Mis inicios en la adolescencia: la señora Flit (parte 1)
Un adolescente inicia una peligrosa relación con su vecina y profesora de piano de 40 años.
Mi adolescencia empezó como otra cualquiera. De un día para otro notaba que casi cualquier circunstancia de la vida me calentaba en mis partes bajas. Empecé a notar constantes erecciones y la necesidad de acabar con ellas. Mis primeras masturbaciones fueron por pura necesidad de saciarme. Recuerdo experimentar de diferentes formas, frontando mi pene contra las piernas y apretarlos entre ellas, cosa que me daba bastante placer, a evolucionar a las caricias y finalmente a las pajas como todo el mundo sabe. Me encantaba llenar mi mano de saliva o de agua y jabón para bajar bien mi pene y saciarme en subidas y bajadas constantes hasta que venía ese pequeño regalo que se nos da cuando acabas. La primera vez me dio miedo lo desconocido. No supe que era eso hasta que un amigo me lo dijo. Nos empezamos a ver y masturbarnos juntos sin parar. Yo era un chico que parecía algo mayor de mi edad, pese a que estaba en los inicios de la adolescencia. Era alto y algo fornido, y mi pene era de un tamaño normal, unos 15 cm. Todas las noches acostumbraba a masturbarme antes de dormir. Pero la historia con mi vecina de al lado y profesora de piano, la señora Fils comenzó una noche que yo venía del baño después de limpiar mis manos tras mi habitual paja. Con la luz ya apagada, vislumbraba la ventana de la casa de enfrente, donde mi atractiva vecina, de unos 36 años, estaba con las luces encendidas a punto de desnudarse. La vi situarse delante de un espejo, de cara a la ventana. Así podía ver cómo de quitaba poco a poco un batin como de seda negra. Era una mujer muy atractiva, no había tenido hijos y estaba casada con un transportista que apenas pasaba por casa. Era morena, con algunas pecas en su rostro y un pecho turgente. Era bastante atlética, por lo que pude ver. Deslizó su batín hacia un lado de la cama y pude ver su cuerpo. Sus pechos eran de tamaño medio y su cuerpo era perfecto. Era como una diosa. Automáticamente mi polla volvió a latir y resurgió. En el silencio de la noche, llevé mi mano a mi ya de nuevo dura entrepierna y comencé a acariciarme. La cosa se volvió más loca porque vi a la señora Fils llevar sus dedos a la boca y comenzar a deslizarnos por su vientre hacia su entrepierna. Sin que ella lo supiera, estábamos masturbandonos juntos. Vi ese cuerpo tan perfecto, su cara tensionada por el placer y su vientre todo depilado mientras se acariciaba con su mano. Acelere el ritmo de mi mano. Imagine estar justo allí pudiendo ver a esa diosa y solo deseaba hacerle el amor como había visto en el porno. Acaricie mi glande y lo apreté mientras veía esa escena. Ella se contorsiobana hacia atrás mientras movía su mano a toda velocidad. Se sentó en la cama y continuó, echando la cabeza hacia atrás. Yo aumente la velocidad y me veía apunto de explotar. Cuando ella se desplomó sobre la cama, yo lance mi semen al suelo en una cantidad más sorprendente de lo habitual. Me quedé mirando jadeando mientras terminaba de agitar mi joven pene. Ella se levantó y se dirigió a la ventana. Miro en mi dirección y sonrió. Fue lo último que vi antes de que corriera la cortina. Me había visto? Sabía que estaba allí? Esa situación me puso nervioso. No quería que le dijera que era un miron a mis padres. Me costó dormirme pese a lo relajado que tenía el cuerpo tras dos pajas. Y a la mañana siguiente todo se complicó. Cuando salí a la calle de mi urbanización para ir al instituto, tuve la mala suerte de encontrarme con la señora Fils. Ella me saludó radiante, y me dijo que me esperaba esta tarde para la clase de piano. Llevaba un vestido de flores con cierto escote y botones hasta el final. Me guiñó un ojo y continuo el camino. Me puso cachondo una barbaridad. Me daba miedo verla porque pensaba que sabía todo. Debía de esperar 6 h para verla y me entraba cierta ansiedad solamente de pensar en su cuerpo y en las caricias de la noche anterior.
Continuará…

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