación con él, te confieso que me calienta también”, dijo mi mamá. “No te reconozco, tú no eres así”, le dijo mi tia Mónica. Luego sentí que alguien se movía y volví rápidamente a mi dormitorio. Esa noche no pude dormir de caliente que estaba, al menos me habré hecho tres pajas abrazado a la almohada pensando que lo hacía con mi mamá.

La noche antes de que mi tía Mónica se fuera al sur, hice mi pregunta habitual sobre ir a su casa en tren. Solo que esta vez no recibí la respuesta que esperaba. «Bueno, tú eres su mamá y ya hemos conversamos acerca de eso», dijo.

«¿Te gustaría pasar un par de semanas conmigo en Puerto Varas?» Me sorprendió que tuviera una oferta y que mamá y papá aceptaran. Miré a los ojos de mi mamá y a los de papá, y ambos afirmaban con la cabeza. «Cresta, sí» grité y salté para besar a mamá y papá, dándoles las gracias por dejarme hacer algo diferente en verano que cortar el césped para los vecinos por unas chauchas. Me desplacé por el pasillo, gritando: «Voy a hacer la maleta al tiro.»

En la tarde del día siguiente, mis papás nos fueron a dejar a Estación Central, que se encontraba atiborrada de gente y vendedores varios. Luego de despedirnos de mis papás, subimos al vagón del tren y un señor nos guió a nuestro “departamento”. Mientras seguíamos al señor por el pasillo, yo iba detrás de mi tía con mi maleta, y la verdad es se veía muy bien desde atrás con su vestido corto de verano y tacos altos. Movía el culo de una manera que me recordaba también en el de mi mamá. Aún recuerdo como si fuese hoy, el pasillo por un lado tenía ventanas por donde se podía ver el ajetreo en la estación, y por el otro lado las puertas a los departamentos. Éste tenía asientos y una mesa, que luego se transformaban en cama inferior y superior. Agité la mano despidiéndome a mamá y papá desde la ventana cuando el tren comenzó a moverse. El viaje sería emocionante. Viajaríamos en tren alrededor de 18 horas. Mi tía Mónica siempre viajaba en el coche dormitorio. Cuando ingresamos al coche comedor noté que algunos señores le miraban. Eso me puso celoso. En la mesa pidió un té con tostadas, y “Un completo con una bebida para mi hijo, por favor”, le dijo al garzón, mientras ella me cerraba un ojo con sonrisa pícara. En nuestro departamento, estuve como una hora con la cara pegada a la ventana, viendo cosas nuevas y maravillándome de la aventura del viaje en tren. Finalmente me recosté en mi asiento y sonreí a mi tía Mónica que leía la revista Vanidades tomando una taza de té. Miré de costado hacia abajo y ví que el escote insinuaba sus pechos y el vestido le llegaba a mitad de los muslos con las piernas cruzadas, no pude evitar seguir dando miradas por un rato, mientras sentía que mi pene se ponía duro. Rompiendo el silencio, y mirándome inquisitivamente a los ojos preguntó “¿Te gustan mis piernas?”, sorprendiéndome de que se había dado cuenta.

«Sí, tía», dije, sonrojándome y apartando la mirada. «No me importa que mires», continúo sin dejar de mirarme a los ojos de manera inquisitiva y en una confianza que da la complicidad, me dijo «¿Te gustan mis piernas, así como las de tu mamá?» Una vez más levanté la cabeza de golpe con una mirada de sorpresa. «¿Por qué dices eso?», le pregunté, sintiendo que mi pene de niño empezaba a presionar contra mis pantalones. «Tu madre y yo conversamos sobre tí. Ella sabe que has estado intentando verla desnuda o mirándole las piernas, el escote o el culo.» Simplemente la escuché, sin que notase que yo las había oído hablar. Mi tía Mónica dejó la revista a un lado y se giró en el asiento con sus piernas hacia mí, descruzándolas mientras lo hacía. Miré rápidamente hacia abajo y pude ver el interior de sus muslos y solté un pequeño jadeo. Miró alrededor como para asegurarse de que no había nadie cerca, luego deslizó el vestido unos quince centímetros hacia atras y separó las piernas un tanto. Mis ojos se pegaron a sus muslos cuando sus piernas se separaron. Pude ver su montón de pelo púbico. No llevaba calzones durante el viaje. Solo pude quedarme mirando incrédulo mientras ella tomaba mi mano y la deslizaba sobre su muslo izquierdo, frotándola suavemente arriba y abajo por su pierna. Podía sentir mi corazón palpitándo a full. Volvió a mirar alrededor y luego me susurró al oído tocando mi oreja con sus labios, mientras sentía su suave y oloroso cabello en mi mejilla y cuello: «Ya sobrinito, toque nomás la chucha de su tía Mónica.» Mis dedos se deslizaron hacia el mechón prohibido de cabello mientras ella me besaba la oreja suavemente. Cuando toqué el suave montón de pelo, abrió más las piernas y noté piel rosada a ambos lados de la abertura entre sus piernas. Mientras le frotaba ahí, sentí que ahí se volvía húmeda y ella susurró «Sigue así, suave, así».

Sin dejar de susurrarme al oído “Está rico, sigue así sobrinito” agarró mis dedos y suavemente metió dos de ellos dentro, empujando con las caderas mientras metía mis dedos dentro y fuera del agujero rosa. Alguien venía caminando por el pasillo y mi tía Mónica giró de golpe y se bajó el vestido, diciéndome que me sentara derecho. Tocaron la puerta, y era el señor que venía a retirar la mesa, luego sacó el mantel y nos pidió que nos pusiéramos de pie para poder abrir las camas y cerrar las cortinas. Se retiró cerrando la puerta y diciendo buenas noches. Mi tía, luego de poner llave a la puerta dejó las maletas en la litera superior, diciendo que esa cama era incomoda, y que la cama inferior era más cómoda y ancha.

Luego de lavarse los dientes en el lavamanos, se sacó los zapatos, y el vestido sin dejar de mirarme a los ojos con una sonrisa pícara. Yo estaba petrificado, pues no podía dejar de mirarle los pechos, que eran hermosos, y su cabello púbico era café oscuro. Esa imagen de ver por primera vez a una mujer desnuda, en que ella está mirándome con la leve sonrisa quedó grabada en mi mente por siempre, y al recordarla me sigue generando un pene duro.

Comenzó a desvestirme cariñosamente dándome un suave beso en la boca desabotonando mi camisa, luego el cierre del pantalón, para luego sacarme la camisa y bajarme el pantalón hasta las zapatillas. No tenía ni idea de cuál era el tamaño normal para un pene de trece años, pero cuando mi tía Mónica me bajó los pantalones, se detuvo y miró mi erección diciendo: «Cresta, qué grande lo tienes.» Me sonrojé de nuevo, sin saber si eso era bueno o malo. Mientras quedé ahí de pie con los pantalones abajo, indefenso por el miedo y la ansiedad por lo que estaba pasando. Ella se deslizó en la cama y me dijo “Venga a la cama mijito que tengo que apagar la luz”.

No dejaba de mirarme con esa cara pícara que siempre recordaré, mientras terminaba de sacarme las zapatillas, calcetines, slip y pantalón hasta que me deslicé temerosamente en la cama. Aunque apagó la luz, ingresaba algo de luz desde fuera que permitía ver con alguna claridad. Mí tía se deslizó hacia abajo hasta que me volvió a sobresaltar cuando suavemente desliza sus manos por mi estómago y luego mis muslos hasta que me agarra el pene y envuelve la cabeza de éste con la boca. Se sentía tibio y húmedo por la saliva cada vez que bajaba la boca, absorbiendo casi todo dentro de sí. Se sentía genial; mucho mejor que cuando me masturbaba. Me oí gemir y ella levantó la cabeza para preguntarme si me gustaba. Afirmé con la cabeza y sonreí. Ella me devolvió la sonrisa y continuó.

En unos dos minutos sentí que estaba a punto de correrme. Le di una palmada en la cabeza y le dije: «Tía Mónica, cuidado. Estoy que me voy.» Ella no paraba de chuparme el pene y no pude evitar correrme en su boca. Se sentía mucho mejor disparando mi semen en su boca, que intentando achuntar al water.

Cuando terminé de correrme, ella se acostó tapándonos y abrazándome por detrás a lo cucharita. Sus pechos presionaban mi espalda, y sus manos siguieron acariciando suavemente mi pecho, estómago y pene. Luego de unos minutos, comenzó a darme besos en el cuello y las orejas mientras masajeaba mi pene hasta que nuevamente se puso duro. Mi tía Mónica me movió poniéndome sobre ella y entre sus piernas, levantó su culo mientras intentaba guiar mi pene a la penetración con su mano derecha y me dijo “Métalo mijito, que tiene súper caliente a su tía”. Mientras me movía, ella me abrazaba con las piernas abiertas.

Empecé a empujar, poco a poco, para penetrarla. El pene entró sin dificultad y empecé a embestir rítmicamente, mientras abría aún más sus piernas y me ayudaba sosteniéndome el culo con sus dos manos. Mis embestidas eran cada vez más fuertes, rítmicas y a mayor velocidad. Mi tía se acopló al ritmo de las embestidas haciendo gestos con su rostro, señal de que experimentaba intensas sensaciones.

Esta nueva sensación era tan exquisita que volví a gemir y dije: «Te quiero, tía Mónica.» Ella sonrió y me besó suavemente en los labios.

Su zorra estaba muy húmeda y tibia, y pronto sentí que estaba a punto de correrme otra vez. Mientras me abrazaba me dijo: «Eres grande para ser adolescente.» Sonreí orgulloso porque podía notar por su cara y el sonido de su voz, que ser grande era exactamente lo que quería.

Mi tía Mónica empezó a temblar y apretar mi pene con su zorra mientras decía «Culeai el descueve». Nunca había oído a un adulto decir esa palabra, especialmente a mi tía o a mi mamá. “Sigue así, qué weon más exquisito para culiar eres sobrino”. Me miró con ojos fijos mientras seguía moviéndose salvajemente y preguntó: «Apuesto a que desearías que fuera tu madre ahora mismo, ¿verdad?» Cuando dijo eso, la imagen de un imaginario trasero desnudo de mi mamá me vino a la mente. “Mamá” le dije, y me corrí inmediatamente mientras me besaba cariñosamente en la boca. Quedé ahí, exhausto y relajado sobre ella, y me susurró al oído “Qué rico mijito, me encantó como lo haces y me excitó más que la chucha hacerte sentir que soy tu mamy”.

Durante dos semanas dormí con mi tía Mónica y me enseñó todo sobre el sexo.

Después de que su último marido se fuera, habia decidido no involucrarse con otro hombre. Ahora me dijo que yo era su nuevo hombrecito. Me gustó esa idea, y cuando terminaron mis dos semanas, estaba seguro de que estaba enamorado de mi tía Mónica. Pero lo que más le gustaba cuando culiábamos era fingir que ella era mi mamá. Le gustaba que la llamara mamá y ella se refería a mí como su niño o mijito cada vez que tenía un clímax.

Dormí casi todo el camino en el bus de regreso a Santiago con ropa cómoda, una polera manga corta y pantalones cortos balsudos, porque solo había dormido unas cinco horas cada noche en la casa de mi tía Mónica, donde solo quería culiar todo el tiempo. Más tarde en la vida aprendí a apreciar a una mujer con ese deseo.

Mamá y papá vinieron a recogerme y fuimos directamente al aeropuerto, donde papá tomó un vuelo a una minera del norte. Mientras estábamos en el aeropuerto esperando a que partiera el avión, noté que mi mamá se veía muy bien, ya que se había arreglado el pelo, ahora era rubia, vestía sexy y mostraba sus hermosas piernas. Reconocí que eran gemelas prácticamente idénticas.

Mi mamá no dejaba de insistirme en que le contara todo sobre mis vacaciones de verano en casa de mi tía Mónica. Era difícil contarle mucho, porque la mayor parte del tiempo estuve desnudo en el dormitorio de mi tía Mónica.

«Apuesto a que pudiste mirarle debajo de su vestido un par de veces» me dijo en broma con una mirada pícara que me recordaba a mi tía, buscando una reacción en mi cara. Saludé con la mano mientras el avión despegaba haciéndome el weon, simplemente sonreí y no dije nada. Mamá me rodeó con el brazo derecho sobre los hombros cuando caminábamos hacia el estacionamiento del aeropuerto. “Me gusta cómo te ves, estás sexy”, le dije. Con una sonrisa de felicidad, me besó en la mejilla diciendo “Gracias hijo, me haces sentir muy bien”. Comenzó nuevamente a insistir en que respondiera a su pregunta en el aeropuerto. Así que le pregunté «¿Tendré problemas si te dijera que sí?». Mi mamá negó con la cabeza y respondió: «Por supuesto que no. Sé que estás pasando por la pubertad, y a tu tía siempre le ha fascinado provocar a hombres de todas las edades.»

Mientras nos alejábamos del aeropuerto, mi mamá me miró con desconfianza y preguntó: «¿Tu tía te webió mientras estabas allí?» Le devolví la mirada sospechosa y respondí: «En realidad no me webeó.»

En el semáforo, mamá miró de lado y dijo: «La tía Mónica hizo algo más que provocarte, ¿verdad?» No pude evitar sonreír notoriamente de nuevo mientras negaba con la cabeza y le dije con voz suave: «Me enseñó sobre sexo.» Mi mamá se quedó atónita durante varios segundos. «¿Me queris decir que te habló de sexo?» Me dijo. «No, ella me enseñó de todo sobre eso», respondí.

El auto que iba detrás de nosotros pitó la bocina y mamá continuó conduciendo. No dijo nada durante varios minutos y luego me pidió que le contara exactamente lo que mi tía Mónica y yo habíamos hecho, insistiendo en que era en confianza mamá e hijo y que no se enojaría.

Repasé el viaje en tren y las dos semanas con mi tía, obviamente sin mucho detallito. “Claramente tu tía te convirtió en un hombrecito, y veo que lo disfrutaste”, me dijo. Cómo ya estábamos conversando en confianza, sentí que podía decirle todo, así que le conté de nuestros juegos sexuales de llamarnos mamá e hijo. Mi mamá me miró incrédula. Yo esperaba que se enfadara mucho, pero no dijo nada. Finalmente, después de contarle todo el viaje, me preguntó: «¿Te gustaba que ella fingiera que era yo?» Toqué a mamá en el brazo, para que me mirase y respondí: «La verdad, es que esa era la mejor parte, mamá. Me gustaba cerrar los ojos y fingir que eras tú.»

Una vez en la casa, mamá me arrebató la maleta de la mano y la tiró al suelo. Me abrazó y me dijo “Te extrañé mucho mijito”. Se mantuvo así abrazándome, mientras notaba su perfume, sentía sus cabellos en mi cara, y comencé a notar su cuerpo contra el mío. Eso me produjo instantáneamente una erección imposible de ocultar contra su cuerpo por mis pantalones balsudos y su delgado vestido. “Quiero seguir así abrazada contigo” me dijo al oído tocándolo con sus labios y bajando suavemente sus manos por mi espalda hasta mi culo para atraerme más aún hacia sus caderas. Nos quedamos así, abrazados y comenzó a moverse rítmicamente frotando su zorrita con mi pene. Yo sentía sus pechos presionando y más caliente me ponía. Me besó suavemente en la boca, me miró a los ojos con esa típica sonrisa pícara que ya me era familiar. Me tomó de la mano y me llevó por el pasillo hasta su dormitorio. «Esta noche no tendrás que cerrar los ojos y fingir», dijo y empezó a desnudarse apresuradamente. Mi pene estaba tan duro que abultaba los pantalones cortos. Mamá se quitó los calzones y miró mi pene mientras yo me bajaba los pantalones. «Cresta, hijo. Tu pene es enorme.»

«Eso es justo lo que dijo mi tía Mónica», presumí con una gran sonrisa en la cara. Miré a mi mamá allí desnuda y vi que, salvo por el peinado, eran gemelas idénticas. Podría haber estado perfectamente en el dormitorio de mi tía Mónica mirándola. Me acerqué y toqué para luego acariciar las tetas de mamá. Eran del mismo tamaño que los de mi tía Mónica, con los mismos pezones. Su montón de vello púbico oscuro se veía suave y esponjoso igual que el de mi tía Mónica, y sus caderas y muslos se veían igual.

Empujé suavemente a mamá hacia atrás en la cama y me deslicé entre sus piernas, de la misma forma como ya varias veces había hecho con mi tía Mónica. «¿Te gustaría culiar con tu hijo?» le susurré al oído justo antes de mordisquear el lóbulo.

Sentí que mi mamá temblaba mientras bajaba la mano y ponía la cabeza de mi pene contra su zorrita. «Ooooh hijo» jadeó cuando le metí el pene y le ayudé a subir las piernas alrededor de mi cintura como hacía con mi tía Mónica. «Te quiero, mamá», le susurré al oído, y ella me susurró que también me quería.

Una diferencia entre mamá y tía Mónica era que a mamá le gustaba ir muy despacio. Con mi tía Mónica, era ir rápido, duro y hablar sucio. Mi mamá me acariciaba suavemente la piel en los hombros, el cuello, la espalda y el culo, guiándome a un ritmo lento y suave mientras culiábamos. Me besó las orejas y mejillas y pasó los dedos lentamente por mi pelo. Me apoyé en los codos, metí los dedos de ambas manos entre su ahora rubio cabello y la sostuve así todo el tiempo que culiábamos. Incluso cuando llegó al clímax, mi mamá siguió moviéndose despacio, y cuando por fin me corrí, me pidió que dejara de moverme para poder sentir mi semen deslizando en su interior.

Culiamos varias veces esa noche. Cada vez que me corría, y luego de unos minutos mi mamá me abrazaba y me manoseaba delicadamente hasta que el pene volvía a ponerse duro. Me encantaba chupar sus pezones mientras me manoseaba el pene. Continuamente me decía cosas al oído, pero no sucias como mi tía. “Te quiero mucho”, “Te extrañé estas semanas”. “¿Te gustó como me arreglé para recibirte?”, “Te gusta así mijito”, “Siga chupando ese pezón así, que es muy rico”, etc. Justo antes del amanecer, por fin me había dejado dormir un rato. Me desperté como una hora después con mi mamá chupando mi pene otra vez. Solo que esta vez, no se detuvó cuando me puse duro. Me di cuenta de que tenía intención de hacerme una buena chupada, así que le tomé la cabeza con las dos manos mientras la movía muy despacio con la boca y la lengua rozando mi pene muy suavemente, además masajeaba mis muslos, luego mis bolas deslizando una mano suavemente, y luego con un dedo alrededor de mi ano como si fuera a meterlo, pero sin hacerlo. La sensación era extremadamente maravillosa hasta que no pude aguantar más de éxtasis y expulsé mi semen dentro de su boca, diciéndole “Hay mamita, qué exquisito, qué rico se siente”. Ella continúo chupando y lamiendo hasta que quedó limpio. Me di cuenta de que mi mamá y mi tía realmente eran gemelas idénticas, ambas necesitaban mucho, mucho sexo.

Desde entonces, ya fuese en verano o vacaciones de invierno, pasé un par de semanas con mi tía Mónica en Puerto Varas. Mi mamá siempre se ponía celosa cuando iba, y cuando regresaba generalmente había algún lio, ya que debía planear que el viaje de regreso coincidiera cuando papá estaba en el norte. La recepción al regreso tanto a la casa de mi tía o a mi casa, tenía una nueva sorpresa de cariño y sexo cada vez más intenso y cariñoso. Mi mamá había cambiado, volviéndose más preocupada de su apariencia, siendo más sexy y atrevida. Me recibía sacándome a cenar a un restaurant y luego ibamos a casa donde se ponía lencería que había comprado para cada ocasión. Mi tía Mónica me recibía con regalitos y sorpresas, así como juegos de seducción realmente excitantes.

Me estuve acostando con las dos hasta alrededor de los veintidós años, cuando me cambié de ciudad para estudiar. Recuerdo una vez que andaba mochileando por el sur y pasé a visitarlas a Puerto Varas, ya que mi mamá había ido sola de vacaciones un par de semanas con ella. Me fueron a buscar al Terminal de buses de Puerto Montt, y quedé realmente impactado cuando las ví. Llamaban mucho la atención de la gente alrededor en el Terminal, especialmente porque “Se veían ricas”. Claramente habían acordado hacerme una broma. Eran idénticas y estupendas, tenían el mismo peinado y ropa. Cada una me saludó con un cariñoso, efusivo y apretado abrazo con besos y diciendo “Te extrañé mucho mijito”. Solo pude intentar suponer que quién conducía la camioneta C10 era mí tía Mónica, pero no estaba seguro. Iba sentado entre las dos, en el asiento delantero de la camioneta. Llevaban de esos abrigos ajustados en la cintura con capucha de borde peludo. Ellas se miraban, y reían en complicidad. Comenzó una de ellas (no pude saber sí era mi mamá o mi tía) a mí izquierda diciendo que la habían pasado muy bien las dos en estas vacaciones, que habían tenido mucho tiempo para conversar y recordar buenos momentos, y que estaban muy felices de que llegara a visitarlas. Mientras hablaban de modo insinuante, me agarraban algún muslo y la verdad es que iba extremadamente exitado. A mi derecha me dijo, “Te tenemos una sorpresa”. Apenas llegamos a la casa en Puerto Varas, me pidieron que encendiera la chimenea mientras ellas preparaban un picoteo. Se sacaron sus abrigos, y realmente lo que ví me dejó boquiabierto. Vestían el mismo traje negro escotado y corto, medias oscuras y zapatos taco alto. Estaban preciosas. Pude apreciar que habían dedicado tiempo en coordinar esta recepción, ya que tenían preparada la mesa del living al lado de la chimenea. Me invitaron al balcón con vista al lago donde disfrutamos un pisco sauer por una media hora, con constantes insinuaciones, miradas, toqueteos que me tenían a full. Luego me invitaron a ducharme y ponerme una bata para la velada. Al salir con la bata, estaban usando un pequeño baby doll de color negro, en que era imposible dejar de mirarlas y tocarlas. Me besan en los labios y me llevan de la mano a sentarmos en la alfombra, donde picoteamos canapes muy ricos y elegantes que cada una me servía en la boca delicadamente y mostrando sus uñas pintadas, acompañados con pisco sauer y un besito en el cuello o la oreja. No había manera de evitar que el pene se me saliera de la bata. Comencé a sentir los efectos del pisco sauer, mientras ellas ya llevaban dos o tres copas. Era imposible no sentir sus miradas chispeantes y sonrisas complices, y yo aún seguía sin poder distinguir quién era cada una.

Cuando ya estaban bien alegres y en complicidad, cada una me toma de una mano y me llevan al dormitorio de mi tía Mónica. Me desvisten mientras me acarician y besan, para dejarme en el centro de la cama. Luego se ubican a cada lado mio para acariciarme, besarme y susurrar al oído distintas frases, que nunca pude distinguir quién las dijo: “¿Así que te gusta culiar a tú mamita?”, “¿Y con tu tía tambien, no?”, “¿Supe que tu mamy no te deja por el culo?” “¿Le preguntaste a tu tía?”, “Sabes que a mí gustaría que culiaras por atrás”, “A mí también”. Las dos se voltearon boca abajo en la cama, se levantaron el baby doll para descubrir sus culos para decir “Hijo, yo quiero primero”, “Hijo, yo también”, “Mijito, elija con quién primero, mientras mi hermanita te hace cariñito”

Más tarde, cuando coincidíamos en reuniones familiares, sí ponías atención, podías ver sonrisas y miradas de íntima complicidad, así como roces entre los cuerpos al caminar muy cerca, con el típico comentario de alguna de las gemelas “Me estay rayando la pintura mijito”.

 

7 Lecturas/5 agosto, 2026/0 Comentarios/por Cincuenton59
Etiquetas: cumpleaños, hermana, hermanita, madre, mayor, sexo, tia, vacaciones
Compartir esta entrada
  • Facebook Facebook Compartir en Facebook
  • X-twitter X-twitter Compartir en X
  • Whatsapp Whatsapp Compartir en WhatsApp
  • Paper-plane Paper-plane Compartir en Telegram
Quizás te interese
Así comencé exhibiendo y compartiendo a mi novia p4 corregido.
Testigo de la violación de mi hermana.
KONOSUBA: Una gran venta para la vendedora pobre
Mi sobrinito Nicolás me vino a visitar ( cuando descubri a mi sobrinito cogiendo con Juan un chico de 14 años ) 2ªparte
La amiga de mi hija (15) me acecha!
La Primera Vez que me cogi a Princesa
0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.

Siguenos en X/Twitter
Únete a nuestro grupo en Telegram

Buscar relatos

Search Search

Categorías

  • Bisexual (1.514)
  • Dominación Hombres (4.741)
  • Dominación Mujeres (3.444)
  • Fantasías / Parodias (3.856)
  • Fetichismo (3.117)
  • Gays (23.432)
  • Heterosexual (9.207)
  • Incestos en Familia (19.891)
  • Infidelidad (4.868)
  • Intercambios / Trios (3.441)
  • Lesbiana (1.236)
  • Masturbacion Femenina (1.142)
  • Masturbacion Masculina (2.213)
  • Orgias (2.320)
  • Sado Bondage Hombre (501)
  • Sado Bondage Mujer (220)
  • Sexo con Madur@s (4.915)
  • Sexo Virtual (288)
  • Travestis / Transexuales (2.635)
  • Voyeur / Exhibicionismo (2.807)
  • Zoofilia Hombre (2.389)
  • Zoofilia Mujer (1.748)
© Copyright - Sexo Sin Tabues 3.0
  • Link to X Link to X Link to X
  • Link to Telegram Link to Telegram Link to Telegram
  • Aviso Legal
  • Política de privacidad
  • Normas de la Comunidad
  • Contáctanos
Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba Desplazarse hacia arriba