Mientras duerme mi sobrina de 6 años
Mi sobrina pequeña no sabe nada de sexo. Apenas tiene 6 años, pero desde los 4 he tenido intimidad con ella. Claro está que se lo hago dormida para evitar que revele el secreto..
Las veces que he podido «hacerle cositas» es porque mi hermana se queda a trabajar otro turno. Eso me da tiempo de cansar a mi sobrina Zamara para que tenga el sueño pesado en la noche. De hecho, cuando está cenando, aprovecho para mezclar media pastilla para dormir en su leche. Lo común es que su sueño normal baste para dedearla, pero si quiero ir más profundo, prefiero una «ayudita». Una vez apagadas las luces, voy por Zamara y la llevo cargando a mi cuarto donde puedo hacer ruido o ensuciar las sábanas sin problemas.
Primero la acuesto boca abajo, me subo sobre ella y huelo su cabello, ese aroma a shampoo de sandía me enamora. Su cola redonda se siente suavecita como un panquecito, me gusta tocarla por encima de la pijama hasta que pego mi cara por unos segundos y desnudo esa parte. Dejo sus calzones a media cola y la beso, su piel tibia de niña me orilla a abrir un poquito sus nalgas y aparece su hoyito con ligera suciedad. Es una fortuna que todavía no sepa limpiarse bien, si de mí dependiera, la limpiaría con mi lengua cada noche. Mientras me acostumbro al sabor agridulce, le meto el dedo de enmedio y sale manchado de popó.
Le doy la vuelta porque necesito quitarle la pijama. Antes de bajarle los calzones, tomo su cara y beso su boca indefensa, la beso por varios minutos como si bebiera su esencia. Acaricio su pecho, sus pezones claros, noto la respiración en el vientre, el lunar en el ombligo. Sobo su partecita y deslizo poco a poco sus calzones rositas.
Por fin mi sobrina de 6 años queda desnuda. Extiendo sus piernas y con ello admiro su vulva tierna. Le pongo lubricante y froto de arriba a abajo, en círculos, presionando el botoncito que está resguardado entre sus labios. Lamo su vagina a más no poder, me concentro en chupar su clítoris, miro el orificio, introduzco la lengua y saboreo sus pliegues internos. Le meto el dedo índice y busco ese pedacito rugoso que enciende a las niñas, lo estimulo y lo estimulo para que mi sobrina vibre en sus sueños. Por cierto, a Zamara no la he penetrado por la vagina todavía, no he querido arriesgarme a dejarla herida o con picazón y que me descubra el doctor.
Lo que sí hago con ella desde los 4 años es sexo anal, es más fácil porque nadie revisa esa zona. Por lo mismo, le lleno el hoyito de lubricante, me recuesto con mi sobrina encima y pacientemente voy acomodando mi miembro en su ano. Apenas siento que la punta ya quiere entrar y presiono más fuerte. Es la ventaja de tenerla «dormida», porque de un momento a otro entra la cabeza, llega a la mitad y luego, agarrándome de sus nalgas, la meto y la saco duro hasta llegar al fondo. Se siente extremadamente apretado, húmedo y caliente. Una sensación increíble. Me la cojo delicioso. Tener a Zamara bien clavada, con su cabeza en mi pecho, adormecida, sintiendo su piel de niña, oliendo su shampoo dulce y oyendo cómo su cola hace ruidos graciosos es el cielo.
Cada empujón que le doy va con todo lo ancho y largo de mi pene. Llega un punto que huele a popó y percibo que un líquido pegajoso escurre entre ella y yo. Esto me excita más y es la señal para metérsela rápido y fuerte hasta venirme en una ola incontrolable de semen. Mi glande me arde, pero sigo bombeando con las fuerzas que me quedan. Empapado en sudor y deslechado, permanezco dentro de mi niña hermosa, sintiendo mi miembro palpitar y perdiendo tamaño. El olor a sexo impregna todo mi cuarto.
Unos minutos después bajo a Zamara. Sigue dormida profundamente. Corro a limpiarnos. Su cola es un verdadero batidillo de semen, lubricante y popó. El hoyito que al inicio era un circulito, ahora se ha convertido en un gran agujero. Levanto sus piernas para ver mejor y con el dedo le saco lo más que puedo. Con toallitas húmedas limpio su cuerpo entero, le acomodo los calzones y le pongo la pijama. Cuando todo está en orden la llevo de vuelta a su cama.
En la mañana me aseguro de que esté bien. Despierta levemente adolorida, no me dice, pero lo noto cuando camina o se sienta. Por cualquier cosa, disuelvo en su desayuno un antiinflamatorio. A pesar de esto, Zamara está normal durante el día, juega y sonríe. Hasta ahora nadie sospecha, continuaré así.

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